El amor siempre vence a pesar de todo (+18)

Autor: isakristen
Género: Romance
Fecha Creación: 17/01/2013
Fecha Actualización: 16/04/2022
Finalizado: NO
Votos: 142
Comentarios: 469
Visitas: 287710
Capítulos: 39

Summary: Dos poderosas familias de la mafia enfrentadas desde hace generaciones por dominar la ciudad. Pero serán las hijas Charlie Swan: Rosalie, Alice e Isabella y los hijos de Carlisle Cullen: Emmett, Jasper y Edward quienes decidan que ya era hora de acabar con ese absurdo enfrentamiento Sin ser consciente del horror que se desataría al final, al enfurecer al que creían su mayor aliado.

 

Prologo:

Bella una adolescentes de 14 años, hija menor de Charlie Swan uno de los mafiosos más peligrosos de Chicago. Novia de Edward Cullen un adolescentes de 16 años hijo del mafioso Carlisle Cullen.

Su amor puro e inmenso era amenazado por sus familias, quienes desde hace años tenían una rivalidad por el dominio del poder. Ellos al enterarse de la relación amorosa de los jóvenes deciden separarlos y enviarlos lejos. Sin saber que su amor ya había dado frutos, unas pequeñas personitas que iban protegidas en el vientre de su madre, la cual los unirían para siempre. Dos niños con la marca del sol naciente en el brazo izquierdo de los Swan como la media luna en el brazo derecho de los Cullen.

Diez años después su amor seguía intacto, más grande que antes y ellos estarán listos e dispuestos a luchar por él y por su felicidad, uniendo así ambas familias. Quienes tendrían que unirse y luchar por la misma causa. Dos niños intocables por ambos bando, siendo su talón de Aquiles. Y sus enemigos no dudaran en utilizarlos, matando así dos pájaros de un tiro; rompiendo en el camino el acuerdo llegado desde hace generaciones de no incluir en la rivalidad a las mujeres y a los niños.

  


 "Los personajes más importante de esta historia son propiedad de Stephanie Meyer pero la trama es mía y no esta permitido publicarla en otro sitio sin mi autorización"

 


 

 Historia registrada por SafeCreative bajo el código 1307055383584. Cualquier distribución, copia o plagio del mismo acarrearía las consecuencias penales y administrativas pertinentes.

 


 

 Traíler de esta historia ya esta en youtube y en mi grupo  en facebook "Entre mafiosos y F.B.I"


Link del grupo de Facebook

https://www.facebook.com/groups/1487438251522534/

 Este es el Link del trailer: 

http://www.youtube.com/watch?v=BdakVtev1eI&feature=youtu.be

 

 


Hola las invito a leer mi Os se llama: Si nos quedara poco tiempo.

http://lunanuevameyer.com/salacullen?id_relato=4201

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Capítulo 3: La separación:

Capítulo beteado por Manue Peralta, Betas FFAD

www facebook com / groups / betasffaddiction

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La separación.

 

 

BPov.

 

El mes posterior a mi cumpleaños fue muy estresante. Mi padre no nos quería dejar salir a ninguna parte. Con las chicas pensaba que tal vez tuviera problemas con sus negocios y por eso estaba tan a la defensiva. Por cualquier cosa nos gritaba o se molestaba sin motivo aparente; era como si le molestara algo.

 

No había podido verme con Edward ni siquiera después de la escuela. Tenía a Jared pegado como mi sombra. Mis hermanas no estaban mejor que yo, Rosalie tenía a Paúl y Alice tenía a Brandy. No podíamos hacer ningún movimiento sin que ellos se dieran cuenta y esto ya me estaba hartando. Ya le había contado a Rosalie que había hecho el amor con Edward, no me regañó como había supuesto que lo haría, sólo me aconsejó y no quiso comprarme anticonceptivos, porque podía existir la posibilidad que estuviera embarazada. Aunque no era muy probable pero no quería correr ningún riesgo.

 

Hoy vería a Edward como que me llamo Isabella Marie Swan y ningún guarura me lo iba a impedir. Él había intentado acercarse a mí, pero no había podido. Hace como dos semanas atrás intentamos vernos pero casi lo cachan, tuvo que meterse en el baño de señoras del centro comercial.

 

Pero no nos habíamos rendido.

 

Una semana después del intento en centro comercial, él intento ingresar a mi colegio, pero el guardia de seguridad lo agarró. Tuvo que irse antes de que llamaran a la policía o a su padre.

 

Prácticamente las que salíamos de la casa éramos Alice y yo, pero solo al instituto y de ahí debíamos correr a la casa de nuevo. Ya me sentía ahogada. No me imaginaba como estará Rosalie, que no se ha querido ir a la universidad hasta que las tres ingresáramos juntas.

 

Somos algo así como los tres mosqueteros, pero en versión mujer. Todas para una y una para todas.

 

Hace dos años que salió Rose del instituto, Alice estaba en su último año y a mí me faltaba dos años para graduarme. Ingresaríamos en Harvard, Rosalie estudiaría leyes, esa era su pasión. Lo sé, es raro siendo la hija de un mafioso. Alice por su parte estudiaría diseño de modas, ese es su hobby. Y yo estudiaría literatura. Me encanta la lectura, mi sueño era llegar a tener mi propia editorial.

 

Edward me había llamado. Quedamos en que me recogería en la casa de mi amiga Ángela, quien es nuestra ayudante de turno. No lo digo en mal plan, solo lo vemos como un juego, para ir a nuestro prado, usaría la excusa de la pijamada en casa de Ángela. Mi padre sabía que era mi única y mi mejor amiga desde hace años, desde que éramos niñas de kínder. Debía convencer a mi padre que me dejara ir, antes no tendría que haberme preocupado, por eso nunca me negaba nada, pero ahora le dice "No" a todo lo que le pido.

 

Bajé las escaleras con cuidado de no tropezarme pues con un yeso no me dejaría salir aunque se acabara el mundo. Llegué a la puerta de su despacho y toqué con el corazón en la boca.

 

—Pase —dijo mi padre desde adentro. Suspiré repetidas veces para calmar mi respiración, debido a que estaba cerca de hiperventilar. Entré a enfrentarme al ogro que se había convertido Charlie Swan el último mes.

 

—Papi... —dije lo más tierno posible. Me miró de una forma extraña—. Vengo a preguntarte… si puedo ir a… una pijamada en casa de Angie. —Hice un puchero y poniendo la carita del gato con botas de Shrek y pregunté:— ¿Puedo ir?

 

—Isabella hija —dijo mi padre levantándose de su asiento y caminando hacía mí. Últimamente ya me había acostumbrado que me llamase por mi nombre y no mis apodos, ahora era Isabella no Bella o Bells para él, así que eso no me afectó—, los padres de tu amiga no están. ¿Por qué no la hacen después? Ya sabes que allá no me permiten que estés con tus escoltas si ellos no están —Se paró delante de mí. Lo sabía perfectamente y eso jugaba a mí favor.

 

—Lo que pasa papá, es que Angie no quiere quedarse sola. Hoy se ha sentido mal de salud y sabes perfectamente que Nana Emily no está ya para esos trotes y lo hago porque es mi amiga. No te preocupes, no voy a faltar mañana a clase. Su chofer nos llevará —susurré con voz suplicante.

 

Me estudió con la mirada muy detenidamente.

 

—Bella, ¿hay algo que quieras decirme, que no lo hayas hecho? —preguntó con un tono de voz helado.

 

“¿A que se debía esa pregunta?”

 

—No, papá —respondí confundida— ¿Algo te preocupa papá? Sabes que puedes confiar en mí, ¿verdad? —pregunté. Estiré mis brazos hacía él para darle un abrazo de apoyo. —No es nada, Isabella —dijo rechazando mi abrazo. Me quedé congelada en mi lugar con los brazos extendidos.

 

“¿Que habían hecho con mi padre, que no es este señor?”

 

—Puedes ir Isabella, por mi no hay problema —dijo volviéndose a sentar detrás de su escritorio.

 

Salí muy confundida de ese despacho. ¿Qué le ocurría a mi padre? ¿Por qué estaba así de distante conmigo? Debía hablarlo con mis hermanas, pero ya sería mañana, quería ver a Edward ya mismo. ¿Será que tiene problemas con sus negocios y no nos quiere preocupar? Pero mi Bubú no está así, ella está como siempre. Una hora más tarde estaba en la puerta de la casa de Angie, me llevó mi chofer el señor Harry.

 

—Cuídese mi niña —me dijo Harry cuando me abrió la puerta del coche.

 

—Siempre Harry. Mañana me buscas en el Cole, por favor —dije antes de que se fuera, llamado el timbre—. Hola Angie —saludé cuando me abrió la puerta.

 

—Hola Bella, pasa —contestó, haciéndose hacía atrás dejándome por donde pasar.

 

—Gracias por ayudarme —dije abrazándola—. Hola Nana. —me dirigí hacia la nana de mi amiga, que era como mi Nana también.

 

—Hola mi niña, me alegra tanto verte. Mírate qué hermosa estas —me dijo Nana Emily soltando su abrazo—. Sabes que es peligroso, ¿verdad?

 

Lo sabía, pero por Edward haría cualquier cosa. Él valía cada esfuerzo realizado.

 

—Ya lo sé Nana. Mi padre está muy raro. No sé qué le pasa. Tal vez sean problemas en los negocios o… —comencé a decir, pero fui interrumpida por la bocina del Volvo de Edward—. Lo siento ya debo irme, no te preocupes Nana, no creo que mi padre sea capaz de hacerme daño.

 

Entendía perfectamente su preocupación. Ella me conocía desde que estaba en el Kínder y me hice amiga de Angie. Prácticamente me había visto crecer.

 

—Eso lo sé mi niña, pero temo por lo que te puede hacer Don Carlisle —dijo acompañándome hasta la puerta—. Cuídate por favor, no le des disgustos a esta vieja.

 

—Sabes que nunca lo haría Nana. Sé que Edward no permitirá que su padre me lastime —le dije para que se tranquilizara. Me encaminé al Volvo.

 

—Nos vemos pronto —me despedí por encima del hombro. Edward me esperaba con una enorme sonrisa. Me monté de inmediato al asiento del copiloto.

 

—Hola princesa —saludó antes de besarme. ¡Dios! Los besos de Edward eran como una droga para mí, son tan adictivos, nunca me cansaban, siempre quería más y más. Nos separamos por falta de aire.

 

—Hola —respondí recuperando el aire en mis pulmones— ¿Donde vamos primero? —pregunté ansiosa. Él solo se encogió de hombros.

 

—No lo sé, ¿a donde quieres ir? —preguntó poniendo el coche andar.

 

—Humm… —susurré, llevándome el debo a mi barbilla. Lo pensé por unos minutos, a dónde podríamos ir antes del prado. De repente me entraron unas ganas de comer pizza con pepperoni y anchoas—. ¿Podemos ir por una pizza de pepperoni y anchoas? —Dije sonriendo como una niña chiquita que la atrapan en alguna travesura— Después al prado y allí nos la comemos —Edward me miraba como si tuviera dos cabezas y cuatro brazos— ¡¿Qué?! —pregunté confundida.

 

— ¿Pizza con pepperoni y anchoas? —Susurró más para sí mismo que para mí— ¿Desde cuando te gustan, si solo comes la pizza margarita? —me preguntó confundido. La verdad no tenía idea, fue en este momento que me provocó. Se me hacía agua la boca de solo imaginarla.

 

—Desde ahora —respondí enojada—. Anda muévete ya. Quiero mi pizza ahora —No sabía que me pasaba pero tenía ganas de llorar, porque él me estaba criticando.

 

“¿Y esta rabieta de dónde me salió, si yo no soy así?", pensé.

 

—Amor no llores, tus deseos son ordenes para mí —dijo limpiando mi mejilla mojada, por algunas lágrimas derramadas. Aceleró más el coche y en cinco minutos estábamos en la pizzería, haciendo nuestra orden. Se me antojó un helado de chocolate con avellanas, de esos que había en el anuncio.

 

— ¿Ed? —lo llamé con voz tierna.

 

— ¿Si? —preguntó, volteándome a ver. Sonrió al ver mi enorme sonrisa.

 

—Quiero un helado de chocolate con avellanas, como ese —pedí mostrando el anuncio.

 

—Claro, lo que tú quieras. ¿Algo más? —Me preguntó, volteándose al encargado— Me da uno de ese también, aparte de la pizza y las dos Coca-Colas.

 

¿Qué más quería? La verdad más nada se me antojaba. ¡Ah! Solo…

 

—Que la pizza tenga doble queso Edward, por favor. Y eso es todo —respondí sonriéndole.

 

—Ya la escuchó —le dijo al encargado. Nuestra orden estuvo diez minutos más tarde. Nos marchamos a nuestro destino con nuestra adquisición. Veinte minutos más tarde estábamos aparcando al lado del sendero, encaminándonos al prado. Llegamos media hora después. Ya no aguantaba… quería mi pizza ¡Ya!

 

—Edward, por favor dame la pizza, la quiero de verdad —supliqué con lágrimas en los ojos. Él terminó de extender la manta de picnic y se sentó, yo lo hice en medio de sus piernas.

 

—Bella no hay necesidad de que supliques, toma —dijo dándome la pizza. La tomé de inmediato llevándome una rebana a la boca.

 

—Humm… —me deleité con su sabor. De verdad quería comerla, realmente estaba deliciosa.

 

—Come con cuidado Bella, te puedes ahogar —me regañó tendiéndome una coca cola—. Ten bebe esto.

 

— ¿Quieres? Está muy rica —lo animé tendiéndole una rebanada ya que no había comido por estar mirándome fijamente—. Tómame una foto, para que no me malgastes y te durará más —dije riéndome. Parpadeó varias veces, como si lo hubiese sacado de sus pensamientos. Tomó la pizza y comenzó a comer. Le di una gran mordida a mi pedazo, donde había una gran anchoa y la mastique. "Ay Dios, que asco", pensé. Me dieron unas ganas enormes de vomitar.

 

—EDWARD ANTHONY CULLEN, ¿QUE SIGNIFICA ESTO? —escuchar ese grito hizo que se me fueran las ganas de vomitar y me congelase.

 

—ISABELLA MARIE SWAN, ¿QUE DEMONIOS HACES AQUÍ CON ESTE? —y ese otro grito hizo que me convirtiera en piedra. Mi ritmo cardiaco se disparó, haciendo que comenzará a sudar y me diera frío a la misma vez. Edward quedó con su coca cola en la boca, también de piedra, y yo con la pizza a mitad de camino, entre mi boca y el suelo. ¿Que hacían el padre de Edward y el mío aquí? Nos han descubierto. Salí de mi trance cuando sentí el aire rodar por mi cuerpo y unos enormes brazos me separaban de Edward. Luego me encontraba al lado de mi padre, pero en brazos de Sam uno de sus guardaespaldas— ¡CONTESTAME ISABELLA! —volvió a gritarme mi padre muy enojado. Pero yo no encontraba como responderle, ya que no encontraba mi voz.

 

—EDWARD CULLEN NO TE QUEDES CALLADO, ¡RESPONDE DE UNA MALDITA VEZ! —Gritó Carlisle, halando a Edward, haciéndolo levantarse de golpe y dándole una bofetada— ¿QUÉ ESPERAS? ¡DI ALGO!

 

Fue en ese momento que Edward reaccionó. Me miró y yo asentí con la cabeza a su pregunta silenciosa. Era el momento que nuestros padres supieran de nuestra relación, ya no se podía ocultar más. Habíamos estirado demasiado la cuerda y en ese preciso momento se nos había roto.

 

— ¿Qué quieres que te diga padre? —respondió Edward. Miró a mi padre de reojo y continuó—. Bella es mi novia desde hace un año, la amo más que a mi propia vida y ella…

 

Pero no pudo terminar porque fue interrumpido por otra bofetada de Carlisle. Me dolía en el alma que estuvieran golpeando a Edward. Era como si también lo hicieran conmigo. En este mismo momento, su dolor era mi dolor y viceversa.

 

—No digas tonterías Edward, ustedes no saben lo que es el amor —contradijo tomándolo del brazo—. Solo es un capricho de adolescentes —espetó con voz contenida por la ira. Se lo tendió a uno de sus guardaespaldas que se lo llevó arrastra del lugar. Pude ver la tristeza en esos ojos verdes esmeraldas que me miraban por última vez. En ese momento Edward se llevaba mi corazón con él. Traté de zafarme y correr a su lado pero me fue inútil, Sam tenía un agarre muy fuerte.

 

—Charlie esto solo es muy malentendido, cosas de muchachos —se dirigió Carlisle a mi padre—. Cosas que no deberían volver a pasar. Esto no afectará nuestra relación profesional, todo seguirá igual que siempre. No te preocupes por mi hijo, saldrá hoy mismo a Londres, te sugiero que hagas lo mismo con tú hija. Poner tierra de por medio hará que se les aclaren las ideas y se dejen de tonterías —dijo con solemnidad. Que mi Edward se iría a Londres y no podía volver a verlo quien sabe por cuanto tiempo—. Nos veremos en otro momento, Charlie —Dijo bajando la cabeza en señal de despedida.

 

—Muy bien Carlisle, mi hija también saldrá más tardar mañana de la ciudad. Gracias por informarme de esta barbaridad —ahora mi padre se dirigió a Carlisle. Así que fue el padre de Edward quien nos descubrió y le avisó a mi padre. Pero cómo, si Edward es muy cuidadoso en salir de su casa.

 

—No tienes nada que agradecerme Charlie, sé que tú habrías echo lo mismo —Carlisle dijo en forma de despedida, caminando por donde se habían llevado a Edward y saliendo de mi campo de visión.

 

“¿Por que nos hacen esto? ¿Es que a ellos no les importa nuestros sentimientos?", pensé.

 

Mi padre mi miró por primera vez desde que había llegado y su expresión me dio terror. En ese momento temí por mí integridad física.

 

—Tú y yo hablaremos en la casa, Isabella —dijo con voz contenida.

 

Sam prácticamente me arrastró hasta el mercedes de mi padre. Intentaba soltarme pues me estaba lastimando de lo mucho que me apretaba.

 

Esperaría para hablar con mi padre cuando estuviéramos en la casa como él lo había dicho. Que estuvieran conmigo mis hermanas y mi Bubú, de verdad le tenía miedo a mi padre.

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El camino a la casa lo hicimos en un incómodo silencio, la tensión que se sentía en el ambiente se podía cortar con un cuchillo. Mi padre estaba sentado lo más alejado posible que le permitía el coche de mi, mirando por la ventana, su rostro estaba rojo de la ira que sentía en ese momento, tenía sus manos formadas en puños, con los nudillos tan blancos por la fuerza que ejercía. No soltó ni una sola palabra, solo respiraba agitadamente; de mí boca tampoco salía palabra alguna, no quería que explotara dentro de un espacio tan reducido como lo es el coche.

 

Mis manos las estaba entrelazando sobre mi regazo mirando fijamente las casas que pasaban fuera de mi ventana, solo lo miraba de vez en cuando de reojo; las lágrimas rodaban por mis mejilla sin que yo pudiera controlarlas.

 

Al llegar a la casa, me bajé nada más el coche se detuvo en el garaje, sin esperar que Billy, el chofer de mí padre, abriera la puerta, la cual cerré con un poco más de fuerza de la necesaria. Entrando rápidamente a mí casa, me disponía a subir las escaleras para llegar a la habitación de Rose, cuando Charlie me frenó con un grito.

 

—NO DES UN PASO MÁS, ISABELLA —espetó con voz dura—. SI SABES LO QUE TE CONVIENE.

 

Me giré para encararlo y me arrepentí de hacerlo, a mi padre se le marcaba y palpitaba la vena de la frente, respiraba muy agitadamente. Mis pies se paralizaron en el acto y mis manos comenzaron a sudar del pavor que sentía.

 

— ¿Qué sucede Charlie? —preguntó mi Bubú saliendo de su despacho mientras que mis hermanas comenzaron a bajar las escaleras, mirándome fijamente con expresión asustadas. Asentí a sus preguntas silenciosas dándoles a entender que Charlie ya sabía de mí relación con Edward. Sus mandíbulas se abrieron hasta llegar al suelo.

 

— ¿QUÉ SUCEDE MADRE? —Gritó Charlie de nuevo—. Lo que sucede es que esta niña estaba saliendo con Edward Cullen —vociferó conteniendo su furia. Mi Bubú me miró como si me hubiese salido una cabeza más.

 

— ¿Eso es cierto mi Nina? —preguntó llegando a mi lado.

 

—Si —fue lo único que dije. Bajé mi cabeza porque ella se llevó sus manos a la boca, por mi respuesta—. Tengo una relación con Edward Cullen, desde hace un año. Lo amo Bubú —al decir esta frase levanté mi cabeza con orgullo.

 

— ¿QUÉ LO AMAS? —El grito de mi padre me sobresaltó—. Tú no sabes lo que es el amor, solo eres una chiquilla caprichosa.

 

Me quedé con la boca abierta por lo que había dicho, ¿cómo se atrevía a cuestionar mi amor por Edward, si aunque se acabará el mundo yo no lo dejaría de amar? Es que él no conocía el sentimiento de lo que amar de verdad. "Será por eso que mi madre se fue, porque él nunca la amo", pensé.

 

—POR SUPUESTO QUE LO AMO —grité enojada—. Lo amo más que a nada en el mundo, más que a mi propia vida. Igual que él me ama a mí, eso no lo vas a poder cambiar nunca.

 

—No digas tonterías, Isabella —me contradijo.

 

—No son tonterías, es la verdad —lo corregí con mi frente bien en alto—. Escúchame bien Charlie Swan, que no te lo voy a volver a repetir: LO AMO, te guste o no te guste.

 

Mi padre levantó su mano para abofetearme, cerré mis ojos esperando el golpe que nunca llegó. Al abrirlos me encontré que mi abuela lo había detenido.

 

—Ni se te ocurra golpearla Charlie Swan —dijo mi abuela con voz dura—. Pensé que te había criado bien, a una mujer ni con el pétalo de una rosa la tocas. Aunque se trate de tú propia hija —dijo soltando su mano con fuerza—. Siempre existen otras maneras de solucionar las cosas, sin llegar a la violencia.

 

Mi padre también comenzaba a tranquilizarse, le empezaba a llegar su color natural al rostro, su respiración comenzaba a regularizarse. Yo también estaba tratando de tranquilizarme.

 

—Por supuesto que la hay —susurró sentándose en el sofá y mirando fijamente a mi abuela—. Necesito que te lleves a las chicas a la mansión de Forks por un tiempo.

 

— ¿QUÉEE? —gritamos las tres al mismo tiempo. Aunque él nos ignoró. Solo continuó mirando a mi abuela, era como si ninguna de las tres estuviéramos presentes. Yo había pensado que lo dijo solo para tranquilizar a Carlisle, no que lo fuera hacer de verdad— Ese fue el acuerdo que llegamos Carlisle y yo, que se irían por un tiempo, y debo cumplirlo.

 

—No papá, ninguna de las tres se va a ir a ninguna parte —habló Rosalie por primera vez.

 

—YA LO DIJE ROSALIE MARIE SWAN Y ESO NO ESTÁ A DISCUSIÓN. SE VAN POR ASÍ LO DIJO YOOOO —gritó de nuevo levantándose del sofá como si quemara. Las tres nos encogimos en nuestro lugar, el pulso me pitaba en los oídos y mi corazón me martillaba en el pecho como si quisiera salirse, realmente estaba muy asustada.

 

—Sabes que tengo la edad suficiente para pelear la custodia de mis hermanas —lo retó Rosalie altaneramente—. Alice está por cumplir la mayoría de edad y entre las dos tendríamos a Bella sin muchos problemas. Tenemos dinero y una casa aparte de esta, la trabajadora social nos apoyaría.

 

El rostro de mi padre se volvió a poner más rojo que antes. Él lo sabía. Sabía perfectamente que si Rosalie se iba por la parte legal, él saldría perdiendo. Mi hermana era muy buena en las leyes, por eso va a estudiar abogacía era su pasión. Mi abuela también lo sabía, por eso intervino oportunamente.

 

—No llegaremos a eso, ¿verdad Rosalie? —dijo abrazándola—. La familia no va a separarse, solo será por un tiempo nada más, luego las cuatro volveremos. ¿No quieren pasar un tiempo corto con está vieja, sin tanto ajetreo? —Las tres asentimos sin discutir nada más.

 

—Salen mañana temprano en el Jet privado —dijo mi padre dirigiéndose a su despacho y azotando la puerta. Mire a mi Bubú, porque sentía su mirada puesta en mí, estaba esperando una explicación de mi parte.

 

—Lo siento Bubú —susurré cabizbaja—. Sabes perfectamente que en el corazón no se manda, yo lo amo —Me puse a llorar, sentía como si mi corazón se rompía en miles de fragmentos, porque no volvería a ver a Edward—. Te defraudé, lo lamento de verdad, no quería repetir tú historia abuela —dije llorando más intensamente.

 

Mi Bubú me entendía perfectamente como me sentía, ya que cuando tenía la edad de Alice, se había enamorado locamente, pero su amor era prohibido porque él era hijo de una de las sirvientas. En aquel tiempo no estaba permitido que eso ocurriese, mi bisabuelo al enterarse la envió lejos como lo hacía ahora mi padre, a diferencia que a ella la obligaron a casarse con mi abuelo, logrando así no volver a verlo y a saber de él nunca más. Sentí como mis hermanas me rodearon con sus brazos, tratando de reconfortarme porque mis sollozos eran audibles.

 

—No te tortures mi Nina… si de verdad se aman como dicen hacerlo, aunque pase el tiempo no lo dejaran de hacer, solo se fortalecerá más —susurró en mí oído mientras me abrazaba y besaba mi cabello—. Deberían ir haciendo sus maletas. No hay vuelta atrás —murmuró dirigiéndose a las escaleras y subiendo con pasos lentos.

 

—Vamos Bella… subamos a mi habitación —me susurró Rose contra mi cabello, haciéndome caminar a su lado y subir las escaleras.

 

No tenía fuerzas para nada, ya nada me importaba me quería morir. Me sentía muerta en vida, mi corazón ya no latía dentro de mi pecho, era como si se hubiese ido desde el prado con Edward.

 

"¿Como le estará yendo a él? Que esté bien, Dios, por favor." Pensé.

 

No podría soportar que algo malo le pasase a Edward. Llegué en estado catatónico al cuarto de Rose, la verdad ni siquiera sabía cómo había llegado, solo era consciente de mis sollozos acallados por las almohadas.

 

—Llora Bella, desahógate. Estamos aquí contigo, entendemos perfectamente lo que estás sintiendo. —me dijo Rose con voz llorosa.

 

Mis hermanas estaban pagando por mis errores, por no ser precavida, por ir a la pizzería por esa estúpida pizza, que a la final no pude comérmela, ya fueran por las nauseas como por la intervención de nuestros padres.

 

Tenía que hablar con Charlie, convencerlo de que no era necesario que mis hermanas viajaran a Forks, que solo me enviara a mí, pero sabía de antemano que no me escucharía, para él yo lo había defraudado.

 

Perdí la noción del tiempo, solo sabía que había llorado hasta sentirme seca. Ahora solo me quedaba el cansancio y mucho, pero mucho sueño. Mis hermanas caminaban por la habitación como un león enjaulado, haciendo nuestros equipajes. Sentí como se abría y cerraba la puerta al entrar o salir una de ellas, sin más me abrazaron los brazos de Morfeo y caí en la inconsciencia.

 

No sé cuánto tiempo dormí, pero aún me sentía muy cansada. No quería abrir mis ojos y enfrentarme a la cruel realidad, donde ya no volvería a ver a Edward. Rosalie comenzó a moverme suavemente del hombro y a susurrar:

 

—Despierta Bella, has pasado todo el día de ayer sin comer —me ayudó a sentarme en la cama y colocó una bandeja en mis piernas—. Debes desayunar, anda come —me animó, dándome el zumo de naranja.

 

Tanto tiempo había dormido, no me lo podía creer. He dormido lo que quedaba del resto del día anterior más la noche completa y aún así me sentía sumamente cansada, vacía por dentro. La bandeja tenía tostadas francesas con mermelada de fresa, café y huevos con beicon. Pero sentía el estomago cerrado, no tenía hambre y además el olor del café me estaba dando náuseas.

 

—Lo siento Rose —susurré, apartando la bandeja y respirando por la boca—. No tengo hambre.

 

Ya estaba controlado un poco las náuseas.

 

—Debes comer Bella, tenemos un vuelo muy largo a Forks —dijo dejándome ropa sobre su cama—. Y hazlo de una buena vez, no me hagas obligarte —me regañó colocando de nuevo la bandeja en mis piernas regando un poco el café sobre el plato, logrando que se intensificara su olor, y las náuseas volvieran con mucha intensidad.

 

Ahora sí que no lo pude evitar.

 

Me levanté de un salto de la cama y salí disparada al baño a vomitar, abracé la taza del inodoro como si mi vida dependiese de ello. Rosalie se agachó a mi lado y me apartó el cabello de la cara.

 

— ¿Qué te ocurre Bella? —Susurró bajito, acariciando mi espalda.

 

—Ayer comí unas rebanadas de pizza que me dieron asco —respondí cuando había recuperado el aire—. Creo que las anchoas estaban dañadas.

 

Me senté en el suelo y apoyé mi cabeza en su regazo.

 

—Pero si tú no comes anchoas, Bella —Rose comenzó acariciarme el cabello.

 

—Ya tienes una idea del por qué —intenté bromear y sonreír, pero solo logré hacer una mueca. Me volvieron las ganas de llorar, las lágrimas rodaron por mis mejillas sin mi permiso, ahogué mis sollozos contra su vientre.

 

—Ya no llores Bella, te puedes enfermar —me dijo limpiando mis mejillas mojadas, borrando así el rastro de mis lágrimas, aunque las suyas siguieran rodando por sus mejillas—. Verás como este tiempo pasa rápido y esto solo será un mal recuerdo.

 

— ¿Estas segura Rose? —pregunté abrazándome fuerte contra su vientre.

 

—Si Bella, y… ellos estarán esperándonos, amándonos más que ahora —dijo contra mi cabello mientras dejaba un beso en él—, al igual que nosotras a ellos. Ahora levántate, no querrás hacer enojar más a la bestia.

 

Sonreí por lo que acababa de decir. Levantó mi cabeza de su regazo, se levantó extendiendo su mano hacía mí, la tomé y me levanté siendo ayudada por ella.

 

—Tienes razón… vamos, quiero que esto termine pronto —dije despojándome de mi ropa y entrando a su ducha—. No te importa, ¿o sí? —pregunté ya dentro de la ducha, poniendo a correr el agua.

 

— ¿Hará alguna diferencia si te digo que no? —respondió riéndose a carcajadas. Mirándose en el espejo de cuerpo completo que está detrás de la puerta del baño, alisándose el cabello y recogiéndoselo en una cola de caballo.

 

—No ya estoy dentro —dije sonriendo un poco y metiéndome bajo el agua caliente.

 

Lloré y lloré hasta que no pude más. Mis lágrimas se confundían con el agua que rodaba por mi cuerpo, no lograba apagar mis sollozos que cada vez eran más audibles.

 

No podía soportar este dolor cada vez dolía más y más; me dolía el pecho, me faltaba el aire como si mis pulmones hubiesen dejado de funcionar, al igual que mi corazón me faltaba al vital en mí vida "Edward."

 

—Es tarde Bella —dijo Alice detrás de las puertas corredizas.

 

—Ya voy Alice —respondí con voz ronca por el llanto. Cerré la ducha, me sequé el cuerpo envolviéndolo con una toalla después, al igual que mi cabello.

 

—Te pones esta ropa Bella, allá hace más frío que aquí —me susurró dándome un abrazo y señalando la cama de Rose, donde reposaba mi ropa—. ¿Quieres que me quede o te deje sola?

 

Negué con la cabeza.

 

—Quédate Alice por favor —susurré, sentándome en la cama y tomando la ropa en mis manos—. No quiero estar sola —dije poniéndome mis braguitas.

 

No me quería sentir más sola de lo que ya me sentía. Necesitaba de la compañía de mis hermanas. Me puse unos vaqueros azul oscuro, una pollera manga larga blanca con detalles rosados en el frente. Me alisé mi maraña de pelo y lo agarré todo en una cola alta, reposé mi cazadora rosada en mi brazo izquierdo. No quise maquillarme, nunca me había gustado y ahora no estaba de ánimos, así que mis ojeras eran visibles.

 

—Ya estoy lista Alice, bajemos ya.

 

Me dirigí a la mesita de noche donde estaba mi celular, para luego encaminarme a la puerta donde me esperaba. Prendí el celular cuando caminaba por el pasillo principal del segundo piso, no tenía ni llamadas ni mucho menos mensajes; le di a la opción mensaje nuevo y comencé a escribir:

 

"Edward espero que estés mejor que yo en este momento, te extraño mucho, quiero que sepas que siempre te amaré. No importa la distancia, mi corazón y mi cuerpo te pertenecen. Siempre tuya Bella."

 

Le di enviar y bajé las escaleras de la mano de Alice, nos sentamos al lado de Rose en el sofá a esperar. No pasó ni un minuto cuando mi celular sonó en un mensaje nuevo. Me temblaban las manos de los nervios, me encontraba nerviosa pero a la vez feliz, lo abrí y mi corazón comenzó a latir de nuevo. Por lo menos podría llamarlo y escribirle mensajes. El mensaje decía:

 

"Lo dudo mucho amor, me haces demasiada falta, deseo verte ahora mismo, pero estoy encerrado en el despacho de mi padre. Estoy bien, no te preocupes. Mi vuelo a Londres sale dentro de dos horas. También te amo y nunca dejaré de hacerlo, aunque se acabe el mundo. Quiero que me prometas que no harás ninguna estupidez que atente contra tú vida, siempre te estaré esperando.

Siempre tuyo ahora y por siempre,

Edward."

 

Terminé de leer el mensaje con lágrimas en los ojos y por mis mejillas, al transcurrir un minuto llegó otro mensaje este decía:

 

"Volveré tan pronto que no tendrás tiempo de extrañarme, cuida mi corazón… lo he dejado contigo.

Te ama,

Edward Cullen."

 

Ahora sí no podía controlar mis sollozos, todo mi cuerpo se sacudía a causa de ellos. Mis hermanas de inmediato me abrazaron. De un momento a otro mi celular dejó de estar en mis manos. Enfoqué mi vista borrosa en aquella persona que me lo había rebatado. Era mi padre con expresión muy enojada.

 

—Esto se queda conmigo, Isabella —espetó con voz contenida—. Ustedes también chicas, sus celulares —dijo dirigiéndose a mis hermanas con la mano extendida—. ¡YAAA! —Gritó encolerizado. Mis hermanas se lo entregaron un poco asustadas.

 

—Bien. En Forks tendrán uno nuevo. Las voy a extrañar a las tres, pero es lo mejor —esto último lo susurró más para él que para nosotras.

 

—Ya estoy lista Charlie, nos vamos —informó mi Bubú bajando las escaleras y llegando a nuestro lado.

 

—Listo entonces, andando chicas las dejaré en el aeropuerto —nos dirigimos al garaje.

 

—Collin, dile a Sam que vamos saliendo —mi padre se dirigió al guardia de seguridad que siempre estaba en la puerta que daba al garaje.

 

—Si, señor Swan —respondió el aludido, para luego llamar por radio.

 

—Ustedes tres irán con Sam —dijo mirándonos a las tres y guardando silencio, estaba esperando que alguna replicara. Ya que si teníamos intenciones de escaparnos quedaba truncada, con Sam sería una misión imposible, es el mejor de todos, por eso es su guardaespaldas personal. Como no lo hicimos prosiguió.

 

—Su chofer será como siempre Harry. Irán en el coche de Rose, mi madre irá en el coche conmigo. Necesito hablar a solas contigo madre —dijo. Esta asintió y se montó en el coche.

 

— ¿Papá? —Rose llamó su atención. Él la miró y esperó que siguiera, abrazándola por los hombros.

 

—Me preguntaba si… allá en Forks tendría a mi precioso bebé. Y Alice el suyo o no. —no era raro que Rose no preguntará eso, lo más importante para Rose éramos Alice y yo, luego su precioso bebé su descapotable BMW. Y para Alice también se aplicaba, primero estábamos Rose y yo luego su precioso Porshes turbo 911.

 

—Eso no hará falta, ustedes no saldrán solas —dijo mirándome a mí exclusivamente.

 

"Genial estaríamos como en prisión." Pensé fastidiada.

 

— ¿Por que papi? —Preguntó Alice haciéndole un puchero y poniendo su cara estilo Alice—. Yo quiero a mi bebé conmigo.

 

—Tendrán un Mercedes Benz negro para las tres. Su chofer será Seth, el hijo de Harry —nos dijo tomándonos a las tres en un abrazo. Me quedé estática. No podía reaccionar. Había dado por sentado que pasarían siglos para ver de nuevo una muestra de afecto de mi padre hacía mí.

 

—Bien. Antes de que se me olvide y no quiero reclamos: van a tener niñeros.

 

Nos separamos como si él tuviera una gran enfermedad contagiosa, mirándolo con los ojos entrecerrados.

 

— ¿Que quieres decir con eso papá? —inquirió Rose con recelo.

 

—Qué tú Rosalie saldrás a todas partes con Paúl, no importa a donde sea —dijo mirando a Rose, quién lo fulminó con la mirada y se montó en el coche echando humo del coraje—. Alice, contigo estará Embry. Te acompañara a donde quieras.

 

Se dirigió ahora a Alice. Ésta asintió aceptando lo que decía, luego se fue y subió al coche. Ahora solo quedaba yo, me imaginaba que me iba a colocar un vampiro de guardaespaldas para que estuviera disponible las veinticuatro horas del día.

 

—Solo quedas tú, Isabella. Sam será tu sombra. No irás a ningún lado sin él, tanto dentro como fuera de la casa —terminó diciendo con los dientes apretados. Asentí en señal de que lo aceptaba. Para qué pelear si a la final sería él quién ganará. Me dirigió al coche.

 

—Sabes que eso no es necesario —susurré ya estando en la puerta del coche—. No pienso escaparme. Además sabes perfectamente que duraría más en escapar que tú en encontrarme.

 

—Sabes que sí es necesario… no tanto por ti, sino por ese mal nacido.

 

Así que eso era lo que le preocupaba a mi padre, que Edward se escapara y fuera a buscarme. Si supiera las tantas veces que Edward llegó a mi habitación estando la casa llena de sus hombres. Y es que él no podía entender que yo amo a ese mal nacido como él lo llama y no me importaría estar en el mismísimo infierno si Edward está a mí lado.

 

—Alice y tú no tendrán que preocuparse por el colegio, ya están matriculada en el instituto de Forks. Comienzan el lunes.

 

Dicho esto subí al coche y él cerró mi puerta.

 

El coche arrancó saliendo del garaje. Miré por última vez mi hermosa casa. Un sentimiento de nostalgia y tristeza me invadió, no pude contener mis lágrimas. Rosalie me abrazó contra su pecho y dejé que fluyeran libremente.

 

Ahora sí no había vuelta atrás.

 

Mi antigua vida llena de alegría y de felicidad al lado de Edward se me escurría de las manos.

 

Ahora comenzaría una vida distinta donde él no estaría, no habría nada tangible que me recordara que él fue real, sólo mi mente y mi corazón.

 

"Te Amo Edward Cullen, siempre te amará." Pensé llena de dolor.

 

Para llegar a Forks, teníamos un vuelo de cinco horas de Chicago a Port Ángeles, luego una hora más en coche para llegar a Forks, de allí veinte minutos más en coche para llegar por fin a la mansión Swan. Nos habíamos visto obligadas a permanecer allí un mes cada verano, por los negocios de mi padre, ya que mi Bubú le encantaba pasar tiempo hay, hace dos años que no íbamos a ese lugar.

 

 

 


 

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Los capítulos son dedicados a ustedes espero que les gusten.

Besos desde Venezuela.

Capítulo 2: Cumpleaños de Bella: Capítulo 4: Forks:

 


Capítulos

Capitulo 1: El comienzo de esta historia de amor: Capitulo 2: Cumpleaños de Bella: Capitulo 3: La separación: Capitulo 4: Forks: Capitulo 5: Sospecha de embarazo: Capitulo 6: El primer movimiento de los bebés: Capitulo 7: La reacción de Charlie y Angustia por Edward: Capitulo 8: La visita de Don Carlisle Cullen: Capitulo 9: Por fin noticias de Edward: Capitulo 10: Día de las madres: Capitulo 11: El parto de Bella: Capitulo 12: Elizabeth Marie y Ethan Anthony Cullen Swan: Capitulo 13: Bautizo de los bebés y El viaje a Bostón: Capitulo 14: El prrimer cumpleaños de los bebés y La aparición de Jacob: Capitulo 15: Paseo con Ethan y Elizabeth: Capitulo 16: El embarazo de Rosalie: Capitulo 17: Altercado con Charlie y El parto de Rosalie: Capitulo 18: Desde el inicio de la relación hasta el encuentro con Elizabeth: Capitulo 19: Una visita inesperada: Capitulo 20: Búsqueda de Bella: Capitulo 21: Jasslye Anthonela ¿Swan? Capitulo 22: Después de diez años vuelvo a verte: Capitulo 23: Es Bella y ¿Son mis hijos? Capitulo 24: Una maravillosa noche Capitulo 25: La cabaña y La visita de Tanya Capitulo 26: Compromiso Capitulo 27: Estoy embarazada Capitulo 28: El gran día Capitulo 29: Luna de miel y Celos Capitulo 30: Enfrentamientos, Risas y Amenazas Capitulo 31: ¿Que es el sexo? Capitulo 32: James Capitulo 33: El secuestro de Tony, Bella y Lizzy Capitulo 34: Parto de Bella Capitulo 35: Regreso del pasado Capitulo 36: Alianza inesperada Capitulo 37: Vulturi, ¡firmaron su sentencia de muerte! Capitulo 38: ¡No debieron tocar lo que más amo! Capitulo 39: ¡Enfrentame como honmbre Demetri! Voy a matarte con mis propias manos

 


 
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