El amor siempre vence a pesar de todo (+18)

Autor: isakristen
Género: Romance
Fecha Creación: 17/01/2013
Fecha Actualización: 25/08/2022
Finalizado: NO
Votos: 187
Comentarios: 472
Visitas: 294969
Capítulos: 40

Summary: Dos poderosas familias de la mafia enfrentadas desde hace generaciones por dominar la ciudad. Pero serán las hijas Charlie Swan: Rosalie, Alice e Isabella y los hijos de Carlisle Cullen: Emmett, Jasper y Edward quienes decidan que ya era hora de acabar con ese absurdo enfrentamiento Sin ser consciente del horror que se desataría al final, al enfurecer al que creían su mayor aliado.

 

Prologo:

Bella una adolescentes de 14 años, hija menor de Charlie Swan uno de los mafiosos más peligrosos de Chicago. Novia de Edward Cullen un adolescentes de 16 años hijo del mafioso Carlisle Cullen.

Su amor puro e inmenso era amenazado por sus familias, quienes desde hace años tenían una rivalidad por el dominio del poder. Ellos al enterarse de la relación amorosa de los jóvenes deciden separarlos y enviarlos lejos. Sin saber que su amor ya había dado frutos, unas pequeñas personitas que iban protegidas en el vientre de su madre, la cual los unirían para siempre. Dos niños con la marca del sol naciente en el brazo izquierdo de los Swan como la media luna en el brazo derecho de los Cullen.

Diez años después su amor seguía intacto, más grande que antes y ellos estarán listos e dispuestos a luchar por él y por su felicidad, uniendo así ambas familias. Quienes tendrían que unirse y luchar por la misma causa. Dos niños intocables por ambos bando, siendo su talón de Aquiles. Y sus enemigos no dudaran en utilizarlos, matando así dos pájaros de un tiro; rompiendo en el camino el acuerdo llegado desde hace generaciones de no incluir en la rivalidad a las mujeres y a los niños.

  


 "Los personajes más importante de esta historia son propiedad de Stephanie Meyer pero la trama es mía y no esta permitido publicarla en otro sitio sin mi autorización"

 


 

 Historia registrada por SafeCreative bajo el código 1307055383584. Cualquier distribución, copia o plagio del mismo acarrearía las consecuencias penales y administrativas pertinentes.

 


 

 Traíler de esta historia ya esta en youtube y en mi grupo  en facebook "Entre mafiosos y F.B.I"


Link del grupo de Facebook

https://www.facebook.com/groups/1487438251522534/

 Este es el Link del trailer: 

http://www.youtube.com/watch?v=BdakVtev1eI&feature=youtu.be

 

 


Hola las invito a leer mi Os se llama: Si nos quedara poco tiempo.

http://lunanuevameyer.com/salacullen?id_relato=4201

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Capítulo 40: No me dejes, Edward

Diclaimer: Esta historia es totalmente mía, solo los personajes pertenecen a S. Meyer.

Capitulo Beteado por Manuela Peralta, Betas FFDA;

www. Facebook com / groups / betasffaddiction

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No me dejes, Edward.

BPov.

—¿Sabes una cosa, mamá? Lo que nos diferencia a ti y a mí… —gruñí apretando mi agarre, ella soltó un chillido—, es que yo amo a mis hijos y doy mi vida por ellos de ser necesario. Te haré pagar cada lágrima, cada lamento, cada dolor por el que pasaron mis niños. Me subestimaste, mamá. —Escupía la palabra “mamá” con asco—. Pensaste que yo era una mansa paloma a la cual podrías manejar a tu antojo, pero soy una leona, una leona que defiende a sus crías. Tú y los Vulturi cometieron un error, un grave error. —Apreté más mi agarre—. ¡No debieron tocar lo que más amo!

Mi puño impactó contra su mandíbula. Hice una mueca al sentir el ligero dolor en mis nudillos. Ella cayó en el pavimiento con las manos en el rostro y mirándome sorprendida. Sentía rabia y frustración. Por mís venas corría una ira homicidad totalmente dirigida hacia mi madre.

Garrett se agachó al lado de Renée con una enorme sonrisa de suficiencia y ató sus muñecas, luego se volvió hacia a mí.

—Eso estuvo fantástico, Bella —me alabó agrandando su sonrisa—. Pero es hora de que vuelvas al coche —indicó tomando mi mano con suavidad, hizo una mueca y dejó salir un pequeño sonido, yo lo imité. Los dedos me latían. Bajé la mirada hacia mi mano, que ya se estaba hinchando—. No es nada, es solo una torcedura —comentó revisando mis dedos con suavidad. Me condujo a la camioneta y me instó a subir—. Yo me encargo de ellos —aseguró antes de cerrar mi puerta.

Los arrastró hasta la parte de atrás de la camioneta, primero al hombre, golpea la maletera, Dalton apreto un boton en el volante y esta se abrio, luego hizo lo mismo con Renee. Estuvo en el asiento del copiloto en cuestion de segundos.

De repente, se escuchó de pronto una pequeña explosión.

—Maldicion. —exclamo Garrett inclinandose hacia adelante.

— ¿Qué paso? —pregunte imitando su accion. En el aire se formó una columna de humo y polvo.

—Deben haber lanzado una granada. —Volteó a mirarme sobre su hombro—. Lo que no te sabría decir si fueron ellos o nosotros.

Asentí con el corazón en la garganta.

La mayoría de mi familia estaba alli adentro.

Dios, por favor que estén bien, que mis niños vuelvan sanos y salvos juntos a mí.

—Acerquémonos —aseveré con urgencia, sin quitar la mirada del desastre que se desarrollaba a unos cuantos metros—. ¿Y si nos necesitan?

No había terminado de hablar cuando él ya estaba negando con la cabeza.

—Recuerda, este es nuestro lugar, de aquí no nos movemos. No hasta que tengamos a los niños. —Lo miré fijamente—. Esa es mi orden, Bella. Este es el punto de encuentro de los niños, una vez aquí nos iremos y los llevaré a casa en el Jet. Edward y los demas irán después en el otro avión.

Respiré profundo, tragándome mi disguto. No podía hacer nada, Garrett no desobedecería la orden de mi esposo.

El tiempo transcurría excesivamente lento para mi gusto. Las detonaciones no dejaban de escucharse. De un momento a otro la radio de Garrett cobró vida y se escuché la voz de Jasper.

Me estoy moviendo hacia allá con los niños, Garrett, Cubreme la llegada.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza, la alegría me inundó.

Mis niños estaban a salvo.

Mis niños venían hacia mí.

Tomé la manija de la puerta.

—No, Bella, tu esperas aquí adentro —aseveró Garrett abriendo su puerta con el arma en la mano. Se desmontó cubriéndose con la puerta, apuntando hacia la entrada de la mansión. Hubo movimiento, se escucharon gritos, órdenes, pero no identificaba quién las gritaba.

Lo primero que divisé pasados unos cuantos minutos, fue la cabellera rubia de mi cuñado, quien se acercaba corriendo con mi gatita bajo su brazo, protegiéndola con su cuerpo. Seguido de Jared con mi pequeña Leen en brazos y por ultimo Sam protegiendo a Ethan. En unas cuantas zancadas Jared adelanto a Jasper, siendo el primero ahora.

¿Dónde estaba Eider? ¿Por qué mi bebé no venía con sus hermanos?

Abri mi puerta sin importarme nada, ganándome un regaño y maldición de Garrett, y salí corriendo a recibir a mis niños, con la vista nublada por las lágrimas.

—¡Mami! —Escuché el grito de alegría de mi gatita.

Tomé a Leen en mis brazos nada más la tuve a mi alcance.

—Mi bebé —exclamé apretandola contra mi pecho. Los brazos de mi gatita rodearon mi cintura inmediatamente.

—Mami —repitió con voz llorosa apretándome fuerte.

—Mi gatita —susurré pasando mi brazo izquierdo por sus hombros, y estrechandola contra mi.

Intenté estrechar a Ethan por igual, pero Sam lo alejó de mi agarre, tomó mi brazo sin frenar el impluso que traiga y me hizo dar giro 180 grados, arrastrandome de vuelta a la camioneta con las niñas apretadas contra mí. Todo sucedió tan rapido que me desoriente un poco por el brusco y repentino movimiento. Choque contra el lateral de la camioneta al detenernos. Gemí en silencio, mi codo derecho se llevó todo el golpe.

—Ay —exclamó Leen, comenzando a llorar.

Mi niña se había golpeado la pierna.

Mi gatita desapareció de mi agarre, siendo empujada luego de Ethan al asiento trasero de la camioneta, yo le segui con la niña en mis brazos. La camioneta cobro vida, dando una vuelta en U y comenzo a alejarnos de la mansion Vulturi.

Parpadee para enfocar la vista,estaba apretada contra mis niños, Sam a mi lado en el asiento trasero de la camioneta. Me enderece y movi a Leen para que dejara de golpear a mi gatita con su pierna y me dirigí hacia Sam:

—¿Dónde está Eider? —le pregunté por encima de la cabeza de mi nenita.

Mi vista fue de inmediato a Tony al escuchar su exclamación de dolor, se estaba acomodando en el asiento, sosteniéndose las costillas; su expresión reflejaba el intenso dolor que estaba sientiendo.

—¿Tony? —murmuré con angustia.

Él levantó la vista y su expresión cambió, sonriéndome torcidamente.

—Estoy bien, mamá, solo algo mallugado —dijo pasando su brazo por los hombros de mi gatita y instándola a recostarse sobre él—. Te quiero —declaró sobre el cabello de su hermana—. Eres una de las personas más importantes de mi vida. Daría mi vida por ti sin dudarlo.

—Yo tambien te quiero mucho —musitó mi gatita apretándose contra él. Tony hizo una pequeña mueca, pero continuó abrazando a su hermana.

—Mami —llamó Leen arrollándose en mi regazo y colocando sus tiernas manos en mis mejillas.

—Dime, bebé. — Besé su respingona nariz, la cual estaba roja. Eso me recordó que mi bebita había llorando mucho. Con mucha suavidad acaricié su mejilla, que se encontraba hinchada y un poco verde.

Aprete los dientes con rabia al recordar que mi madre se habia atrevido a golpear a mi bebé.

—Hambe —anunció sobándose el estómago y haciendo un tierno y adorable puchero.

Sonreí estrechandola contra mi pecho.

Mi bebita.

Por fin tenía a mi bebita en brazos.

—Yo tambien tengo hambre, mamá —secundó mi gatita sin moverse de los brazos de su hermano.

—Y yo —declaró Tony recargando su cabeza en el asiento, mientras cerraba sus ojos.

—En el jet podrán comer y darse una ducha —indicó Sam de pronto.

Me volví hacia él.

—No me respondiste. ¿Dónde está Eider? —exigí con la mandíbula apretada.

Él volvió la vista hacia mí con una sonrisa, soprendiéndome, antes de pasar su mano por mi cabello.

—Vendrá más tarde con el señor Cullen —articuló suavemente cada palabra.

Mi corazón comenzó una marcha alocada.

—¿Mi bebé está bien? —pregunté con un nudo en la garganta.

—Sí —aseguró, aunque desvió la mirada hacia Garrett unos segundos—. Solo que estaba del otro lado de la mansión con el señor Cullen y necesitábamos sacar a los niños y a ti con rapidez de ese lugar.

La camioneta detuvo su avance. Sam y Garrett saltaron fuera, asistiéndonos para bajar e inmediatamente dirigiéndonos hacia el jet. Subimos a trompicones las escalerillas. Sam nos ubicó en los primeros asientos que encontró.

—Sus cinturones —ladró en un grito.

Los niños y yo obedecimos sin chistar. Rápidamente el jet comenzó a moverse, dirigiéndose a la pista. Abrace con mas fuerza a Leen contra mi pecho, la niña seguia en mis brazos, Sam no exigio que la colocara en su sillita, quizas no lo hizo por que sabia que no la soltaria tan facilmente

—En cuanto estemos en el aire, Elizabeth, podrás ducharte y cambiarte la ropa —señaló Sam unos cuantos asientos atrás.

Mi gatita asintió, apretando sus manos contra su estómago.

Recorrí su cuepo con la mirada. Su ropa se hallaba húmeda, sucia y manchada de sangre entre sus piernas. Mi nenita me pilló observándola, sus mejillas se tiñeron de un lindo y adorable rosa.

—Necesito cambiarme, mami, es incómodo —susurró en un hilo de voz y bajando la mirada—. Todo el mundo me vio.

Sonreí y, con mi mano izquierda, acaricié su cabello y aparté los mechones húmedos de su rostro.

—No pasa nada, amor —la tranquilicé con ternura, dejando un tierno beso en su pelo—. Fue algo que se escapó de nuestras manos.

El jet dejó de tener turbulencia y se estabilizó en el aire.

Garrett apareció de pronto.

—Le prepararé algo de comer a los niños —murmuró desapareciendo por el pasillo.

—Gracias, Garrett. —expresé soltando mi cinturón e ignorando el latido en mis nudillsos—. Vamos, princesa. —Tomé la mano de mi gatita—. Es hora de darse una ducha.

Con Leen en brazos y mi gatita de la mano, me dirigí hacia el baño.

—Me duele la cabeza, mami —se quejó mi gatita.

—Despues de comer algo te tomas un analgésico, mi amor —sugerí colocando a Leen sobre la repisa. Comence a quitarle sus ropas.

Mientras le asistía con su ropa, recordé algo importante. Salí del baño y exclamé:

—Garrett, Renée y ese hombre, ¿dónde quedaron?

El aludido sonríe y niego con la cabeza.

—Eso está cubierto, Isabella. —Fue Sam quien respondió—. El señor Swan se encargará personalmente de eso.

Desvié mi mirada hacia Sam, quien se encontraba de pie delante de Tony revisando su torso.

De inmediato me preocupé. Di un paso hacia mi hijo.

—Él está bien —aseguró volviendo a mirar a Tony—. Solo son unos cuantos golpes. Las niñas te necesitan.

Apreté los dientes con molestia.

Ethan es mi hijo, así como lo son las niñas —pensé furiosa.

—Ethan, ven acá —aseveré con los dientes apretados, enfatizando cada palabra.

Sam levantó la vista y me miró con una ceja alzada.

Tony suspiró y obedeció.

Me llevé las manos a la boca en cuanto observe su cuerpo. Mi bebé estaba todo amoratado.

Por Dios eso no son solo unos cuantos golpes. —grite en mi mente.

—Mamá, estoy bien, Sam estaba revisando que no tuviera alguna costilla fracturada. Pero no es el caso, ¿verdad, Sam?

—Por supuesto, con analgésicos y antiflamatorios en unos cuantos días estarás como nuevo.

—Tony… —Mi voz salió temblorosa. Una vez que observé minuciosamente a mi bebé me di cuenta que tenía un ojo golpeado, el cual estaba un poco inflamado, su lado inferior tenía un pequeño corte.

—Estoy bien, mamá —repitió acercándose a mí y rodeándome con sus brazos. Le correspondí suavemente con miedo hacerle daño—. No iba a permitir que él lastimara a mi hermana, mami —susurró en mi oído, cerré los ojos al escucharlo—. Papá me enseñó a defenderlas. Ve con mis hermanas, yo me ducharé luego, Sam piensa colocarme una crema.

Me besó suavemente en la mejilla y torció los ojos con el mismo gesto de fastidio que hacía su padre.

Arqueé una ceja.

—Que yo recuerde soy la mama —dije entrecerrando los ojos.

—Sé cuidar de mí y de lo que es mío. Anda, mami, Leen y Lizzy te necesitan —me instó dirigiéndome hacia el baño.

—Iré con tus hermanas, pero seré yo quién te coloque esa crema. —Me impuse mirando a Sam. Tony enmarcó una sonrisa torcida tan parecida a la de Edward.

—Está bien, mamá.

Me dirigí hacia el baño resignada. Lizzy, todavía vestida, se hallaba de pie sosteniendo a una Leen desnuda.

—Mami —murmuraron ambas al mismo tiempo.

Sonreí, tomé a Leen en mis brazos y con mi mano libre ayudé a mi gatita a quitarse la ropa. En cuanto estuvieron desnudas las hice entrar a la regadera. Lavé su cabello, restriegué, les hice cosquillas en la barriga lo que ocasionó que ambas rieran a carcajadas. Estábamos en eso cuando Tony entró a la ducha con nosotras y se sentó en la tapa del escusado, riendo bajito cuando sus hermanas lo hacían.

Lo miré sonriente, me acerqué y planté un beso en su frente.

—Gracias, hijo, gracias por cuidar de tus hermanos —agradecí sobre su cabello.

Me abrazó por unos segundos hasta que Leen requirio mi atención.

—Es hora de salir —indiqué tomando una toalla para mi gatita y una para mi bebé, con la cual la envolví dejando solo su rostro a la vista. Mi gatita salió primero, no sin antes abrazar a su hermano que ya no llevaba su camiseta. Tony había comenzado a desvestirse—. ¿Te ayudo a ducharte, amor?

—No mami, está bien —me respondió quitándose el pantalón de pijama y quedando solo en bóxer.

—¿Seguro? —Dudé en la puerta del baño. Leen lo miraba fijamente.

—Sí, mamá.

Salí con la niña en brazos, dirigiéndome hacia la habitación.

—Se siente bien estar limpia de nuevo —declaró Lizzy en medio de un bostezo. Le sonreí. Terminó de vestirse mientras yo hacía lo mismo con mi princesita.

Teta, mami —musitó Leen de pronto tocando mis pechos. Lizzy solto unas risitas sentandose en la cama a mi lado.

—Eso es asqueroso, Leen. —murmuro mi gatita con asco pero sin dejar de sonreir.

Leen le lanzo una mala mirada lo que ocaciono que mi gatita se riera con mas fuerza.

Rodé los ojos con fastidio. Debía quitarme de encima todo lo que su padre me había puesto.

—Bebé, deja que mami te termine de vestir, se quita todo esto que papi le colocó y te doy teta.

La niña puso mala cara y se cruzó de brazos, molesta.

Suspiré con resignación. Primero retiré las armas, colocándola lo mas alto que pude en la habitación, luego le siguieron los cartuchos y, por último el dinero, el cual dejé en una de las gavetas. Me quite el chaleco antibalas dejandolo caer al piso.

La sonrisa de mi niña creció en cuanto me vio que solo llevaba mi camiseta.

Teta, mami —repitió estirando sus brazos hacia mí.

Me acerqué a ella, bajé mi camiseta y ella no dudó en prendarse de mi seno. Mi bebe me miraba con adoracion y me sonrio con mi pezon en su boca. Con ayuda de mi gatita la terminé de vestir, en el momento que Tony ingresaba a la habitación, con una toalla amarrada a sus caderas. Hizo una mueca de asco al vernos.

—Asco, Leen —susurró negando con la cabeza.

La niña lo ignoró.

Me senté en la cama, recargando mi espalda en el cabecero, sus ojos estaba somnolientos y pasaba su mano izquierda por mi rostro, le mordi con suavidad sus deditos al tenerlos cerca de mi boca. Mi gatita se acurrucó en mi costado derecho con sus ojos cerrados. Pasé mi brazo derecho sobre ella, apretándola contra mí.

Tony tardó unos cuanto minutos en vestirse, por lo que se acercó a donde estaba con la pomada en las manos. La tomé con una sonrisa. Mi gatita, al sentir el movimiento, abrió los ojos.

—Voy a colocarle esto a tu hermano, ¿me ayudas? —le pregunté mostrándole lo que tenía en la mano.

Ella asintió, colocándose de rodillas a un lado de Tony y asistiéndome, aplicando la crema por todo el torso y en el rostro de Tony.

Hubo un toque en la puerta.

—La comida ya está lista, Bella —anunció Garrett al otro lado.

—Gracias, Garrett, vamos para allá. —Mi gatita ayudó a Tony a colocarse la camiseta. Me levanté de la cama y le retiré el pecho a Leen, lo que ocasionó que se molestara—. Bebé, vamos a comer. —bese sus mejillas—. Garrett te preparó algo rico.

En cuanto estuvimos en el área de los asientos, nos llegó el olor delicioso de comida. Sam y Garrett estaban a un lado del bar murmurando bajo, me miraron de forma extraña.

—Huele rico —susurró mi gatita.

Garrett le sonrió indicando que se sentara y le colocó la bandeja en su regazo.

La comida que Garrett había preparado estaba deliciosa. Le di de comer a una molesta Leen, mientras que mi gatita y Tony devoraban su plato. Mis niños ya saciados, no pudieron continuar con los ojos abiertos. Estaba acariciando a mi bebé con ternura cuando mi cuerpo comenzó a sentirse aletargado, los párpados me pesaban, me fue difícil volver a levantar la cabeza.

—Descansa, Bella —me instó Garrett colocando una manta sobre mí y la niña.

Quería preguntale si tenía noticias de mi bebé y de Edward, pero la inconsciencia me reclamó de pronto.

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—Isabella, vamos despierta. —Sam me movía con suavidad por el hombro.

—¿Sam? —articulé con voz pastosa abriendo los ojos con los párpados pesados.

—Vamos a la camioneta —demandó ayudándome a levantarme, trastabillé un poco y apreté los brazos entorno a Leen. Coloco su brazo en mi cintura y me ayudo a bajar, practicamente el nos cargaba a la niña y a mi. Ubicada ya en la camioneta traté de enfocar mi entorno, Garrett traía cargada a mi gatita y la dejó a mi lado. Había un hombre nuevo, pero mi cerebro no procesaba si era de mi padre o de mis cuñados; él traía a Tony hasta dejarlo al lado de mi gatita. En cuanto la camioneta cobró vida, hice todo lo que pude para mantenerme despierta, bostecé y sacudí la cabeza—. ¿A dónde vamos? —pregunté dudosa.

Sacudí la cabeza nuevamente para aclarar mi mente.

—A casa de su padre —respondió Sam antes de comezar a dar indicaciones por la radio que cargaba en su oído.

La camioneta se movía con rapidez.

Leen iba dormida recostada a mi pecho, mi gatita se hallaba pegada a mi costado y Tony permaneció callado, pensativo, mirando por la ventana.

—¿Todo está bien, Tony? —susurré para no despertar a las niñas, acariciando su rebelde cabello con dificultad. Su mirada se enfocó en mí y me brindó una pequeña sonrisa.

—Sí, mamá, solo estoy preocupado por papá y Tory —me respondió acercándose a mi gatita, asi lo tuve mas a mi alcance, pase mi mano por sus cabellos y su espalda con ternura.

—Te entiendo, bebé, yo también estoy preocupada por ellos —le aseguré besando los cabellos de Leen que se removio en ese momento incomoda, al momento en que pasaba mi mano derecha por su espalda con ternura me percate que cargaba una venda en mi mano y el latido en mis nudillos habia desaparecido.

La camioneta se detuvo frente a las escaleras de la entrada de la mansión Swan. Sam abrió mi puerta segundos después.

—Gatita, mi amor —llamé con suavidad, pasando mi mano izquierda por su espalda—. Llegamos a casa del abuelito Charlie.

Ella se enderezó, abriendo sus bellos ojos de gatos algo desorientados y asintió mientras bostezaba.

Sam me ayudó a bajar. Leen en ese momento levantó la cabeza de mi hombro, mirando a su alrededor confundida.

—¿Abelo Lie? —murmuró mirandome fijamente.

Dejé un beso en su mejilla.

—Sí, estamos en casa del abuelo Charlie —le respondí a su pregunta con una sonrisa.

Nada mas mi gatita se bajo de la camioneta se ubico a mi lado y me abrazo por la cintura, coloque mi brazo izquierdo en sus hombros, cuando fue el turno de Tony, el bajo con cuidado, tratando de no hacer movimientos bruscos.

—Gracias, padrino. —susurro dirigiendose a mi lado, tomo mi brazo derecho sin molestar a Leen, nos encamine hacia dentro de la mansion.

Rachell, una de las chicas del servicio, nos esperaba en la puerta. Nada más cruzamos el umbral note la tensión en el ambiente, Alice estuvo a mi lado en cuestión de segundos.

—Mi preciosa Leen —murmuró con voz llorosa y tomándola de mis brazos. La niña se rehusó un poco, pero ella continuó—. Mi princesa Lizzy. —Acarició el cabello de mi gatita antes de tomarla de la mano—. Vamos, Tony, los niños están ansiosos por verlos —apremió encaminándose a las escaleras, al inico de estas le paso la bebe a Lizzy y continuaron su avance.

Parpadeé asombrada sin moverme del lugar.

Rose apareció de pronto y me tomó del brazo con suavidad, llevándome hasta el recibidor donde se encontraban mi Bubú y doña Esme, instandome a sentarme en el sofa frente a nuestra suegra, quien retorcía los dedos con nerviosismo, hullendo de mi mirada. Miré a Rose confundida, su expresión estaba cargada de una inmensa tristeza, era obvio que se estaba conteniendo para no llorar.

Mi Bubú suspiró antes de colocar su mano en mi rodilla, dando un pequeño apretón.

Mi corazón emprendió una marcha alocada, mi cerebro procesando sus expresiones. Rápidamente me sudaban las palmas de las manos, mi vista se tornó borrosa, me dolía el pecho y tenía un nudo en la garganta.

—Mi bebé no salió con vida de la mansión Vulturi —musité en un hilo de voz. Sentí como mi corazón se partía en millones de pedazos—. Es lo que están a punto de decirme, ¿no es así? Que mi bebé fue asesinado. —Lo último lo dije con dificultad, me costaba respirar y las lágrimas rodaban por mis mejillas—. No voy a volver a ver a mi bebé.

Llevé mis manos a mi cabeza, los oídos palpitaban; cerré mi ojos con fuerza, no quería abrirlos en esta horrible realidad.

Mi precioso bebé. —Sin poder evitarlo solté un alarido de dolor desde lo más profundo de mi alma.

A mi mente llegaron todas las imágenes: la primera vez que senti a mis niños moverse dentro de mí, el llanto de Eider en el claro, su precioso rostro lleno de sangre, su primera sonrisa, sus primeros pasos, sus primeras palabras, todas las veces que me acariciaba el rostro y me regalaba su mas grande y hermosa sonrisa.

Rose estuvo a mi lado en un instante, apretándome entre sus brazos.

—Escúchame, Bella, tienes que calmarte. —La escuché a lo lejos, las caricias de mi Bubú, las palabras susurradas de Doña Esme. Mis estremidades no me respondían, mi vista estaba borrosa, desenfocada—. Isabella, mírame —gruñó Rose, sosteniendo fuerte mis muñecas y me sacudiéndome con fuerza. Los dientes me chocaron entre sí—. Escúchame, Bella, escúchame muy bien. No es el niño, él está bien, papá lo trae de regreso. No es Eider, Bella, es Edward. Es Edward. —Enfatizó cada palabra.

Sobre el silbido de mis oídos, escuché el grito desgarrador de mi gatita proveniente de las escaleras, el cual hizo que mi corazón se saltara un latido. Doña Esme despareció de pronto de mi vista.

Traté de enfocar mi vista en ella.

—Eso es, hermanita, mírame. Se trata de Edward —dijo lo último soltando un sollozo.

—E-Edward —tartamudeé echando un vistazo entre mi bubú y ella.

—Así es, Bella. —Rose soltó un suspiro lastimero—. Edward resultó herido al rescatar a Tory y se encuentra muy grave en el hospital. No creen que sobreviva. Se está muriendo, Bella. Edward se está muriendo.

Saber que no era mi bebé, sino Edward, no mejoraba la situación. Se trataba de mi esposo. El padre de mis hijos. Mi Edward.

Me lo prometiste, —le reproche en mi mente—, me prometiste que te cuidarías.

Te lo juro, regresaré a ti en una pieza y con vida, —reproduje su voz en mi mente.

—¿Dónde está? —inquirí en un hilo de voz, tragándome un sollozo.

—En un hospital muy cerca de donde se ubicaba la mansión Vulturi —me informó apretando su abrazo—. Emmett me contó que Demetri lo apuñaleó tres veces en el abdomen, antes de casi caerse de la azotea. Él no se explica cómo Edward pudo resistir tanto sin soltar al niño estando tan herido. Si no hubiesen estado papa y Don Carlisle… —Hizo silencio apretando más su abrazo.

Hubiese preferido que permaneciera callada, su relato solo invocó imágenes horribles en mi mente. Vi perfectamente a mi esposo herido, sosteniendo a nuestro bebé, evitando que le pasara algo terrible. Ellos cayendo, Don Carlisle y mi padre evitando la caída.

Dios mío, necesitaba estar al lado de mi esposo.

Me puse de pie de un salto, sobresaltando a mi Bubú y a Rose.

—Cuiden a mis hijos —demandé dirigiéndome hacia la entrada—. Regreso a Roma.

—No puedes, Bella. —La voz de mi bubú hizo que me detuviera. Me volví hacia ella, interrogante—. En cuanto Edward se encuentre estable, será trasladado hacia acá, Carlisle está a cargo de eso. —No desvié la mirada de su rostro, incrédula—. Charlie viene con Eider, el niño te necesita —afirmó con voz autoritaria.

—Edward también me necesita, bubú —le contradije con los dientes apretados.

Ella dio un paso al frente con postura tensa. Nunca la había visto así.

—Tus hijos te necesitan. Ethan se encuentra todo golpeado. No sabes qué le pudo ocurrir a Elizabeth y ya se enteró de lo de Edward, necesitas hablar con ella. Renée maltrató a Eileen, la bebé no deseaba ni que Alice la tocara. Eider vivió un infierno. Los niños necesitan a su madre. Tu. Te. Quedas. —ponderó cada palabra con autoridad.

La miré con lágrimas en los ojos.

—Necesito ver a Edward, Bubú —susurré en un hilo de voz.

Ella se acercó y me estrechó entre sus maternales brazos.

—Lo sé, mi Nina. —Estuvo de acuerdo, pero no soltó su abrazo—. Todo estará bien, Edward es un hombre fuerte y muy sano; él luchará por su vida. No va a rendirse, sabe que lo están esperando. Además, es muy peligro que regreses allá. —Me separé de ella, interrogándola con la mirada—. Algunos Vulturi sobrevivieron, aunque no muchos. Es seguro para Carlisle y los chicos porque ya llegaron a un acuerdo, en cuanto Edward pueda resistir el viaje, regresarán. Mientras eso pasa son intocables, pero eso no te incluye a ti, mi Nina, por eso no puedes volver.

—Rose. —Nos sobresaltó la voz desesperada de Alice. Dirigí mi vista hacia ella, se ubicaba al inicio de las escaleras con una llorosa bebé en brazos—. Te necesito arriba, Lizzy se enteró de todo y está incontrolable, Doña Esme no puede calmarla y está comenzando a alterar a Leen.

Mi bubú me acarició la mejilla.

—Ve con tus hijos, mi Nina, en este momento te necesitan más que nunca.

Mire ansiosa hacia las escaleras luego hacia la puerta, repeti el movimiento unas cuentas veces indecisa. Suspiré con resignación y me dirigí hacias las escaleras.

Espero que sobrevivas, amor, sin ti no podemos vivir, yo no puedo vivir, regresa a mí, pensé con el corazón oprimido.

Alice había desaparecido en cuanto llegué al segundo piso. Aquí estaban distribuidas las habitaciones de mi padre, bubú, la biblioteca, un cuarto de juegos para los niños y unas cuantas habitaciones de invitados. Justo al final del pasillo la puerta estaba abierta y de allí provenía el llanto y la histeria de mi bebé.

—Yo quiero a mi papi, abuela, yo quiero a mi papi. Mi papi no se puede morir, él no me puede dejar.

—Lizzy, cálmate, te puede dar algo, corazón, respira profundo. —Escuché la voz de Doña Esme intentando apaciguarla.

—Quiero ir donde mi papi, quiero ir donde mi papi. Abuela, llévame donde mi papi.

Las lágrimas rodaban por mis mejillas, un nudo se formó en mi garganta, con cada paso me costaba respirar. Se me hizo eterno el camino.

Gatita —susurré en medio de un sollozo de pie en el umbral de la puerta; con la vista nublada pude distinguir a Doña Esme sentada en el borde de la cama con mi niña de pie en medio de sus piernas, ella rehuyendo los intentos de abrazos de su abuela.

Volvio la cabeza para mirarme, un fuerte sollozo broto de su garganta y corrio a mis brazos. Que ya la esperaban abiertos.

—Mami —murmuró seguida de un sollozo, corriendo hacia mis brazos. Como pude me senté en el suelo a un lado de la puerta con ella sobre mi regazo. Mi niña enterró su rostro en mi cuello.

Desconozco cuánto tiempo permanecimos en esa posición, pero mi bebé ya no lloraba, solo sollozaba sin derramar lágrimas.

Respiré profundo y traté de tranquilizarme.

Mis niños me necesitaban, debía ser fuertes por ellos.

Doña Esme estaba arrodillada a nuestro lado y acariciaba con ternura la espalda de mi niña y mi cabello. Nosotras no éramos las únicas que sufríamos por Edward, Doña Esme es su madre, por lo que su dolor era igual o mayor al nuestro.

—¿Es cierto lo de mi papá? —La voz de Tony nos sobresaltó a las tres. Levanté mi vista, él se hallaba de pie en el umbral de la puerta—. ¿Papá está herido? —preguntó con voz temblorosa, sus nudillos aprentando con fuerza el marco de la puerta.

Asentí a su pregunta.

— ¿Mi papá se va a morir? —Un fuerte sollozo brotó de su garganta al realizar la pregunta, mientras se arrodillaba a mi lado y envolvía sus brazos entorno a mi gatita y mi cuerpo. Lo sujeté contra mí y cerré mis ojos, lás lágrimas iniciaron nuevamente su recorrido por mis mejillas—. ¿Cómo pasó, mami? —demandó separando su rostro de mi piel.

—Todavía no sé los detalles. —Comencé a explicar cuando pude controlar mi voz, eliminando el rastro de lágrimas por sus mejillas—. Algo ocurrió con Demetri y su papá salió herido salvando a Eider.

—¿Tory se encuentra bien, mami? —Fue el turno de mi gatita de preguntar, mirándome con ojos llorosos.

—Sí, el bebé está bien —contestó Esme en mi lugar, pasando sus manos por el cabello de mis hijos—. Charlie lo está trayendo de vuelta.

—¿Podemos ir con papá? —cuestionó Tony mirando entre su abuela y yo.

Mi niña asintió a la pregunta anhelante, mientras guiaba sus manos de forma nerviosa por mi cuello y cabello.

— Papi nos necesita. —recalco mi gatita.

Asentí de acuerdo al mismo tiempo que Doña Esme negaba con la cabeza.

—No, es muy arriesgado. ¿Por qué creen que no estoy allá con mi niño? —respondió abrazando a Tony con voz llorosa—. Debemos esperar que se estabilice y puedan trasladarlo hacia acá.

Tony inmediatamete comenzó a negar con la cabeza y mi gatita se apretó contra mi pecho, sollozando.

—Serán días difíciles, pero los superaremos —afirmé con convicción, tomando la mano de Doña Esme—. Cuando Edward esté aquí, lo llenaremos de muchos mimos. —Doña Esme asintió de acuerdo, dando un ligero apretón en mi mano—. Lo importante es que Leen no debe enterarse de nada —aseveré mirando a ambos fijamente.

Ellos asintieron, intentado recuperar la compostura.

Mi gatita se paso las manos por las mejillas eliminando las lagrimas derramadas, respiro profundo, sorbiendo nada elegante por la nariz. Tony abrazo a su abuela fuerte, ella le devolvio el abrazo con la misma intensidad.

—De Eider me encargo yo cuando llegue, ahora necesito ir a ver a su hermana —anuncié sobre sus cabellos, mi gatita asintio contra mi cuello, antes de colocarse de pie, me tendio la mano, le sonrei al momento de tomarla, al estar nuevamente de pie abrace a Tony y a Doña Esme halando a mi gatita para que tambien se uniera a nuestro abrazo grupal.

Un tímido golpecito nos hizo desviar nuestra atención. Mi Bubú estaba de pie en el umbral.

—La bebé se quedó dormida —me informó con una pequeña sonrisa. Me acerqué a ella, abrazándola suavemente—. Charlie está por aterrizar —me susurro al oído.

Asentí contra su hombro.

—¿Podemos llamar para saber de papá? —exclamó de pronto Tony cuando salíamos de la habitación.

—Por supuesto —aceptó Doña Esme de inmediato—, le marcaré a Carlisle.

Tomo su telefono del bolsillo de sus vaqueros y, segundos después, el tono de llamada comenzó a sonar.

—Quiero hablar con el. —indique deteniendo mi avance.

Esme, cariño. —Se escuchó al otro lado de la línea.

—¿Cómo está mi papi, abuelo? —Mi gatita fue la primera en hablar.

Mi preciosa Lizzy —murmuró con amor—. Edward se encuentra bien, mi amor; resultó herido, pero los médicos lo atienden en este momento. En los próximos días te lo llevaré y serás la encargada de su cuidado. Estoy seguro que preferirá eso a una enfermera.

—¿Mi papá se va a morir, abuelo? Por favor, sé sincero. —Tony quería saber la verdad y solo la verdad.

No te voy a mentir, Ethan —aseguró Don Carlisle al otro lado de la línea—. Está delicado, pero él va a salir de esto.

Ahora fue mi turno de tomar el teléfono, quité el altavoz y me lo llevé a la oido.

—Quiero saberlo todo —exigí con la mandíbula apretada—. ¿Cómo es que mi esposo resultó herido?

Escuché el suspiro de Don Carlisle.

Bella… —Comenzó con voz suave—. Demetri lo apuñaló en el momento en que Edward tomaba a Eider, fue cuestión de segundos, nos tomó por sorpresa. Tu padre fue el primero en reaccionar y le disparó en la cabeza, sin embargo, el impulso lo hizo caer, pero como él sostenía al niño, Eider también cayó, de no ser porque Edward lo sostenía de la pierna…—Hizo una pausa, me coloqué la mano en la boca para evitar gritar y asustar a los niños—. Nunca había sentido tanto miedo, ver a mi hijo y a mi nieto caer, aun no me explico cómo reaccioné tan rápido y me lancé detrás de ellos, sosteniéndome del borde de hierro forjado con un brazo y la pantorrilla de Edward con el otro. Estaba seguro que Edward no soltaría al niño, así como yo no lo soltaría a él.

Respiré profundo tratando de controlar mis lágrimas.

—¿Cuál es el diagnóstico? —pregunté en un hilo de voz.

Trauma cerrado de abdomen por herida de arma blanca. Necesitaba cirugía de emergencia. Le hallaron el bazo perforado, por lo que debieron extraerlo. Perdió mucha sangre, deben reponer la pérdida y tratar la infección con antibióticos; cuando resista el traslado, viajaremos.

—Quiero hablar con el médico. —Mi voz esta vez fue decidida.

Por supuesto. Cuando llegue a la habitación de Edward, te llamaré para que hables con él.

—Don Carlisle, ¿puede acercarle el teléfono a Edward?

Claro, hija —aceptó con voz suave—. Puedes hablarle, Bella.

Me limpié las lágrimas de mis mejillas y respiré profundo.

—Edward, amor —hablé con voz suave, cerré mis ojos—. Te amo, cielo. Aquí te estamos esperando. Sé fuerte por nosotros. No me dejes, Edward —supliqué con voz llorosa—. No puedo vivir en un mundo en el que tu no existas. —Lo último lo dije con voz llorosa.

Mi Bubú me abrazó fuerte.

Te llamaré más tarde, Bella. —Escuché la voz de mi suegro antes de que se cortara la llamada.

—Vamos a la cocina por algo de comer —nos indicó mi bubú instándonos a caminar a su lado—. ¿Quieres pastel de chocolate, Lizzy? —murmuró con ternura acariciando sus rizos.

Mi gatita asintió sin alejar su rostro de mi vientre.

Bajamos las escaleras con un poco de dificultad, trastabillando en el último escalon. Mi Bubú me sostuvo de mi brazo derecho. Doña Esme vacilió delante de nosotras.

—Lo siento, mami. —susurro mi gatita contra mi piel.

—Esta bien, corazón. —la tranquilice pasando mi mano por su espalda con ternura.

—Mamá.

Sonreí sin poder evitarlo.

Levanté la mirada y lo vi en los brazos de su madre. Rose nos esparaba en el recibidor con Ediasmel en sus brazos. Al pasar a su lado, se lanzó hacia mí.

—Hola, mi guapo príncipe —saludé haciéndole pequeñas cosquillas en la barriga y ocasionando la melodiosa risa del niño.

Ichi —gritó colocando su mano sobre la cabellera de mi gatita. Ella separó su rostro de mi vientre y le sonrió al bebé.

Mel Mel —correspondió ella tendiéndole los brazos. El niño se fue gustoso, dejando muchos besos húmedos en la mejilla de mi hija.

Rose rodó los ojos, repelía el horrible apodo que le dio Emmett al niño. Me reí burlona, lo que me costó un empujón de su parte.

El oso Emmett le otorgó “Eli” a mi princesa de sobrenombre, “Ender” a Enderson y a Ediasmel “Mel Mel”. Rose estaba furiosa, lástima que los niños se adaptaron muy fácilmente al apodo.

—¿Estás mejor? —me preguntó acariciando mi brazo con ternura.

—Algo —respondí tomando asiento en la barra del desayuno. Rachell colocó una tasa humeante de té frente a mí—. Gracias.

Rose se sentó a mi lado luego de sentar al bebé en la sillita con una taza llena de frutas picadas.

Mi gatita comenzaba a comer un trozo grande de pastel de chocolate con un vaso de leche a un lado. Tony ya llevaba unos cuantos mordizcos y un notable bigote de leche.

Revolvía mi té con languidez de vez en cuando tomaba un sorbo, cuando Rayan, uno de los hombres de Billy, llamó nuestra atención desde el umbral de la puerta.

—Señora Cullen. —levante la mirada al mismo tiempo que mi suegra y mi hermana—. Disculpen, señora Isabella, su padre está llegando.

Asentí poniéndome de pie de inmediato, las demás con más calma que yo.

—Sigan comiendo —demandé a los niños mientras me dirigía hacia la puerta—. No dejen a Ediasmel solo.

—Sí, mamá —aceptó Tony ubicándose a un lado del bebé.

Me dirigí hacia la entrada de la mansión justo cuando mi padre entraba con mi pequeño en sus brazos.

—¡Mami! —exclamó en cuanto me vio.

Mi corazón brincó de felicidad dentro de mi pecho.

—Mi bebé —declaré tomándolo entre mis brazos y estrechándolo con suavidad, luego llenando su hermoso rostro de besos.

Rose saludó a Charlie con un abrazo. Él le correspondió dejando un beso en su frente. Se volvió hacia mí con brazos abiertos; no dudé en refugiarme en ellos con mi pequeño en medio de ambos.

—Perdóname, mi niña —se lamentó en mi oído apretándome contra él. Eider soltó un quejido de protesta—. No lo vi venir, no lo pude evitar. —Me tragué un sollozo, el nudo de mi garganta apareció con fuerza—. Todo fue tan rápido. —Negó con la cabeza—. Quería quedarme, pero alguien debía traer al bebé. —Asentí acomodando a Tory en mis brazos—. Edward es fuerte, saldrá de esto. —Me tranquilizó, sentándome a su lado en el sofá, Rose tomó asiento del otro lado—. ¿Y Alice? —cuestionó mirando alrededor.

—Arriba con los niños —le respondio mi bubú que estaba ubicada al lado de Doña Esme..

Tory estaba acurrucado en mi regazo, pasando sus manitas por mi rostro.

—Papi —chilló sentándose y mirando a los lados.

Tragué grueso. En la habitación reinó un silencio supulcral, todos atento a nosotros.

—Bebé —llamé, él me observó con aquellos hermosos ojos tan parecidos a los míos—. Papi se quedó con el abuelo Carlisle —le expliqué con suavidad—, vendrá dentro de unos días. Sigue ocupado resolviendo cosas con las personas que te alejaron de nosotros.

Su ceño se frunció.

¿Ichi, Een?

Besé su frente con ternura.

—Tus hermanas estan aquí —lo tranquilicé, acunándolo—. Leen duerme y Lizzy está en la cocina con Tony y Mel Mel comiendo pastel. ¿Quieres teti? —le pregunté aceptando el biberón que Kim me tendía.

Mi niño lo tomó, llevándoselo a la boca y comenzó a succionar. Sus deditos inquietos jugueteaban con mi arete.

Centré mi atención en Charlie, quien nos observaba con ternura.

—No ha querido dormir —me informó acariciando sus pequeños pies—. Logré que dejara de llorar, pero no que durmiera.

Asentí comenzando a tararear mi nana e inmediatamente sus bellos ojos parpadearon.

—¿Cómo pasó todo esto, papá? —le cuestioné en un murmullo sin apartar la mirada del bebé, el cual se estaba quedando dormido.

—Me llevaré a Eider —expresó de pronto Rose, colocándose de pie, ubicándose frente a mí y tomando al niño en brazos. Tory se removió inquieto abriendo sus ojos, soltó el biberón y comenzó a llorar en cuanto notó que lo separarían de mí.

—Shhhh… no llores mi bebé hermoso —Rápidamente lo coloqué sobre mi pecho, arrullándolo mientras acariciaba su espalda. Su llanto fue disminuyendo—. Termina tu teti, bebé —dije acercándole el biberon a la boca.

Tory le dio una mala miraba a Rose mientras succionaba de su biberón, tomo parte de mi camiseta con su puño izquierdo.

Negué con la cabeza sin dejar de mover al bebe por su trasero.

Rose suspiró derrotada y regresó a su asiento al lado de Charlie.

—Fue un caos desde el momento en que entramos. Acaecieron disparos, explosiones…todo era una locura. —Comenzó a explicar Charlie. Lizzy y Tony aparecieron en el recibidor, la primera corrio a acurrucarse a mi lado en el pequeño espacio que quedaba entre mi cuerpo y el brazo del sofa, Tony se ubico al lado de Doña Esme—. No separamos cuando detonaron una granada. Por un momento nadie respondía la radio, luego poco a poco nos fuimos reportando. —Charlie acaricio los cabellos de Lizzy, mi nena le brindo una sonrisa—. En algún momento me encontré con Carlisle y decidimos seguir juntos. Jasper informó que tenía a los niños, que le abrieramos paso; fue difícil pero lo logramos, los Vulturi sabían defenderse. Luego de eso Edward pidió refuerzos en el tercer piso, necesitaba que sacaran a una mujer y dos niñas del lugar y que seguiría a Demetri hasta la azotea. Carlisle y yo le dijimos que nos esperara, pero cuando llegamos al lugar ya se había movido, así que nos encaminamos a la azotea. Al llegar allí, nos topamos con Edward desarmado y Demetri amenanzando con dejar caer al niño. Todo fue tan rápido, de un momento a otro Edward estaba frente a Demetri, sosteniendo al niño, la hoja salió de pronto y lo apuñaló sin que lo pudiéramos evitar; cuando reaccioné le disparé en la cabeza, más el daño estaba hecho. El impulso de la bala los hizo caer a los tres, Carlisle reaccionó más rapido que yo y se lanzó detrás, sosteniendo a Edward, que a su vez sostenía a Eider. Con ayuda de Jacob y de Emmett los subimos de nuevo, pero Edward perdía mucha sangre hasta que perdió el conocimiento. Nos movimos con rapidez y lo llevamos al hospital más cercano donde revisaron al niño y entraron a Edward de emergencia a cirugía. Decidimos que Billy y yo debíamos traer a Eider y cuidarlos a ustedes aquí mientras ellos se quedaban. Sobrevivieron algunos Vulturi, menos Aro, Cayo, Marco, Felix, Demetri y otros más que no reconozco. Antes de partir firmamos un acuerdo donde se estipulaba que ellos permanecerían allá el tiempo necesario para que Edward mejore y sea trasladado, luego no podremos volver y viceversa, nuestros negocios quedan anulados.

—Señor Swan. —Apareció Sam de pronto—. Necesito hablar con usted, es algo urgente.

Charlie suspiró antes de levantarse dejó un beso en mi frente y la de mi gatita, acarició los cabellos de Rose al pasar a su lado.

—¿Y Ediasmel? —preguntó Rose. Dirigí la mirada hacia ella.

—Leah se lo llevó a mamá Alice. —Tony respondió acurrucándose en el regazo de mi suegra. Doña Esme sonrió y comenzó a hacerle cariño y a murmurarle cosas al oído, ocasionando que Tony soltara unas risitas.

—¿Mamá Bella? —Volví mi vista para ver a Emer bajar las escaleras dando saltitos.

—¿Sí, mi amor? —dije con una sonrisa.

Me dio un beso en la mejilla, le hizo cariñitos a Eider, le mostró la lengua a Lizzy quien a su vez hizo lo mismo, antes de ubicarse en el regazo de su madre. Rose no dudó en abrazarlo y besarle los cabellos.

—Leen está despierta —anunció jugueteando con el cabello de Rose.

Asentí sacando el biberón vacío de la boquita de Tory y colocándolo mejor en mis brazos, su rostro en la base de mi cuello.

—Gracias, guapo —declaré alborotando su rubio cabello.

Solto unas risitas y se acurruco mas en el pecho de Rose.

Mi gatita somnolienta se levanto y se ubico en el regazo de mi Bubú.

—Mi gatita hermosa. —murmuro esta abrazandola.

Me levanté del sofa, subí las escaleras hasta el tercer piso donde antes era mi habitación y ahora pertenecía a mis hijos, sin perturbar el sueño de mi bebé con dificultad lo acosté en su cuna. Mi pequeña Leen no estaba aquí, suponía que debía estar con Alice, así que encendí el monitor y me encaminé a la habitación de mi hermana.

Toqué ligeramente.

—Adelante. —Se escuchó la voz de Alice a través de la puerta.

Abrí y entré con cuidado, Leen se hallaba en el suelo jugando con Jass y Cami, muñecas esparcidas por todas partes. En la cama de Alice dormían Sunjai, Jarred, Jayden y Enderson; Ediasmel estaba en el sofá acurrucado en los brazos de Jheison, ambos concentrados en el teléfono, y Alice amamantaba a mi princesa Jess. Su cara denotaba cansancio.

—Mamá Bella —saludó Jass chocando contra mis piernas.

—Hola, mi hermosa princesa. —La tomé en mis brazos y llené su rostro de besos.

Tititi. —Fue el turno de Cami de llamar mi atención. Dejé a Jass sobre sus pies e hice lo mismo con ella—. Te quiero mucho, Tititi.

—Yo tambien te quiero, Cami —musité sonriendo la deje ir a jugar con las niñas. Leen no se habia movido de lugar—. ¿Cansada? —pregunté acuclillándome frente a Alice.

—Agotada —me contradijo suspirando—. Son demasiados niños, Bella. No puedo con todos.

—Tienes que tomar las cosas con calma. ¿Cómo va la herida? —cuestioné tomando a la bebé en brazos y acomodándola sobre mi hombro para sacarle los gases.

—Bien, cicatrizando poco a poco. Rose se encarga de las curas —respondió acomodándose el brassier—. Amo a los niños, pero estoy demasiado cansada. —Asentí en entendimiento sentandome con suavidad en la orilla de la cama sin perturbar a los bellos durmientes—. ¿Tú estás más calmada?

Asentí nuevamente.

—No puedo hacer nada, solo me resta esperar —respondí parpadeando para alejar las lágrimas.

Un ligero toque en la puerta nos interrumpió.

—Adelante —exclamos Alice y yo al mismo tiempo. Doña Esme se asomó.

—Es Carlisle, Bella.

No había terminado de hablar cuando ya estaba de pie.

—Damela. —indico Alice, hice lo que me pidio. Me apresuré hacia mi suegra y tomé el teléfono en cuanto me lo tendió.

—¿Hola? —contesté dirigiéndome a mi habitación.

Bella, aquí está el doctor, te lo comunico. —Don Carlisle habló al otro lado de la línea.

—Esta bien —me sente en el borde de mi cama.

—Ciao… —se escuchó al otro lado de la linea—. Sono il Dott. De Luca, chirurgo presso il Rome American Hospital. Sono io quello che si occupa del caso del signor Cullen. Ho il piacere di parlare con la signora Cullen?

Respiré profundo, conteniendo el aliento.

Ciao, sì, sono Isabella, la moglie di Edward, qual è la diagnosi di mio marito? —Mi italiano no era muy perfecto, habían palabras que todavía se me dificultaba pronunciar.

Signora Cullen, suo marito ha subito una laparotomia esplorativa, per riparare la milza, ha perso molto sangue durante la procedura, per questo motivo è confinato in terapia intensiva, collegato ad un respiratore, ricevendo pacchi globulari, queste 24 ore sono fondamentali Tutto dipende da come si risponde alle trasfusioni di sangue. Se si evolverà come previsto entro quattro giorni, potrebbe essere trasferito negli Stati Uniti.

Dios, dentro de cuatro días, cuatro largos días, podré estar al lado de mi Edward; eso, si todo evoluciona bien.

Se ci sono complicazioni, la sua milza deve essere rimossa, è una procedura più delicata e dovrebbe avere più tempo di recupero, ma finora sta rispondendo bene ai farmaci.

Extraer el bazo, grité en mi mente.

Grazie, dottore De Luca, grazie per esserti preso cura di mio marito. —Mi voz tembló un poco.

È il mio lavoro, signora Cullen, è stato un piacere parlare con lei, ma devo andare d'accordo con gli altri miei pazienti.

Bella. —Esta vez fue la voz de mi suegro al otro lado del telefono.

—Don Carlisle…

Todo saldrá bien, ya verás. ¿Cómo está Eider? Se fue un poquito alterado por lo que le sucedió a Edward.

—En este momento se encuentra dormido. Papá logró calmarlo en el avión, pero desde que llegó no ha querido alejarse de mis brazos.

No te angusties, Bella, te mantendré al tanto de cualquier cambio, por insignificante que sea. Enfócate en los niños por ahora.

Colgué la llamada y dejé el teléfono a un lado de la cama, recargué mis codos en mis muslos y la cabeza en mis manos, cerré mis ojos y permití que las lágrimas y el dolor fluyeran.

—No te vayas, Edward, no me dejes. Te necesito, los niños te necesitan, murmuré ahogada por el llanto.

Agarré una almohada en forma de estrella de mi gatita, la coloque frente a mi rostro apretandola en el proceso y deje salir un grito de impotencia desde lo más profundo de mi corazón.

—Mami…

Tititi…

Me paralicé al esuchar a Leen y a Camy muy cerca de mí.

Respiré profundo alejando la almohada de mi rostro y me pasé las manos rápidamente por el rostro eliminando las lágrimas.

Mis dos hermosas princesas estaban de pie frente a mí mirándome confundidas, Camy tomada de la mano de Leen.

—¿Pasó algo malo, Tititi? —preguntó Camy de pronto, su ceño fruncido—. ¿Es mi papi?

Negué con la cabeza.

—No, cielo, todo está bien, Jacob se encuentra bien —le aseguré halándolas hacia mí, coloqué a Leen en mi regazo y a Camy en la cama a mi lado—. Tu papi esta bien. —la tranquilice besandole los cabellos.

—¿Entonces por qué lloras? —me preguntó pasando la mano por mi mejilla, ambas mirándome fijamente.

—Me duele la cabeza —respondí apretándola contra mí—. Solo es eso, no te preocupes.

—¿Y Tory? —continuó mirando hacia las cunas.

—Está dormido, llegó muy cansado —dije levantándome con Leen en mis brazos, tomé la mano de Camy y me acerqué a la cuna donde mi bebé dormía boca abajo con su pequeño trasero al aire. Camy pasó el brazo por los barrotes y le acarició la espalda, Eider se removió sin llegar a despertar.

—Lo extrañé mucho —murmuró sonriendo y volviendo a pasar su mano con ternura por la espalda de mi bebé.

Sonaron unos toquesitos en la puerta.

Camy me sonrio y fue abrir.

Shhh Tory duerme. —exclamo colocandose el dedo en los labios.

Doña Esme entro a la habitacion, acariciandole los cabellos, me sonrio antes de acercarse a la cuna de mi bebé.

Sus ojos se llenaron de lagrimas, y con mucho amor acaricio el cuerpo de mi bebé.

—Se parece tanto a ti. —comento con una sonrisa—. Aunque tiene la mania de Edward al dormir. —solto unas risitas.

Sin poder evitarlo sonrei.

El telefono comenzo a sonar de pronto, sobre saltandonos, Eider se removio. Camy corrio hasta la cama y lo tomo contestando para que dejara de sonar.

—Alo, ya le comunico a la abuela Esme. —murmuro caminando hacia nosotras.

Sonrei, Camy adopto en llamar a mi suegra “abuela” cosa que a Doña Esme no le molesta.

—Gracias cielo. —tomo el telefono acariciando la mejilla de Camy en el proceso—. Bueno, Carmen. Si dame un momento, no quiero despertar a Eider. —me sonrio antes de salir de la habitacion.

Ambas Camy y yo nos volvimos hacia Eider, mi bebe se removia, coloque mi mano en su trasero y comence a moverlo suavemente, Camy acariciaba sus cabellos, hasta hacerlo dormir de nuevo.

—Vamos Camy. —susurre tomando su mano.

Sali dejando la puerta de la habitacion abierta. Me dirigi hacia el recibidor, Leen llevaba su cabecita recostada en mi hombro, Camy saltaba a mi lado, bajamos las escaleras con cuidado, en el ultimo escalon cuando ayude a Camy dar un salto, recorde a mi madre.

Apresure el paso hacia el lateral de la casa, necesitaba encontrar a mi papa o a Sam, que me dijeran que habian echo con ella, ella debia pagar por lo que les hizo a mis niños, no me importa que sea mi madre. Hizo sufrir a mis bebes. Camy iba casi corriendo a mi lado. Ibamos saliendo al jardin cuando de pronto aparecio un hombre que casi nos llevamos por delante.

—Abuelo. —exclamo Camy muy alegre.

El hombre era Billy, el cual sonrio y se inclino para tomarla en brazos.

—Mi CamyCan… —murmuro con afecto abrazando a la niña—. Bella. —sonrio al decir mi nombre—, Mi pequeña LeenLeen. ¿A donde van con tanta prisa? —interrogo arqueando las cejas.

— ¿Y mi papi?

— ¿Y mi papa, Billy? —pregunte cambiando a Leen de lugar en el mismo momento que Camy preguntaba.

Billy nos sonrio a ambas, pero le contesto a la niña primero:

—Se quedó acompañado a Edward.

Las mejillas de Camy llamearon coloradas. La niña aun no supera su enamoramiento por mi esposo. Asintió con timidez antes de ocultar su rostro en el cuello de Billy.

—Salio a resolver una cosa. —me respondio acariciando la espalda de la niña.

— ¿Haz visto a Sam? —inquiri mirando afuera sobre su hombro.

—Se fue con Charlie, por eso estoy aquí, para protegerlos. —comento haciendo reir a Camy.

—Necesito hablar con ellos, es urgente. —comente con ansiedad.

—No te preocupes por nada, Bella. Todo esta resuelto. Ella, no las volvera a molestar. —expreso pasando su brazo por mi cintura y haciendome caminar a su lado de nuevo hacia el recibidor.

Me volvi a mirarlo con la boca abierta.

¿Cómo sabia que era de Renee de quien queria hablar?

—Eres un libro abierto —comento acariciando mi mejilla—. Ademas tu padre me advirtio que preguntarias.

—Mami. —me volvi hacia mi gatita que se apresuro a mi lado, rodeo mi cintura con sus brazos.

Billy le sonrio a mi niña.

— ¿Y Doña Marie? —le pregunto acariciando los cabellos de mi gatita.

—En la cocina con los niños. —respondio mi gatita moviendo la pierna de Leen para tener mejor acceso a mi cintura.

Billy volvio a acariciarles los cabellos antes de seguir el camino con Camy en sus brazos hacia la cocina.

Suspire.

Una cosa menos, ahora toca.

—Ven amor, necesito hablar contigo. —comente dirigiendome escaleras arriba con las niñas apretadas contra mi—. ¿Tony? —cuestione al momento que terminabamos de subir las escaleras y nos dirigiamos a mi antigua habitacion.

—Con la abuela. —respondio haciendole una cara graciosa a Leen ocacionando que la niña riera y enterrara su rostro en mi cuello.

Entre de nuevo a la habitacion, ahora con mis niñas, le indique a mi gatita que se sentara en la cama, mientras revisaba a Tory. Mi bebe seguia dormido. Imite a mi gatita, me sente en medio de la cama al estilo indio con Leen en mi regazo.

Respire profundo llenandome de valor.

— ¿Cuentamelo todo? —inquiri con voz suave acariciendo sus mejillas.

Leen dejo de moverse, era como si mi bebe supiera que le habia preguntado a su hermana.

Mi gatita apreto los dedos en sus muslos.

— ¿Todo Elizabeth Marie?

Mi gatita me miro a los ojos y asintio.

—Estabamos en las sala de juego viendo una pelicula de pronto aparecio ese hombre, y tomo a Leen, nos obligo a seguirlo, pasandonos por encima de la pared, a Leen primero, la abuela le pego cuando estuvo del otro lado por que estaba llorando, luego ese hombre avento a Tony cuando fue su turno —mi gatita cerro los ojos removiendose inquieta. Coloque mis manos sobre las suyas—. Despues Eider y por ultimo a mi, en ese momento aparecio Jordan por lo que tambien me avento y me golpee muy duro la cadera contra la acera por que el señor que andaba con la abuela no supo atraparme —de alli el moreton horrible que mi bebe tenia—. La abuela nos hizo subir al coche, y nos golpeo a Tory y a mi, cuando le pregunte por que nos alejaba de ti.

Cerre mis ojos y respire profundo, le rogaba al cielo que mi papa la hiciera sufrir bastante.

—Nos llevaron a una especie de hangar improvisado, donde nos sentaron, a Leen en mis piernas, a Tory en medio de Tony y de mi, nos amordazaron y nos taparon los ojos, luego tomaron una especie de foto, pero no estoy segura. Nos subieron a un avion y nos inyectaron algo que nos hizo dormir.

Unos toquesitos en la puerta nos interrumpio. Esta fue abierta y Tony entro a la habitacion, nos miro interogantes. Le hice señas que viniera y se sentara al lado de su hermana.

—Prosigue… —anime colocando a Leen en una mejor posicion y dejando al descubierto mi seno derecho, ella no dudo en prendarse de mi pezón.

Mi gatita le lanzo una mirada a Tony, este sonrio y paso su brazo izquierdo por sus hombros.

—Cuando desperte estabamos solos nosotros cuatro en el sotano.

—Despues entro Aro Vulturi o asi se presento —comenzo hablar Tony—. Dijo que no tenia nada contra nosotros, que los queria a ustedes y a los abuelos, que nos retendria alli hasta que ustedes llegaran, despues de eso se fue.

—Hacia mucho frio, nuestras ropas estaban mojadas. —mi gatita se estremecio recordando. Tony apreto mas su abrazo.

—Despues entro él. —gruño de pronto Tony apretando la mandibula, su cuerpo estaba tenso.

¿Él? ¿A quién se refería?

—¿A quién te refieres, Tony? ¿Quién entró después? —cuestioné removiéndome con ansiedad y haciendo que Leen soltara un quejido de protesta. Ambos permanecieron en silencio, mi gatita con la mirada baja, en cambio Tony lucía una expresión de fiereza—. ¿Quién entró, Ethan Cullen?

Mi hijo desvió la mirada, anclándolda en un punto en específico de la habitación sobre la cabeza de su hermana.

—Ethan Cullen ¿Dime quien entro despues? —pregunte con los dientes apretados.

—Alex Vulturi entró después —respondió entre dientes—. Quiso hacerle daño a mis hermanas, pero yo no se lo permití —aseveró con fiereza—. Nadie toca a mis hermanas.

Los observé con el corazón acelarado y un nudo en la garganta.

Mi gatita entre la jaula protectora que formaban los brazos de Tony.

Alex Vulturi había querido hacerle daños a mis niñas, a mis bebés.

Me estremecí.

Tony sacudió la cabeza.

—Después nos encontró papá —culminó sonriéndome.

—¿En qué momento Demetri tomó a Eider? —pregunté en un hilo de voz.

Mi gatita levantó la mirada.

—Fue mi culpa, Tony nos dijo que corriéramos, pero él apareció de pronto y me quitó al bebé. Despues me dijo dónde encontrar a mi papi y el mensaje que tenía que darle.

Asentí halándolos hacia mis brazos y como pude los estreché contra mí, ocasionando que Leen se quejara y comenzara a llorar, por lo que despertó a Eider. Mi gatita se levantó y fue en busca de su hermano.

No volvería a dejar solos a mi niños nunca más.

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Estos cuatros días fueron los más largos de mi vida. Únicamente recibía noticias de mi esposo a través de un teléfono, más quería verlo, tocarlo, sentir que estaba bien, que permanecía conmigo y nuestros hijos.

Edward evolucionó favorablemente a la cirugía, por lo que su traslado fue un hecho, y se encontraba camino para acá en el jet de Don Carlisle, el cual fue acondicionado para el viaje.

Caminaba ansiosa de un lado para otro esperando la llamada para recibir a mi esposo en el Northwestern Memorial Hospital, primero llegarían al Aeropuerto Internacional O'Hare y luego lo trasladarían en helicóptero.

Los niños no paraban de preguntar por su padre y yo sin mas excusas que decirles. A Leen le costó conciliar el sueño, clamando por su papá en un mar de llanto, Doña Esme no estaba en mejores condiciones que nosotras.

Rosa había llegado a la mansión Swan para ayudarme con los niños, no sentía la confianza de dejarlos solos con las demás chicas, en cambio Rosa era un caso aparte, siempre estuvo al cuidado de mi esposo y mis cuñados desde pequeños. Confiaria con los ojos cerrados en ella. Lo mismo pasaba con mis hermanas, por eso Alice aun teniendo una cesarea de tampocos dias no dejaba a los bebes solos, preferia sufrir ella que dejar a los niños sin su supervision, Doña Esme y Leah trataban de ayudarla lo mas que podia con los gemelos, me hice cargo del cuidado de Jass. Mi Bubú ayudaba a Rose con los trillizos y Emer. Ninguna apartaba la vista de los niños en ningun momento.

Charlie se hizo cargo de Renée. No consintió darme detalles, en cambio me hizo prometer a los niños y a mí que no le contaríamos nada a las chicas sobre su participación en el secuestro; Doña Esme y la Bubú estaban al tanto, pero acordaron manterlo en secreto.

—Mamá. —Desvié la mirada de la ventana para posarla en Tony, que venía con Leen en brazos. Les sonreí haciendo ademán de que se acercaran. Tomé a Leen en mis brazos—. El abuelo Carlisle llamó a la abuela, están por aterrizar, Garrett las llevará —informó abrazándome—. Yo quiero ir a ver a mi papá.

—Por el momento iremos tu abuela y yo —refuté acercándolo hacia mí—. No sabemos cómo está el terreno y podría ser peligroso. —Se separó mirándome fijamente—. No sabemos si aprovecharán que el Clan Cullen está debilitado para derrocarlos —expliqué suavemente—. Tu abuelo lo resolverá, pero ustedes deben permanecer aquí donde papá pueda protegerlos.

—¿Crees que se atreverán hacerlo? —cuestionó arqueando las cejas.

Me encogí de hombros.

—Quizás sí, quizás no, pero no correré ningún riesgo con ustedes.

—Y tu mami ¿Estarás bien?

—Billy nos acompañará —lo tranquilicé haciendo que caminara a mi lado y dirigiéndonos el recibidor.

Allí solo se encontraban Charlie con mi gatita en su regazo, Doña Esme con Jess en los brazos y Alice sentada al lado de mi Bubú; esta última con Tory en su regazo. Alice se removió haciendo una mueca, llevándose la mano derecha al vientre. Anoche Jayden golpeo a su madre sin querer y habia echo que la herida de Alice sangrara un poco. Por eso Rose se encontraba con los diabillos en su habitacion.

—¿Estás bien? —le preguntó mi Bubú acariciandole los cabellos.

—Solo duele un poco —respondió Alice asintiendo.

—Debemos hacer algo, Alice no puede seguir cuidando a los niños cuando ella necesita ser cuidada, y Rose no dará abasto —expuso Doña Esme de pronto.

Llegamos a su lado, Tony se ubico detrás de Alice, comenzando a acariciar sus cabellos, esta le sonrio con afecto y dejo besos en las manos de mi bebé.

—Ya me estoy encargando de eso —declaró Charlie haciéndole cosquillas a mi gatita y ocasionando que el recibidor se llenara de la risa musical de mi niña.

El sonido de un teléfono se unió silenciando la habitación. Doña Esme tomó el celular y contestó.

—Carlisle. —Escuchó un momento lo que decían—. Está bien, Bella y yo vamos para allá. —Colgó el teléfono y dirigió la mirada hacia mí—. Ya aterrizaron, están por abordar el helicóptero —anunció. Mi corazón emprendió una marcha alocada, estaba a minutos de ver a Edward—. Él acompañará a Edward —prosiguió—, Jasper, Emmett y Jacob vendrán en auto.

—Yo quiero ver a mi papi —murmuró mi gatita en un hilo de voz. Charlie apretó su abrazo.

—Pronto, bebé. —Mi papá le habló con suavidad mientras acariciaba su cabello—. Cuando esté en casa podrás verlo. —prosiguio murmurandole cosas al oido que no logre escuchar.

Mi gatita asentia con una sonrisa.

—Vamos, Bella. —Doña Esme se levantó y dejó a la bebé en brazos de Alice.

Tony se acercó a mí y tomó a Leen en sus brazos. Me despedí de ellos con un fuerte abrazo.

—Se portan bien —aseveré con aprehensión.

No quería dejar a mis bebés, la última vez resultó en un desastre, así que mi corazón me gritaba que los llevara conmigo.

Suspiré profundo, armándome de valor, y me acerqué a Eider. Mi bebé estaba dormido, por lo que solo le di un besito en la mejilla sin perturbar su sueño. Charlie estaba de pie con mi gatita frente a él, abracé a mi nena y dejé muchos besos en su rostro.

Billy apareció desde la cocina con Sunjai en brazos y una taza de frutas.

—¿Es hora de irnos? —preguntó acercándose.

Charlie asintió.

—Ve tranquila, hija, aquí estarán a salvo —me traquilizó Charlie abrazándome—. Primero deberán matarme para poder llegar a ellos.

Sabía que mi familia los protegería, que serían capaces de interponerse entre una bala y ellos, por eso iba tranquila al encuentro con mi esposo.

—Lo sé, papi —murmuré besando su mejilla.

—Billy irá contigo. No me fío de esa gente.

Asentí de acuerdo.

—Adios bebé, —bese los cabellos de mi gatita, antes de indicar—. Ayudas a tu hermano con los bebes.

—Si mami. —acepto abrazandome—. Le das un beso y un abrazo a mi papi de mi parte.

—Claro que si, mi amor. —susurre acariciando su mejilla.

Me volvi y seguí a Doña Esme con Billy detrás de nosotras.

Nos subimos a la camioneta donde Garrett y Jordan nos esperaban y emprendiendo la marcha.

Tenía un nudo en la garganta, estaba ansiosa por ver a mi Edward. Era consciente que el peligro había pasado, pero mi corazón no lo aceptaría hasta que no lo viera con mis propios ojos, que mis manos no lo tocaran y me cerciorara que se encontraba bien y con vida.

Llegamos al hospital veinte minutos más tarde, Doña Esme y yo entramos escoltadas por Garrett, Jordan y unos cuantos hombres de mi padre, seguidos de los hombres encargados de la protección de Billy Black, el cual fue el primero en entrar. Se dirigió a la estación de enfermería.

—¿Edward Cullen? —La voz de Billy era autoritaria.

Una joven, más o menos de mi edad, asintió un poco nerviosa y procediendo a buscar la información en la computadora.

—Fue trasladado hace pocos minutos, lo están ubicando en la habitación 402. Tome ese elevador —indicó señalando al fondo—, los llevará al piso. Deben esperar en la sala de espera a la derecha, allí les suministrarán más información.

Billy se dirigió a los ascensores con nosotras unos cuantos pasos atrás. Habian dos señoras y un señor, los cuales abandonaron el elevador al ver el rostro petreo de Billy y la corte de hombres fuertemente armados que nos custodiaban. El trayecto en el elevador fue eterno, mi pie se removía con ansiedad. Doña Esme no estaba mejor que yo, lo notaba por su fuerte agarre en mi brazo izquierdo.

El sonido que emitió el elevador al llegar al piso nos sobresaltó a las dos. Seguimos a Billy tan pronto salió hacia el pasillo de la derecha.

Al llegar inmediatamente mis ojos se posaron en una señora, sentada en el área de espera con una bebé de unos diez meses en brazos que no paraba de llorar, recostado en la esquina más alejada de la habitación, se encontraba un hombre rubio con expresión de cansancio pero a la vez severa. Sus ojos se arrugaron al vernos, una sonrisa se extendió por su hermoso rostro y se apresuró hacia nosotros.

—Esme, amor —exclamó abrazando a mi suegra, se fundieron en una abrazo que pareció durar horas; luego, sin previo aviso, se dieron un beso en la boca.

Bajé la mirada y me removí incómoda.

Billy carraspeó y desvió la mirada hacia la derecha.

Se separaron luego de unos cuantos minutos y Don Carlisle pasó el brazo por la cintura de mi suegra, apretándola contra él.

—Billy —saludó estrechando la mano del aludido—. Gracias por cuidarlas.

—Carlisle.

—Bella. —Don Carlisle me abrazó con su brazo libre dejando un beso en mi cabeza en el proceso.

—¿Y Edward? —pregunté con ansiedad. Don Carlisle me sonrió.

—En este momento ubicándolo en la habitación. Su presión disminuyó un poco, pero los médicos dijeron que era normal por el viaje, que con medicamentos se controlarían. Estoy esperando que me llamen para ingresar en la habitación.

Asentí en respuesta.

—Tomen asiento mientras esperamos —nos indicó Billy tomando suavemente mi brazo derecho y llevándome a los asientos mas próximos.

Estaba a punto de tomar asiento cuando se escuchó una voz.

—Familiares de Edward Cullen. —Somos nosotros —exclamó mi suegro inmediatamente. El doctor se acercó.

—Soy el doctor Campbell, Willians Campbell, cirujano general y el encargado del caso del señor Cullen. La presión ya está normal, respondió adecuadamente a los fármacos. No hubo ninguna complicación por el traslado; si continúa evolucionando como hasta ahora, será dado de alta en los próximos días. Pueden pasar a verlo, pero no más de dos personas a la vez. ¿Quiénes entrarán primero?

—Esme e Isabella —respondió mi suegro sin vacilar en el mismo momento que daba un paso al frente.

—Síganme por favor, señoras —anunció haciendo ademán de la mano.

—Billy permanecerá y cuidará de ustedes —expresó Don Carlisle al momento en que mi suegra se movió para seguir al doctor. Ambas nos volvimos a mirarlo—. Necesito resolver algo.

Doña Esme asintió con el ceño fruncido.

—Señoras —nos apremió el doctor.

Lo seguí con el corazón alocado, las palmas de las manos me sudaban. Abrió con suavidad la puerta 402. Suspiré profundo y di un paso adentro, moviéndome para darle espacio a entrar a mi suegra.

El hombre que amaba, el padre de mis hijos, mi Edward se encontraba recostado en la camilla con un cúmulo de máquinas conectadas a él, se veía pálido y un poco demacrado.

Me acerqué a la camilla vacilante, lágrimas corriendo por mis mejillas. Con suavidad tomé la mano derecha de mi Edward y me la llevé a los labios, dejando pequeños besos.

—Edward… —susurré con voz llorosa e inclinándome para darle un pequeño beso en la mejilla rasposa por su barba de varios días—. Amor, estoy aquí contigo, ya estás en casa. Abre tus bellas esmeraldas para mí —murmuré en su oído. El pitido que monitoreaba su ritmo cardíaco se alteró un poquito—. Amor, mírame, abre los ojos, soy yo, tu Bella —continué acariciando su mejilla—. Cariño, soy yo. Tu mamá también esta aquí.

Me volví hacia Doña Esme que lloraba en silencio mientras tomaba la mano izquierda de mi esposo y le acariciaba el brazo con ternura.

—Edward, bebé, soy mamá —murmuró contra la mano de Edward.

—Bello durmiente, despierta —susurré sobre sus labios dándole un pequeño beso, un suave roce como las alas de una mariposa.

—Debe profundizar el beso, señora Cullen, sino no pienso despertar —dijo una voz aterciopelada un poco ronca, que ocacionó que sonriera y llorara al mismo tiempo.

Doña Esme rió besando la mano de Edward.

Besé nuevamente sus labios resecos.

—No puedo abusar sexualmente de un paciente comatoso —susurré en su oído.

Movió la cabeza hacia mi rostro, dejando sus labios muy cerca de los míos.

—Este paciente no se quejaría —comentó abriendo sus bellas orbes esmeralda.

—Hola, guapo. —Le sonreí acariciando su mejilla.

—Hijo —exclamó Doña Esme abrazando a Edward con mucho cuidado.

Edward sonrió.

—Mamá.

—Mi bebé —expresó Doña Esme nuevamente, lágrimas corrían por sus mejillas.

Edward puso con cuidado su mano sobre el cabello de su madre.

—Estoy bien, ya pasó el peligro —declaró, sonriendo con mi sonrisa torcida favorita—. ¿Me das un poco de agua, amor? —pidió mirándome a los ojos. Asentí limpiándome las lágrimas, tomé la jarra de agua de la mesita a un lado de la camilla y coloqué un poco en el vaso, llevándoselo con cuidado a los labios—.¿Y los niños?

Sonreí acariciando su mejilla.

—Están bien, en casa de Charlie. —Me incliné y lo abracé con cuidado luego que Doña Esme lo liberara—. Este te lo mando nuestra gatita. —Dejé un beso en su mejilla—. Y esto también.

Sonrió acariciándome la mejilla.

—¿Eider? —murmuró frunciendo el ceño.

—Papá lo trajo —lo tranquilicé—. El bebé está bien gracias a ti. —Dejó un beso en la palma de mi mano y le sonreí—. Me asustaste —murmuré en un hilo de voz—. Pensé que te perdería. —Él hizo una mueca—. Lo siento. —Me alejé de inmediato, no sabía en qué momento lo había lastimado.

—Tranquila, amor, no te asustes, los puntos me molestan de vez en cuando.

Asentí dudosa.

—¿Puedo ver? —pregunté mirando su abdomen.

Asintió recostando la cabeza de nuevo.

Con cuidado moví la sábana que lo cubría dejando al descubierto las piernas torneadas de mi esposo, subí la bata con suavidad, mi esposo estaba desnudo con una sonda vesical en su pene.

Él hizo una mueca.

—Es incómodo —susurró mirando hacia el techo.

Solté unas risitas al igual que Doña Esme.

Continué retirando la bata dejando al descubierto su abdomen, tenía una incisión en linea recta que comenzaba cinco o seis dedos por encima del ombligo y terminaba en la misma distancia por debajo de este.

Tragué grueso.

—Creo que Lizzy se molestará —comentó de pronto. Levanté la mirada y él sonreía—. El médico me dañó los chocolatitos que tanto le gustaban a mi hija.

Torcí los ojos con fastidio.

—Pudiste haber muerto —le reproché bajando la bata y acomodando las sábanas.

Su expresión juguetona desapareció.

—Lo sé —dijo en un murmullo—. Todo fue tan rápido, de verdad no lo vi venir. Lo único en lo que podía pensar era en Eider, que debía tomarlo antes de que él lo dejara caer. No permitiría que lastimara a mi bebé. —Asentí acariciando su mejilla antes de besar su frente—. Y luego, en la negrura de la inconciencia, que no podia dejarte a ti ni a los niños —dijo acariciando mi mejilla con suavidad.

Escuché un golpe sordo y luego el pequeño quejido de Edward.

Me volví a mirar a Doña Esme.

—¿Y eso por qué? —se quejó Edward con una mueca mirando a mi suegra.

—Por no pensar en tu madre —reprochó Doña Esme con lágrimas en los ojos.

—Claro que pensé en ti, mami —aseguró Edward abriendo los brazos, Doña Esme no dudó en abrazarlo con cuidado.

Unos toquesitos en la puerta nos sobresaltaron.

Edward apretó mi mano mientras Doña Esme fue hacia la puerta. Era Billy.

—Esme, ¿podemos hablar un momento? —le preguntó a mi suegra—. Muchacho —saludó a mi esposo.

—Billy —correspondió Edward con expresión seria.

—Por supuesto —acordó Doña Esme y volviéndose hacia nosotros anunció—: Ya regreso.

Me senté en la camilla con cuidado de no lastimar a mi esposo.

—Te amo —declaré perdiéndome en esas bellas esmeraldas que tanto amaba.

—Te amo —secundó colocando su mano en mi mejilla.

Nos perdimos en la mirada del otro.

—Debería dejarte descansar —murmuré cuando vi su expresión de dolor y levantándome, pero como él me retuvo.

—No tan rápido, señora Cullen, aun me debe un beso —aseveró halándome hacia él. No opuse resistencia para que no fuera a lastimarse al hacer el esfuerzo. Nuestros labios quedaron a centímentros.

—Estoy enojada contigo —dije sobre sus labios.

—¿Por qué? Fui el héroe —bramó con el ceño fruncido.

—Por ponerte en peligro. Por hacerme sufrir estos cinco días. Por tantas cosas —respondí sin apartar la mirada de sus bellas orbes y sin moverme ni un milímetro.

Sonrió torcidamente.

—Puedes seguir enojada luego del beso.

Me reí recostando la cabeza a su pecho, sus labios se presionaron en mi frente y gruñó con fastidio.

Subí la cabeza reduciendo la distancia de nuestros labios de nuevo, Edward miraba mis ojos luego mis labios, repitio esa accion unas tres veces.

Sonreí antes de juntar nuestros labios. Mi corazón emprendió una marcha alocada; entre mis brazos tenía a mi Edward, a mi esposo, luego de todos estos días sin saber si volvería a verlo. Nuestros labios se movían suavemente al principio, luego él profundizó el beso, apresó mi labio inferior entre los suyos, succionando un par de veces; mis manos acariciaban sus mejillas, antes de introducirse entre su cabeza y la almohada, mis dedos enredándose entre su cabello. Edward soltó un gruñido desde el fondo de su garganta, sus manos me atrajeron hacia él. Mis pechos se presionaron contra su abdomen.

El beso se hacía más demandante conforme pasaban los segundos, el oxígeno nos hacía falta, pero ninguno quería terminarlo. Me separé ligeramente cuando fue necesario tomar aire, pero volví al ataque uniendo nuestros labios, él correspondió mi ímpetud.

Un fuerte carraspeo y la voz molesta de alguien nos interrumpió la bruma de placer en que nos encontrábamos.

—No debería estar haciendo eso, señora Cullen. El señor Cullen necesita reposo y cuidados.

Me volví hacia el médico con las mejillas sonrojadas.

—Lo siento —susurré en un hilo de voz y bajando la mirada avergonzada. Rápidamente me puse de pie a un lado de la camilla con la mano de Edward entre las mías.

Observé a Edward por el rabillo del ojo y por su expresión supe de inmediato que estaba molesto. Tenía el ceño fruncido y los labios apretados en una fina línea.

Le di un ligero apretón a su mano, lo que ocasionó que me mirara.

Negué con la cabeza.

Déjalo así, —murmuré solo con los labios.

El doctor tomó la historia clínica de mi esposo y le echó un vistazo.

—La enfermera Jones —continuó señalando a la señora que estaba de pie a su lado sosteniendo un carrito en sus manos—, le cambiará la sonda y los apósitos. Los resultados de los exámenes que se le realizaron al ingresar mostraron que todo marcha en orden. Si todo sigue igual, dentro de dos días será dado de alta, pero debe tomarse las cosas con calma, señor Cullen.

Edward gruñó con molestia.

Apreté su mano en advertencia.

—Compórtate —aseveré con los dientes apretados—. Tendré más cuidado con mi esposo, doctor Campbell —aseguré con una pequeña sonrisa—. No volverá a repetirse.

Él asintió mientras escribía en la historia clínica. La dejó al pie de la cama de mi esposo antes de retirarse.

—Volveré más tarde —dijo antes de retirarse y cerrar la puerta al salir.

La señora se acercó empujando el carrito. Era una señora mayor, la mayoría de su cabello eran canas. Le sonrió en forma maternal a Edward y luego a mí.

—Esto solo tardará un momento —anunció apartando las sábanas—. Recuerdo cuando era joven y no podía apartar las manos de mi Carl. —Me sonrió.

Le devolví la sonrisa con afecto.

Edward ancló su mirada en mi rostro mientras la señora retiraba las gasas y limpiaba con mucha suavidad su herida. Quise apartar la mirada, pero no pude, cuando llegué al punto de sutura número 10 dejé de contar y eso que no había llegado al ombligo de mi esposo. Anclé mi mirada en la esmeralda de mi Edward. Cuando fue el turno de la sonda, hizo una mueca.

—Esto fue todo, corazón. Mañana vendré a curarte nuevamente la herida, pero la sonda permanecerá hasta que seas egresado.

La mueca de Edward se pronunció.

—Gracias, señora Jones —le agradecí mientras acariciaba el pelo de Edward.

La señora se retiró dejando la puerta cerrada.

Dejé un beso en su áspera mejilla tratando de retirar mi mano de entre la suya.

Me sonrió pícaro.

—Aún no he terminado con usted, señora Cullen.

—Las órdenes del médico fueron que debías tener reposo —lo contradije tirando de mi mano.

—Él podrá decir lo que quiera, pero lo que yo quiero es besar a mi esposa y eso es lo que haré —dijo halándome de nuevo hacia él.

—Edward, por favor —rogué tratando de liberarme.

—Quiero tus labios sobre los míos —susurró bajando la voz una octava.

Negué con la cabeza.

—Amor, no podemos.

—Bésame, señora Cullen.

—Me molesta tu barba —exclamé de pronto, con tal de persuadirlo—. Nunca la has tenido tan larga y no me gusta.

Me sonrió con picardía, finalmente dejando mi mano libre de su agarre.

Suspiré alivida.

—En el baño están las cosas de aseo que trajo papá, allí hay una hojilla y espuma de afeitar, remueve la barba y ven a besarme.

Lo miré asombrada.

—Me estoy impasientando, señora Cullen —apremió guiñándome el ojo—. O me quitas la barba y me besas sin molestia, o lo haces así con ella. Por mí las dos formas me sirven.

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Los dos días transcurrieron volando, hoy daban de alta a mi Edward. Me encontraba sentada en la camilla esperando que salieran del baño donde se había duchado y se estaba vistiendo en compañía de Jasper, quise ayudarlo, pero mi cuñado se ofreció. Edward aun se encontraba convaleciente y era mejor que lo ayudara un hombre que soportara su peso.

Estaba ansiosa por volver a casa, al igual que Edward. Tenía dos días sin ver a los niños, escuchándolos únicamente por llamada. Edward estaba que se subia por las paredes tenia practicamente una semana sin verlos y eso fue tan rapido, no habia podido ni abrazarlos.

Me levanté cuando los vi salir, Jasper sostenía a Edward y aun así mi esposo hizo una mueca.

—Con cuidado —susurre acercándome. Edward pasó su brazo izquierdo por mis hombros, apoyándose en mí hasta llegar a la camilla.

—No pienso quejarme —murmuró Edward colocando su mano en su abdomen—. Quiero ir a casa, quiero ver a mis hijos, quiero hacerle el amor a mi esposa.

Rodé los ojos con fastidio.

Jasper soltó unas risitas desde el sillón donde había tomado asiento.

—Eso creo que va a esperar, hermanito, no puedes ni mantenerte en pie —se burló.

Edward sonrió con picardía y recostándome sobre su cuerpo.

—Me quedaré acostado mientras ella me hace el amor a mí.

Mis mejillas se tiñeron de rojo intenso.

Jasper sonrió.

—Eso sí servirá; pero con cuidado, Bella, no lo vayas a romper.

Mis mejillas se volvieron todavía más rojas.

Edward se unió a las risas que soltaba mi cuñado.

Don Carlisle entró en ese momento con la orden de alta.

—Listo, podemos irnos —anunció dejando pasar a la enfermera Jones con una silla de ruedas.

Edward hizo una mueca.

—Deja de quejarte —gruñí apartándome de su lado—. Vámonos a casa con nuestros hijos.

Jasper se apresuró a ayudarlo a sentarse en la silla de ruedas, tomé su mano dándole un suave apretón.

Los niños nos esperaban en casa con Rose y Emmett.

Jasper empujaba la silla de ruedas, Don Carlisle caminaba unos cuantos pasos adelante, iba tomada de la mano de Edward caminando justo a su lado, seis hombres fuertemente armados nos custodiaban. Las personas se nos quedaban mirando cuando pasamos por su lado.

El director del hospital se acercó para estrechar la mano de Don Carlisle, la de Edward y Jasper; a mí me dedicó una asentimiento con la cabeza.

Entre Jasper, Garrett y Jordan subieron a Edward a la camioneta, me senté a su lado acurrucándome a su cuerpo.

—Lo bueno es que ya no estás barbudo y las niñas nos se quejarán —comenté con una sonrisa, jugueteando con sus dedos, había pasado su brazo derecho por mis hombros.

Edward se rió.

—Gracias por afeitarme y dejame la barba como le gustan a mis mujeres —susurró en mi oído provocando que me estremeciera.

—No hay de qué, señor Cullen, me gusta su rasposa barba pero la odio cuando está larga —dije sonriendo mientras le besaba la mejilla.

—A mí me gusta cómo se enrojece cierta parte de tu cuerpo cuando rastrillo mi barba allí.

Me sonrojé. Le di un fuerte apretón a su muslo. Escuché la risa sofocada de Garrett y Jordan delante de nosotros.

La camioneta de pronto se detuvo, levanté mi vista y nos encontrábamos en la entrada de nuestra casa, nuestros niños nos esperaban al inicio de las escaleras con expresiones ansiosas, Eider en los brazos de Rose, Lizzy con Leen en sus brazos y Tony a su lado.

Una brillante sonrisa iluminó el rostro de mi esposo. Me miró con lágrimas en los ojos.

—Nuestros niños —susurré dándole un pequeño toque de labios.

Garrett y Jordan se apresuraron a ayudarlo a bajar, Jasper llegó segundos después.

—Puedo caminar —refutó Edward de pronto. Jasper hizo una mueca negando con la cabeza—. No quiero asustar a los niños, iré despacio —suplicó cuando lo colocaron sobre sus pies.

Me apresuré a bajar rodeando su cintura.

—¡Papi! —chillaron las niñas en el momento en que se precipitaban hacia nosotros.

—¡Papá! —Tony no se quedó atrás.

Eider se removió en los brazos de Rose, ella con una sonrisa se acercó.

—Con cuidado, cariño —le indiqué a nuestra gatita cuando llegó a nuestro lado. Mi niña estaba llorando.

—Papi —repitió con lágrimas corriendo por sus mejillas sonrojadas.

Edward le sonrió.

Tomé a Leen de los brazos de nuestra gatita, y ella se acercó a Edward y lo abrazó, él hizo una mueca, pero no se quejó, en cambio la rodeó con sus brazos, Jasper aun lo sostenía. Tony vaciló, pero Edward le sonrió antes de halarlo hacia él.

—Papi —chilló Leen removiéndose en mis brazos.

Me acerqué a Edward para que la bebé lo tocara y él pudiera darle unos cuantos besos.

Rose llegó a nuestro lado.

—Me alegro que estés bien, Edward —dijo sonriéndole con afecto a mi esposo.

Edward le dedicó una sonrisa en el momento en que soltaba a Tony, quién tomó al bebé en sus brazos y volvió a abrazar a su padre.

—Mis niños —susurró Edward apretándolos contra él mientras cerraba los ojos.

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Traducion de la conversacion de Bella con el medico De Luca.

—Hola… —se escucho al otro lado de la linea—. Soy el Dr. De Luca, cirujano del Rome American Hospital. El doctor que lleva el caso del Sr. Cullen. ¿Tengo el placer de hablar con la Sra. Cullen?

Respire profundo conteniendo el aliento.

—Hola, sí, soy Isabella, la esposa de Edward, ¿cuál es el diagnóstico de mi esposo? —mi italiano no era muy perfecto, habia palabras que aun se me dificultaba.

—Señora Cullen, a su esposo se le realizó una laparotomía exploradora para reparar el bazo, perdió mucha sangre durante el procedimiento, por tal motivo está internado en cuidados intensivos, conectado a un respirador, recibiendo paquetes globulares, estas 24 horas son fundamentales. Todo dependera de como responda a las transfusiones de sangre. Si evoluciona como se espera dentro de cuatro días, podría ser reubicado en Estados Unidos.

Dios, dentro de cuatro dia, cuatro largos dias, es que podre estar al lado de mi Edward, eso, si todo evoluciona bien.

—Si hay complicaciones, se le debe extraer el bazo, es un procedimiento mas delicado y debera tener mas tiempo de recuperacion, pero hasta el momento, esta respondiendo bien a los medicamentos.

—Gracias doctor De Luca, gracias por cuidar de mi esposo.

—Es mi trabajo señora Cullen, fue un placer hablar con usted, pero debo seguir con mis otros pacientes.

Capítulo 39: ¡Enfrentame como honmbre Demetri! Voy a matarte con mis propias manos

 


Capítulos

Capitulo 1: El comienzo de esta historia de amor: Capitulo 2: Cumpleaños de Bella: Capitulo 3: La separación: Capitulo 4: Forks: Capitulo 5: Sospecha de embarazo: Capitulo 6: El primer movimiento de los bebés: Capitulo 7: La reacción de Charlie y Angustia por Edward: Capitulo 8: La visita de Don Carlisle Cullen: Capitulo 9: Por fin noticias de Edward: Capitulo 10: Día de las madres: Capitulo 11: El parto de Bella: Capitulo 12: Elizabeth Marie y Ethan Anthony Cullen Swan: Capitulo 13: Bautizo de los bebés y El viaje a Bostón: Capitulo 14: El prrimer cumpleaños de los bebés y La aparición de Jacob: Capitulo 15: Paseo con Ethan y Elizabeth: Capitulo 16: El embarazo de Rosalie: Capitulo 17: Altercado con Charlie y El parto de Rosalie: Capitulo 18: Desde el inicio de la relación hasta el encuentro con Elizabeth: Capitulo 19: Una visita inesperada: Capitulo 20: Búsqueda de Bella: Capitulo 21: Jasslye Anthonela ¿Swan? Capitulo 22: Después de diez años vuelvo a verte: Capitulo 23: Es Bella y ¿Son mis hijos? Capitulo 24: Una maravillosa noche Capitulo 25: La cabaña y La visita de Tanya Capitulo 26: Compromiso Capitulo 27: Estoy embarazada Capitulo 28: El gran día Capitulo 29: Luna de miel y Celos Capitulo 30: Enfrentamientos, Risas y Amenazas Capitulo 31: ¿Que es el sexo? Capitulo 32: James Capitulo 33: El secuestro de Tony, Bella y Lizzy Capitulo 34: Parto de Bella Capitulo 35: Regreso del pasado Capitulo 36: Alianza inesperada Capitulo 37: Vulturi, ¡firmaron su sentencia de muerte! Capitulo 38: ¡No debieron tocar lo que más amo! Capitulo 39: ¡Enfrentame como honmbre Demetri! Voy a matarte con mis propias manos Capitulo 40: No me dejes, Edward

 


 
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