Amantes Inocentes

Autor: jaedbellsnessi
Género: Romance
Fecha Creación: 19/09/2016
Fecha Actualización: 21/12/2018
Finalizado: NO
Votos: 2
Comentarios: 3
Visitas: 5700
Capítulos: 11

Edward ha vivido el peligroso amor de Isabella, pero esta vez no sera así, ella lo deja en un intento de salvarle la vida y nuestro chico encuentra a la Princesa Quileutes que felizmente tratara de ocupar un lugar en su corazón ¿Lo lograra?... Continuación de Cambio de Roles ¡Espero que les guste! Adaptación de la novela de Meyers, Luna Nueva.

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Capítulo 8: Capitulo 8

Capitulo 8

Recordaba mis lecciones de manejo con los chicos, eso me aprecia fácil, lo difícil era colocarlo en práctica sobre todo cuando mire la carreta polvorienta, flanqueado por una densa melaza envuelta en niebla, el camino era arenoso y húmedo además de tener charcos de lodos esparcidos por aquí y por allá.

Estaba tranquilamente nervioso y me puse más cuando Maggie decidió que se montaría atrás conmigo.

— ¿Por qué no usas la tuya? — pregunte sintiendo sus brazos rodearme la cintura.

— porque señor sexy, usted no conoce por donde va a ir y esta es una pista muy engañosa —

— ¡Eso es estúpido! — me quejé.

— Edward, solo andando —

— No, quiero que andes en la tuya, es injusto, me prometiste que las conduciríamos — sentí su suspiro porque escucharlo era imposible.

La moto parecía un animal hambriento en medio de mis piernas.

— Como quieras, pero si te grito algo obedecerás sin rechistar — asentí solemne y en cuanto ella se monto en la moto me quede sorprendido.

Jamás había visto o imagina una imagen tan… tan… parecía… lucia…

— ¡Adiós tortuga! — grito arrancando a toda velocidad, eso me distrajo, solté un rugido parecido al de la moto y la seguí.

Sentía la adrenalina correr por mis venas y estaba eufórico, exultante, disfrutaba como nunca una de las pocas sensaciones capaz de atravesarme desde el fondo cuando todo acabo, el viento rugía en mi cara y el camino pronto se convirtió en algo más que simplemente conducir hacia adelante. Deje pasar mi momento de emocionante locura y me fije en que la senda se volvía más angosta, pesada y difícil de maniobrar, miraba a Maggie no tan lejos de mí librándose con más facilidad porque conocía el terreno y sabiendo cómo es ella suponía que tenía la confianza suficiente en mis habilidades para dejarme superar esto sin su ayuda.

Ella se equivoco.

Por no concentrarme lo suficiente, no esquive un charco de lodo que estaba más profundo de lo que se notaba y la moto patino lanzándome de lado hacia la maleza, por suerte caí en un lugar vagamente agradable por lo que solo mi espalda y mi hombro salieron heridos.

Esto es temerario, infantil y estúpido Edward… bufo una voz que sabría reconocer a kilómetros de distancia, una vos perfecta y acampanada.

Me pare mareado por todo lo acontecido y cuando procure hacer andar la moto no se que hice mal (porque no estaba prestando atención) cabeceo hacia adelante haciéndome perder el equilibro y tirándome hacia un lado, el motor paro de hacer ruido.

¡Te lo dije, idiota!... murmuro esa voz perfecta, tan nítida como el cristal.

Me quede en el piso completamente aturdido, estaba consciente de que la moto me aplastaba y que no estaba precisamente limpio, pero mi cabeza me empujaba hacia otro lugar.

Analizaba todas las probabilidades, aquí no había nada que me resultara familiar y desde luego estaba haciendo algo que nunca lo hubiera hecho en una carreta que se parecía más a Camino hacia el Terror que a una carretera, así que un deja vú estaba fuera. Lo que suponía que las alucinaciones eran provocadas por algo más… sentía la adrenalina correr por mi cuerpo y de inmediato pensé que sería un factor.

Debía ser algún coctel de temeridad, peligro y adrenalina o era simple y llana estupidez…

El rugido de un motor me hizo girar la cabeza hacia un lado.

— ¡¿Te encuentras bien?! — Chillo Maggie soltando la moto y corriendo a mi lado, me puso una mano en la frente y sonreí como el propio idiota que era — ¿Te golpeas la cabeza? — negué con rapidez y aparte de un leve mareo no había nada.

— Lo intentare de nuevo — dije tratando de zafarme de la moto.

— ¿Seguro que estas bien? — me pregunto cuando la estábamos encaramados y listos para volver a andar.

Asentí, estaba bien, mejor que bien y eso era malditamente emocionante, la voz volvió a mi cabeza, con esos suaves y acampanados.

— cuando llegues a una especie de Y cruza a la derecha, es mejor si comenzamos suave, la de la izquierda será para otro día ¿De acuerdo? — puse mala cara.

La princesa se estaba preocupando en exceso por mí, sus ojos iban y venían de la carretera a mi cara tratando de convencerse que dejarle una maquina mortal a un lunático sucio seguía siendo una buena idea.

Acelere, metiendo tercera tan pronto como volvía a volar. Agarre las subidas y bajas con bastante maestría a pesar de no conocer la zona, estaba preparado para los charcos de barro que venían y aun así me escape por los pelos logrando desestabilizarme unos segundos.

¿Entonces esto es lo que quieres? ¿Matarte? ¿De eso es lo que se trata todo esto?... ignore las preguntas sonriendo como poseso.

Dulce… dulce música.

— ¡Edward, baja la velocidad! — me grito Maggie a mis espaldas, no la escuche a pesar de que se lo había prometido, ella me cuidaba demasiado y no era eso lo que necesitaba.

¡Deja de hacer tonterías Edward! ¡Vete a casa con Anthony!… estaba fascinado por su belleza.

— ¡Edward! — grito Maggie.

¡No, Edward! ¡Mira por dónde vas!... la dulce voz acampana rugió enfada dentro de mi cabeza.

Me obligue a prestar atención y me fije que la Y de la que hablaba Maggie casi estaba sobre mí, pero en vez de girar hacia la derecha (por culpa de la sorpresa del momento) gire hacia la izquierda y sin más ni más una bajada bastante prominente me lanzo como una flecha, a la velocidad que iba sabía que no lograría controlar la moto en subida… así que perdí el control.

Estaba a punto de rodar con todo y moto, lo que probablemente conseguiría matarme.

— ¡Mierda frenos! — grite y en mi desesperación apreté los dos frenos, tanto el de adelante como el de atrás.

La moto se paró en seco lanzándome como si fuera un dardo hacia la cima de la subida, caí golpeándome la cabeza y rodee como una bola por la bajada, choque contra algo húmedo y fijo.

Intente por todos los medios levantarme pero no podía hacer nada.

Mi cuerpo se encontraba desmayado, apenas si logre mover la cabeza para sacar mi cara del lodo, estaría preocupado porque  no sentía el cuerpo pero en mi atolondramiento tuve la certeza que era solo el momento y ninguna lesión en la columna. Torpemente logre colocarme con la vista hacia el cielo.

Me sentía mareado y tan confuso, no lograba prestar atención, eran muchas cosas en mi cabeza, mi moto rugiendo en algún lugar del otro lado de la colina, la voz hermosa gruñendo dentro de mi cabeza y había otra cosa…

— ¡Edward! ¡Edward! — Gritaba Maggie y escuche como se extinguía el ruido de la otra moto — ¡Santo Dios, Edward! ¿Estás vivo? —

— ¡Sí! — grite unos segundo antes de que cayera a mi lado — ¡Nunca me había sentido más vivo! — estaba eufórico, por fin había conseguido los ingredientes necesarios para el coctel del renacer momentáneo.

Ingredientes: Montones de adrenalina, unas dos cucharadas de peligro, unos toques de estupidez y el ingrediente secreto es, varias onzas de desinterés por mi propia vida.

— ¿Edward? — La cara preocupada de Maggie apareció en mi campo de visión, haciendo el cielo opaco — ¿Estás vivo? ¿Puedes moverte?—

Empecé a reírme.

— Claro que estoy bien — no dejaba esa expresión por lo que me pare apoyándome en mis brazos, moví las piernas de un lado a otro — ¿Ves? Ninguna lesión —

— ¿Ninguna lesión? —

— princesa, estoy bastante bien —

— ¿Llamas bien a la sangre que sale por tu herida a un lado de la cabeza? — 

— ¡Pff! Eso solo lodo — me toque la cara y se lo mostré — ¿Ves? Lodo, así que vamos a intentarlo de nuevo — intente levantarme y me sujeto por lo hombros negando con la cabeza.

— Edward hay que llevarte al hospital — me toco en un lugar opuesto al del lodo para mostrarme la sangre roja y pegajosa que manchaba sus dedos.

— Lo siento princesa — murmure tapándome la herida como así pudiera evitar la hemorragia con la manos.

— ¿Por qué te disculpas por sangrar? — con la manga de su camisa me quito el lodo de la cara, le levanto con energía y me dio la mano para ayudarme a levantar — tenemos que irnos, conduzco yo —

— ¿Y las motos? — pregunte mirando la suya tirada a un lado.

Camine colina arriba hasta que encontré la mía tirada a un lado de carretera, dentro de la maleza por lo que a la muy condenada a parte de unos rayones no tenía nada ¡Incluso seguía encendida!

— oye, estoy bien para conducir — avise por sobre mi hombro a Maggie, aparte de los dolores comunes no tenía nada más.

— ¡Eso ni lo pienses! — se quejo.

Estaba montada en la suya cuando me obligo a darle la mía, con firmeza y elegancia acelero un poco haciendo que las dos motos avanzaran sin ninguna dificultad, sus fieros ojazos negros me lanzaron una mirada de muerte y tuve que alzar las manos en son de paz, caí de bruces en la maleza y me propuse a recostarme en el árbol más cerca.

Su mirada de suavizo un poco.

No paso mucho tiempo cuando ella vino a buscar, estaba dormitan y pellizcándome para evitarlo lo que sabía por experiencia propia es que quedarse dormido después de un golpe en la cabeza era el peor error que podía cometer.

— ¿Cómo sigues? — me pregunto palmeando el asiento detrás de ella.

— te dije que estupendamente — aunque no era del todo cierto, me palpitaba la cabeza y me dolían los músculos, necesitaba un baño de agua caliente.

— ¿Nos vamos? — asentí caminando hacia ella.

Ya no estaba eufórico como antes así que eso me permitió ver con más atención a Maggie encima de la moto, lucía atlética y profesional las motos le quedaban como anillo al dedo. Incluso podría imaginármela con una chaqueta y las botas ¡Hasta resultaría sexy! Gruñí rodeando su cintura y colocando el mentón en sus hombros, estaba seguro que yo no me veía tan bien como ella.

Mientras regresábamos me regodeaba en mi satisfacción de saber que lo de las motos había funcionado mejor de lo que hubiera soñado, logre comportarme de un modo estúpidamente insólito y por fin logre romper la estúpida promesa, mi vida seguía apestando pero no me sentía tan patético ahora.

Estaba dispuesto a intentarlo de nuevo tan pronto como saliera del hospital, entonces reí y recordé a la persona que tenía en los brazos, sabía que no me dejaría hacerlo y menos de noche por lo que tendría que esperar aun así ¡Conseguí saber cómo invocar las alucinaciones! Eso en sí ya era una vitoria anotada para este día.

Suspire sintiendo el viento en la cara.

Correr con la moto me dio la libertad transformada en velocidad… me recordaron mi vida pasada, cuando volaba por los bosques enroscado a un cuerpo muy diferente a este, detuve mis pensamientos justo ahí, enterré la cabeza en el cuello de Maggie y me olvide por completo de todo.

El roce de la agonía ante ese recuerdo era aterrorizante.

Me estremecí.

— ¿Sigues sintiéndote bien? — pregunto deteniendo la moto justo al lado de la puerta del copiloto.

— Sí, estoy bien — le asegure bajando de un salto y con otro me subí a la camioneta — es solo un poco de sangre —

— Uh, no, yo diría que un montón de sangre —

— las heridas en la cabeza son las que más lo hacen —

— como sea, igual necesitas puntos —

Rodé los ojos, tanta urgencia me parecía innecesaria, me vigilaba mientras montaba las motos en la parte de atrás, hice un movimiento de querer bajarme para ayudarla a poner la lona pero su mirada me paralizo, espere a que se montara en la camioneta para poder decirle:

— ¿Sabías que no me encuentro lisiado ni nada por el estilo, verdad? —

— ¡Oh, cállate! ¡Rompiste la promesa! — chillo enojada.

Sonreí.

— Últimamente estoy rompiendo varias promesas —

— Ahora hay que llevarte al hospital para que no te desangres vivo por tu total falta de conciencia — siguió como si no hubiera dicho nada, tenía las mejillas infladas y los ojos brillantes.

— los dos andábamos en maquinas mortales y soy yo el inconsciente — murmure en tono de burla haciendo que soltara un gruñido.

— ¡Por supuesto que sí! — Me mordí el labio para no reírme, ella en realidad estaba bastante molesta — ¡Toma esto! — Se quito la camisa de mala gana y la rompió en una especie de venda improvisada — átatela alrededor de la cabeza, santo cielo me tiene preocupada que sigas y sigas sangrando —

— relájate yo sangro mucho, no es tan grave — me acomode todo lo que pude la camisa alrededor de mi cabeza — ¿Mejor? — Asintió aun con mala cara — Maggie tenemos que armar un plan —

— ¿Por? —

— si llegamos así al hospital estoy seguro que Anthony se va a enterar —

— ¿Entonces qué? ¿Te mueres desangrado por nuestras locas aventuras adolecentes? —

Me reí un poco.

— Eso no va a ocurrir — le prometí con una sonrisa, ella entrecerró los ojos y tuve que aguantar las ganas de reírme otra vez — esta vez prometo cumplir mi promesa —

Resoplo exasperada.

— ¿Qué sugieres? —

— vamos, dejamos las motos, pasamos por mi casa me cambio y todo arreglado —

— ¿Anthony? —

— En el trabajo — me encogí de hombros y mi despreocupación hizo que su boca mostrara una mueca muy poco habitual en ella.

— A propósito, voy a desconectarte el freno de atrás — anuncio girándose hacia el frente y colocándonos en marcha.

Una vez que estuve en casa hice lo mejor que pude para arreglar mi aspecto, mi cabello era un patético desastre pero era normal, todavía e quedaban restos de lodo alrededor de la cara y el cuello pero el resto, después del cambio de ropa lucía bastante normal.

— ¡Muévete! ¡No quiero asesinarte! — grito desde la puerta.

— Ya voy, ya voy — me queje bajando por las escaleras — ¿Tengo aspecto de haber estado persiguiendo a una princesa que me hecho lodo encima y haberme tropezado, para después caer sobre un montón de herramientas en el suelo? —

— la verdad, podría haber pasado —

— ¡Bingo! — me fije en que no dejaba ninguna evidencia a mis espaldas antes de cerrar la puerta.

Volví a amarrarme los girones de la camisa de Maggie en la cabeza y me monte de un salto en la camioneta para dejar que manejara, ya con todo el panorama tranquilo y ella de mejor humor, me di cuenta de algo. Maggie solo cargaba la parte de arriba de su traje de baño, una que otra vez la había visto así pero… era diferente.

Esta vez estaba tan limpia y fresca como una flor salvaje.

— Debería haberte dado una camisa — murmure desconcertado por esta nueva visión.

— No lo creo — sonrió divertida por mi comentario — eso nos habría delatado y tú has sangrado mucho, hablando literalmente, como para que se eche todo a perder — rodé los ojos porque todavía seguía burlándose de la idea de que Anthony no me dejara conducir una motocicleta — además no hace frio — se encogió de hombros con sus ojos concentrados en la carretera.

Ahora estaba más tranquila y relajada que cuando llegamos a su casa.

— Princesa estas bastante loca, podría convertirme en un cubito de hielo — me queje acercándome a la calefacción, no me respondió por lo que me gire para regañarla por ignorarme y tuve que tragarme mis palabras.

Maggie no me estaba ignorando, solo estaba distraída pensando en algo en particular porque tenía una leve sonrisa en los labios, lucia cómoda y absolutamente relajada con un brazo en el marco de la ventana jugueteando con su cabello, mientras que yo casi que iba acurrucado en el asiento, sin quererlo me le quede absorto por primera vez en la belleza femenina que era Maggie.

Me sentía raro.

Usualmente estábamos llenos de grasa, charlábamos de autos viejos y caros quizás de surf y luego nos sentábamos a comer como si el mundo se nos fuera acabar mañana, no era mi intención pero sentía que ella era neutro ni femenino ni masculino, solo era Maggie. Pero últimamente, se sentía tan reconfortante tener su cercanía que desde ahora no podría ignorar que era una chica y no solo una chica, con la clara luz del día y sin una sola pisca de grasa me doy cuenta que es… una chica bellísima.

Sus curvas eran exuberantes en un cuerpo largo y esbelto, la hacía parecer mucho más de dieciséis años, sus labios rellenos, sus grandes ojos con pestañas de plumeros le daban a su rostro suavidad y delicadeza, lo que más llamaba la atención era que su piel color canela, lucía suave, tersa y uniforme que junto al larguísimo cabello negro, la convertían en algo más que bonita.

Su belleza no me dolía como… como… pero no podía apartar mis ojos de ella.

Por supuesto ella se dio cuenta de mi escrutinio.

— ¿Qué? — pregunto soplándose un mechón de cabello de la cara.

— ¿Sabías que te consideraba sin cromosomas? — me brindo una mirada en blanco y justo cuando pensé que la había ofendido, se rio entre dientes.

— Supuse algo como eso — una sonrisa bailaba en sus labios — y no me agradaba para nada, por lo que tenía que poner los puntos claros, tu eres un chico y yo soy una chica ¿Ahora entiendes? —

Ahora lo entiendo, es cierto, hubieron ciertos cambios en su comportamiento que fueron bastante sutiles pero decisivos.

— Yo bueno… fue sin querer... de repente ¡Bum, ella es una chica!... es que cómo ahora estamos de día y todo eso…— me miro pacientemente mientras yo balbuceaba mi gran revelación con suma vergüenza —… y estas toda descubierta por mi culpa… me fije que de verdad eres una chica… — me aclare la garganta incomodo — y una chica bellísima — de pronto su expresión se congelo, creo que esperaba algo como si, entendí que eres una chica y que podríamos tener salidas que no sean solo de amigos pero eso no iba a ocurrir jamás.

— ¿Qué? — dijo incrédula y me arrepentí de haberlo dicho, mis palabras pueden sonar para ella de una forma que no me gustaría que sonaran aún incluso si no fueran las que ella quisiera escuchar.

— Maggie…—comencé buscando la manera de poner cierta distancia necesaria.

— ¿Y todo eso vino a ti solo porque me viste los pechos? — Bromeo aguantándose la risa — ¡Oh por Dios! — Soltó una carcajada — y yo esperando que me dijeras algo como oh Maggie me doy cuenta que eres una chica como cualquier otra ¡Y me sales con eso! te diste un buen golpe en la cabeza ¿Verdad? Dicen que cuando eso sucede las personas tienden a reaccionar extraño —

Me relaje de inmediato y silenciosamente le pedí disculpas por haberla juzgado, ella solo quería que la reconociera como es debido, no me molestaba darle lo que pedía.

— lo digo enserio — murmure mirando por la ventana estaba bastante avergonzado — y no es por tus pechos que lo vi, hoy no estás llena de grasa lo que hizo darme cuenta de tu feminidad, es extraño, eso es todo —

— ¿Entonces tendré que trabajar con los pechos afuera para que la grasa no te confunda? — ella estaba gozando con todo esto, lo notaba en su sonrisa.

— ¡Uf! Ahora si eres por completo una chica, toda pesada y fastidiosa — soltó una risita y estire mi mano para tomarle un mechón de cabello.

— es enserio lo que digo, tú eres una chica bellísima —

— entonces gracias, o lo que sea —

Sonreí.

— pues de nada, o lo que sea —

Me tuvieron que dar siete puntadas para cerrarme la herida, Maggie estuvo sosteniéndome la mano mientras me susurraba cosas estúpidas como que me parecía a Freddy Cruger, gracias a sus burlas me fue muy difícil pensar en la ironía del asunto.

Esa noche no fue tan mala como la primera después de haber oído aquella voz perfecta, el agujero en el pecho regreso siempre que estuviera lejos de Maggie pero sin ese maligno dolor punzante en los bordes, ya estaba inventando nuevas excusas para distraerme y tenía la certeza que veía a la princesa mañana eso hacía que el dolor fuera más llevadero (aunque mientras que pudiera retrasar todo el asunto del sueño mejor) y se convirtiera el algo familiar y más fácil de soportar. A su vez la pesadilla había cambiado, y en vez de encontrarme solo vagando por la nada estaba extrañamente impaciente mientras esperaba el momento de que me hiciera caerme de la cama gritando. Sabía que la pesadilla tenía que terminar.

 

El miércoles siguiente salí de urgencias con la mano vendada por una torcedura de muñeca así que el doctor llamo a Anthony pasa avisarle que comprara pizza porque me escucho que me tocaba hacer cena.

Estúpido doctor entrometido… murmuraba para mis adentro.

Por él Anthony me echo un sermón sobre cuidarme más y además sugirió la idea que quizás mis juegos con Maggie estaban siendo muy rudos, que si siguiera así tendría que llamar a Billy para que nos vigilara, entre en pánico de solo pensar en que me quitaran a mi moto y por consecuencia esa gloriosa y perfecta voz. Hoy había tenido la más asombrosa de las alucinaciones, gritaba y gritaba enojada incluso antes de que en una complicada curva de la cual no me fije bien, termine volando por los aires, quedando mi brazo en una mala posición. No me importaba. Sufriría cualquier dolor que causara esa noche sin queja.

Estacione donde Maggie pudiera verme, era viernes por lo que fui a recogerla a la escuela, era un deleite mirarla mientras llegaba hasta donde yo estaba, su forma de caminar era relajada, su mochila golpeaba ligeramente su espalda baja y su coleta alta se balanceaba de un lado a otro.

— Hola hombre bala — saludo dándome un abrazo enorme.

Me reí, después de muchas caídas donde básicamente empezaba conmigo volando me apodo el hombre bala, ahora ni siquiera se preocupaba por mis enormes golpazos, siempre y cuando no hubiera sangre.

— Anthony esta enfurruñado — le abrí la puerta y le ayude a montarse, cuando llegue a su lado dijo:

— Quizás deberías calmarte con lo de las motos —  observo mi expresión y añadió: — yo tome mucho, muchísimo tiempo si quiera para completar todo un circulo, tú solo tienes unos días y no puedes pretender dominar la pista, además así te alejaríamos de urgencia por lo menos unos días —

— ¿Y entonces qué haríamos? — refunfuñe porque la mitad de su lógica tenía razón, la otra mitad no, era mejor si la pista seguía siendo desconocida para mí.

Sonrío con alegría.

— Lo que se te antoje — me quede pensando en algo que en realidad se me antojara.

No me gustaba la idea de que no tener la adrenalina, pero había que encontrar una solución que catalizara todo, el humor de Anthony y mis constantes visitas a urgencias ¿Pero qué? Estaba malditamente aterrado de que si me quedaba haciendo nada mi cerebro volvería a crear la droga del aturdimiento, solo tenía que ser más creativo… quizás podría encontrar algún otro camino, alguna otra receta...

No podría conformarme solo con su voz, en algún lado su presencia debió haber quedado registrada, no solo pudo ser mi interior. Tenía que haber otro lugar llenos de otros recuerdos humanos, donde ella pareciera más real que todos los demás sitios familiares.

Únicamente se me ocurría un lugar, ese pequeño aro lleno de luz no podría ser de otra persona que no sea ella por lo que seguramente, de todos los lugares en que podría buscar rastro de su presencia, ese sería el más idóneo. La idea tenía muchas posibilidades de atormentarme en vez de ayudarme pero no había nada mejor que pudiera hacer…

— ¿Qué piensas con tanta concentración? — me pregunto Maggie.

— bueno… — empecé lentamente mientras la idea se formaba en mi cabeza — una vez fui de excursión y me encontré con este lugar… era como una especie de prado… si algo así — suspire — yo solo no podría rastrearlo, soy un completo inútil pero era muy bonito y tenía muchas flores…—

— Podríamos usar una brújula y un mapa de coordenadas — dijo la princesa llena de confianza  — ¿Recuerdas desde donde partiste? —

— el sendero que arranca donde termina la 101, creo iba en dirección al sur — una amplia sonrisa se formo en sus labios y la veía maquinando la idea de encontrar ese prado.

Como siempre me seguía a donde sea que quisiera sin importar lo extraño que fuera, por lo que el sábado me calce mis nuevas botas de montaña que me había comprado esa misma mañana y aprovechando mi descuento de empleados les compre unas a Maggie, saque un mapa de la Península de Olympic y me fui directamente a La Push.

Me recibió con su acostumbrado abrazo, en cuanto entramos en su casa se desparramo sobre el suelo de la sala con un mapa y un lápiz para trazar una complicada red sobre la sección que nos interesaba, Billy se quedo alrededor de nosotros y me sorprendió que estuviera casi aburrido de lo que estábamos a punto de hacer, Anthony a cada rato me decía que tuviera cuidado por las calle y no sé lo que haría si se enteraba que iba a excursión, estaba por decirle a Billy que no le dijera nada pero solo serviría para que aumentara su deseo de hacerlo.

— Ojalá veamos al súper oso — bromeó Maggie con los ojos fijos en el dibujo.

Lance una mirada a Billy esperando que reaccionara su instinto protector con su adorable hija, pero solo se limito a reírse.

— Entonces deberías llevarte un tarro de miel, solo por si acaso —

Maggie se rio entre dientes.

— espero que tus botas nuevas sean muy rápidas Edward, un tarrito pequeño no lo mantendrá muy ocupado —

— mientras que sea más rápido que tu… — murmure divertido.

— ¡Ja! ¡Suerte con eso! — Se echo a reír de nuevo — ¡Vámonos! — anuncio colocándose de pie.

— Espera un segundo — le dije, corrí hacia donde estaba la camioneta, agarre la enorme caja cuadrada y se la entregue con la respiración entrecortada — es para ti, uh, gracias — susurre por el simple hecho de que todo lo que quisiera o pensara ella estaba dispuesta a ejecutarlo.

Billy soltó un silbido por lo bajo y se fue murmurando algo como si quieres conquistar a una chica regálale zapatos lo mire con el ceño fruncido, Maggie soltó una risita apenada mientras abría la caja para descubrir unas botas de montaña color gris oscuro al puro estilo femenino.

— ¿Te gustan? — pregunte mordiéndome la uña — no sabía con exactitud que talla eras, pero calcule el tamaño de tu pie y espero no haber fallado — alzo sus oscurísimos ojos a los míos y sin siquiera pronunciar una palabra ya sabía lo que iba a decir.

Tú eres un obtuso, malo en cálculo ¿Y tú calculaste? Pero gracias, están hermosas… o algo por el estilo.

— ¿Nos vamos? — pregunte sonriendo a medias.

Asintió bajando la vista a las botas.

Cuando el rugido del motor se escucho a muchos metros a la redonda Billy se asomo por la ventana y se despidió con la mano, estaba ligeramente sorprendido porque pensaba que no había otra persona más fácil con quien vivir que no fuera Anthony y sospecho que si yo no tengo problemas, para Maggie (siempre y cuando cumpla las reglas) era incluso más fácil que para mí.

Cuando paramos al final de la carretera polvorienta, se me hizo un nudo en el estomago, empezaba a sospechar que esto iba a ser malo, pero si podría oírla todo habría valido la pena.

— Andando — murmure señalando hacia delante.

— Concédeme un momento — hizo maniobras con la brújula y el mapa, en cuanto empezó a caminar me fui detrás de ella.

Después de una media hora las botas empezaron a molestarme, sentía ampollas empezando a surgir y gemía de vez en cuando, suspire irritado, por culpa de estas maldita botas estábamos retrasándonos, así que decidí ignorar el dolor como Maggie me ignoraba los quejidos.

Intente recordar hace cuanto tiempo estuve aquí, pero la compañía con quien estaba me hizo doler el pecho más de lo que me dolían los pies, por lo que me concentre en el dolor más inofensivo. Los recuerdos normales aún eran peligrosos para mí, no quisiera sumergirme en ellos y caer de rollito al suelo ¿Qué explicación podría darle a Maggie? Eh princesa, es que creí ver a una hormiga muy amiga mía así que quise presentártela, eso era completamente patético.

Después de un rato no me costó mucho no pensar en cosas dolorosas, la incesante molestia en los pies era insoportable y la propia Maggie le colocaba su sello personal a la excursión, iba tarareando alegremente una canción que yo no conocía y daba saltitos como si fuera una niña de primaria me sorprendía la ligereza de sus pies a través de la maleza, sonreí sin poder evitarlo, esta vez las sombras del bosque no me parecieron tan oscuras como siempre y todo era gracias al calor de Maggie que calentaba como si pusieras las manos al fuego.

Ella revisaba que estuviéramos en la primera línea de coordenadas cada pocos minutos y aunque me provoco felicitarla (porque sin duda era mejor que yo en esto) me quede callado, no quiera que lo agarrara como excusa para inflar su ya bastante grande ego femenino.

— Princesa — la llame recordando de algo que no me tenía actualizado.

— ¿Uh? —

— ¿Cómo van las cosas con Embry? —

Permaneció en silencio unos segundos y estuve a punto de decirle que lo olvidara cuando me contesto:

— Todo sigue igual — su tono de voz era apático y triste.

— ¿Aún con Sam? —

— Así es — hizo un puchero y le puse el brazos en los hombros deteniendo su andar.

— Todo saldrá bien, confía en mí — la rodee con los brazos porque me parecía tan preocupada que de inmediato me arrepentí de haber preguntado — ¿Sam sigue mirándote raro? —

— cada vez que me cruzo con él —

— ¿No hay alguien quien ayude? —

— Billy podría — repuso con tono de voz amargo, suspiro alzando sus brazos para rodearme el cuello y enrollar su dedo alrededor de un mechón de mi cabello.

Traducción: no hay quien ayude en esta situación.

— Mi casa siempre estará abierta para ti — le ofrecí sintiéndome bastante mal.

— Pero piensa en la mala situación en que pondríamos a Anthony cuando mi padre lo llamara para denunciar mi secuestro — rompimos a reír y nos separamos para empezar a caminar.

Dejo su mano en la mía y me obligo a caminar a su ritmo.

Para cuando el sol cayo y las estrellas adornaron el cielo, habíamos caminado unas dos líneas de excursión sin conseguir nada, estaba empezando a creer que mi tonta búsqueda solo serviría para perder el tiempo pero Maggie parecía imperturbable, asegurando que alguna línea era la correcta solo había que buscar.

— Cierra los ojos — le hice caso y me tomo de la mano dándome un tirón — ¡Taraan! — la camioneta apareció a mi vista y me reí entre dientes.

— Eres buena — comente encogiéndome de hombros.

Mucho más buena que yo.

— De ahora en adelante reservaremos los domingos para las excursiones, no sabía que pudieras ser tan lento — le arranque la brújula de la mano y se la lance a la cabeza — ¡Agresivo! — chillo sobándose provocando que sus cabello se despeinara más de lo que estaba.

Me metí en el coche sintiendo mis pies resbaladizos por el montón de ampollas y me los quite de mala gana, lazándolos lo más lejos posibles de mi vista.

— ¿Estas dispuesta a intentarlo mañana? — Preguntó deslizándose en el asiento del copiloto — pero sabes que tienes que tener zapatos, hay muchos animalitos haya afuera —

— Si quieres — conteste entre dientes — a no sea que mi cojera te estorbe — ella soltó una risita.

— podría cargarte si quieres — murmuro por lo bajo, lo peor de todo es que había grandes probabilidades de que tuviera razón.

— ¡Oh, cállate! — chille enojado.

¿Qué era eso que se removía fantasmagóricamente? ¿Mi orgullo?

— Relájate — se acerco a mí y coloco su cabeza en mi hombro — claro que me encantaría que vinieras, te traeré banditas solo para ti y las dejare guardadas en la guantera ¿Ves como de buena chica que soy? —

Rodé los ojos.

— Lo que tú digas — masculle entre dientes.

— ¿Te duelen muchos los pies? — Asentí, cuando tenía los zapatos sentía que había más ampollas que espacio para que salieran — solo colócalos en agua caliente, después échales aloe vera

— Gracias — murmure palmeándole la mano.

— Estoy decepcionada de no haber visto al oso — cuchicheo en la oscuridad de la cabina.

Me reí.

— Oh, yo también estaba ansioso de que algo nos comiera — comente de forma sarcástica y ella soltó un bufido.

— Los osos no comen personas, les sabemos horrible — una risa oscura broto de su garganta — aunque quizás tú seas la excepción, tienes un olor realmente delicioso a lo mejor sabes igual — inspire profundamente antes de responder.

— Muchas gracias — susurre por lo bajo.

No era la primera vez que me decían eso.

Capítulo 7: Capitulo 7 Capítulo 9: Capitulo 9

 


 


 
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