El Club de los Corazones Solitarios

Autor: Katrinna
Género: Romance
Fecha Creación: 16/09/2013
Fecha Actualización: 23/09/2013
Finalizado: NO
Votos: 0
Comentarios: 0
Visitas: 4089
Capítulos: 3

 

Bella está harta de los chicos y harta de salir con ellos, de modo que hace un juramento: <>. Ha sufrido demasiadas malas experiencias y le han hecho daño demasiados chicos. Pero no le va a volver a pasar, ya que decirde formar el Club de los Corazones Solitarios y no quedar con chicos nunca más.

Bella no es la única cansada de la forma en que las chicas cambian (Casi siempre a peor) para conseguir al chico de sus sueños... Poco a poco sus amigas y todas las chicas del instituto se van sumando al Club de los Corazones Solitarios. Sin que Bella se lo esperem el Club se convierte en una auténtica revolución y ella en la chica más popular del instituto por renunciar a las citas amorosas, lo que resulta ser una lástima, ya que ha encontrado a cierto chico que, a su pesar, le gusta... el único chico por el que merecería la pena darle otra oportunidad al amor.

 

Bien, este es un no muy conocido libro que a mí, personalmente, me encanta y que no puedo dejar de recomendaros. Su autora es Elizabeth Eulberg y podréis encontrarlo fácilmente en la web. Añadiré solo algunos cambios en los nombres y apariencia física siempre que coincida con el resto de la historia. Un beso c:

 

+ Añadir a Favoritos
Leer Comentarios
 


Capítulo 3: Dos

Todo ocurrió muy deprisa.

Empezó como cualquier otro verano. Llegaron los Black, y la casa estaba hasta los topes. Jake y yo coqueteábamos sin parar... siguiendo la rutina de los últimos años. Solo que, esta vez, por debajo del coqueteo latían otras cosas. Como deseo. Como futuro. Como sexo.

Todo lo que había soñado empezó a suceder. Para mí, Jake era perfecto. El chico con el que comparaba todos los demás. El que siempre conseguía que el corazón se me acelerara y el estómago se me encogiera.

Aquel verano, por fin, mis sentimientos fueron correspondidos.

Quedamos un par de veces, nada del otro mundo. Fuimos al cine, a cenar, y demás.

Nuestros padres no tenían ni idea de lo que estaba pasando. Jake no quería decírselo, y me dejé llevar. Alegó que reaccionarían de manera exagerada, y no se lo discutí. Aunque sabía que nuestros padres siempre habían deseado que, en un futuro, acabáramos juntos, no estaba convencida de que ya estuvieran preparados. Sobre todo porque Jake donrmía abajo, en nuestro sótano insonorizado.

Todo iba de maravilla. Jake me decía lo que yo quería oír. Que era preciosa, perfecta. Que al besarme se le cortaba la respiración.
Me encontraba en la gloria.
Nos besábamos. Luego, nos besábamos más. Y después, mucho más. Pero al poco ya no era suficiente. Al poco tiempo, las manos empezaron a deambular, la ropa empezó a desprenderse. Era lo que yo siempre había deseado... pero parecía ir deprisa. Demasiado deprisa. Por mucho que le diera a Jake, siempre quería más. Yo mo resistía. Todo cuanto hacíamos se convertía en una lucha constante por ver hasta dónde cedería yo.
Habíamos tardado tanto en llegar hasta ese punto que no quería precipitar las cosas. No entendía por qué no nos limitábamos a disfrutar del momento, a disfrutar de estar juntos, en vez de apresurarnos hasta el paso siguiente.
Y cuando digo <<Paso siguiente>>, me refiero a contacto físico.
No había mucho de que hablar sobre los pasos siguientes en cuanto a nuestra relación.
Después de un par de semanas, Jake empezó a decir que, para él, yo era la única, su amor verdadero. Sería tan increíble, aseguraba, si le permitiera amarme de la manera en la que él quería...
Justo lo que yo había imaginado durante tanto tiempo. Lo que siempre había deseado. Así que pensé: <<Sí, lo haré. Porque será con él. Y eso es lo que importa>>.
Decidí darle una sorpresa.
Decidí confiar en él.
Decidí dar el paso.
Lo tenía todo planeado, todo calculado. Nuestros padres iban a salir hasta tarde y tendríamos la casa para nosotros solos.
-¿Estás segura de que es lo que quieres, Bells? -me preguntó Alice aquella mañana.
-Lo único que sé es que no quiero perderlo -respondí.
Tal era mi razonamiento. Lo haría por Jake. No tenía nada que ver conmigo ni con lo que yo quería. Todo era por él.
Quería que resultara espontáneo. Quería que le pillara desprevenido, y que luego se sintiera abrumado por lo perfecto que era, por lo perfecta que era yo. Ni siquiera sabía que yo estaba en casa; quería que pensara que había salido aquella noche, para que la sorpresa fuera aún mayor. Quería demostrarle que estaba preparada. Dispuesta. Que era capaz. Lo tenía todo pensado, excepto la ropa que me iba a poner. Me metí a hurtadillas en la habitación de mi hermana Kate y registré sus cajones hasta encontrar un camisón de seda blanco que no dejaba mucho espacio a la imaginación. También le cogí su bata de encaje rojo.
Cuando por fin estuve preparada, bajé sigilosamente las escaleras hasta la habitación de Jake, en el sotano. Empecé a desatarme la bata, con una mezcla de emoción y de puro nerviosismo. Me moría de ganas de ver la expresión de Jake cuando me descubriera. Me moría de ganas de demostrarle lo que sentía, de modo que él, por fin, sintiera lo mismo que yo.
Esbocé una sonrisa mientras encendía la luz.
-¡Sorpresa! -grité.
Jake se incorporó del sofá como un resorte, con una expresión de pánico en el semblante.
-Hola... -dije en tono sumiso, a la vez que dejaba caer la bata al suelo.
Entonces, otra cabeza surgió del sofá.
Una chica.
Con Jake.
Me quedé petrificada, sin creer lo que veían mis ojos. Pasé la mirada del uno al otro mientras, a tientas, reunían su ropa. Por fin, agarrñe la bata y me la puse, tratando de cubrir la mayor parte posible de mi cuerpo.
La chica empezó a soltar risitas nerviosas.
-¿No me habías dicho que tu hermana había salido esta noche?
¿Su hermana? Jake no tenía una hermana. Traté de convencerme de que existía una buena explicacíon para lo que estaba viendo. Nate no me haría una cosa así, de ninguna manera. Sobre todo en mi propia casa. Quizá aquella chica había tenido un accidente justo delante de la puerta y Jake la había llevado dentro para... eh... consolarla. O acaso ensayaban una escena de una representación estival de... Romeo y Julieta al desnudo. O tal vez me había quedado dormida y se trataba de una pesadilla.
Solo que no era así.
La chica terminó de vestirse y Jake, esquivando mi mirada, la acompañó al piso de arriba.
Todo un caballero.
Tras lo que me pareció una eternidad , regresó-
-Bella -dijo, colocando una mano alrededor de mi cintura-, lamento que tuvieras que ver eso.
Intenté responder, pero no encontraba la voz.
Subió los brazos hasta mis hombros y empezó a frotarlos a través de la bata.
-Lo siento, Bella. Lo siento mucho. Ha sido una estupidez, tienes que creer,e. Soy un idiota. Un idiota de categoría. Un completo idiota.
Negué con la cabeza.
-¿Cómo has podido? -mis palabras eran apenas un suspiro; se me contraía la garganta.
Se inclinó sobre mí.
-En serio, no volverá a ocurrir. Escúchame, no ha pasado nada. En absoluto. No fue nada. Ella no es nadie. Sabes lo mucho que significas para mí. Eres tú con quien quiero estar. Eres tú de quien estoy enamorado -bajó las manos por mi espalda-. ¿Te sientse mejor ahora? Dime que puedo hacer, Bella. Lo último que quiero es herirte.
La conmoción de iba pasando, dejando al descubierto la furia que subyacía. Me aparté de un empujón.
-¿Cómo has podido? -espeté-. ¿CÓMO HAS PODIDO?
Esta última parte la dije a gritos.
-Mira, ya me he disculpado.
-¿Te has DISCULPADO?
-Bella, lo siento muchísimo.
-¿LO SIENTES?
-Por favor, para de una vez y escúchame. T e lo puedo explicar.
-Muy bien, perfecto -me senté en el sofá-. Explícame.
Jake me lanzó una mirada nerviosa; evidentemente, no había contado que me sentara a escuchar lo que tuviera que decir.
-Bella, esa chica no significa nada para mí.
-Pues no daba esa impresión -me ajusté el cinturón de la bata y agarrñe un almohadón para taparme las piernas.
Jake exhaló un suspirto. Un suspiro en toda regla.
-Bueno, ya empezamos con el melodrama -ironizó. Entonces, se sentó a mi lado con los brazos cruzados -. Muy bien. Si no estás dispuesta a aceptar mis disculas, no veo que otra cosa puedo hacer.
-¿Disculpas? -repliqué entre risas-. ¿Crees que decir <<lo siento>> es suficiente para borrar lo que ha pasado? Creía que habías dicho que soy especial -miré al suelo, avergonzada de mi misma por haber sacado el tema a relucir.
-Pues claro que eres especial, Bella. Venga ya, ¿Qué pensabas que iba a pasar? -la cara de Nate se tiñó de rojo brillante-. A ver, las cosas son así: tú y yo..., nosotros..., nosotros..., bueno, es lo que hay...
No daba crédito a lo que estaba oyendo. El Jake de solo unos días atrñas había desaparecido y una especie de... bestia había ocupado su lugar.
-¿Me quieres decir de qué estás hablando?
-¡Santo Dios" -Jake se levantó del sofá y empezó a pasear de un lado a otro -. Esto es exáctamente de lo que estoy hablando: mírate, ahí sentada, como cuando erámos niños y no conseguías lo que querías. Bueno, he querido esta contigo desde hace mucho tiempo, Bella. Muchísimo. Pero aunque tu creas que quieres estar conmigo, no me quieres a mí. Lo que quieres es a tu amor de la infancia. El Jake que te cogía de la mano y te daba besos en la mejilla. Bueno, pues ese Jake ha crecido. Y quizá tu deberías hacer lo mismo.
-Pero yo...
-¿Qué? Tu ¿Qué? ¿Te has puesto el camisón de tu hermana? Eso son juegos de niños Bella. Para tí, es un día de boda perpetuo, sin luna de miel, sin quitarte el vestido de novia. Sin nada de nada. Pero ¿Sabes qué? La gente practica el sexo. No es para tanto.
Empecé a temblar de arriba abajo. Sus palabras me golpeaban.
Jake negó con la cabeza.
-No me debería haber liado contigo. ¿Qué puedo decir? Estaba harto, y era mucho más fácil ceder a tus fantasías que enfrentarme a ellas. Además, lo admito, tienes ese toqeu de chica de clase media que te favorece. Nunca se me ocurrió que, al final, no era más que una provocación.
El estómago se me revolvió. Las lágrimas me surcaban las mejillas.
-Oh, venga ya -Jake se sentó y me rodeó con el brazo-. Grítame un poco más y te sentirás mejor. Luego, pasaremos página.
Me desembracé a sacudidas y salí corriendo escaleras arriba.
Para huír de Jake.
Para huír de las mentiras.
Para huír de todo.
Pero no podía huír. Jake iba a seguir instalado en nuestra casa otras dos semanas. Cda mañana, tendría que levantarme y mirarlo a la cara. Observar como salía por la puerta, sabiendo que seguramente iba a verse con ella. Sabíendo que Jake tenía que buscar en otro sitio porque yo no era lo bastante buena para él. Nunca me vería <<de esa manera>>.
Día tras día me recordaba a mí mismoa que era una fracasada. Que lo que había deseado durante años había terminado haciéndome sufrir más de lo imaginable.
Kate, mi hermana mayor, fue la única persona de mi familia a la que se lo conté, y la obligué a jurar que no se lo diría a nadie. Sabía que aquello perjudicaría la prolongada y estrecha amistad entre nuestros padres, y no me parecía justo de Jake también destruyera eso. Además, me daba vergüenza. No soportaba la idea de que mis padres descubrieran los estúpida que era su hija.
Kate intentó consolarme. Llegó a amenazar con matar a Jake si se acercaba a menos de tres metros de mí. Pero incluso treinta metros habrían sido pocos.
-Todo irá bien, Bella -Prometió Kate mientras me rodeaba con sus brazos-. Todos nos empotramos contra algunos badenes por el camino.
Yo no me había emptrado contra un badén, sino contra un muro de ladrillo.
Y no quería volver a sufrir ese dolor nunca más.

Capítulo 2: Uno

 


 


 
407946 visitas C C L - Web no oficial de la saga Crepúsculo. Esta obra está bajo licencia de Creative Commons -
 11373 usuarios