Amantes Inocentes

Autor: jaedbellsnessi
Género: Romance
Fecha Creación: 19/09/2016
Fecha Actualización: 21/12/2018
Finalizado: NO
Votos: 2
Comentarios: 3
Visitas: 4430
Capítulos: 11

Edward ha vivido el peligroso amor de Isabella, pero esta vez no sera así, ella lo deja en un intento de salvarle la vida y nuestro chico encuentra a la Princesa Quileutes que felizmente tratara de ocupar un lugar en su corazón ¿Lo lograra?... Continuación de Cambio de Roles ¡Espero que les guste! Adaptación de la novela de Meyers, Luna Nueva.

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Capítulo 9: Capitulo 9

Capitulo 9

El tiempo transcurrió más deprisa que anteriormente, la escuela, el trabajo y Maggie (no necesariamente en ese orden) trazaron un camino que hasta el más idiota podría seguir. Era sencillo, nítido y mi padre vio cumplido su deseo, deje de parecer y sentirme como la mierda.

Empecé a mejorar con la pista, la mayoría de los baches podría esquivarlos casi de memoria, eso era bueno para Anthony ya que significaba que duraría más de los dieciocho años, pero era tremendamente malo para mí porque ya no había voces que me gritaran para salvar mi vida. Me sumí en un silencioso pánico.

Me quebré la cabeza buscando otra manera de generar adrenalina.

Eso consumía gran parte de mi tiempo por lo que en realidad no me fijaba de los días transcurridos. Intentaba vivir el presentar, tratando de no recordar pero tampoco olvidar el pasado y sin fastidiar el futuro (sacando lo de las mortales motos por supuesto, nada mejor para fastidiar el futuro que estamparte con un árbol) cuando llegue a casa de Maggie para estudiar un sábado estaba a penas entrando por su puerta cuando se guindo a mi cuello tratando de agachara la cabeza para darme un beso en la mejilla, eso me sorprendió, no por el gesto, sino porque su emoción era completamente diferente de los días anteriores.

— ¡Feliz día! — chillo soltándome.

— ¿El presidente decreto el día del hombre y no me entere? — pregunte confundido.

— Nop, por ahora solo hay día de la mujer y si algún día lo llegan a decretar tu igual no lo celebrarías — se burlo soltando una carcajada.

Gruñí.

— Eres una niña tonta — la tome por ambas mejillas mientras ella soltaba quejiditos de dolor — muy, muy tonta — empecé a reírme cuando suplicaba por sus mejillas, así que la solté — ¿Entonces que se celebra hoy? —

Sonrió mientras que sus mejillas estaban rojas como tomates, debí de apretarla más duro de lo debido.

— Hoy es el día de los enamorados — murmuro agachando la cabeza y me inquiete porque sus mejillas no se colocaron rojas por mis pellicos — te compre algo — 

— Oh — saco un corazón envuelto en papel plateado, era el típico bombón de chocolate relleno de vaya a saber qué cosa.

Lo sostenía en la palma de su mano mientras que evitaba mi mirada. 

— Me siento como un imbécil — farfulle — ¿Hoy es ese día? —

— siempre eres un imbécil y si hoy es ese día — tome el chocolate como si fuera toxico pero no se lo hice saber, la agarre del brazo y la jale para que envolviera sus brazos entorno a mi cintura.

— Gracias — murmure.

— ¿Entonces esto quiere decir que si? — me pregunto con la cara escondida en mi cuello.

— ¿Quiere decir qué?  —

— Que serás mí enamorado el día de hoy — la solté un poco bruscamente y me apoye en el marco de la puerta.

— Maggie…— comencé.

— ¡Oh vamos Edward! — Se quejo quitando de un manotazo un mechón de su cabello — ¿Qué te cuesta ser mi esclavo por el resto de tu vida? —

— Si es solo eso…— me encogí de hombros empezando a relajarme, sabía que estaba bromeando con la mitad de este asunto, la otra mitad era cierta y quería poner distancia pero con Maggie se me hacía cada vez más difícil separar las cosas.

— ¿Mencione que era una esclavitud sexual? — ella movió las cejas pareciendo caricatura y no hice otra cosa que soltar una carcajada.

— olvídalo, este cuerpo es de carne blanca, demasiado blanca diría yo —

— Pero has escuchado de la trata de personas, ahí no distinguen raza — con la mano empecé a revolverle el cabello y ella se aparto casi corriendo hasta el sofá, odiaba cuando hacia eso — ¿Y qué haremos mañana? ¿Urgencias o senderismo? —

— Lo segundo — masculle cayendo en el sofá a su lado — estoy empezando a creer que imagine ese prado…—  

— Ya verás que no es así — se encogió de hombro restándole importancia — ¿Motos lunes y viernes? —

— De hecho el viernes no puedo —

— ¿Por qué? — pregunto haciendo morritos de enojo.

— Voy al cine con unos amigos de la cafetería — hice una mueca al recordar la forma insistente en como los ojos de Jessica me miraban cuando estábamos hablando ayer de películas en la cafetería, no sé como paso, pero al final quedamos todos en ir a ver Crosshairs.

— Entonces el miércoles — mascullo abatía mientras buscaba un libro cualquiera abriéndolo en cualquier página.

Sabía que si superaba mis dos horas con ella manteniendo la boca cerrada pondría cierta distancia entre los dos, pero sus oscuros y preciosos ojos estaban llenos de decepción conforme pasaban los minutos.

Suspire.

Yo era un pinche blandito.

— Ya verás que cuando nos encontremos con mis amigos se volverán locos al saber que lees los libros al revés — giro su rostro para mirarme sorprendida y ahí estaba justo lo que no soportaría que Maggie perdiera — ¿entonces vendrás o te da fastidio un montón de chicos aburridos de ultimo año?  —

—Claro que no — sus ojos eran cegadoramente brillantes — ¿pero de verdad quieres… quieres que vaya? —

— Si — admití con franqueza — haremos una fiesta, invita a Kitti —

— ¡Oh si! ella se volverá loca con chicos de último año — se levanto de golpe y empezó a hacer el ridículo baile que siempre hacia cuando estaba exageradamente feliz.

Yo solo pude sonreír. Era por estas cosas que no soportaba hacerle daño a Maggie. No pude mantener mi boca cerrada pero en el cine ya pondré cierta distancia de ella, no sabía como lo haría pero conseguiría la forma de hacerlo, aunque la idea de pasar el calvario de ir al cine con el grupo era mucho mejor en su compañía.

Jessica pasó toda la semana hablando del tema se la salida aproveche y le mencione que iban una amigas de la playa, se tenso de inmediato pero después que le aclare que era de segundo año, se relajo y siguió hablando. Para el viernes me encontraba frente al espejo terminándome de arreglar para salir al cine mientras me decía:

— Edward tienes que poner distancia con la princesa, pero sin romper la conexión — quise controlar mi cabello y solo lo conseguí amarrándomelo con una banda elástica — Edward también tienes que cortarte el cabello, pareces una femenina — una bocina me hizo asomarme por la ventana terminando los futuros regaños que me hacía a mí mismo.

En la entrada de mi casa estaba un auto que yo conocía muy bien y salí disparado hacia abajo.

— ¡Increíble! — Grite cuando traspase la puerta corriendo hacia Maggie — ¡No lo puedo creer! ¡Lo terminaste! — el auto era perfecto para ella y me sentía verdaderamente orgulloso por lo que cuando salto a mis brazos no pude resistir la emoción que me embargaba.

¿Distancia? Eso se fue a la porra ahora mismo.

Le di un par de vueltas y ella grito divertida.

— si siempre vas a reaccionar así tendré que hacer uno todos los días — dijo riéndose — lo termine hace rato por lo que este es su primer viaje inaugural — enrollo sus brazos en torno a mi cuello sonriendo como loca.

— ¿el auto real en su primer viaje hasta mi casa? ¡Dios! Me siento alagado su alteza — se rio plantándome un beso en la mejilla — has hecho a este pobre plebeyo un manojo de orgullo —

— ¡Oh! ¡Cállate tonto! —

— ¡Enserio! — me reí pero recordé algo que me hizo fruncir el ceño disgustado.

— ¿Qué pasa guapo? —

— me rindo… no puedo superar esto ¿Qué una chica construya un auto por si sola? Supera al género masculino, tu ganas, te concedo la mayoría de puntos — se encogió de hombros sin sorprenderse por mi reconocimiento.

— por supuesto que ganaríamos siempre — soplo un cabello de sus ojos y me reí entre dientes aunque no lo aceptara era una pequeña presumida.

La Suburban apareció en la esquina dando resoplido y solo fue hasta ver la cara de Jessica fruncirse en un ceño profundo, con su mirada llena de ira que no me di cuenta la forma en que Maggie y yo estábamos incrustados. Sus largas piernas estaban enrolladas en mi cintura y sus brazos alrededor de mi cuello mientras que mis brazos la mantenían en el aire, como un balde de agua fría la puse en el suelo y me aleje hasta colocarme contra (en teoría) el nuevo auto de ella.

Volví a recordar eso de la distancia.

— Recuerdo a esa chica — dijo Maggie viendo como Jessica caminaba hacia nosotros — es la que se creía tu novia… ¿Sigue confundida? —

— hay personas que no toleran el desaliento —

— Puede que no — se coloco a mi lado y apoyo su cabeza en mi hombro de forma pensativa — pero tienes que reconocer que la persistencia tiene su recompensa — murmuro con ojos distantes.

— A veces es solo un fastidio — resople mientras saludaba a Jessica con la cabeza y ella me devolvía el gesto con la mano — Hola Jess — dije cuando estaba lo suficientemente cerca para escucharme — ¿Recuerdas a Maggie? — la señale con el pulgar y la princesa se envaro cruzándose de brazos.

Los ojos de Jessica mostraban desconfianza ya que la princesa se parecía más a la novia de una superestrella del rock que a la chica dulce y divertida a la que estaba acostumbrado. Sin poder evitarlo estudie a Maggie aunque de forma objetiva. La princesa no se parecía en nada a una chica de su edad, con esas botas negras, la camisa que dejaba al descubierto parte de su abdomen y la chaqueta oscura rondaba sus buenos dieciocho años. Incluso su rostro se veía mayor que el mes pasado.

— La verdad no — dijo mirándola detenidamente — ¿Es la chica de segundo año que me mencionaste cuando estábamos en el almacén? — ladee la cabeza, creo que no necesitare poner distancia entre Maggie y yo, Jessica le recordara esa distancia de forma menos amable de la que estaba pensando.

Pero a pesar de sus palabras, la rubia estaba consciente de que no se parecía en nada a una chica de segundo año, Maggie también sabía eso por lo que no le afectaron tanto sus malintencionadas palabras.

— Espero que te haya mencionado que también soy la princesa — Maggie sonrió con una mueca agridulce, ella me miro con diversión por lo que no vio como la rubia la asesinaba con la mirada, ignore eso por mi paz mental — Así que haces turnos en el almacén…— se burlo por lo bajo y la empuje con el hombro.

— No empieces — me queje sonriendo porque sabía con qué intención hizo la broma — tocaba sacar mucha basura de ese lugar —

— Aunque Edward es todo un caballero, a pesar del montón de trabajo de ese día, apenas si cargue algo — comunico Jessica dándome una mirada brillosa y controlando su mal gusto por la chica que estaba a mi lado.

La felicitaba solo por eso. Ella estaba clara que si producía una riña la mandaría a volar de una forma poco amable. 

— Me lo imagino, una chica tan pequeña como tú se le hará difícil soportar algo pesado sobre su cabeza — la brillante sonrisa de la princesa casi podría pasar por dulce si no fuera porque la conozco bien, ella se estaba burlando de Jessica.

Presentía que el que se tendría que ir volando seré yo.

— Ni te lo imaginas — mascullo Jessica aguantándose el tono mordaz, ignorado el hecho de que le dijeron descerebrada, Maggie se rio entre dientes divertida por ponerla de los nervios.

El teléfono sonó y salí disparado a atenderlo.

— Ya vengo — anuncie retirándome antes de que alguna toque los botones de la otra y comience una pelea de gatas.

Aunque no me imagino a una chica cualquiera siendo rival para Maggie.

Cuando volví afuera estaba casi histérico, solo casi. Los únicos del grupo que no habían cancelado lo de hoy eran Ben y su novia, pero ahora mi amigo se enfermo así que no podrán venir. Por los demás, sospechaba que habían sido persuadidos por Mike y fueron declinando conforme pasaba la semana, así que cuando pregunte por Kitty maldije internamente en varios idiomas.

— Kitty se peleo con unas chicas en la escuela, así que la castigaron — explico Maggie con las comisuras de su boca hacia abajo, estaba triste por ella.

Yo estaba histérico por mí.

— ¿Nos vamos entonces? — la siempre entusiasta Jessica pregunto con una sonrisa.

— ¿Podemos irnos en el Golf? Maggie lo termino hoy — sonreí con orgullo palmeando el capo.

Eso hizo que se le borrara la sonrisa.

Un rato después Jessica soltó un suspiro y apoyo el mentón sobre el respaldo de mi asiento, por lo que me gire para estar de espaldas a la ventanilla, ella suspiro aburrida, al menos no estaba enfurruñada como cuando arrancamos.

— ¿No sirve la radio de este cacharro? — pregunto interrumpiendo a Maggie a media oración, su tono era petulante, haciéndome recordar que la Suburban tenía un buen equipo de música.

— Si funciona — contesto la princesa — pero a Edward no le gusta la música — la mire sorprendido, yo nunca se lo había dicho a ella.

— ¿En serio? — pregunto Jessica atónita.

— pues sí — murmure con simpleza viendo el tranquilo semblante de Maggie.

Cuando llegamos al cine Maggie me pasó diez dólares, la mire con burla y ella frunció el ceño enojada.

— Cállate — se quejo estrechando sus ojos.

— ¿Así que no puedes ver esta película porque perturbaría tu joven espíritu? — Me reí esquivando sus golpes — ¿Qué dice Billy con respecto a esto? —

— tranquilo, él sabe que planeas corromper mi inocencia esta noche —

Camine para comprar las entradas mientras que ellas se iban a comprar de comer, pude ver que no se hacían amigas conforme avanzaba la noche, podría hasta apostar que la aversión que sentían iba creciendo mientras pasaban las horas.

La película era exactamente lo que decía ser: cuatro personas volaban por los aires y otra decapitada antes de que terminaran de explicar de qué iba la trama. Me acomode para soportar las dos horas de la película, de reojo mire a Jessica que tenía el rostro crispado justo como la chica de la fila de adelante que se tapaba con el hombro de su novio, pero Maggie, esa chica era otro cuento. Soltaba risitas hasta que no pudo aguantar y empezó a reírse bajito, tapándose la boca de vez en cuando.

— ¿Qué pasa contigo? — le pregunte curioso.

— ¡Oh vamos! — Ella soltó una risita — la sangre de ese tipo llega a más de seis metros… ¿Quién mierdas se traga eso? — mire como un tipo quedaba empalado contra un muro de concreto y me mordí la boca para no reírme.

— Eres tan malditamente anormal — ella rodo los ojos y siguió riéndose mientras comía chocolate.

Empecé a ver la película de verdad, me reía con ella a medida que las mutilaciones se volvían más y más absurdas. Estaba sorprendido porque de verdad me estaba divirtiendo, sabía que todo es gracias a ella ¿Cómo puedo mantener mis distancias si viene y hace este tipo de cosas que me llegaban como nada podía hacerlo?

A mitad de película me di cuenta que yo me había quedado sin reposabrazos, las dos habían echado hacia atrás cada uno esperando que por alguna razón yo las atrajera a mi cuerpo justo como la pareja que estaba frente a nosotros. Lo entendía de Maggie porque la muy confianzuda siempre estaba a mí alrededor pero ¿Jessica? Las dos sabían que si las llegaba a tocar significaría otra cosa. No pensaba hacerlo, así que me encontraba de brazos cruzados en una incómoda posición.

Jessica pareció olvidar su plan de enrollarse a mi alrededor cuando se echo hacia adelante sosteniéndose la cabeza, pensé que le había impactado algo de la película pero la pantalla ilumino su rostro que estaba pálido y bañado en sudor. 

— ¿Estás bien? — le pregunte preocupado.

— No, me siento muy mal — se le escapo un gemido y tapándose la boca se levanto de la silla para después echar a correr hacia la salida.

Nos levantamos los dos para ir ver qué tal estaba, quise persuadirla a Maggie para que se quedara pero alego que la película era una mierda sin trama. Me parecía bien, ya que fue ella la que entro en el baño de chicas. Al cabo de unos minutos salió, tirándose en los asientos más cercanos.

— está bien, pero tiene pinta de que se quedara un buen rato haya dentro — señalo la puerta del baño con el pulgar.

Suspire sentándome a su lado, por supuesto siendo Maggie consiguió la forma de acercarse a mí y sus brazos rodearon mi cintura con su cabeza apoyada en mi hombro. Estaba que me retiraba amablemente (justo como hacia cuando me daba cuenta de sus intenciones) pero me sujeto con fuerza.

— Oye, espera — murmuro — necesitamos hablar, amigo — murmuro en mi oído mandando cosquillas a toda mi espalda.

— No tenemos nada de qué hablar, amiga — me queje apartando mi cabeza hacia otro lado y retirando sus manos.

Ella soltó un gruñido nada femenino.

Se levanto para colocarse frente a mí y como la hebilla de su cinturón era perturbadora (porque no sabía de dónde diablos conseguía hebillas de calaveras) levante mis ojos para encontrarme con los suyos, lucían feroces, oscuros y determinados.

— ¿Qué está mal conmigo? — Pregunto con cansancio — no soy una tonta, sé que no me querías invitar, se que te tapas tus espectaculares ojos con una venda pensado que soy muy pequeña — inspiro hondamente — pues no lo soy Edward, deja de malditamente apartarme, te la pasas bien conmigo y sé que muy en el fondo te alegras de que haya venido así que ¿Qué está mal conmigo? — 

— Oh Maggie, por favor, no — me queje levantándome y colocándome contra la pared, apartándome de ella justo como me había acusado hace un momento.

No tenía ganas de pasar por esto, en realidad no quería nunca pasar por esto ¿Por qué se empeña en arruinarlo todo? Ella es todo lo que me queda para sentirme medianamente vivo ¿Por qué intenta con tantas ganas dañarlo todo?

— Edward…— me llamo e inevitablemente la mire.

— ¿Qué quieres? — soné brusco, cortante, porque así me sentía.

— ¿Yo te gusto? — pregunto con sus grandes ojos brillantes de expectación.

Era hermosa, con un cuerpo bellísimo y una personalidad irresistible, no solo me gustaba, me encantaba. Negarlo sería estúpido de mi parte.

— Si — dije y casi pude saber en el momento exacto en que su corazón se disparo como loco.

Lo gritaban todas sus expresiones.

— ¿Más que esa rubia con minifalda de haya dentro? — señalo la puerta detrás de ella.

— sabes que si —

Suspire.

— ¿Más que cualquiera de las chicas caras pálidas de tu escuela? —

— si —

Volví a suspirar.

— ¿Más que cualquier chico? —

— Definitivamente claro que si — rodé los ojos y ella se rio entre dientes, por supuesto que Billy le conto las antiguas preocupaciones de mi padre.

— ¿Pero eso es todo? — pregunto con una serenidad que me sorprendió.

Metí mis manos en los bolsillos, bajando la cabeza, era duro responderle, condenadamente duro hacerlo pero tenía que… ¿Cuándo lo haga se irá? ¿Se sentirá herida? ¿Cómo voy a sobrevivir si ella se fuera?

— Pero eso es todo — sentencié con pesar.

Cuando escuche sus pasos pensé que se iba, pero no, sus botas aparecieron en mi línea de visión y alce la vista para encontrarla con una enorme sonrisa que hacia resplandecer todo su rostro.

— No hay problema con eso — me rodeo el cuello con los brazos acercando su rostro al mío — tu eres el plebeyo que más me gusta y crees que soy hermosa… podría ser fácil ser persistente con ese panorama — acerco su cuerpo hasta que tuve que apoyarme contra la pared para no perder el equilibrio.

— No voy a cambiar — afirme recordando el inmenso vació que estaba en medio de mi pecho, aunque con Maggie aquí no podía sentir todo su potente dolor, pero seguía igual ahí — no voy a cambiar ni ahora, ni mañana, ni nunca, tampoco sé si quiera… yo… tu… solo no esperes nada de mí — escuche la desesperación en mi voz, no porque quería que me salvaran, sino porque quería salvarla a ella.

— se trata de aquella chica ¿Verdad? — saque mis manos de los bolsillos y me sostuve de su cintura.

No pronuncio su nombre y eso me mataba, resultaba extraño que subiera todas esas cosas que nunca le había dicho a nadie ¿Resistirme? ¿Cómo hare eso? Estaba tan desesperado por paz, tan necesitado de tranquilidad y ella se me ofrece en bandeja de plata ¿Cómo no aceptarla cuando era ella la que quería estar con una pieza rota y vacía como yo?

— No tienes porque decir nada, lo entiendo — pego su frente a la mía y casi podía escuchar su pesada respiración — pero no te enfades porque haga esto ¿Sí? —

— ¿Qué…? —

Me callo con un beso fugaz tan fugaz que casi ni puse sentirlo.

— eso, solo no te enfades —

— pero…—

Me volvió a callar con otro beso fugaz.

— tengo todo el tiempo del mundo, no me voy a rendir —

— tu…—

Otro beso fugaz.

— Me gustas mucho, muchísimo — murmuro, antes de que intentara besarme como ella estaba deseando hacerlo la separe de mi con el ceño fruncido y mirada colérica.

— ¿Por qué? ¿Por qué haces esto? ¿No sabes que no quiero lastimarte? ¿No entiendes que no quiero que desperdicies tú tiempo en mí? —

— Pero quiero hacerlo — se encogió de hombros y mi cuerpo empezó a temblar.

— Te romperé el corazón princesa — dije con tristeza — lo hare — mi pecho martillaba con si un furioso herrero estuviera dándole forma a una espada.

Quería ser inteligente y quedarme callado pero no podía, ella era lo más importante en mi vida ahora, no soportaría lastimarla.

— Estoy dispuesta a correr el riesgo siempre y cuando tú quieras —

— Estás jugando sucio — le reclame — sabes que ahora no concibo mi vida sin que tu estés en ella — 

Ella esbozo una sonrisa radiante, llena de vida y alegría.

— puedo vivir con eso —

— ayúdame a no lastimarte, por favor —

Era mi última maldita suplica.

— Edward, solo cierra la boca y bésame, te mueres por hacer justo eso en estos momentos, acéptalo de una buena vez por todas —

— pero solo es porque… —

— ¡Te gusto! ¡Bien que lo entendí! — se quejo tomándome de la chaqueta y jalándome hacia ella — me besas porque te gusto, porque soy hermosa y te parezco sexy y solo por eso, sin nada más detrás ¿Contento? Ya lo entendí — 

— bien, entonces —

La tome del rostro y la acerque a mí con tanta fuerza que fuera sido doloroso de no haber sentido placer primero. Su boca era cálida, suave, húmeda y era deliciosa. Ahora entendía muchas cosas. Cosas que nunca supe porque jamás me había enamorado, jamás había perdido y jamás había estado despechado o al menos esa es la palabra más remotamente parecida a todo el desastre que era por dentro. Entiendo porque a pesar de saber que no era igual, de que nunca sería igual que antes, se sentía bien, aunque no se sentía correcto, se sentía bien. Justo ahora entiendo por fin, después de dieciocho años de vida, lo que era la lujuria.

La solo y exclusiva emoción de la lujuria, porque mientras buscaba acercar más a Maggie hacia mí, mientras mis manos bajaban hacia su cintura, entendí que aquí en este acto que había hecho antes por amor, ahora lo hacía solo por deseo.

Entendí por fin que se siente tener una amante.

Para mi Maggie es la amante, la que besarla era diferente, extraño, con un delicioso sabor pero que nunca se igualaría al primero de todos esos besos perfectos que había recibido de ella, porque a ella la amaba con toda mi miserable alma, mientras que a mi amante solo la deseaba.

Mi alma y todo lo que eso implica siempre será de ella.

Y solo hasta este momento supe que pelearía para que siempre fuera de ella ¿Podría vivir Maggie con eso? ¿Será capaz de resistir que no le dé nada más que esto o me odiara al final de todo, cuando vea una y otra vez que no obtendrá lo que ella espera tan ansiosamente? Me separe por falta de respiración, pude mirar esos perfectos orbes oscuros pero que aun así estaban brillosos y emocionados, me pregunte cuando pasaría ese tan temido momento (porque Maggie era mujer y toda mujer quiere que la amen) en que ella se dé cuenta que nunca podría amarla, que ni siquiera quería hacerlo y sus ojos se apagarían.

¿Quedaría tan destruida como yo?

— ¿Edward? — me gire a la voz de Jessica, se sostenía de la pared, lucia cansada y muy pálida.

— Santo infierno Jessica, te ves terrible — me separe de Maggie para colocar su brazo por encima de mi cuello y ayudarla a caminar — ¿En qué momento paso esto? — estaba confundido porque hasta hace nada ella se encontraba bien.

— Justo cuando una visera quedo guindado en el poste de luz — se burlo Maggie sin misericordia.

Jessica gimió y yo la fulmine con la mirada.

— princesa, no —

Ella soltó una risita y camino a nuestro lado, feliz y radiante, tan radiante que creo que si estrechaba los ojos un poco casi podría ver el halo de luz que salía de todo su cuerpo.

Cuando ayudamos a Jessica a meterla dentro del coche, Maggie le entrego un envase de palomitas que consiguió gracias a que el chico estaba muy desesperado porque Jessica no le vomitara el piso que él tendría que limpiar.

— Lo único que podría dañar esta noche será que vomites en mi auto, así que por favor, no lo hagas — le entrego el envase con el ceño fruncido y mirada severa.

Bajamos la ventanilla para dejar entrar el frio de la noche, ignoraba los sonidos y el olor que provenían de la parte trasera del auto, gruñí en cuanto tuve que abrazarme para tratar de calentarme, tenía un frio tan hijo de puta que empezaron a castañearme los dientes.

— ¡Edward estas helado! — me acuso Maggie cuando tomo mis manos en las suyas.

— ¡Y tu esas ardiendo! — me queje acercándome a ella y escondiendo mi rostro en su cuello.

Era como estar directo contra una hoguera.

— ¿De verdad te sientes bien? — Pregunte preocupado — creo que tienes fiebre, esta mierda no es normal —

— Me siento bastante bien, la verdad — aseguro palmeando mi pierna — tan sana como un roble —

— Bien — murmure pegándome como una lapa a su cuerpo.

Gracias a eso no pase tanto frio, pero ella estaba callada y pensativa, inusualmente tranquila, por cobardía no me atreví a preguntarle qué pasaba por su cabeza, quizás estaba empezando a descubrir la verdad. A lo mejor estaba pensando mejor las cosas, ella quería amor y pasión de un hombre, no lujuria y deseo, a lo mejor estaba echándose hacia atrás, quizás hasta estaba buscando una manera de cortar todo por lo sano.

Ahogue un gemido de solo pensarlo.

Pero ella merecía algo mejor que yo. A alguien que pudiera y quisiera entregarse por completo, me sentía tan malditamente mal, tan culpable, tan egoísta pero sabía que no haría nada para alejarla de mí. La necesitaba demasiado aunque fuera cruel y egoísta de mi parte.

Pero se lo advertí y eso tiene que contar para algo ¿No?

Lleve a Jessica a su casa y Maggie me seguía atrás. Luego en el camino de regreso seguía igual de callada, pensativa y estaba preocupándome.

— ¿Te arrepientes? — pregunte por fin, no soportando mi odiosa imaginación.

Sus ojos me miraron directamente.

— claro que no, sé que estoy metiéndome en camisa de once varas —

Ella quiso dar un paso hasta mí y vi como casi caía, corría hasta tomarla en brazos y sostenerla.

— ¿Te sientes bien? —

— creo… creo que no — balbuceo confundida.

— ¡Ay Dios! ¡Tú también!— Me queje apoyándonos en su auto — ¿Quieres que te lleve a casa? —

— no, estoy bien por ahora solo… no me siento enferma — se llevo una mano a la frente y gimió — creo que tenias razón, tengo fiebre o algo así —

— Tengo que llevarte a casa — sentencie y ella negó con la cabeza.

— ¡Puedo conducir a casa! Te dije que no estoy enferma, por ahora, solo me siento… descompuesta — rodeo mi cuello con sus brazos y pego su frente a la mía — antes de que me vaya guapo, dame mi beso de buenas noches —

— ¿Y es que habrá de buenos días? —

— Y también de buenas tardes, de buenas madrugadas — se quedo callada por un momento, luego sonrío radiante — y de buenas-a-quien-mierdas-le-interesa-te-besare-cada-vez-que-quieras siempre que tu estés de acuerdo — no pude evitar reírme.

— Creía que no te gustaban las relaciones unilaterales — me burle sonriendo.

Ella me dedico una mirada arrogante.

— Ed, siento tu deseo, si quisiera batiría mis pestañas y estarías rogando por mis huesitos — solté una carcajada para luego encerrarla en mis brazos y acercarme a ella.

— entonces que pases buenas noches, presumida —

— que pases buenas noches, idiota lujurioso —

Juntamos nuestras bocas y suspire agradablemente, se seguía sintiendo bien y extraño y todo lo demás, pero no me aparte, la comisura de mi boca se elevo cuando su lengua delineó mi labio inferior, abrí la boca y justo cuando estaba a punto de hacer cualquier cosa, ella se aparto bruscamente, con el rostro desfigurado del dolor.

— ¿Maggie? —

— Me siento bien, es solo una puntada — inspiro hondo y me beso fugazmente — me voy —

— ¿Me llamas cuando llegues? — le pregunte con ansiedad.

— sí, claro que si — se metió en el auto y empecé a morderme las uñas pensando una manera de dejar de estar tan ansioso, ella no se veía realmente bien.

— Ed…— me agache hasta acuclillarme frente a su ventana, coloco una mano encima de mi brazo y volví a sentir su piel caliente, demasiado caliente.

— ¿Cambiaste de opinión? —

— No, escucha, yo… tengo algo que decirte — se mordió el labio y gire mi cabeza hacia la oscuridad.

Esto sería más de lo mismo que en el cine, mierda.

— sonare malditamente cursi…—

— entonces no lo digas y ya —

— Solo escucha hombre — suspiro — sé lo infeliz que eres, sé que esto no te ayudara en nada, es más, hasta te dará más quebradero de cabeza pero quiero que sepas que se a lo que me enfrento, no necesitas preocuparte por mí y a pesar de todo siempre estaré aquí ¿Lo sabes verdad? — Sentí su mirada en mi rostro durante un tiempo que se me hizo muy largo — no me voy a ir Edward, te lo prometo que no me voy a ir, no te hare daño, te prometo que siempre podrás contar conmigo ¿Me crees? — me tomo del rostro y su palma hirviente me hizo estremecer.

Cerré los ojos.

— Si ya lo sé Maggie — suspire — ya cuento contigo más de lo que te imaginas — una sonrisa triste y solitaria, ella estaba consciente que estaba sola en esto y eso hizo que su precioso rostro luciera tan… trágicamente bello.

Era como ver un amanecer sabiendo que morirás ese día.

— Me voy entonces — anuncio guiñándome un ojo.

Me aparte del auto y mire como su auto se alejaba.

— ¡Llámame! — grite y ella saco la mano despidiéndose.

Me quede ahí incluso después que se fue y me sentí como mierda ¡Cuanto no fuera deseado que Maggie Black hubiera sido mi hermana! De modo que yo pudiera tener derecho sobre ella sin que sintiera remordimiento, solo Dios sabía que no quería aprovecharme de esa niña, que fuera querido que las cosas hayan sido diferentes, pero me sentía culpable, así que eso significaba que si lo estaba haciendo y que si lo haría. Me aprovecharía de ella.

Nunca planeé quererla… nunca quise quererla.

Nadie  mejor que yo para afirmar que el amor concede a los demás el poder de destruirte y yo estaba destruido, no quería que esa belleza de persona sintiera lo que yo pero no podía impedirlo, ni siquiera tenía la fuerza para impedirlo. Ella era mi droga.

Lo peor de todo es que Maggie pensaba que el tiempo y la paciencia me cambiarían y yo estaba irrefutablemente seguro, como que era de carne y hueso, que eso nunca iba a pasar. Pero mi maldito egoísmo iba a dejar creérselo, iba a dejar que intentara.

Maggie Black era mi mejor amiga, siempre le querría pero eso nunca sería suficiente.

Cuando me senté en el sofá lleve el teléfono conmigo, Anthony me pregunto todo con respecto a la película y le conté que dos de tres personas que fueron se enfermaron, como estaba pendiente del partido (ya que debe ser uno muy apasionante porque su cara estaba a treinta centímetros de la pantalla) no miro que estaba mordiéndome las uñas él odiaba eso, lo deje cuando era pequeño pero estaba estresado y mi cabeza no dejaba de liarme pensando que se mareó y en algún lugar del bosque su nuevo (en teoría) auto de Maggie se estrello contra algo.

Gruñí, esto es horrible.

Después de media hora y cinco llamadas sin contestar alguien atendió el teléfono.

— ¿Hola? — contesto una voz cautelosa.

— Billy es Edward ¿Dónde está Maggie? —

— está aquí —

— Bien, pásamela — pedí, uh, bueno quizás exigí con un poco de mal humor — estaba preocupado —

— estaba muy enferma para telefonear, justo ahora está bastante mal — él parecía muy frio así que comprendí que a lo mejor quería estar con Maggie.

— Si necesitan cualquier cosa podrías decirme y bajaría de inmediato…—

— no, no, todo está bien por aquí, quédate en casa —

Suspire de irritación.

— De acuerdo — acepte de mala gana.

Corto la comunicación y me dejo un mal sabor de boca ¿Por qué ella no había llamado? Subí con dificultad las escaleras, estaba empezando a colocarme neurótico y quise tranquilizarme con que pudiera ir mañana para echarle una mano, quizás hasta le haría una sopa.

Cuando me desperté a mitad de madrugada supe que todos los planes para hoy estaban cancelados, corrí al baño y le hice honor a la horrorosa enfermedad pasajera que tenia encima.

Anthony se levanto al amanecer y me encontró famélico, miro mi cara nada amigable y que básicamente estaba durmiendo el piso y dijo:

— Infección intestinal — asentí — ¿Algo que pueda hacer por ti? —

— ¿Cambiamos de cuerpo hasta que esto se me pase? —

— No tienes tanta suerte campeón — se rio entre dientes.

— papá llama a mis jefes diles que tengo lo mismo que su otra empleada y que lo siento —

Asintió sereno.

— eso lo puedo hacer —

Cuando se fue tuve lapsus de tiempo en que apenas si me acordaba que necesitaba respirar, recordé vagamente que me traslade del suelo del baño a la cama, escuche un portazo y abrí mis ojos perezosamente. Anthony había llegado a casa.

— ¿Sigues vivo? —

— Lamento decepcionarte padre — murmure colocándome la almohada en la cabeza.

— ¿Necesitas algo? — pregunto incomodo aunque notaba la sonrisa en su voz.

— No, nada, gracias — me dejo otro vaso de agua como la vez anterior y se fue dejando la puerta abierta.

Después de un rato me aviso que Jessica se encuentra mejor por lo que saque cuenta y calcule que me faltaban unas ocho horas más de este calvario.

Mis ojos se abrieron y lo primero que sentí es que estaba muerto de sed, vacié el vaso de un trago, me levante lentamente y aunque tenía un horroroso sabor de boca me encontraba mejor, mire el despertador y las veinticuatro horas habían concluido.

Desayune galletas para no incitar otro ataque de vómitos, Anthony estaba aliviado de que me encontrara mejor, decidí que tenía que llamar a Maggie para darle las buenas nuevas y preguntarle si durmió en el piso del baño con una toalla como almohada.

— ¿Diga? — por su voz supe que no se encontraba nada bien.

— Princesa te escucho como si te sintieras muy parecido a la mierda — rezongue con compasión.

— No es parecido a la mierda, soy la mierda — eso saco unas cuantas risitas de mi parte.

— no debí invitarte —

— Cállate, claro que si — susurro — no tienes la culpa de nada  —

— ¿Qué tan cómodo fue dormir en el baño? El de tu casa incluso es más pequeño que el mío —

— ¿Estuviste enfermo? — pregunto con voz rota.

— soy un envidioso, así que por busque la manera de enfermarme también — ella se rio bajito y con dificultad — estarás bien dentro de poco —

— no creo que tenga lo mismo que tu — murmuro.

— ¿No tienes una infección intestinal? — le pregunte confundido.

— No, esto es diferente —

— ¿Qué te duele princesa? —

— ¿Todo el cuerpo cuenta como que me duele algo? —

— si cuenta  —

— entonces ese algo me duele — se quejo y casi pude sentir lo que ella estaba pasando.

— ¿Quieres que vaya a levantarte el ánimo? —

— No — me corto tajante — no puedes venir — gruñí porque se pareció mucho a Billy.

— ¿Qué hay de mi beso de buenos días? — eso era jugar sucio pero esto era muy extraño.

La línea se quedo en silencio durante uno segundos.

— Edward…—

— nada bueno sale cuando me llamas Edward —

— ¿Puedes esperar a que yo llame? Te avisare cuando me sienta mejor y puedas venir —

— Pero estuve expuesto a lo que sea que tengas — me queje ya sin esperanza, si el beso no funciono ni siquiera el mismísimo Dios haría que cambiara de parecer.

— princesa…—

— Tengo que irme — murmuro con urgencia.

— llámame cuando estés mejor  —

— De acuerdo — en su voz note cierto toque de amargura — me debes un beso — presione porque estaba al borde de la desesperación.

— Ed…—

— ¿Si? —

Esperanza.

— Espera a que te llame — repitió o mejor dicho exigió.

Esperanza perdida.

— Está bien, nos vemos pronto princesa — dije al fin totalmente abatido.

— Te mando un beso de buenos días... — susurro antes de colgar y yo me quede mirando el teléfono con la maldita esperanza a flor de piel.

Pero ella nunca llamo.

Capítulo 8: Capitulo 8 Capítulo 10: Capitulo 10

 


 


 
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