Amantes Inocentes

Autor: jaedbellsnessi
Género: Romance
Fecha Creación: 19/09/2016
Fecha Actualización: 21/12/2018
Finalizado: NO
Votos: 2
Comentarios: 3
Visitas: 4437
Capítulos: 11

Edward ha vivido el peligroso amor de Isabella, pero esta vez no sera así, ella lo deja en un intento de salvarle la vida y nuestro chico encuentra a la Princesa Quileutes que felizmente tratara de ocupar un lugar en su corazón ¿Lo lograra?... Continuación de Cambio de Roles ¡Espero que les guste! Adaptación de la novela de Meyers, Luna Nueva.

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Capítulo 7: Capitulo 7

Capitulo 7

Estaba paralizado frente a la enorme construcción blanca que en su momento fue preciosa, ahora… ahora sin embargo parecía una autentica guarida para vampiros.

Quise caminar hasta el porche, mirar por las ventanas o quizás tratar de entrar pero no sabía cómo moverme, admito que lo que me trajo aquí fue un absurdo presentimiento y tenía tan pocos desde hace tiempo que no podía parar de seguir ninguno, gruñí, esto era malditamente doloroso porque no sabía que era peor ¿Que todo estuviera vacio, sucio y el eco resonara en las paredes o que los sofás estuvieran en su lugar, las pinturas en su sitio o el hermoso piano intacto en el último piso? Aunque sospechaba que era la segunda, me confirman que nada los ataba y que todo quedaba intacto y olvidado a su paso. Como yo.

Suspire dando la vuelta. No debería estar aquí.

Cuando llegue a la Push (a mi dosis diaria de Maggie Black) la princesa asomo su real cabeza por la ventana y le sonreí enseguida.

— ¡Hola Ed! — grito ella, más atrás Billy me saludo con la mano.

Apague el motor y cuando estaba cerrando la puerta escuche sus pasos apresurados, automáticamente me gire y abrí los brazos, la rodee con ellos cuando salto para un enorme abrazo.

— Hola princesa — la salude enterrando mi nariz en su cabello, olía delicioso.

Era increíble pero con solo tenerla cerca ya sentía como todo el cuerpo se me relajaba.

— ¡Vamos a trabajar! — me tomo de la mano y me jalo hacia el garaje, su entusiasmo me hizo reír sin saber cómo.

— ¿Enserio todavía no estás harta de mi? —

Ella soltó una risita.

— todavía no —

— De acuerdo — murmure deteniéndome y jalándola para que me mirara — pero por favor hazme saber cuándo empeciese a ser pesado, no me gustaría incomodarte — alzo la mano y enrollo su dedo alrededor de un mechón de mi cabello, sentía el roce de su uña en mi cuello.

— yo que tu no me preocuparía por eso — sus ojos brillaron intensamente.

— ¿A si? ¿Por qué? —

Me tomo de nuevo la mano con una sonrisa satisfecha.

— ya verás —

Cuando llegamos al garaje la moto roja brillaba y lucia más como algo con velocidad en vez de un montón de metal retorcido. Me quede sin respiración.

— ¡Uau! — chille cuando pude insertar un poco de aire en mis pulmones.

— Me obsesiono cuando tengo un buen proyecto entre manos — se encogió de hombros — y definitivamente gracias a ti tengo un excelente proyecto entre manos —

— ¿Te eh dicho que eres sorprendente? —

— Nop —

— ¡Eres sorprendente! —

Se echo a reír de nuevo y la tome de la mano jalándola para acercarla a mí.

— Dios, no sé como lo haces pero eres genial —

— Gracias, gracias — aparto sus ojos de mi y si no estuviera mirándola no habría notado lo profundamente ruboriza que estaba.

— ¿Qué sucede? — le pregunte tomándola del cuello y haciendo me mirara.

— si fuera tenido algo de cerebro lo fuera alargado  —

— ¿Por qué? —

Sus mejillas se ruborizaron más como si eso fuera posible.

— Ed…— balbuceo sin mirarme — ¿Qué habrías echo si te hubiera dicho que no sabía arreglar motos? —

Como yo no respondí con rapidez me observo para evaluar mi expresión.

— bueno, te fuera dicho que era una lástima pero que tendríamos que buscar otra cosa que hacer y si en realidad fuéramos estado desesperados entonces… entonces… ¡Te fuera convencido para que limpiaras mi casa! —

— ¡Oh Edward! — se aparto de mí y me empujo con las dos manos.

— Te aseguro que te pagaría — ella empezó a reírse — es enserio princesa, es más para serte sincero aun no eh desechado ese plan —

Se sentó al lado de la moto y tomo una llave inglesa haciéndome señas para que me sentara a su lado.

— ¿Eso quiere decir que seguirás viniendo cuando terminemos estas maquinas mortales? —

— ¿Era eso lo que te preocupaba? — Sacudí la cabeza — tu, idiota, me tendrás aquí tanto tiempo como me deje el permiso real — 

— ¿De verdad te gusta pasar el tiempo conmigo? —

— Mucho, muchísimo — respondí sentándome a su lado y quitándole el cabello que le había caído tapándole la cara — si quieres te lo demuestro — murmure suavemente.

— ¿Cómo? — pregunto mirándome de reojo.

— mañana tengo trabajo, pero el miércoles podemos hacer algo que no se refiera a las motos —

— ¿Comer un helado? — su rostro brillo maravillado.

Hice una mueca porque sonaba muy cita.

— estaba pensado en hacer tareas… —

— ¡No lavare tus platos Edward! —

—… ¡Cállate tonta! Son los deberes de la escuela —

— Oh, eso —

— Si, eso — suspire resignado — me estoy atrasando y apuesto que tu también —

— eso es una buena idea —

— Princesa estoy lleno de grandes ideas — coloco los ojos en blanco y eso me hizo reír.

— ¿Miércoles entonces? —

— sí, y es mejor que pongamos otra cita de tareas —

— ¿Entonces dos veces a la semana? —

Asentí.

Maggie se levanto para apartar las cajas de herramientas y tomar una bolsa de supermercado de donde saco dos latas de cerveza. Después de abiertas las alzamos ceremoniosamente.

— Por la responsabilidad — brindó — dos veces a la semana —

— ¡Y por la imprudencia todos los días que queden! — dije con énfasis e hizo chocar su lata con la mía.

— Oye — la llame después que tome mi trago — quizás haya un helado de fresa el miércoles — sus ojos brillaron como quería que hiciera — también puedo ser genial… a veces — le guiñe un ojo solo para que se le colorearan las mejillas pero hizo más que eso.

Salto a mis brazos provocando que nos llenáramos de cervezas y estalláramos en risas.

 

Llegue a casa mas tarde de lo planeado y me encontré con que Anthony había comprado nuestra pizza favorita, por lo que corrí a quitarme la ropa, en cuanto estuve libre de todo me senté en la mesa y empecé a comer.

— ¿Y ahora qué? ¿Llegaras bronceado? — me jalo el cabello por el extremo de la cola de caballo despeinada que me hizo Maggie, no pude evitar reírme porque fue exactamente lo que me comento el viejo rey ¡Hasta dijo que me aceptaría como parte de la tribu!

— Ella tiene poca paciencia por el suyo así que el mío es una adición que ayuda a su calvario — se quedo mirándome fijamente a través de la mesa y cuando entrecerró los ojos pregunte: — ¿Qué?

— pareces una chica… de por si tienes cara de una —

— ¡Oh cállate! — Le lance unos granitos de maíz que esquivo riéndose — mira que Lizzi dice que soy idéntico a ti, además vi unas fotos el otro día y déjame decirte que el trenzado en la cabeza al estilo rap… ¡Ufff! Eso era realmente afeminado — eso le quito la sonrisa, empecé a reírme agarrando una pedazo de pizza y corriendo a las escaleras.

Estuve a un pastelito de no esquivar su golpe.

Ver la cara de Anthony me hizo darme cuenta que estaba aliviado de que ya no actuara como un maldito demente, celebraba mi comportamiento aceptable y yo no iba a echar a perder eso.

Antes de acostarme (y para atrasar el momento) revise los correos de mi madre y me sorprendí al ver uno más largo y detallado, tanto que casi se me antojo lo que ella estaba comiendo por halla en otro lugar del mundo, le escribí con igual entusiasmo de lo que había hecho en el día evitando lo de las motos… ni siquiera quiero estar vivo si ella algún día se llega a enterar.

Mire que había recientes correos de los chicos y quise abrirlo, estaba a punto pero negué con la cabeza y apague la computadora, no estaba listo y tampoco tenía ganas.

En la escuela todo estuvo estupendo con respecto a Erick y Jessica, hicieron la vista gorda de mi comportamiento antisocial, pero con respecto a Mike era justo lo contrario. En el trabajo me alegro saber que aun era capaz de reírme y sonreír con Jessica (no era tan fácil como con Maggie pero tenía el presentimiento que nadie seria como ella) todavía me recordaba a un chihuahua demasiado nervioso pero era amable, entusiasta y parecía que tenia miles de preguntas que se las estuvo reservando todo este tiempo.

— Me la pase bien — dijo colocando el cartel de cerrado en la puerta.

— sí, claro —

— Que lastima que tuviste que salirte del club la otra noche — me encogí de hombros restándole importancia — deberías ir a otros lugares mejores y más tranquilo, pensé que serias un tipo de esos —

— Oh, esto, lo soy — murmure confundido por el cambio de conversación y porque haya acertado en eso.

— podríamos ir como a una especie de café, hay uno estupendo con un tema de los 90´ va gente genial y no hay billar pero hay juegos de póker, podría ser este viernes ¿Qué te parece? — me cruce de brazos recostándome en el mostrador.

Ahora tenía un dilema.

No quería rechazarla de forma brusca porque era una de las pocas personas que estaba dispuesta a perdonarme por mi reciente perdida de cabeza, se sentía conocido y hasta el brillo que visualice en sus ojos me eran tremendamente familiar ¿Sera que de verdad todo podría ser así? ¿Cómo si mi último año no hubiera existido? Pero esta vez no tenía a Mike como excusa.

— No quiero citas Jessica — dije firmemente.

— No tiene porque ser una — contesto atropelladamente, sus ojos se apagaron pero aun veía la ilusión guardase muy en el fondo de su cabeza, quizás para salir a relucir otro día.

Suspire irritado, yo quería estar lo más lejos del mundo de citas.

— ¿Amigos? — pregunte apretándole el hombro con delicadeza, era mejor ser sincero desde un principio.

— ¿Cómo eso? — cuándo se dio cuenta que lo dio en voz alta, sus ojos se abrieron de golpe y su rostro se coloreo del más profundo rojo — como eso, claro — rectifico aclarándose la garganta — ¿Este viernes entonces? —

— lo cierto es que tengo unas cosas que hacer ¿La semana que viene, te parece? —  

— Oh, claro —

— bien —

La vi marcharse a su coche no tan entusiasmada como cuando llego y esto me hizo recordar mis primeros meses en Forks de forma muy nítida, agite la cabeza y corrí hacia mi camioneta.

La noche siguiente Anthony no parecía sorprendido cuando Maggie y yo estábamos en la sala (discutiendo por supuesto) tirados en el piso, haciendo la asquerosa tarea de cálculo.

— ¡Eso no es lo que da idiota! — me chillo ella lanzándome una bola de papel.

— ¡Diablos que si! ¡He hecho esta mierda como unas cinco veces! ¡Siempre da el mismo número! — le tire el cuaderno a su regazo y me gruño revisando el puñetero problema.

Entonces alzo sus fieros ojos negros y aunque sabía que estaba irritada por mi incapacidad de prestarle atención a algo tan aburrido (porque por supuesto mis buenas notas se fueron al caño cuando salí del aturdimiento) también se estaba divirtiendo.

— Edward, aquí tienes un puto número negativo ¿Cómo demonios te va a dar si no usas el signo negativo? — le quite el cuaderno de mala gana.

— Oh — dije aguantando la risa, ella tenía razón, no había visto eso.

— Tendré que descontarte años por ser un obtuso — se burlo a borde la risa.

— ¡Mira tú…! —

— ¡Hola chicos! — saludo Anthony entrando justo al tiempo que le iba a decir algo tremendamente ingenioso a la princesa sabelotodo que me creía un obtuso.

Eso la hizo reír aun más, sabía que no podría decirle nada mientras estuviera Anthony cerca, el cual me daba cuenta que estuvo dándole a la lengua con Billy porque se dirigió a la cocina como si fuera normal que Maggie danzara por aquí todos los días.

Me levante para servirle y cuando Maggie me tendió las manos se las tome para impulsarla hacia arriba, sorpresivamente enrollo sus brazos a mi cuello colocando su rostro muy cerca del mío, eso hizo que tuviera que agarrarla de las caderas para no perder el equilibrio por el cambio de peso.

— ¿Qué ibas a decirme? — murmuro en un tono de voz muy bajo.

Me quede estático, su cercanía me mareaba, hace tanto tiempo que no estaba tan cerca de otro ser humano…

— que… que eres una jodida presumida — dije de vuelta sintiendo su cabello rozar mis manos.

Sus ojos se abrieron brillantes y divertidos.

— pero aun así te agrado —

— Digamos que te soporto todo lo que puedo por mera conveniencia — su risa estallo, baja, profunda y no pude evitar reírme con ella.

Nos giramos cuando escuchamos una garganta aclararse, Maggie me soltó como si tuviera lepra y yo camine, bueno, quizás corrí hacia la cocina y de la vergüenza me queme un estúpido dedo.

Después de eso cenamos todos juntos y más tarde se fue a su casa, si Anthony tenía alguna opinión con respecto a cualquier cosa no dijo nada, ni siquiera lo vi interesado en otra cosa que no fuera el plato de lasaña que le prepare con ayuda de Maggie, ella por otra parte estaba entusiasta y hacia bromas que divertían a mi padre.

El viernes fuimos al garaje y el sábado estábamos de nuevo en mi casa haciendo tareas, estos temas eran más fáciles por lo que lo hacíamos en tranquila paz, quise hacer un pollo al horno y conseguí que a regañadientes me obsequiara unos generosos puntos extra al género masculino porque habían muchos chicos que sabían cocinar ¡Y hasta mejor que las chicas!

Cuando Anthony llego estábamos comiendo palomitas instantáneas mientras que veíamos un episodio de Monster Garage en el canal Discovery, él confiaba tanto en mi nueva cordura que aparte de que se perdió todo el día en vaya a saber donde, tomo su comida del microondas y subió a su habitación.

— Me tengo que ir — anuncio cuando acabo el capitulo.

— ¡Pero si van a pasar tres más! — Me queje jalándole un mechón de cabello — es un maratón… ¿No sabes que significa esa palabra? —

Una sonrisa extraña se extendió por todo su rostro.

— claro que se lo que es un maratón — soltó una risita y de pronto tuve la sensación que no hablaba de un maratón de capítulos de una serie.

Me aclare la garganta.

— Bueno, ya que insistes en dejarme será mejor que te lleve — estaba tan inmerso en la tranquilidad de solo ver algo en la televisión que no me di cuenta en qué momento Maggie se había apoyado en mi brazo.

Suspire moviéndolo para que se despertara el musculo, en cuanto llegamos a mi camioneta ya estaba en funcionamiento otra vez y pude abrirle la puerta a la princesa.

— Su majestad — me burle haciendo una reverencia.

— Tarado — se quejo colocando los ojos en blanco.

Estábamos a punto de llegar a su casa cuando me dice algo desconcertante:

— mañana no vayas al garaje hasta que te llame —

Fruncí el ceño confundido.

— ¿Por qué? —

— tengo… unas cosas que hacer —

— ¿Cómo qué? — pregunte sonando irritado.

Pareció que le agradaba mi reacción.

— Estate tranquilo — me tomo un mechón de cabello del cuello y enrollo su dedo de forma inconsciente — no te llamare tan tarde —

— De acuerdo — cuando se bajo de la camioneta me despedí de mal humor y solo sirvió para que su sonrisa se ensanchara más.

¿Qué se traía entre manos que no tenía tiempo para nuestros planes?

 

Estaba tratando de distraer mi mente haciendo la colada y limpiando un poco mientras esperaba la llamada de Maggie, Anthony estaba afuera lavando la patrulla y estaba tan desesperado que casi estuve a punto de ir a ayudarle, casi.

No solo era la llamada, mi cabeza se había ingeniado un nuevo sueño y en este caminaba sin rumbo fijo por él, solo caminaba y caminaba y caminaba sin nada que hacer o buscar, ni siquiera sabía que trataba de encontrar.

Suspire sentándome en la mesa de la cocina.

Eran las diez de la mañana cuando sentí venir una tremenda revelación divina: Mi vida apestada.

Y como si el señor de allá arriba me fuera escuchado y quisiera decir Oh, Edward eso fue un error de mis tontos y despistados ángeles el teléfono sonó, corrí para atenderlo y me tropecé con la maldita silla antes de agarrarlo.

— ¿Hola? — conteste sin aliento.

— Edward — dijo Maggie con un extraño tono solemne — creo que tenemos una cita

Me tome un segundo entender a que se refería.

— ¡Santa mierda! — grite entusiasmado.

— ¡Edward! — se quejo desde afuera Anthony.

— ¡Lo siento! — Grite de vuelta — no puedo creerlo ¿Terminadas completamente, o sea, que funcionan y todo? —

— funcionan y todo  —

— ¡Sí! — estaba eufórico, justo este era el momento preciso, necesitaba una forma de distraerme de mis lunáticas habladurías con dioses y ángeles además de las horrendas pesadillas.

— princesa, eres sin duda, la chica más maravillas y talentosa que conozco — dije en tono meloso — solo por eso le concedo la victoria al género femenino —

— ¡Genial! ¡La victoria es para las chicas! —

Solté una carcajada.

— ¡Y yo pronto obtendré la victoria! —

Colgué el teléfono y fui a colocarme algo decente, trate de encontrar un gorro para quitarme el cabello de la cara pero todos estaban sucios, solté un quejido y baje las escaleras corriendo mientras me amarraba el cabello con una liga que apareció mágicamente en mi bolsillo, cerré la puerta de una patada y salte dentro de mi camioneta.

— vas a ver a Maggie — dijo Anthony.

— ¡Sí! — chille por encima del ruido del motor.

— ¡Más tarde iré a la comisaria! — me grito mientras salía del estacionamiento.

— ¡Como sea! — grite de vuelta agitando una mano en el aire.

Vi por el retrovisor que se rascaba la cabeza confundido, seguramente preguntándose si la princesa necesitaba un trasplante y solo yo sería compatible con ella.

Estacione la camioneta a un lado de la casa de los Black para que resultara más fácil sacar las motos, apenas baje un manchón de colores capto mi atención, unas relucientes maquinas asesinas estaban estratégicamente bien posicionadas para que no se viera desde la casa, lucían impresionantes, además que estaban decoradas cada una con un moño azul, lo cual me hizo romper a reír.

— ¿Estás listo? — Asentí mirando sus ojos brillantes — ¿Sabes conducir una moto? — la mire totalmente ofendido provocando que riera — bueno andando, conozco un terreno estupendo para estas preciosidades y nadie nos vera ahí —

Manejamos hacia las afueras de la cuidad, la carretera entraba y salía de bosques a veces solo había árboles, de la nada surgió un enorme panorama del océano Pacífico que llegaba hasta el horizonte de un tono gris oscuro, las enormes olas eran gigantescas, tan grandes que me sorprendió ver a cuatro figuras saltando una ola en una tablas de surf, estas no eran condiciones optimas para hacer nada que involucrara la marea en el proceso.

Maggie estaba hablando de como termino las motos pero no le estaba prestando atención, me era más interesante el hecho de que uno de los chicos había remontando una ola como de seis metros, cuando se formo el túnel y se cerró, espere a que saliera a la superficie, no lo hizo.

— ¡Demonios! — grite estacionado la camioneta hacia un lado que estaba lleno de tierra, abrí la puerta de golpe y corrí hacia el borde de la carretera.

— ¿Qué sucede? — escuche que Maggie aun seguía dentro por lo que me gire y señale al mar.

— Había un estúpido idiota tratando de parecer un tipo duro y se adentro en una ola demasiada agresiva ¡No salió del agua! ¡Llama a una ambulancia! — escuche la puerta sonar y me desespero que llegara hasta mi lado con tanta tranquilidad.

— cálmate Ed — se rio entre dientes y me gire a verla furibundo — están solo practicando algo más extremo de lo que acostumbras — 

— ¿Extremo? — pregunte mirando como el chico salía a la superficie y las figuras que estaban detrás de él trataban de llegar para ayudarlo a soportar las enormes olas, habían podido recoger su tabla.

— Ya sabes, La Push no tiene centro comercial —

— pero son olas muy peligrosas, lo sé, en L.A no dejaban que cualquiera hiciera lo que él hizo ¡Esta malditamente loco! — camine hacia la camioneta sin quitarle la vista a los chicos que quedaban.

Los dos que siguieron lo hicieron mejor que el primero pero el ultimo ni siquiera pudo remar por lo que la ola lo arrastro partiendo la tabla en varios pedazos, pensé que se ahogaría pero en realidad nado hasta la costa con mucha facilidad y el muy imbécil estaba partiéndose de la risa.

— la mayoría esperamos a que el clima este más agradable y no hayan tantas olas, hay un arrecife bastante cerca de ahí por lo que tienes que tener cuidado, los chicos que están ahí — hizo una mueca de desagrado — se volvieron locos de la cabeza, el agua no debe de ser ninguna delicia y además es demasiado peligroso considerando que cuando los demás lo hacemos hay muchas personas capaz de prestar ayuda — 

— ¿Algo así como una fiesta en la playa? — pregunte mirando hacia los chicos que seguían en la costa recostados en la arena.

— Podría decirse, algunas veces hasta se hacen competencias — se encogió de hombros, asumí que quería terminar con el tema y me sorprendió saber que había algo de lo que ella no quisiera hablar sobre todo cuando se trataba de una fiesta.

— ¿Tú has surfeado ahí? —

Ella me miro ensanchando su sonrisa.

— Claro que si… siempre y cuando me escapo de la mirada de Billy — soltó una risita traviesa — cuando ya estoy en el agua no puede hacer nada —

— ¿Él va a esas fiestas? —

— Por supuesto, son celebraciones divertidas —

Volví a fijar la mirada en las enormes olas que rugían como un animal salvaje, jamás había contemplado algo tan temerario y mi cuerpo ansiaba poder montar una ola.

— Princesa tenemos que hacerlo — dije con voz aguda.

— cuando haya una, te invitare —

Negué con la cabeza.

— quiero hacerlo antes —

Se giro para mirarme con el ceño fruncido.

— ¿Se te zafo un tornillo? Estuviste a punto de llamar a una ambulancia para Sam — no me tragaba su cara de desaprobación.  

— ¿Qué? Se ve divertido, además ya soy mayor de edad para practicar con ese tipo de olas — hice ademan de bajarme de la camioneta cuando me agarro del hombro de la camisa.

— De acuerdo, será antes pero tienes que esperar a que por lo menos este más cálido el día —

— ¡No quiero esperar a una fiesta! —

— ¡Lo sé! — Exclamo exasperada — pero tampoco tan frio ¡Te dará una hipotermia! Tienes que relajarte ¿Si? —

— De acuerdo — murmure resignado mirando de nuevo a los chicos que corrían hacia el mar, el que perdió su tabla tenía una nueva — pero tiene que ser pronto — 

— Pronto, pero no tan pronto — puso los ojos en blanco — a veces te comportas muy raro ¿Lo sabes verdad?  —

Suspire.

— sí —

— ¿También sabes que tendríamos que esperar a que el mar no esté agresivo y el agua sea menos fría? —

— sí — acepte fascinado en como las cuatro figuras iban sin ningún tipo de preocupación hacia las aguas más salvajes que eh visto, parecían disfrutar de una libertad absoluta, irreflexiva y completamente irresponsable — al menos no sin que antes conozca la zona — tenía que haber una manera de evadir la hipotermia, de eso estaba seguro.

Maggie suspiro, tenía el presentimiento de que por su cabeza buscaba la manera de revocarme el permiso real, ella sabía que una vez que pisara esa costa, en cuanto conociera cómo manejar esas olas sin la necesidad de nadie y el lugar donde está el arrecife, no habría poder humano que me sacara de ahí.

Puse en marcha la camioneta y me gire para mirarla, tenía el ceño fruncido y la mirada perdida.

— ¿Y quiénes eran los chicos locos? — pregunte tratando de hacerla pensar cosas que distrajera su forma de evitar que yo me meta a esa playa.

Solo se disgusto más.

— ¿Te acuerdas de mis niñeros? — asentí recreando vagamente unos chicos altos, morenos y mayores que vigilaban a Maggie con mucho cuidado — pues ahora ya no lo son, desde hace un tiempo para acá es como si, no sé, hubiera algo más grande que todo lo demás y un día mi padre ya nos los presiono más para que me cuidaran, ahora son como una especie de banda —

— ¿Una banda en La Push? — mi tono sorprendido la hizo reír.

— algo así pero son más… pacíficos — bufó — se dedican a mantener la paz y a cuidar la tribu, nunca dejan de hablar de lo orgullosos que están de nuestras tierras y bla, bla, bla… cuando estaban conmigo pensé que era divertido y que bueno, trataban de quedar bien con mi padre a través de mi, pero en realidad son así ¡Aman y adoran la tribu! — Ella negó con la cabeza — incluso el consejo se reúne con ellos ¡Yo ya soy lo suficientemente mayor para dar opiniones dentro del consejo y nunca me dejan entrar, pero a Sam si lo escuchan! —

— pensé que no te interesaban esa cosas —

— No tanto — suspiro — es solo que es agradable tener que defender algunas personas que solo porque no se apegan a lo que el consejo les parece correcto dejan de recibir ciertas cosas —

— ¿Cómo tu hermana? —

— sí, como ella —

Asentí tratando de solo relacionar el nombre de Sam Uley como los niñeros de Maggie y no como aparece en mis pesadillas, de reojo mire que tenía los brazos cruzados con el cuerpo en tensión.

Estire mi brazo y le agarre un mechón de cabello.

— ¿Por qué no te gustan? Hace un tiempo me dijiste que eran buenos chicos, además no parecen que estén haciendo nada malo —

— son irritantes, andan por ahí como si fueran los tipos más duros del planeta, un ejemplo de eso es el surf en esas olas, algunos cuantos se atreven un poco antes de las fiestas y muchos ni siquiera imaginan hacerlo si no es en las fiestas, eso es un claro ejemplo de idiotas al extremo, además esta esa vez que cuando estábamos en escuela a Embry se le fue un estúpido comentario, ya sabes cómo es a veces de bocón, Sam estaba cerca con los otros dos chicos y una de ellos se volvió y mostro los dientes, Sam le puso una mano en el pecho negando con la cabeza ¡A el tipo le falto fue rugir y de la nada ya estaba calmado! — Se quito el pelo de la cara con disgusto — es como una mala película del oeste —   

— chicos duros, entonces —

— ¡Puf! ¡Eso es lo que más me molesta! — resoplo con desde — Paul, el que quería golpear a Embry no era tan alto como él, podría haberle molido a golpes es solo que no se… no se… — agito su cabeza confundida y trate de imaginarme la escena, lucia algo extraña.

— ¿No está bastante grande para eso? —

— ¿Ahora ves porque me gustaría por lo menos hablar dentro del consejo? Mi hermana lo hace y es el pecado sobre la tierra, Sam lo hace y esos chicos lo hacen, pero no pasa nada — asentí entendiendo su enojo.

— Te acabas de pasar la desviación — frene el seco y me miro arrepentida — lo siento, estaba distraída —

Cuando logramos llegar a donde se supone que dejaríamos la camioneta, hicimos todo el ritual de bajar las motos en forma silenciosa, la mire y me dio una fugaz sonrisa que no le llego a los ojos.

Suspire.

— oye, espera, espera —

— ¿Qué? — pregunto distraída.

Camine hasta ella, le tome de la mano y la obligue a que se apoyara en la camioneta, no era la Maggie que me alegraba el día y esa mierda no me gustaba.

— ¿Sucede algo? —

Miro hacia abajo y golpeo con la punta del pie el suelo varias veces.

— es solo el modo en que me tratan… me enferman — se  estremeció levemente.

— ¿Cómo si fueras una princesa? — Asintió lentamente — ¿Pero no es eso lo que eres? —

— Sí, soy una especie de princesa o algo así — suspiro frustrada — es solo que Sam es diferente, siempre me trato diferente pero ahora es como si se intensificara — alzo su vista llena de preocupación — es la forma en cómo me mira, como si estuviera esperando algo grandioso de mi y no solo ser otra persona que integra el consejo, me hace reverencias cada vez que me ve, me saluda besándome la mano y su mirada… su mirada es sofocante —

— ¿Y si le gustas? —

— ¡Puaj! ¡Nunca! Se cree demasiado caballero de armadura brillante como para cometer tal error, además tiene una novia o prometida o algo así — se cruzo de brazos gruñendo — ¡Lo odio! — 

— Él no tiene que esperar nada de ti — aclare bastante cabreado — tu eres tu propia dueña y nunca aceptaría que nadie te mande, así que olvídate de que podrías unirte a él, lo que sea que está esperando será una patada en la bolas de Kitty o mía — logre arrancarle una media sonrisa antes de que sus ojos se apagaran de nuevo — ¿Hay más? — pregunte tomándola de los brazos.

— es… es Embry, últimamente me evita —

— has estado mucho conmigo, estará enojado porque otro chico a monopolizado tu vida —

Negó con la cabeza desesperadamente.

— no es solo a mí, también a Kitty ya no va más a la escuela y la única vez que nos los encontramos lucia diferente, muy diferente… lucia aterrorizado, intentamos que nos contara que es lo que sucede pero no quiere decirnos nada, entonces como si nada aparece por todos lados con Sam — se mordió el labio apretando sus brazos como si tuviera frio — hoy también estaba en el mar, fue al que se le partió la tabla —

— Oh, Maggie —la abrace porque no sabía que más hacer con su terror.

— Ed, ellos han estado rondándolo todo el tiempo, incluso más que a mí y de repente ya le pertenece, lo mismo paso con los otros, un día ya no estaban y de la nada aparecen en las faldas de ese tipo odioso — suspiro contra mi cuello y busco una manera casi imposible de meterse dentro de mi piel.

Era la primera vez que la veía así, tan sola, asustada y triste.

— ¿Has hablado con el viejo rey? —

Resoplo contra mi cuello.

— Él es tan útil como siempre, solo contesta con evasivas y siento que es algo más, algo turbio — sin poder evitar no romperme por esa vocecita frágil le bese a un lado de la siente, casi llegando al cabello.

El roce de su piel quemo mis labios.

— No tienes que preocuparte princesa — le prometí apretándola más a mi alrededor, me encontraba asimilando y entendiendo el acumulo de sensaciones — si las cosas se ponen peor ¡Les pateare el trasero a esos chicos! Después te vendrías conmigo y Anthony a la casa, no te preocupes algo pensaremos para dividir las tareas —

— Gracias Ed — nos quedamos así un momento.

No me molesto como en estos días cuando Anthony nos interrumpió, de hecho si no fuera sido por él quizás no me fuera molestado para nada el abrazo de Maggie justo como hoy, se sentía natural, me servía de consuelo a mí mismo, era tan reconfortante sentir el calor de alguien más a tu alrededor y ella era tan cálida…

Me seguía pareciendo extraño el contacto no solo físico sino emocional con otro ser humano, mi cabeza daba vuelta tratando de encontrar una razón del porque yo me sentía tan bien con ella en mis brazos rodeados de las más pura amistad, cuando en realidad jamás había conectado con nadie en un nivel tan básico y tan rápido, con los chicos en L.A fueron años si quiera para que me sintiera cómodo pero con Maggie, no lo entendía.

Nunca jamás había pasado algo parecido… y menos con un ser humano.

— Si sigues así tendré que ponerme triste más a menudo — se aparto de mi sonriendo como el gato rizón.

Sonreí un poco tenso.

Al parecer, era el único que pensaba que esto era solo amistad.

Puse distancia con rapidez dispuesto a colocar las cosas en su sitio.

— Es difícil creer que soy mayor que tú — le alborote la coleta y ella rio — eres demasiado alta — puse mucho énfasis en lo de mayor pero me ignoro, como siempre hace con algo que no le guste que le recuerde.

Aguante un suspiro irritado.

— Y tú demasiado pálido — tomo mi brazo y coloco el suyo al lado para compararlo, la diferencia es estremecedora — yo debería dejar de crecer y tu un bronceado ¿Qué te parece? —

— ¿Y arruinar esa fantástica carrera de modelo? Nop, no lo creo — se rio entre dientes y caminamos hacia las motos — además tengo sangre albina ni porque me ponga un día entero al sol lograre un bronceado, de hecho parecería salmón ahumado — eso logro hacerla reír más fuerte y me sentí mejor.

Volvía a ser ella.

— ¿Por lo menos uno artificial? Nunca había visto a alguien más pálido que tu… bueno a excepción de…— se calló la boca de forma brusca y camine más rápido hacia las motos.

Mi cabeza pasó a modo automático olvidando todo lo relacionado a lo que ella quiso intentar decir.

— ¿Probamos las motos o qué? — pregunte obligando a que mis palabras salieran ligeras.

No lo conseguí.

— ¡Andando! — dijo con el entusiasmo suficiente por los dos.

Mirando la pista que era una cosa monstruosa, estaba empezando a pensar que esta sería una experiencia inolvidable y un verdadero entusiasmo me lleno el cuerpo… sobretodo porque la frase inacabada de Maggie fue lo que me trajo aquí.

Aunque esperaba no morir en el intento.

Capítulo 6: Capitulo 6 Capítulo 8: Capitulo 8

 


 


 
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