Amantes Inocentes

Autor: jaedbellsnessi
Género: Romance
Fecha Creación: 19/09/2016
Fecha Actualización: 21/12/2018
Finalizado: NO
Votos: 2
Comentarios: 3
Visitas: 4972
Capítulos: 11

Edward ha vivido el peligroso amor de Isabella, pero esta vez no sera así, ella lo deja en un intento de salvarle la vida y nuestro chico encuentra a la Princesa Quileutes que felizmente tratara de ocupar un lugar en su corazón ¿Lo lograra?... Continuación de Cambio de Roles ¡Espero que les guste! Adaptación de la novela de Meyers, Luna Nueva.

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Capítulo 10: Capitulo 10

Capitulo 10

Cuando el viejo rey no contesto mis llamadas empecé a irritarme, llevaba varios días llamando sin recibir contestación alguna, ya no estaba irritado, sino que estaba cabreado. El sábado fui a verla sin la maldita invitación ¡Que se vayan los buenos modales a la porra! Pero para mi mala suerte la casita roja estaba vacía, me preocupe que la princesa estuviera tan enferma que tuvieron que hospitalizarla así que me dirigí hacia haya, recibiendo negativas al preguntar por ellos. Me volví tan sorprendentemente pesado que hice que Anthony llamara a Harry Clearwater en cuanto volvió del trabajo, la conversación se extendió sin que mencionaran a la familia real y fue el mismo Harry que estuvo internado para exámenes cardiacos, mi padre logro quitarse la preocupación cuando su amigo le insistió miles de veces que todo estaba bien. Hasta que al fin escuche lo que tanto deseaba; sobre Maggie.

Después de muchos balbuceos y un montón de síes, colgó el teléfono y se volvió hacia mí:

— ¿Entonces? — pregunte con ansiedad.

— Harry dice que ha habido problemas con las líneas telefónicas, además de que Billy la llevo al médico local y solo tiene una enfermedad viral, Sika al parecer, está realmente cansada así que le prohibieron las visitas — me informo yendo a la cocina por un vaso de agua.

Gruñí.

— ¿Nada de visitas? —

Anthony se giro para dedicarme una de sus miradas penetrantes.

— deja de ser pesado, dale un tiempo a esa chica, solo está enferma así que relájate, pronto la princesa estará por aquí regañándote como siempre — rodé los ojos causando que me diera un zape por la cabeza — se paciente y en vez de estar hostigando los teléfonos deberías ir a cortarte el cabello —

— ¡Bruto! — me queje sobándome.

Ignoro mi comentario y se dirigió a la sala para sentarse frente al televisor, yo corrí escaleras arriba para meterme en el ordenador, coloque la palabra Sika.

De los miles de resultados que obtuve, logre entrar en un sitio on line de medicina y fue suficiente para saber que la enfermedad era horrorosa pero no tan grave, suspire con pesar al darme cuenta que no era cosa de juegos lo que ella tenía. Presentaba fiebre, dolor en el cuerpo sin dudas, dolor de cabeza no lo sabía y manchas en la piel tampoco las vi.

Esto era extraño porque antes del cine ella estaba bien, fuerte y estable, sin ningún signo de nada de estos síntomas, el artículo parecía indicar que la fiebre era lo primero en aparecer pero aun así… ¿De verdad se podría desarrollar todos estos síntomas tan deprisa? ¿Y porque aquí decía que se encontraba solo en los países tropicales? Se podría decir que no era contagiosa mientras que el bicho ese no te picara a ti, así que podía ir a visitarla ¿Por qué me prohibían verla? ¿Qué pasaba que no podía simplemente tragarme el cuento de Billy? Cerré de golpe la computadora, tratando de entrar en razón, lo más seguro que estaba preocupado y estaba peor de ansioso al verme privado de la pequeña princesa, además que la enfermedad variaba los días para cada persona, así que decidí darle una semana a la familia real antes de buscar con meritos que me echen de la reserva por acosador.

El martes llego y no estaba seguro de seguir con mi supuesto plazo de una semana, por lo que hice trampa. Marque su número en algunas ocasiones pero las líneas seguían caídas, me senté frente al teléfono y puse la cabeza entre las manos, estar aquí me ponía ansioso pero lo prefería antes que estar en mi habitación dando vueltas como león enjaulado. Yo mismo me estaba matando, sobretodo porque no encontraba una explicación lógica del porque han pasado tantos días y Maggie no me había llamado, ni siquiera una estúpida nota para decirme que estaba viva, que el Sika no paso a ser grave (me estuve informando mucho sobre ese tema en los últimos días) o al menos que estaba cansada de su cautiverio.

Cuando la viera le iba a dar una buena tunda de cosquillas, ella odiaba las cosquillas. 

— ¿Eddie? — me llamo mi padre, entro a la casa y colgó el cinturón.

— ¿Uh? — respondí sin ganas.

Sus pasados pasos se detuvieron a mi lado colocando una de sus manos en mi cabeza.

— ¿Sabes que el teléfono no va a sonar solo por el poder de tu mirada? — se burlo.

— Uh-uh — masculle de mal humor.

— Pensé que esta tarde habías ido a Port Ángeles a cortarte el cabello… — hablaba mientras me quitaba la capucha y acariciaba un mechón de cabello a un lado del cuello — ¿Ah? ¿Qué es esto…? —

¡Santo Cielo!

— ¡Papá! — Chille de pronto saltando fuera de mi asiento, quitando su curiosa mano lejos de mi cuello — esto… sí, claro que si fui… pero…. estaba lleno — me mordí la boca para evitar soltar una estúpida risita que delataría mi mal elaborada mentira — así que, uh, bueno, seguiré yendo en el trascurso de estos días — sonreí sintiendo como el nervio del ojo empezaba a hacerse presente.

Estoy muerto… estoy muerto… estoy muerto… ya lo veía sacando la pistola de su funda y disparándome sin piedad…

— De acuerdo entonces — se encogió de hombros y yo relaje el cuerpo — solo no te vayas a hacer esos cortes raros que se hacen los chicos de hoy en día — mi sonrisa (nerviosa y llena de pavor) fue como la del gato de Alicia en el País de las Maravillas. 

— Nada de cortes raros papá, lo tengo — asentí varias veces.

Él suspiro revolviéndome el cabello.

— que buen chico eres — me sonrió arrugando las comisuras de los ojos y reí nerviosamente — pensar que estaba nervioso cuando viniste aquí, tanto escuchar en la comisaria a esos chicos llenos con pirciens, tatuajes, motos y rodeado de múltiples problemas me daba escalofríos, pero eres mejor que todos ellos — con torpeza logro darme un abrazo y se fue murmurando cosas como: — haces que esto de ser padre sea tan fácil como respirar… — lo deje de escuchar en cuanto encendió el televisor.

Subí a mi habitación sintiendo el enorme y aplastante peso de la culpa ¿Qué diablos había hecho? Me quite el abrigo con capucha, lo lance encima de la cama, amarre mi cabello en una coleta y eso hizo que el brillante tatuaje negro-gris que estaba a un lado del cuello resplandeciera en mi fantasmagórica piel.

Recuerdo la sonrisa de oreja a oreja que puso aquel tipo intimidante cuando me vio entrando a la tienda, de inmediato mire sus manos que parecían un guante de boxeo y me pregunte como demonios lograba hacer cosas tan pequeñas con tinta que no se borraba, más tarde comprobé que aún así eran muy precisas y expertas.    

— ¿viniste a que te quitara la virginidad aspirante? —

Eso me hizo reír.

— si tantas ganas tienes…—

— me encanto mudarme de ciudad, todos los que viven aquí tienen una piel perfecta para ser lienzo — comento sobándose las manos con emoción.

— Ya — masculle sin entenderlo.

— ¿Qué quieres chico virgen? —

— ¿Uno que a simple vista sea algo y resulta que no lo es? —

Él arrugo la frente confundido.

— ¿Uh? —

Mire a mi alrededor buscando explicar mi idea, tarde un rato pero en cuanto arme todo, hasta yo mismo estaba satisfecho con lo que haría.

Rompehuesos (el apodo le iba como anillo al dedo) después que empezó a tatuar lo que le dije, me pregunto varias veces sobre la historia detrás de mi primer tatuaje, según él tenía que ser tremenda pero solo rodaba los ojos y le cambiaba el tema, el tipo era genial pero era un idiota chismoso.

Aunque si era un tremenda historia, pero no quería recordarla ni yo mismo.

Ya que había sido su primer cliente del día me dejo un pequeño descuento, el cual se podría aumentar si le dejaba hacerme una manga completa, solo escuchar eso me hacía querer reír pero cada vez que pasaba quedaba atascado en mi garganta por el dolor de la aguja penetrando en mi carne. Anthony me mataría solo por esta pequeña porción de piel, si me hago una manga celebraría mi muerte con whisky y bailaría sobre mi tumba.

Daba gracias a quien quiera que fuera de allá arriba que me poseyó para que en vez de hacerme manejar hacia la barbería mi camioneta se haya quedado sin gasolina frente a la tienda de Pete el Tuerto, me sentía muy, muy, muy solo, estaba desesperado y quería una distracción, supongo que eso ayudo a que actuara precipitadamente, además tenía la esperanza de escucharla mientras sentía la aguja con tinta, pero nada paso, todo fue silencio y dolor.

Seguía con mi labor de mantener el plazo de una semana aunque por las noches cuando la ausencia de Maggie me golpeaba con más fuerza lo único que me ayudaba era el tatuaje, me dolía como la mierda, eso me distraía mucho cuando las pesadillas me castigaban con saña, ya que la quemazón del roce de las sabanas con esa parte de mi cuello se volvía imposible de soportar (incluso para mi obstinada inconsciente) por lo que terminaba despertando muy a menudo, me parecía a un maldito búho, pero no me importaba, lo prefería antes que a las pesadillas.

Para cuando me desperté con un enorme golpazo contra el suelo ya era sábado y esta vez el tatuaje no me salvo de la agonía donde estaba metido dentro de la inconsciencia. La mitad de tiempo estaba rodeado de nada y la otra mitad de helechos sin rastro de la casa blanca, algunas veces aparecía Sam Uley, no le preste atención porque no hallaba nada bueno en su presencia, incluso hacia que me sintiera más ansioso.

El dolor de mi cuello ya no estaba así que el agujero en mi pecho se volvía más y más grande. Abría creído que si no le prestaba atención sería suficiente pero estaba tan equivocado, el tatuaje solo fue una distracción, cuando no hubo nada que me salvara, minuto tras minuto sentía como me desangraba lentamente, jadeaba en busca de aire, me sentía mareado y mis manos temblaban. 

Alguien toco la puerta.

— ¿Estas despierto Eddie? — pregunto Anthony desde el otro lado de la puerta.

— sí, bajo en un segundo — respirando lava y con gran dificultad me levante, eche todas las sabanas encima de la cama para después bajar a desayunar.

Necesitaba buscar una solución, no podía manejar esto solo.

Para cuando me acerque el teléfono con la esperanza a millón, si no funcionaban las líneas iría de nuevo a la reserva y esta vez me plantaría haya hasta que pudiera verla. De una forma u otra seria un día mejor que cualquier otro.

Marque el número mordiéndome la boca repetidas veces.

— ¿Diga? —

— ¡Billy! — Chille con alivio — ¡Qué bueno que ya funcionan los teléfonos! —

— eh, oh, Edward ¿Cómo estás? — pregunto distraído.  

— Bastante bien… — murmure con paciencia por tener que cumplir con los modales — ¿Y usted?  —

— oh, muy bien, si, bastante bien —

— que bueno… ¿Le podría decir a la princesa que se ponga al teléfono? —

— lo siento Edward, ella no está —

Eso me confundió.

— ¿Entonces ya está mejor? —

— sí, mucho mejor — el vejo rey pareció dudar un tiempo que me pareció eterno — resulta que no era Sika, era algún otro virus —

— oh, ya… ¿Dónde está? Pasaré por halla en un rato…—

— No vengas por aquí — mire el teléfono como si fuera la cara de Billy ¿Es idea mía o me estaba dado una orden? — Ella no está porque salió con unos amigos al cine, irían a una función doble o algo así — suavizo el tono de voz.

Me trague un suspiro.

— me siento aliviado entonces, me alegra saber que ya se encuentra mejor — aunque no era eso lo que estaba sintiendo en estos momentos.

— le diré que llamaste —

— claro, dile, adiós —

— Adiós Edward — colgó el teléfono y me aguante en estrellarlo con la pared.

Maggie Black se sentía mejor para salir con sus amigos pero no lo suficiente como para llamarme y yo como el propio idiota estoy en casa, extrañándola como un loco cada segundo del día.

Subí las escaleras de dos en dos hasta que llegue a mi habitación y golpee la puerta con la pared ¡Malditasea! ¡Como se atreve! ¡Pequeña chiquilla tonta! Por culpa de ella me sentía solo, triste, enojado y aburrido… además de traicionado por encima de todo, la semana que estuvimos separados no significo para ella lo mismo que para mí.

Gruñí con solo ese pensamiento.   

— ¡Pues no! ¡Basta ya! — me regañe agarrando la mochila del colegio y vaciando su interior encima de la cama.

Metí algunas camisas que se convirtió en costumbre por tanto conducir con las motos, dinero, golosinas que estaban debajo de mi almohada y tome las llaves de la camioneta. Iría a verla así tuviera que entrar en la sala de películas a sacarla por los pelos.

— ¿A dónde vas? — pregunto Anthony cuando fui a la cocina para meter en la mochila unas tazas de comida del desayuno que planeaba comer en el almuerzo.

— Necesito un corte de cabello — masculle lanzando una barritas que conseguí por casualidad al final de los cajones. 

— ¿Qué necesitas un corte? Más bien parece que iras a cortar a alguien… — se burlo riendo entre dientes.

— Llegare tarde — él asintió y me dirigí a la puerta — probablemente con ese alguien en pedacitos — eso le hizo soltar una carcajada y yo rodé los ojos.

A veces podría ser tan idiota.

Ya era medio día y el cine seguía cerrado, por lo que ella no se encontraba ahí, la busque por todo la puñetera ciudad pero sin suerte alguna, estaba empezando a creer que, o Billy me había engañado, o ella engaño a Billy. Pero no tenía sentido ninguna de las dos opciones a menos que estuviera haciendo alguna travesura… agite la cabeza, hasta la fecha Maggie no tenía ninguna travesura nueva que quisiera hacer y no me haya contado.

Al final termine rindiéndome, quizás hasta haya decidido no venir o simplemente cambio de planes con sus amigos, por lo que asentí para mí mismo satisfecho con mis conclusiones y me dirigí a lo que ahora se estaba convirtiendo en mi nuevo pasatiempo. La tienda de Pete el Tuerto. Rompehuesos dijo que pronto dejaría de llamarse así, solo estaba esperando el fulano letrero nuevo que encargo.

— ¡Chico! — exclamo con alegría el idiota grandulón de Rompehuesos, estaba acostado en el sofá, con la laptop encima de él. 

— hombre que alegría verte  — dije sinceramente, el tipo era divertido así que eso servía para sacarme de mi desquiciante vida por unos minutos.

— ¿A qué se debe tu aparición por mi humilde tienda? — pregunto sentándose y dejando la laptop a un lado — ¿Quieres otro tatuaje? —

— No, venía a comprarte un hermoso ramo de orquídeas — sonreí con sorna.

Puso los ojos en blanco.

— eres un idiota sabelotodo — gruño — ¿Qué quieres esta vez? —

— Música — anuncie.

— ¿Música? —

Asentí.

— quiero música —

— mmm… ya — se rasco la barbilla de días sin afeitarse — ¿Alguna canción en particular? —

— Si — agarre la mochila y saque de ahí una hoja con las notas que quería, cuando se lo pase examino con atención cada detalle — ¿Todo? — asentí con decisión y soltó un silbido por lo bajo — chico con el descuento y todo te costara un buen pellizco —

Me encogí de hombros.

— no importa —

— Necesitaría algunos días con esto — movió las hojas en el aire — y tú —

— ¿Después de la escuela te sirve? —

Le iba a dar tiempo a Maggie para que pensara lo que sea que este pensando que la tiene tan ocupada como para que no llamarme. Estaba cansado de la situación pero tenía mi orgullo malditasea, además éramos amigos, si necesitaba tiempo pudo habérmelo dicho, estaba siendo demasiado infantil y cruel al ni siquiera enviarme una estúpida nota, pero se lo dejaría pasar y no sacaría conclusiones hasta que hablara con ella.

Solo necesitaba paciencia y una buena dosis de dolor.

— No hay problema — acepto mirando con atención el dibujo y después fijo sus oscuros ojos en los míos — te dolerá como el demonio —

Sonreí sardónicamente.

— Cuento con eso —

 

Deje que pasara una semana porque estaba enfrascado en el proyecto que se estaba formando en mi brazo derecho, arrancaba desde el interior de la muñeca y se enrollaba como una víbora hasta el final del hombro. Solo eran líneas con símbolos de música, pero todo junto formaban una canción, teniendo ese dolor tan malditamente insoportable podría si quiera acercarme a recordar cómo eran mis alucinaciones cuando manejaba la moto, ya que hubo una vez que intente buscar un recuerdo real y me dolió más que la propia aguja entrando en mi piel.

El dolor hacia más llevadero todo, incluso las malditas pesadillas.

Era domingo y Anthony estaba buscando sus instrumentos para irse a pescar, hasta hoy era el último chance de la princesa para contactarse por su propia voluntad conmigo, no podía esperar más. Ayer había tenido que dormir boca abajo porque Rompehuesos había dado por finalizado su trabajo, me escocía la espalda, justamente donde estaba el omoplato, el idiota ese dijo que dolería más por tener hueso ahí, ahora ya sabía porque le habían apodado con el nombre que tiene.

¡Sentía que me habían desgarrado con los dientes!

Sin muchas esperanzas me senté frente al teléfono y marque el número que ya me sabía de memoria.

— ¿Bueno? — contesto una voz que tanto estaba anhelando.

¡Gracias al Cielo!

— ¡Maggie! — grite levantando de golpe y haciendo una mueca por el dolor del brazo.

— Edward — mascullo con muchos menos ánimos que yo.

— princesa no sabes todo lo que tuve que hacer para poder escucharte…—

— No puedo hablar Edward — me interrumpió de forma cortante.

— ¿Qué? ¿Cómo que no puedes hablar? — pregunte con la voz temblorosa.

— Mira, me tengo que ir — fruncí el ceño cuando escuche una voz masculina llamarla — adiós — susurro con rapidez.

— pero princesa…— colgó dejándome con la palabra en la boca.

Permanecí durante un momento en la posición en la que estaba. Me sentía mal, no, mal no, me sentía exactamente como la mierda, me habían dejado colgado, sin respuestas y lleno de preocupación. No había que ser muy listo para darse cuenta que Maggie me estaba evitando, con las vagas (y tontas) respuesta de Billy y de que ella nunca estaba en casa era fácil ver que así era. Solo había una conclusión para todo esto.

Había cambiado de parecer.

Justo como yo temía que ella hiciera no se iba a conformar con un pedazo de persona vacía y triste, esta vez la hermosa princesa iba a aceptar mi consejo y se iba a alejar de mi, seguramente había decidido no desperdiciar más su tiempo por lo que en algunos de estos días había aceptado salir con otro chico de la reserva, un chico que podría corresponder con sus sentimientos justo como yo nunca lo haría.

Sentía como la sangre lentamente se drenaba de mi cara.  

— ¿Te sucede algo Eddie? — me pregunto Anthony cuando bajo las escaleras con su característico sombrero de pesca.

— No — mentí mientras colgaba el auricular — Maggie no tuvo tiempo suficiente para hablar conmigo —

— ¿Por qué? —

— Estaba con otro chico — admití empuñando las manos.

Anthony de inmediato se acerco a mí, seguramente alarmado por mi tono de voz y coloco la mano justo donde me escocía el hombro, el dolor ayudo a que me enfocara. 

— voy al rio… ¿Quisieras que me quedara? — lo mire queriendo arrancar la mano de donde la tenia, pero me resistí y negué con la cabeza. 

— Ándate tranquilo, no llueve y los peces pican más con buen tiempo — tardos unos minutos en asentir, pero cuando por fin lo hizo me dejo de tocar donde me dolía y camino hacia el refrigerador.

— Regresare temprano — anuncio apilando un montón de comida encima de la mesa.

La preocupación estaba en su rostro mientras preparaba todo, suspire sabiendo que se estaba volviendo loco por pensar que volvería a deprimirme y me parezca más a un drogadicto que a una persona.

— No es necesario papá — dije rápidamente, no quería tenerlo mirándome todo el día — buscare a Mike y estudiare para el examen de cálculo —

— eso está bastante bien, has pasado mucho tiempo con Maggie, tus otros amigos pensaran que los has abandonado — sonreí y asentí, como si me importara algo mis otros amigos.

Empezó a caminar para montar todo en la patrulla cuando de pronto se dio media vuelta con expresión alarmada.

— ¿Qué pasa? —

— ¿Dónde van a estudiar?  —

— ¿Uh? — Espero mi respuesta con atención — aquí en casa o en la de Mike ¿Dónde más si no? —

Asintió pensativo.

— solo quiero que evites los bosques —

Estaba distraído por lo que me tomo unos segundos comprender lo que decía.

— ¿Más problemas con los osos? —

Anthony asintió con cara de pocos amigos.

— Hay un montañista perdido, encontraron su campamento temprano en la mañana y hay algunas huellas de animales grandes, aunque pudieron acudir después atraídos por el olor de la comida… pero no hay señales de él por ninguna parte —

— Oh, ya — repuse distraídamente.

No lo estaba escuchando, mi cabeza daba vueltas a toda esa situación que ocurría con Maggie, me interesaba más el hecho de afirmar mis sospechas del porque ella me evitaría tan abruptamente a que me mordiera un oso.

Anthony tenía prisa así que no tuve que fingir que llamaba a Mike, pero cuando se fue el maldito vacio me cayó encima a pesar de que el dolor en el hombro escociera. Gemí sosteniéndome de una de las sillas del comedor, odiaba esto, odiaba todo por lo que estaba pasando y más que nada odiaba mirar el teléfono fijamente como si fuera a sonar en cualquier momento, yo sabía que no… ¡Joder! ¡Joder! ¡Joder!

 Empecé a considerar mis opciones:

1… no iba a llamar a Mike, el muy imbécil se cambio para el lado oscuro ¿Por qué si quiera lo consideraba una opción?

2… podría buscar la moto e ir a la pista ¿Pero quién me traería a urgencias o manejaría la camioneta si sufría alguna contusión?

3… tenía el mapa y la brújula en la guantera, ya sabía más o menos como era el proceso, podría ir a descartar algunos caminos ¿Sería capaz de adentrarme en el bosque solo?

Inspire hondo llenándome de valor, estaba seguro de que no me perdería, siempre y cuando no perdiera la brújula no pasaría nada, me negaba a quedarme en casa para que el vacio me carcomiera más rápido y así aprovechaba para acercarme más a donde quería ir, si lo conseguía podría darle una sorpresa a Maggie, claro que solo tendría que esperar para cuando decidiera honrarme con su real presencia.

Me negaba a pensar cuanto tiempo pasaría después de hoy o si iba a ser para siempre… me sentí culpable porque en lo que va de año podría haber matado a Anthony de un infarto en repetidas ocasiones, además de que si se enteraba se armaría la grande, pero él tenía que comprender, no quería quedarme en casa solo, aburrido y sintiéndome más miserable que de costumbre.

Cuando estuve frente al sitio que conducía a ningún lugar en particular dure mucho más tiempo en ponerme en marcha de lo que hacía cuando estaba con Maggie, como yo no servía para algo que involucrara una excursión me tomo casi media hora empezar a seguir un camino del mapa, que para colmo se veía muy gastado. Cuando estuve razonablemente seguro de que estaba en la línea que quería seguir (y de engañarme como infinidades de veces eh hecho) me adentre en el bosque, quitándome la chaqueta y la camisa, solo quedando en franelilla, dejando respirar las partes del tatuaje que estaban sanas.

El día estaba nublado pero casi seco, un clima realmente bueno para Forks.

El bosque era un hervidero de vida sobre mi cabeza, por los pájaros y demás animalitos brincando en la copa de los árboles, como por mis pies, con ratones e insectos correteándose y posándose en los arbustos. A pesar de todo eso me parecía un lugar lúgubre y solitario, justo como mi pesadilla aunque esto era infinitamente peor, ya que estaba aquí despierto, con todos mis sentidos alertas. Todo aumentaba gracias a que extrañaba a la princesa y su incesante parloteo, o sus silbidos, o sencillamente sus pisadas sobre el suelo húmedo aparte de las mías.

Cuanto más me adentraba en el bosque mayor era el desasosiego, empecé a respirar con dificultad, no por la caminata o porque mi mente empezó a ser consciente cuán lejos estaba de mi camioneta, era el dolor tan aplastante que me quitaba el aliento. Estaba a punto de regresar pero me fastidiaba el hecho de echar todo por la borda después de tanto esfuerzo.

Debía de haber recorrido poco más de seis kilómetros, con las botas perfectamente moldeadas esto de la caminata a campo traviesa me resultaba más fácil y rápido, crucé bajo el arco que formaban dos arces con una brusquedad que me desoriento, abriéndome paso entre los helechos que me llegaban hasta el pecho, entre en el prado.

Apenas lo vi estuve seguro que este era el lugar, no podría haber otro claro tan simétrico y perfecto, como si todos los árboles los fueran arrancados a propósito con exacta precisión. Al este podía oír el suave borboteo del arroyo. No resultaba tan impactante sin la luz del sol, pero seguía siendo sereno y muy hermoso. Era una mala estación para las flores silvestres y el suelo rebosaba de una densa hierba que se movía con la brisa, como si fueran las olas de un lago.

Era el mismo lugar… pero al mismo tiempo no lo era.

Aquí no estaba lo que había venido a buscar. Caí de rodillas en el borde del claro incapaz de seguir más adelante ¿Con que propósito? Daba igual donde estuviera, estaba tan desencantado como lo estuve una vez obsesionado para encontrar este pedazo de tierra.

No había nada aquí, nada que pudiera hacer mejorar remotamente mi estado de ánimo, o siquiera colocar alguna pieza inusual en mi miserable vida, solo había recuerdos que podría evocar (siempre y cuando estuviera dispuesto soportar el correspondiente dolor) para si quiera conseguir algo de lo que sentía las veces pasadas que estuve aquí. En estos momentos no había nada especial aquí, estaba vacío y carecía de atmosfera, solo se parecía a una más de mis tantas pesadillas.

Tuve que sostenerme la cabeza hasta colocar la frente sobre la hierba. Todo me daba vueltas, con la respiración como lava a través de mis pulmones. Era una suerte haberlo conseguido yo solo, si fuera estado con Maggie no habría forma de disimular este abismo de dolor que me estaba tragando lentamente. 

¡Cuánta suerte tenia de estar solo!

Ya estaba reuniendo la fuerza suficiente para irme de aquí, no era necesario más tiempo desperdiciado en un prado tan solo y vacio como yo me sentía, había demasiado dolor en este lugar como para poder soportarlo, si era necesario me iría a gatas solo para alejarme. Pude colocarme de pie apoyándome en uno de los árboles, recosté mi espalda contra el tronco tratando de adsorber el dolor para así colocarme en marcha. Fue después que alce la vista que vi una figura en dirección al norte, a unos treinta pasos de distancia.

Un descomunal despliegue de emociones me traspasó en un segundo.

Sorpresa… estaba lejos de cualquier sendero y no esperaba compañía.

Esperanza… mire con atención aquella silueta, me fije en su piel pálida y absoluta inmovilidad.

Agonía… en cuanto mi vista siguió bajando y debajo de el espeso cabello negro no estaba el rostro que yo esperaba ver.

Miedo… no era el rostro que me hacia llorar, pero estaban bastante cerca como para saber que el hombre que me devolvía la mirada no era ningún excursionista.

Por último el reconocimiento…

— ¡Laurent! — grite con emoción.

Esa era una reacción irracional, el miedo tenía mucho más sentido aunque no podía interrumpir el latigazo de satisfacción que cruzaba todo mi cuerpo, el prado se volvía mágico de nuevo, una magia oscura para ser sincero, pero magia después de todo. Ese ser era un conexión (lejana y remota) de todo lo que ella representaba, más que una conexión, era una prueba de que ella si existió en algún momento de mi vida.

Era ridículo y muy humano intentar ver cualquier cambio que haya pasado en el último año pero había algo en él… no lograba descubrir qué era.

— ¿Edward? — pregunto incluso más sorprendido que yo.

— Te acuerdas de mí — sonreí con euforia.

— no esperaba verte por aquí —

Mientras yo me colocaba recto, alejando mi espalda del árbol, él se acerco a mí dando un paso con expresión divertida.

— pensé que te habías ido a Alaska — respondí despreocupadamente.

Se había quedado a tres metros de distancia, su rostro era lo más extraordinario que había visto en lo que me parecía una eternidad, estudie sus rasgo y experimente un extraño sentimiento de liberación, allí había alguien que sabía todo lo que yo no era capaz de decir en voz alta.

— Tienes razón, me fui a Alaska — admitió — aunque haber encontrado abandonado el hogar de los Cullen, creí que se habían mudado, aunque no me imaginaba…— dejo la frase sin acabar con su mirada fija en mi.

Yo tuve que morderme el labio cuando el apellido hizo vibrar los bordes del abismo en mi interior.

— Se mudaron — murmure a mi pesar.

— me sorprenden que te dejaran ¿No eres su mascota o algo así? — no pretendía ser ofensivo por lo que le sonreí secamente.

— algo así —

— Ya veo — dijo muy pensativo.

Ahora entiendo porque Laurent me parecía el mismo, cada vez que alguno de ellos decía algo sobre él era relacionado a que estaba con la familia de los Vulturis en Alaska, me lo imaginaba con el mismo color de ojos de todos los vampiros buenos

Pero había estado equivocado.

— ¿Vienen con frecuencia? — pregunto con indiferencia, inclinándose hacia mí, involuntariamente retrocedí un paso, sus atentos ojos de color rojo oscuro siguieron mis movimientos. 

Miente… susurro con ansiedad la hermosa voz aterciopelada.

Me sorprendí aunque era de esperarse, este ser que estaba frente a mi era el peor de los peligros, la moto era un paseo hacia el cielo comparado con esto.

— Todo el tiempo — dije pareciendo relajado y distraído.

— La casa olía como si estuviera mucho tiempo cerrada…— volvió a decir.

Tienes que mentir mejor que eso Edward… me amonesto la voz.

— no se pasan mucho por allá, como sabrás se mudaron por razones de tiempo y esas cosas que ya no se pueden disimular…— inspire hondo tratando de parar mi balbuceo — les diré a Carlisle que te pasaste por aquí, lamentara mucho haberse perdido tu visita — me quite el cabello de los ojos tratando de parecer pensativo — aunque pensando bien no debería hacerlo, ya sabes, Isabella…— a duras penas logre mencionar su nombre y al hacerlo se me contrajo el rostro arruinando el engaño — tiene un pésimo genio… sigue un poco delicada con todo el tema de Victoria — hice un gesto vago con la mano tratando de hacerle ver que eso ya era agua pasada.

¿Notara la mentira?

— ¿Pero esta de verdad? — pregunto con amabilidad… e incredulidad.

¡Joder!

— sí, claro — replique brevemente.

Laurent empezó a dar pasos fortuitos que lo hacían acercarse más, en mi cabeza a voz respondió con un débil gruñido, mi única respuesta racional fue tratar de distraerlo, le pregunte como iban las cosas en Denali, haciéndolo detenerse para pensar, me confesó que le gustaba la novedad del asunto y el estilo de vida que llevaban pero a veces hacía trampa… lo que me hizo colocar un pie hacia atrás, pero me quede petrificado en cuando sus ojos observaron mi movimientos. 

No te muevas… ordeno la hermosa voz.

Intente hacerlo, pero era difícil, la necesidad de correr era incontrolable.

Sigue hablando… aconsejo con ansiedad, cuando mire que dio un paso hacia adelante totalmente deliberado.

— ¿Pudo encontrarte James? — pregunte con la voz entrecortada, fue lo primero que se me ocurrió y en cuanto la formule me arrepentí de haberla hecho.

Lo que menos quería hablar en estos momentos era del compañero de una psicópata.

Eso lo distrajo.

— Si lo hizo — contestó mientras dudaba en dar otro paso — de hecho eh venido para hacerle un favor… — su expresión cambio a una horrible mueca de disgusto — esto no lo va a hacer feliz  —

— ¿Esto? — repetí con entusiasmo invitándolo a que siguiera hablando.

Como no estaba mirándome di otro paso esperando que no se diera cuenta, fue un error, en cuanto lo hice sus ojos escarlatas se fijaron en mi con determinación, él sonrió angelicalmente.

— El que yo te mate — su voz sonaba como una canción de cuna.

Un gruñido ensordecedor dentro de mi mente hizo que diera un respingón.

— Parece estar molesto contigo, Edward — continuo con aire despreocupado.

— ¿Conmigo? — grite.

Movió la cabeza mientras sonreía.

— Estamos de acuerdo en eso, me parece absurdo pero Victoria era su compañera y tu Isabella la mato — incluso en la situación en la que estaba su nombre hizo que me encogiera de dolor, Laurent lo ignoro — pensó que sería más apropiado matarte a ti que a tu chica, un intercambio justo: pareja por pareja, me pidió que le allanara el terreno por así decirlo, quizás se debe a que su plan está lleno de imperfecciones… por lo visto su venganza no podrá llevarse a cabo si ella te abandono aquí, dejándote desprotegido — eso fue otro golpe, otro latigazo de dolor.

Mientras él empezaba a moverse yo lo hacía en la dirección contraria, hacíamos un lento, pero muy lento círculo. Hizo una mueca en cuanto se concentro en seguramente escuchar le latido de mi corazón, que estaba disparado a causa de la adrenalina que estaba tratando de ignorar.

— de todos modos se va a enfadar —

— ¿Por qué no lo esperamos entonces? —

Él sonrió con malicia.

— no lo tomes personal, me pillaste en una mala situación, estaba de caza, tengo muchísima sed y se me hace agua la boca con solo escucharte — me miro con aprobación, como si debiera tomar eso como un cumplido.

Amenázalo…

— Isabella es una chica muy lista — gruñí apretando el antebrazo, no era reciente esa parte de tatuaje pero seguía doliéndome, por lo que eso me distrajo del otro dolor — sabrá que fuiste tú y vendrá a buscarte, entonces te arrepentirás — 

— no estoy tan seguro como lo estas tú —

Me obligue a sonreír con malicia.

— ¿Sabes que es peor que ser desmembrado Laurent? — Él ladeo la cabeza sin contestarme — ser desmembrado por seis vampiros, pedazo por pedazo sería arrancado de tu asqueroso ser — hizo apenas una inclinación de la comisura de la boca en señal a mi amenaza.

Eso logro detenerlo unos segundos, miro a mis espaldas contemplando todo el claro entre los árboles y lentamente una sonrisa empezó a formarse en su aterradoramente bello rostro.  

— la lluvia borrara mi olor, nadie encontrara tu cuerpo y habrás desaparecido como tantos y tantos humanos, no hay razón para que Isabella piense en mi si es que se toma la molestia de investigar —

Esas palabras lograron desarmarme unos segundos.

— ¿Te olvidas de Alice? —

Eso detuvo nuestro andar en círculos haciéndome quedar cerca de los árboles.

— Alice…— susurro mostrando un gran reconocimiento.

— La misma — presione dando un paso hacia atrás, él me siguió, ágil y grácil como solo podía hacerlo un vampiro.

Casi pude ver en su mirada el terror y la necesidad de auto preservación, pero justo en ese instante una ráfaga de viento soplo el prado haciendo volar mis cabellos demasiados largos y toda esperanza de salvarme se fue por el caño.

Implora… me rogo mi alucinación.

— Por favor no lo hagas — dije casi en un susurro — piensa en las consecuencias, solo tendrías que alejarte y no te pasara nada en el futuro…— 

— Lo siento Edward — me consoló con una helada amabilidad — no lo tomes personal, solo tengo sed, tienes suerte de que sea yo quien te haya encontrado —

— ¿Por qué? — logre articular con la boca.

Estaba empezando a entrarme el verdadero pánico.

— yo seré rápido, no va a sentirlo te lo prometo, luego le mentiré a James para aplacarlo, si supieras lo que había planeado para ti Edward…— sacudió la cabeza con un movimiento lento, casi de disgusto — de verdad deberías estarme agradecido por esto —

Mire horrorizado como olfateaba la brisa que lanzaba mi olor en su dirección.

— ¡Delicioso! — exclamo con júbilo, inhalando profundamente. 

Mire sus pies buscando alguna manera de predecir sus movimientos, camine hacia atrás con torpeza listo para echarme a correr en cualquier momento que tuviera la oportunidad, la voz de Isabella bramaba con furia dentro de mi cabeza, su nombre derribo todos los muros que yo había estado conteniendo. Isabella, Bella, mi hermosa Bella. Iba a morir así que ahora no importaba si pensaba en ella.

Isabella te amo.

Laurent dejo de olfatear el aire y giro bruscamente la cabeza hacia la izquierda, por el simple hecho de que tenía el pánico corriendo por todo mi cuerpo no pude apartarle los ojos de encima. Empecé a asombrarme cuando comenzó a alejarse lentamente.

No te confíes… me dijo la voz tan bajito que apenas lo oí.

Así que tuve que mirar.

Escudriñe el prado en busca de aquello que había logrado prolongar mi vida por vaya a saber cuánto tiempo, no vi nada así que mi atención se dirigió a Laurent, sus pies empezaron a moverlo más deprisa, sin dejar de mirar a su izquierda con lo que ahora puedo decir que horror.

Volví a mirar y mis ojos se ampliaron hasta lo inverosímil.

Una gran figura de color negro salió con calma de los árboles, silencioso y al acecho del vampiro que estaba frente a mí, era enorme, tenía la altura de un caballo pero mucho más corpulento y musculoso. El hocico se contrajo mostrando una hilera de afilados dientes como cuchillo, profiriendo un gruñido espeluznante que retumbo en todo el prado.

Este era el supuesto oso, visto desde lejos podría confundirse ¿Qué otro animal podría ser tan descomunal? Me fuera gustado verlos desde lejos y vivir en la feliz y un poco aterradora ignorancia, pero hablamos de mí, la persona que tiene una suerte de mierda.

El gigantesco monstruo se movió sin hacer ruido hasta quedar a unos tres metros de distancia, me quede mirando fijamente a la criatura con la mente bloqueada en el intento de colocarle un nombre.

No te muevas ni un centímetro… me advirtió esa preciosa voz.

¡Absurdo! ¡Incluso mi alucinación me lleva la contraria en todo! ¡Lo que más quería era echarme a correr! Pero sin poder evitarlo le hice caso, solo consiguiendo que a pesar del pánico una opción se abriera paso por mi mente, era la única disponible ¿Pero de ese tamaño? ¿Cómo demonios un lobo podría ser tan grande? Mire a Laurent estúpidamente pensando que podría responder mis interrogantes, solo conseguí una cara de pánico tan parecida a la mía ¿Por qué tendría que tenerle miedo a un animal? Parecía un maldito lobo mutante, eso estaba claro ¿Pero en comparación con un vampiro? Él evidentemente no pensaba lo mismo que yo, porque estaba más que en pánico, estaba aterrado.

De repente al lobo mutante lo flaquearon otros dos gigantescos compañeros, uno tenía el pelaje gris oscuro y el otro castaño. Todos tenían la vista fija en Laurent a pesar de que yo estaba al alcance de ellos con solo estirar la mano. Adoptaron una formación en V (como los patos cuando migran) antes de que yo pudiera reaccionar. Trague pesado empuñando las manos aguantando todo el embargue de emociones que estaba sintiendo, pero fue inútil en cuanto un último lobo salió del bosque y su pelaje rozo mi brazo, dando un salto hacia atrás, me tuve que sostener de una rama para evitar caerme de culo.

Este último lobo era blanco, tan blanco como la nieve, lo único que resaltaba era una gigantesca tira de cuero enrollada alrededor de su cuello, terminaba en un afilado colmillo que tenia grabada cosas que no supe leer. Era como si alguien fuera querido domesticar a un ser tan descomunal y aterrador colocándole un collar con su nombre.

Fue este último que volvió lentamente la cabeza al ver mi reacción. Me petrifique esperando que me atacara a mí, la presa más lenta, más fácil, más débil y durante unos fugaces instantes desee que Laurent se encargara de este asunto, debía ser muy sencillo. Intuía que, de las dos opciones, ser devorado por los lobos era la peor.  

El lobo que me miro, tenía los ojos tan oscuros como la noche parecían demasiados inteligentes como para ser los de un animal salvaje, su mirada me recorrió de pies a cabeza y juro que se detuvo en el brazo que estaba rodeado por el tatuaje, soltó un resoplido y movió una colosal pata en mi dirección, a este punto no estaba asustado sino intrigado, ese lobo no parecía… hostil. Esos profundos ojos oscuros me hicieron recordar a Maggie y di gracias a quien quiera que fuera de allá arriba por haber venido solo a este prado de cuentos de hadas repleto de monstruos. Al menos ella no iba a morir también. No tendría su muerte sobre mi conciencia.

Un gruñido del jefe hizo que el lobo blanco girar la cabeza y moviera toda su atención en Laurent, que contemplaban a la manada con evidente asombro y horror. Podía entender lo primero pero me quede pasmado cuando, sin previo aviso, dio media vuelta y desapareció entre los árboles. Laurent salió corriendo.

Los lobos lo siguieron unos segundos después, haciendo sonidos de chasquidos y gruñidos, cruzaron el prado en cuatro zancadas y desaparecieron con la misma rapidez y silencio con la que llegaron.

Luego volví a estar solo.

Caí de rodillas atenazado por el miedo, se supone que debería estar yéndome ahora, debería irme ahora, justo en este momento pero… no conseguía moverme. Me temblaban los brazos y las piernas. Mi cabeza daba vueltas. Mi respiración era irregular. 

¿Por qué un vampiro huiría de unos perrazos como esos? Si eran grandes, tenían colmillos, garras y posiblemente eran mutantes ¡Pero él seguía siendo un vampiro! ¡Piel de granito, súper velocidad y súper fuerza! No tenía ningún sentido que Laurent haya huido, dudaba seriamente que la piel de vampiro oliera como a comida ¿Cómo es que una presa débil y de sangre caliente como yo, haya sido ignorada para perseguirlo a él? Casi me siento insultado, todo monstruo mitológico con los que me eh encontrado me han aseguro de ser extremadamente delicioso… menudo lio.

Riéndome histéricamente por mi estúpido chiste logre colocarme de pie, temblando de pies a cabeza conseguí caminar unos pasos, poco a poco empecé a dejar la dimensión mágica para entrar en el espeso bosque. Después de unas horas logre concentrar mi atención para llegar a mi camioneta y no para huir del prado.

Ponía cada tanto la brújula en el piso para comprobar que seguía en la dirección correcta, me caí un montón de veces, me hice unos cuantos raspones en la cara y mi pelo se volvió pegadizo con tana savia que tenia encima. El canto de un arrendajo me hizo correr de pánico y una ardilla pasando por mis pies logro que cayera de culo, estaba a punto de gritar de rabia para luego entrar en desesperación cuando por fin pude ver la brecha en la línea de árboles.

Tuve que caminar kilómetro y medio antes de entrar a la camioneta, hice sufrir al pobre motor cuando quise hacerle ir más rápido de lo que se podía permitir. Mi mente empezó a tranquilizarse en cuanto pise la carretera principal. Llague a casa justo cuando el cielo se había oscurecido, la patrulla estaba en la calle y por consiguiente Anthony debía de estar muy preocupado.

— ¿Eddie? — me llamo mientras cerraba de un portazo.

— Sí, soy yo — conteste mirando mis brazos, estaban bien cubiertos y mi cabello lograba tapar partes del tatuaje en el cuello.

Todo estaba bien por ahora.

— ¿Dónde has estado? — por la mala cara que tenia y la forma en que se cruzaba de brazos, había llamado a la casa de Mike.

Suspire.

— De excursión — admití con sinceridad.

— ¿Qué paso con la idea de ir a la casa de Mike?  —

Me encogí de hombros.

— cambie de opinión —

— ¿No te pedí que te alejaras del bosque? —

— Sí, lo sé, lo siento — me tambalee de un pie a otro cansado hasta la madre — no volverá a suceder —

Entonces Anthony pareció verme por primera vez, recordé que me caí, tropecé y me golpee con todo lo que se pueda conseguir en el bosque que este sucio y mojado, debía de tener un aspecto horrible.

— ¿Qué te sucedió? — pregunto con el ceño fruncido.

— ¿Si te digo que me violaron, me creerías? —

— no estoy para bromas —

— bien, porque yo tampoco — decidí que lo mejor que tenía que hacer era contarle la verdad, estaba demasiado agotado como para fingir que nada sobrenatural me paso.

Le conté todo lo que pude y para mi asombro me rodeo con los brazos, logre prometerle con dificultad (ya que su chaqueta me obstruía el habla) que no iría más de excursiones, él llamo de inmediato a la comisaria y alerto de toda la situación sobre los lobos y no los osos. Después de un rato en que camuflaje lo más que pude el lugar donde estuve por si Laurent seguía vivo no se encontraran con él, me levante de la silla y camine hacia las escaleras.

— ¿Tienes hambre? —

Negué con la cabeza.

— Estoy cansado — lo normal sería es que tuviera muerto de hambre después de haberme pasado todo el día sin comer, pero el agotamiento era más grande aún.

— Oye, espera un momento — me detuve al principio de las escaleras, su voz estaba cargada de recelo.

— ¿Qué sucede ahora? —

— ¿No dijiste que Maggie iba a salir con un chico? —

— Eso fue lo que supuse por la voz que escuche en el teléfono — le contesté confundido.

Estudio mi expresión durante un minuto y pareció satisfecho con lo que encontró.

— Creo que sacaste mal tus conclusiones — ladee la cabeza, no podía quitarme la estúpida sensación de que él pensaba que le había mentido con otra cosa que no fuera lo de Mike — vi a la chica en la reservación cuando fui a recoger a Harry, estaba afuera de la tienda de la reserva con unos amigos, la salude aunque no sé si me vio, tenía un aspecto extraño y parecía que estuviera molesta por algo —  

— ¿De casualidad eran grandes, morenos y tenían el cabello corto?  —

— uh… si — se rasco la cabeza — ¿Pero no todos son así? —

— no papá, no todos son así — 

— como digas — se encogió de hombros y se encamino hacia la cocina.

Me imagine a la delicada princesa discutiendo con sus amigos y supuse que por fin habría plantado cara a Embry como consecuencia del asunto con Sam, quizás fue la voz de Embry que escuche y por eso me dejo abandonado hoy, si ese es el motivo me alegraba que lo hubiera hecho.

Estúpidamente le eche el cerrojo a la puerta, eso no detendría a ninguno de los monstruos con los que me tope hoy, si acaso podía detener a los lobos que carecían de pulgares pero… Laurent…

… James…

Ellos tenían pulgares… y dientes.

Con horror me quite toda la ropa y me acosté haciéndome un ovillo, debajo del edredón logre hacerle frente a los desastrosos hechos de hoy…

… No había nada que pudiera hacer, ni lugar donde huir y mucho menos persona a la cual acudir en busca de ayuda… estaba solo en esto.

… Logre aguantar las arcadas en cuanto comprendí que mi futuro final también sería para mi padre, que dormía en la habitación contigua a la mía ajeno a todo este caos, mi aroma los guiaría hasta aquí, estuviera yo o no...

Para evitar el pánico logre convencerme de lo imposible… Los lobos habían ganado el enfrentamiento y por consiguiente James todavía piensa que estoy bajo la protección de la numerosa familia Cullen… solo bastaba con que los lobos hayan logrado su cometido.

Mis vampiros buenos no iban a regresar, había sido estúpido suponer que los del otro tipo también iban a desaparecer. Cerré los ojos con fuerza y quise desesperadamente sumirme en la inconsciencia del agotamiento, ya que, dormir estaba destinado a ser imposible hoy. Deseaba meterme en la pesadilla, era mejor eso, que el rostro pálido con sed de venganza que se asomaba detrás de los parpados.

En mi imaginación los ojos de James estaban negros de la sed, con sus colmillos al descubierto y su centelleante cabello brillando como el fuego…

…si supieras lo que había planeado para ti… las palabras de Laurent resonaron en mi mente.

Fue justo en el momento que estuve a punto de gritar, que perdí la consciencia.

Capítulo 9: Capitulo 9 Capítulo 11: Capitulo 11

 


 


 
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