Amantes Inocentes

Autor: jaedbellsnessi
Género: Romance
Fecha Creación: 19/09/2016
Fecha Actualización: 21/12/2018
Finalizado: NO
Votos: 2
Comentarios: 3
Visitas: 4003
Capítulos: 11

Edward ha vivido el peligroso amor de Isabella, pero esta vez no sera así, ella lo deja en un intento de salvarle la vida y nuestro chico encuentra a la Princesa Quileutes que felizmente tratara de ocupar un lugar en su corazón ¿Lo lograra?... Continuación de Cambio de Roles ¡Espero que les guste! Adaptación de la novela de Meyers, Luna Nueva.

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Capítulo 6: Capitulo 6

Capitulo 5

Era una tarde sin mucha actividad en el local de los Newton.

Me encontraba mirándome las manos que jugaban con los números de la caja registradora, las fuertes voces junto a las risotadas me hicieron alzar la vista, la cabellera llena de rizos de Jessica se notaba a penas entre el montón de accesorios para excursionistas que cargaba encima. Dos hombres con trajes de leñadores habían venido a surtirse y mientras se tomaban un respiro para hablar de sus anécdotas, la rubia casi corrió hasta donde me encontraba.

— ¡Eh, Edward! — Me llamo — si quieres vete, no me importa quedarme sola — corrí a ayudarla porque estuvo a punto de caerse de tantas cosas que cargaba en las manos — gracias — sonrió soltando un suspiro.

No había conseguido drogarme por lo que todo me parecía tan cercano y ruidoso. Me senté en la caja registradora y comencé a facturar, quería sacarme la conversación sobre osos gigantes de más de dos metros que el excursionista pelirrojo juraba haber visto, sin éxito claro. Jessica corrió de nuevo a recibir las cosas que cargaban en las manos y facturarlas enseguida.

— enserio Edward — murmuro ella buscando para anotar sus ventas, la señora Newton nos obligaba a hacerlo para saber quien vendía más y a  quien debía darle un bono — cuando esos dos terminen, echare el cerrojo — solté un suspiro, agarrando la mochila del suelo.

— ya que insistes… —

— ¡Jess! ¿Terminaste? — pregunto el hombre que tenía como una especie de concha en la piel de la cara.

— Está bien — me tranquilizo Jessica seguramente al ver la cara que puse al verlos — de vez en cuando se pasan por aquí, ya los eh visto —

Asentí.

— Te veré el lunes — murmuré.

— pero es cierto, no era nada en comparación con es bestia, si en cuatro patas era más grande que tu, negro como la tinta, voy a ver si le digo al guarda forestal…— las puertas se cerraron llevándose la voz excitada del pelirrojo.

Corrí a la camioneta tratando de evitar el chaparrón que caiga afuera, la lluvia sonaba escandalosa pero el rugido del motor cuando lo encendí apago todo sonido del exterior.

No quería volver a la casa vacía, la noche anterior había sido espantosa y no era de esos chicos masoquistas por lo que intentaba por todos los medios evitar esa escena, aunque nunca terminaba, ni siquiera cuando disminuía lo suficiente como para que pudiera dejarme dormir. Luego de eso venían las malditas pesadillas. Siempre las había tenido, pero ahora eran cada noche, lo que más odiaba es que no eran pesadillas en general, sino una sola pesadilla que era siempre la misma. Se supone que todos tiene que aburrirse después de meses de lo mismo, pero yo no, siempre sentía lo mismo y me despertaba gritando en medio de la noche. Anthony ya se acostumbro, al principio corría a mi habitación con pistola en mano a balear a cualquier intruso a su paso, después se compro tapones para los oídos.

Lo más patético del asunto es que mi pesadilla no daba miedo. Ninguna puñetero zombi o algún tipo de monstruo, ni siquiera alguien con un machete que dijera ¡Buuu! En realidad no era nada, solo era un interminable vacio lleno de arboles dispuestos en forma de laberinto que servían para crear una prisión ensordecedora, tan llena de silencio que aturdía, yo siempre estaba corriendo frenético tratando de alcanzar algo (era el punto donde más deseaba despertarme pero jamás lo lograba) pero nunca lo conseguía y era entonces cuando llegaba el vacio donde no había nada para mi, donde todo era lúgubre y desértico. Era total y absoluta nada… entonces despertaba gritando.

Cruce en una dirección que no sabía que me había metido, trataba de evitar la casa pero no tenía ningún lugar a donde ir, me fuera gustado volver a estar drogado, pero no conseguía recordar como llegue a ese estado, seguía sin olvidar la pesadilla ni todo aquello que me hacía daño, tampoco quería acordarme del bosque. Detuve la camioneta a un lado y me abrace el torso tratando de mitigar el dolor del hoyo sangrante en mi pecho.

Será como si nunca hubiera existido… solo eran palabras en mi mente sin la claridad perfecta del día anterior, era como si las leyera de un libro pero aún así esas putas seis palabras provocaban que me retorcieran del dolor.

Me incline hasta colocar la cara en el volante e intente respirar.

Me preguntaba cuánto duraría esto, si quizás en algunos años cuando la pena y el dolor disminuirían lo suficiente podría mirar hacia atrás y recordar todo lo malditamente afortunado que fui en esos pocos meses, estaba seguro que me sentiría agradecido por todo lo que me dio sin yo merecerlo y era más de lo que yo había pedido. Quizás algún día ocurra eso.

Como si nunca hubiera existido… ¡Eso es ser demasiado imbécil! ¿Cómo se le ocurría si quiera pensar que con llevarse las fotos y los regalos todo sería como antes? ¿Qué cabeza sensata pensaría de esa forma? ¿O tendría que decir cruel? Todo lo importante era la evidencia física, en realidad era lo único malditamente importante en esta complicada ecuación.

Yo había cambiado, mi interior se había alterado.

Todo es tan distinto hasta llegar al punto de ser irreconocible, incluso mi exterior parecía distinto, tenía el rostro cretino, pálido, huesudo y con las enorme ojeras producto de las pesadillas. Empecé a golpearme la cabeza con el volante, mientras intentaba apartarme de la mente ese dolor tan insoportable.

Como si nunca hubiera existido… ¡Vaya mierda! ¡Eso es una enorme mierda! ¿Cómo se atreve a hacer una promesa que inmediatamente se rompió? ¿Cómo se le ocurrió prometer algo que no va a cumplir? Entonces me detuve en seco… pensar en todo eso me hizo ver que estaba siendo ridículo. ¿Por qué tendría que honrar yo una promesa que la otra parte había violado? ¿A quién le importaba si yo era estúpido y temerario? ¡No! ¡No había ninguna jodida razón para que yo no lo fuera! Entonces empecé a reírme torpemente por la falta de aire, la sola idea de encontrar peligros en Forks era deprimente.

Mi depresión sirvió para que me distrajera, logre que el dolor disminuyera y así poder reclinarme en el asiento, me sumergí en pensamientos deprimentes en vez de dolorosos, estaba lleno de posibles ideas tratando de encontrar algo que hacer en un pueblito como Forks, en mi absurda cabeza paso la idea de que me sentiría menos como mierda si no respetaba algo que estaba roto… ¿Pero cómo? Forks ahora más que nunca es lo que siempre pareció, seguro y aburrido.

Mire fijamente el parabrisas pensando en posibles ideas que eran todas de la misma magnitud de patéticas, logre cruzar los brazos y mantenerme allí hasta que la lluvia aminoro lo suficiente para dejarme ver por el parabrisas, sabía en qué calle estaba y era muy consciente de que bloqueaba el paso para el garaje de la casa, intente concentrarme en irme porque ahora era yo el peligroso vagabundeando por ahí herido y medio psicópata. Estuve a punto de agarrar la palanca cuando vi un cartel en la casa que reconocí como la de los Marks. En realidad solo era un trozo de cartulina con letras mayúsculas y negras. Justo en ese momento dejo de llover por completo y me imagine los ángeles cantando ¡Aleluya!

A veces la voluntad divina se cumple.

Quizás no era voluntad divina, sino que había muchas maneras de ser arriesgado solo tenía que abrir bien los ojos. Aunque también es poco probable que las motocicletas que estaban debajo del cartel donde rezaba: SE VENDEN TAL COMO ESTAN, sirva para otra cosa que no sea chatarra, pero estaban justo donde yo necesitaba, en el momento oportuno y fue suficiente para saltar del camión, comencé a andar hacia lo que Anthony describiría como algo temerario y estúpido.

Mi padre todos los veranos que iba a visitarme le hacía prometer a Lizzi que jamás me dejaría montarme en una moto, su terror estaba bien infundado ya que por ser policía de un pueblito pequeño no tenía mucha actividad con ladrones pero si con accidentes de tránsito y la mayoría eran de jóvenes montados en moto que desgraciadamente no supieron maniobrar en las calles húmedas y mojadas de Forks.

Aunque aprendí a conducirlas gracias a Ethan que tiene una fantástica Harley la única vez que se la mostré a Lizzi estuve una semana castigado sin cenar, además de videojuegos y tabla de surf incluyendo mi transporte de cuatro ruedas, básicamente fue un exilio ¡Ni siquiera me dejo ir a la escuela! Con lo que yo amaba el sol y el cielo despejado, estar encerrado fue una tortura, después que paso todo me hizo prometerle (Anthony también tuve que prometérselo ese mismo día cuando me llamo) que más nunca conduciría una moto, generalmente planeaba romperla cuando estuviera fuera de su control y en una universidad lo bastante lejos como para no atormentar a ninguno  de los dos… pero ahora era diferente… había mantenido tantas promesas… odiaba tanto ser un estúpido chico bueno…

Toque el timbre con una nueva resolución.

Quería ser el chico malo, el que es estúpido y osado, el que nadie le dice que hacer y mucho menos se conforma con una camioneta que va a menos de 100km/h, también quería estar enojado y romper promesas ¿Por qué conformarse solo con una?

— ¿Edward Mesen? — el chico era uno de los novatos del instituto y su cabeza rubia a penas si me llegaba por el pecho, no lograba acordarme de su nombre.

— ¿Cuánto por la moto de afuera? — pregunte agitando el pulgar por encima de mi hombro.

— ¿De verdad? — Asentí seriamente — no funcionan bro — alce una ceja porque eso era obvio y él se rio entre dientes — ya que insistes puedes llevártelas, mi madre hizo que papá las sacara a la calle para que las recojan como basura, el cartel es solo un intento de chiste —

— ¿Seguro? —

— ¿Le preguntamos? —

Lo mejor sería no involucrar a nadie que pudiera decirle a Anthony por ahora me conformaba con ser un chico malo a escondidas.

— te creo —

— te echo una mano, pesan —

— gracias, pero solo necesito una —

— sería mejor si te llevaras las dos, podrás aprovechar las piezas de la que no uses —

Sonreí un poco porque eso era una buena idea.

El niño me ayudo a montar las dos a la camioneta, parecía deseoso de desprenderse de ellas y bastante agradecido conmigo, así que de la guantera saque diez dólares y se los pase.

— ¿Para mí? — Sonrío — ¡Gracias! — Me subí de un salto y antes de cerrar la puerta me la detuvo con la mano — Oye bro, ¿Qué harás con las motos? No han funcionado en años —

— Me lo imaginaba, tal vez Dowling — murmure pensativo hasta estos momento no me había detenido a pensar sobre eso, claro podría hacerlo yo pero me tomaría meses yo sabía algo de mecánica, más no de reconstruir algo casi desde el inicio…

— Dowling te cobrara más de lo que valen…—

— ¿Sabes qué? Tengo un plan — lo interrumpí cuando la repentina iluminación llego como un rayo — conozco a alguien — sonrío aliviado y extendió el puño para que se lo chocara, lo hice.

Era un buen chico.

Hice rugir el motor tratando de que fuera más deprisa, no quería que Anthony llegara primero por alguna loca y remota posibilidad de que su esposa y otro hijo lo corran más temprano que de costumbre. Atravesé el porche delantero y deje abierta la puerta mientras me precipitaba al teléfono.

 

— con el jefe Mesen, por favor — dije cuando su ayudante contesto el teléfono — soy Edward —

— ¿Paso algo Eddie? — su voz atragantada se escucho al otro lado de la línea, sonreí un poco.

— Traga primero papá, no paso nada, estoy bien — suspire buscando un bolígrafo y papel — necesito la dirección de los Black —

— ¿Y eso para qué? —

— quiero visitar a Maggie, hace meses que no la veo y estoy aburrido —

— ¡Eso es una estupenda idea! ¡Anota, anota! — cuando empezó a darme la dirección su voz sonaba excitada y feliz.

Cada vez que esto ocurría demostraba que era un pésimo actor.

La casa de Maggie no era ningún castillo, pero era bonita, de madera roja y pequeña. La cabeza de la princesa se asomo por una de las ventanas antes de que incluso yo bajara de la camioneta, eso se debía por supuesto al estruendoso sonido que alertaba a todo el mundo.

— ¡Ed! ¡Tiempo sin verte! — salió trotando hasta que dio un salto hacia a mí, abrí los brazos y la ataje sintiendo como toda su alta figura me abrazaba — ¿Cómo has estado? — su voz fue amortiguaba por sus brazos encima de mis hombros.

— ¡Hola princesa! — le devolví el abrazo con el mismo nivel de entusiasmo que desconocía de donde venia, sonreí con ganas — bastante bien, gracias — se separo para alborotarme el cabello con ambas manos quitándome la capucha en el proceso, sentí como si algo encajara en su lugar con un clic.

Era como dos piezas que se acoplaban en un rompecabezas.

— La onda oscura no va contigo Ed — me regaño dulcemente abriendo el abrigo oscuro y revelando una camisa gris plomo que cargaba debajo.

— ¡Mierda! se me olvida que no eres de las que respeta el espacio personal — su brillante sonrisa me hizo otra vez sonreír… solo porque que me gustaba sonreírle.

— ¿Todavía no superas lo de ese día? —

— ¡Querías matarme! — la acuse.

— ¡No seas una nenita dramática! —

— ¿Yo nenita? ¿Te parece poco haberme robado la ola? — pregunte tratando de parecer indignado.

— ¡Oh Dios! No puedo creer que caigamos en esto de nuevo — se quito el cabello de la cara con un brusco movimiento — te ordeno que dejes de pensar en eso — me apunto con un dedo mirándome desafiante.

— no eres mi princesa —

Ella sonrío con picardía.

— estas en mis tierras plebeyo, tienes que hacer lo que diga —

Alce las manos en señal de derrota.

— ¡Touch! —

Soltó una risita divertida y eso me hizo recodar cuanto me gustaba Maggie Black.

Ella había cambiado mucho durante estos ocho meses, ahora estaba de la misma altura que yo pero su cuerpo era más voluptuoso, esbelto y definido en los lugares correctos, la suavidad de un rostro aniñado ya no existía sus pómulos se habían afilado lo que hacía resaltar sus exuberantes labios y ojos con pestañas de plumero, aunque no había perdido la dulzura que recordaba, su cabello caía como dos cortinas de satín negro hasta en final de su trasero, me sorprendí porque la última vez que la vi apenas le llegaba por la cintura. 

— ¡Creciste! — dije asombrado.

— ¡Gracias! — dio una vuelta haciendo bailar a su cabello y ensanche mi sonrisa.

— ¿Cuándo vas a parar? — Sacudí mi cabeza a ambos lados — estas hecha una Miss Princesa Nativa — puso los ojos en blanco, quitándole merito a mi cumplido y yo nunca digo cumplidos porque si.

— ¡Bah! — Agito una mano — estoy hecha un esparrago, pero vamos entra para que saludes a mi papá — señalo el camino por encima de su hombro.

Camine detrás de ella mirando cómo se recogía el largo cabello en un complicado moño encima de su cabeza, algunos mechones quedaron dispersos alrededor de su rostro pero no parecían molestarle.

— ¡Papá! — Grito traspasando la puerta — ¡Mira quien está aquí! —

El viejo rey puso el libro que cargaba en su regazo e impulso su silla de ruedas hacia nosotros.

— ¡Hola Edward, que sorpresa! ¿Qué te trae por aquí?— nos dimos la manos — ¿Todo bien con Anthony? —

— Fenomenal, solo quería venir para saludar a Maggie — cuando dije eso los ojos de la princesa relumbraron con intensidad, además sonreía tanto que podría romperse las mejillas en algún momento.

— ¿Puedes quedarte a cenar? — negué con la cabeza sonriendo — ¡Oh vamos! Podría decirle a Anthony que venga — él también parecía entusiasmado por mí presencia.

— No, no puedo hoy, pero estate tranquilo regresare pronto, tanto que terminaras por echarme de tus tierras — después de todo si Maggie accede a mi estúpido y temerario plan tendríamos que hacerlo lejos de los radares de Anthony.

— Bueno, la próxima vez será — asentí y se disculpo para irse a su habitación.

Maggie me miro expectativa.

— ¿Qué quieres que hagamos? — pregunto ella.

— Lo que sea — me encogí de hombros — ¿Qué ibas a hacer antes de que apareciera de la nada? —

— trabajar en mi coche, pero podemos hacer lo que sea que quieras…—

— ¡No! ¡Eso está bien, quiero verlo! — asintió y caminamos hacia el garaje.

Me sorprendió lo cómodo que me sentía allí, era un recuerdo familiar pero de forma distante, no había recuerdos dolorosos del pasado reciente. Camine detrás de Maggie pasando por la maleza y árboles que ocultaba el garaje a la vista de la casa, era pequeño y cómodo, dentro tenía el Volkswagen que parecía completo.

— ¿De qué año es? —

— 1986, un clásico —

Sonrío orgullosa.

— ¿Y cómo van los arreglos? —

— está casi terminado —

— ¡Qué bien! —

— Mi padre mantuvo su promesa de la primavera pasada — murmuro en voz baja, apartando la vista de mi rostro.

— Mmm — dije yo sin emoción.

Todo ese intento la primavera pasada fue innecesario, ahora estaba totalmente a salvo pero yo iba a ver qué podía hacer para cambiar eso. 

— Princesa ¿Sabes algo de motos? —

Se encogió de hombros.

— algo —

— bien… veras…— vacile dudando si mantendría la boca cerrada — hace poco compre un par de motos y están hechas mierdas, necesitan una buena mano de reparación casi desde el inicio y mis conocimientos de mecánica son básicamente de principiantes — tome un respiro ante sus ojos abiertos de par en par — pensé que tu serias la única capaz de ponerlas a andar — 

— Oh… bueno — bajo la vista con su rostro tornándose rojo brillante — genial, podría echarles un vistazo — su rostro resplandecía y parecía halaga por el reto.

— la cosa es… es un secreto — balbuce atropelladamente — Anthony no puede enterarse, odia las motos y le daría un ataque, eso sin contar a mi madre que sería capaz de cruzar el mundo para venir a entrarme a palos —

Sus ojos se volvieron a abrir de par en par, sorprendida.

— ¿Qué? —pregunte a la defensiva porque sabía que venia después de esa reacción.

Eran la misma que me daban Ethan y Kellan porque a ellos tranquilamente los dejaban conducir una moto desde los quince años.

— ¿No te dejan? —

Me cruce de brazos frunciendo el ceño.

— Son peligrosas — masculle de mal humor.

— ¡Vamos Ed! ¡Es imposible! ¿Cuántos años tienes? —

— dieciocho, gracias —

— ¿Dieciocho? — Su cuerpo empezó a temblar levemente — ¿Dieciocho y todavía eres el bebé de la casa? —

— ¡Mira tú…! — mi advertencia murió en mi labios cuando estallo en carcajadas.

Me moría de vergüenza pero aun así me mantuve impasible, después que dejo de retorcerse de la risa cogió una llave y se inclino dentro del motor de su auto.

¿Por qué me toco un padre policía? ¿Era muy difícil que fuera una estrella del Rock o un mago?

— así que eres un chico bueno ¿Eh? — Apreté mis dientes hasta el punto de dolerme me estaba sorprendiendo cuanto odio le tenía a esas dos palabras — tienes suerte soy la princesa que conduce cualquier cosa desde los catorce años y va a rescatarte — dijo ella en tono presumido y juguetón.

Algo dentro de mi dolió un poco… creo que fue mi fantasmal orgullo.

— ¡No por favor! — Me queje indignado — ¡Deja de decir cosas como esas o serás la última vez que veras mi cara! — amenace en plan de chico malo.

— ¿Y quién te ayudara a reconstruir las motos? — miro por sobre su hombro y sonrío ampliamente, me desarmo pero no se lo hice ver ¿Por qué tenía que toparme con mujeres con talentos extraordinarios?

Me sentía como un hombre inútil.

— No serás tú, si sigues diciendo esas cosas — murmure con el ceño fruncido.

— ¡Vamos Ed! Deja de ser tan gruñón — me pico el ojo — tampoco me dejaban, pero eso es uno de los pocos beneficios de tener niñeros del sexo masculino — trato de apaciguar mi irritación y su sonrisa hizo que terminara por sonreírle un poco.

— también ser una princesa rebelde —

— ¡Claro! ¿Acaso parezco de las que usan zapatillas de cristal? — me pregunto enderezándose hasta apoyar el codo contra el auto y colocarse la mano con la llave en la cadera.

Mirándola bien parecía algo… abstracta.

Era lo suficientemente femenina para ser de la categoría de las chicas, pero tan masculina que solo con verla te dabas cuenta que podía patearte el trasero si a ella le daba la gana. Supongo que tenía razón al decir que había más de un beneficio de criarte en un entorno de puros chicos.

— ¿Entonces aceptas el trato? —

— De acuerdo — sonrío — acepto —

— Te pagare — anuncie y eso la ofendió.

— Por supuesto que no aceptare que me pagues — se cruzo de brazos haciendo morritos enojados.

Suspire.

— ¿Qué te parece un trato donde salgamos ganando los dos? — Continué improvisando sobre la marcha — tengo dos motos y necesito una sola ¿Podrías aceptar la otra? —

— ¿Cómo parte de pago? —

— Como obsequio de agradecimiento — sonreí de la forma más angelical que pude parecer.

Ella se lo trago.

— ¡Genial! — Hizo el gracioso baile de la victoria que la hacía ver tan mona y divertida — ¡Ya tengo la edad legal, así que podre conducirla! —

— oye… espera… ¿No tendrás problemas por manejar una maquina mortal siendo la princesa de la Reservación? —

Me dedico una sonrisa traviesa.

— ¡Exacto! —

— Eh creado un monstruo — ella rio — lamento perderme tu cumpleaños —

— Ándate tranquilo, yo también me perdí el tuyo — agito una mano restándole importancia — ¡Oye! ¡Se me acaba de ocurrir una excelente idea! — chillo entusiasmada.

— Adelante — murmure.

— ¡Podríamos hacer una fiesta compartida para celebrarlo! — volvió a chillar y yo resople con desdén.

— ¿Y darnos las motos como auto regalo? — pregunte de forma sarcástica.

No sé si quiso ignorar mi tono o le vale mierda mi aptitud, aunque con ella presentía que era la segunda opción.

— ¡Eso sería perfecto! — su voz contenía entusiasmo y excitación, en definitiva era la segunda opción — suena como una cita ¿No te parece? — sus ojos alumbraban como dos estrella en el cielo nocturno.

Hice una pausa y me patee mentalmente.

Necesitaba controlarme para no infundirle una idea equivocada a la no tan pequeña princesa, pero me resultaba tan difícil porque desde hace tiempo no me sentía vivo, no de la manera para tener miedo pero si de la manera para sentirme ligero y sereno.

— Cuando terminemos las motos — dije al fin cediendo ante su entusiasmo, sonreí un poco — ¿Te parece? —

— Trato hecho — me extendió la mano y no las estrechamos — ¿Cuándo me las traes? —

— ¿Sería muy grosero si te dijera que las tengo en la camioneta? —

— ¿Grosero? — Agito la cabeza mientras caminaba hacia afuera — esa es una las mejores ideas que tendrás en tu vida —

— ¿Nos vera Billy? — murmure como un idiota pensando que desde aquí podía escucharme el viejo rey.

Ella me miro con una sonrisa traviesa por encima de su hombro.

— Seremos astutos — me giño un ojo.

Caminamos actuando de forma casual solo por si acaso, llegamos a la camioneta y cuando empecé a bajar la moto lo más rápido que pude ella hizo lo mismo con la otra, estaba a punto de ordenarle que dejara eso donde estaba cuando descubrí que era tan fácil para ella cargarlos como lo es para mí cargar una caja.

Si no estuviera sosteniendo una estuviera seguro que no pesan nada.

— Está no esta tan mal — dictamino Maggie mientras empujaba la moto hacia los árboles — valdrá algo cuando la terminemos… ¿Por qué me ayudaras, verdad? — pregunto dudando, recordando que no hablamos nada de eso en nuestro trato.

— por supuesto que sí, no se tanto como tu pero sería un excelente ayudante — de inmediato me entusiasmo la idea de tener algo que hacer — además esa será para ti —

— ¿Enserio? —

— ¿Me ves cara de mentiroso? —

Miro fijamente mi rostro y para hacerlo más dramático cerró un ojo.

— Nop… no la tienes, aunque cara ángel te encaja mejor — eso hizo que apartara la vista bruscamente — esa que cargas en las manos, si que valdrá un poco más — no sabía detectar que nivel de vergüenza y diversión se escuchaba en su vos, pero había bastante de las dos.

— De acuerdo — murmure.

— Tendremos que ahorrar dinero — de reojo vi como hacia una mueca al mirar el metal ennegrecido.

— No te preocupes por eso —

¡A la mierda la universidad! Grite en mi cabeza.

— Tengo mi microscópico fondo para la universidad que de todas maneras no serviría para ingresar a ninguna — continúe y me importaba un pito gastarlo, al fin y al cabo no planeaba irme de Forks.

— Edward estas lleno de grandes ideas — dijo con voz solemne.

Para Maggie era como si engañar a nuestros padres, agarrar el dinero destinado a mi educación y construir ataúdes en dos ruedas, fuera lo más racional y lógico que se me pudo haber ocurrido en toda mi vida. Solo a un adolescente le parecería perfectamente coherente… sonreí hasta casi partirme las mejillas.

Maggie Black era un regalo del Dios de los Chicos Buenos Que Quieren Ser Malos.

Capitulo 6

Nos sentamos a desmontar la roja, Maggie pidió permiso para quitarse la playera y me resulto gracioso que lo hiciera después de todo estábamos en su cobertizo donde convenientemente no podía entrar la silla de Billy, las motos estaban a salvo, casi podría jurar que la princesa escogió este terreno a propósito para hacer sus fechorías.

Mientras hacíamos nuestro trabajo Maggie parloteaba felizmente sin que yo tuviera que esforzarme mucho para mantener viva la conversación, me puso al corriente sobre cómo iba su segundo año en la escuela y como eran sus clases, también se quejo por los ridículos alumnos con sus ridículos padres que les inculcaban buenos valores.

— ¿No te parece lógico que si desde pequeños se les enseña que tienen que respetar a los jefes de tribus y princesas, te traten como tal? — pregunte después que termino de quejarse sobre varios chicos que la dejaban estar adelante en la fila para pagar la comida.

— ¡Patrañas! — Escupió — si es así solo los chicos recibieron esa educación que dices — de solo imaginarme al montón de chicos detrás de Maggie y a las chicas odiándola sin ella querer nada de eso, hizo que una burbujeante necesidad de algo que no había hecho por meses saliera a la luz.

Me sorprendí cuando quise reírme, pero no lo hice.

Luego paso a relatarme todo sobre sus dos mejores amigos, Kitty una chica con la que mejor no se le dejaba el corazón roto ya que era cinta negra en karate y Embry un chico más alto que ella y bastante inquieto en la escuela.

— Embry es un nombre raro — dije interrumpiendo su anécdota de cuando ellos tres se metieron a la cafetería y robaron la tarta de coco que era destinada para la directora del instituto.

Entonces ella volteo a mirarme y se rio.

— Embry se llama así por una estrella de telenovela que veía su madre desde siempre, pero no puedes burlarte de su nombre ¡Después se vuelve loco y terminas en la basura! —

— ¿Te lo ha hecho a ti? — pregunte levantando una ceja.

— No, nunca — suspiro riendo — es uno de esos chicos con valores como tú dices pero a otros si —

— vaya amigo que tienes —

— ¡Sí lo es! — dijo defendiéndolo vehemente — pero no hay que meterse con su nombre —

En ese momento se escuchó que la llamaban desde afuera.

— ¡Margaret! — grito una voz masculina.

— ¿Te llamas Margaret? — pregunte al reconocer que no era la voz de Billy.

— ¿Qué? ¿Cómo crees? ¡Solo soy Maggie! — Su bonito rostro se ruborizo — es solo el idiota de Embry que esta haciendo lo que mejor le sale —

— ¿Y es? —

— ser un idiota —

Sonreí divertido y Maggie como queriendo no decir nada a esperar si se iban sonó otra voz, esta vez femenina.

— ¡Maggie! — chillo la chica.

— ¡Aquí! — Grito ella de vuelta — hablando de la bruja y el diablo…— murmuro ella como si estuviera enojada.

Cuando me gire para observar a las dos ruidosas personas que entraron al cobertizo riéndose a más no poder, me sorprendí que se parecieran tanto y al mismo tiempo fueran tan diferentes. La chica que entro era de piernas largas y cabello negro corto hasta debajo del mentón con la raya en el medio, ojos con pestañas de plumero y pómulos altos, pero no sé porque su belleza no se compraba en nada con Maggie. Quizás porque a diferencia de esta chica la princesa no era consciente de sus hermosos rasgos. El chico era altísimo, incluso más alto que yo, corpulento con el cabello corto casi al rape y mirada ceñuda que estaba dirigida especialmente a mí.

— Maggie… — empezó él y ella lo atajo alzando una mano mientras se levantaba del suelo.

Automáticamente cerró la boca. 

— Lo conozco, mi papa está en la casa y siempre trabajo más cómoda así — el chico asintió cruzándose de brazos con cara de pocos amigos — chicos este es Edward, amigo de confianza — me levante de inmediato e hice un saludo con la cabeza.

Los dos no dejaban de mirarme, aunque claro cada intención estaba bastante clara en los dos.

— Hola Edward — saludo la chica sonriendo ampliamente y extendiendo la mano para que se la tomara, tuve que corresponderle la sonrisa y le di un apretón rápido.

Gruñí internamente cuando ella me guiño el ojo.

El chico se relajo de inmediato y me extendió la mano con una sonrisa.

— eres el chico de Anthony ¿Verdad? —

— Así es — murmure viendo como mi mano se perdía en la monstruosidad de la suya.

— tu padre es bien recibido por aquí — comento con despreocupación, ignorando la mirada asesina que le estaba dedicando Maggie.

— Eso escuche — sonreí cortésmente.

— ¿Y qué hacen chicos? — pregunto Kitty sin dejar de mirarme.

— Edward y yo vamos a reparar estas motos — la explicación era poco exacta pero fue suficiente para que el grandulón me trata como si me conociera toda la vida y entabláramos una conversación.

A Maggie y a mí nos bombardeo con montones de preguntas que casi siempre respondía era ella, la chica como no sabía nada de motos, ni de piezas o componentes, abrió la puerta del Golf y se sentó ahí a escucharnos como si estuviera acostumbrada a ser una participante silenciosa. De vez en cuando me miraba así que procure que eso no me afectara, sobre todo cuando lo hacía más tiempo del que es debido.

Maggie y Embry estaban inmersos en si podían reconstruir varias piezas para que saliera más económico todo cuando decidí que tenía que irme, mire el cielo fuera del cobertizo, estaba colocándose más y más oscuro. Con un suspire me dirigí hacia donde estaban dos pequeños baldes, uno lleno de agua con jabón y otro solo con agua.

Maggie me siguió dándome una mirada de disculpa.

— Lo siento por dejarte rezagado —

La mire sonriendo.

— ¿Recuerdas que soy prácticamente un principiante en todo esto? — Ella asintió — así que relájate no siento nada, estaba aprendiendo de ustedes mejor dicho — no estaba mintiendo me sentía cómodo y hasta había aprendido un par de cosas útiles para autos.

— ¿Entonces porque te vas? —

Señale por sobre mi hombro.

— Cena. Anthony — me quite el exceso de agua en las manos y luego ella me paso las toallas para secarme — si no voy, el pobre terminara comiendo vaya a saber qué cosa — eso la hizo reír.

— terminare de desmontar las piezas esta noche y así sabré que más necesitamos —

— podrías hacer una lista para ir a comprar los componentes —

— ¿Cuándo planeas venir de nuevo? —

— ¿Mañana te parece bien? — pregunte al recordar que los domingos era la pesadilla de mi existencia.

Kitty y Embry intercambiaron codazos y muecas.

— ¡Eso sería estupendo! — Maggie sonrío — adelantaríamos muchísimo —

— de acuerdo, estaré por aquí temprano —

— ¿Te aguardo desayuno? —

— ¿Su alteza sabe cocinar? — bromee consiguiendo que me golpeara con el puño.

— ¡Cállate Ed! —

— tú sabes solo pregunto porque las princesas tienen todos esos sirvientes…—

— ¡Ahora si te lo ganaste! — se quejo agarrando agua y vi su intención por lo que me tape con la toalla y no consiguió mojarme.

Sonreí divertido.

Kitty le sonrío a Embry mientras le susurraba algo al oído. Maggie se molesto y les lanzo algo redondo que estaba a su alcance, por suerte los chicos consiguieron esquivarlo.

— ¡Basta los dos! — Ordeno irritada — ¡Largo de aquí! — los dos se levantaron dispuestos a irse a toda prisa.

— ¡No, no se vayan! — Interrumpí caminando hacia la salida — me tengo que ir de verdad, princesa nos vemos mañana —

— Nos vemos Ed — se despidió ella sonriéndome dulcemente, le sonreí en respuesta se veía tan bonita incluso con la cara llena de grasa.

Tan pronto cuando estuve afuera escuche Kitty y a Embry aullar a coro.

— ¡Uauuuuuuuuuu…! —

Después escuche unos golpes continuos junto a unas cuantas maldiciones.

— ¿Cómo se te ocurre tratarme así Embry Call? — grito Maggie con voz enojada.

— ¡Lo siento! ¡Lo siento! Me preocupe, estabas prácticamente desnuda y…—

Un golpe.

— ¡Esto es la parte de arriba de un traje de baño! — chillo ella.

— ¡Lo siento! — grito él.

Otro golpe.

— ¡Maggie deja de lanzar cosas! — grito Kitty.

— ¡Mierda! ¡No! ¡No puedes lanzar llaves inglesas Maggie! — gritaba Embry.

— ¡Ojala mañana asomen sus feas cabeza por aquí porque les hare tragar…! — dos golpes más y luego un montón de quejidos de dolor que se perdieron junto a la amenaza de Maggie.

Esa necesidad burbujeante en mi pecho se hizo insoportable y lo solté en forma de risa. Me estaba riendo.  Oírme a mí mismo hizo que me maravillara por el simple hecho de que estaba riendo y no había nadie que me mirara. Me sentía ligero y extraño pero en el buen sentido, tanto así que volví a hacerlo y seguí maravillándome.

Cuando Anthony entro por la puerta yo estaba de un lado a otro preparando pollo frito y puré de patatas para acompañarlo.

— ¿Cómo estas papá? — le devolví una sonrisa y pase de sopetón por su lado yendo a la lavadora, tenía una pila de ropa pequeña pero aun así no quería que se acumulara.

— Hola Eddie — estaba sentado en la silla con sus ojos mirándome sorprendidos aunque quería tapar la expresión — ¿La pasaste bien con Maggie? —

— bastante, si — volví a sonreír cuando pensé en ella.

— Eso está bien — murmuro cauteloso — ¿Qué hicieron? —

Ahora me tocaba a mí ser cauteloso.

— Estuvimos en su garaje trabajando en su auto — lleve la comida a la mesa y me senté sirviéndome mis presas favoritas — ¿Sabías que lo está remodelando? —

— Ah, sí, algo oí de Billy — la cara de mi padre estaba aparentemente tranquila pero sus ojos estudiaban todos mis movimientos y casi podía jurar que peso en su mente cuanta comida estaba ingiriendo.

Era un enorme plato el que me serví pero no fue para complacerlo, de verdad tenía hambre.

Después llego el turno de ir a dormir por mucho que estuviera barajeando el momento para evitarlo.

Mire la cama con horror, como si fuera el monstruo del armario que una vez llegue a temerle, me quite la ropa y me acurruque debajo de la sabana, el miedo me invadió poco a poco ocupando el lugar donde estaba la sensación de bienestar de esta tarde, cerré los ojos y espere el ataque que sin duda vendría al igual que la noche anterior… desperté a la mañana siguiente con la luz entrando por las ventanas.

Había dormido sin soñar o gritar por primera vez en cuatro meses, no podía decir cual emoción era más fuerte si el alivio o el estupor, como si fuera un soldado en pleno campo de batalla me quede quieto esperando a que llegara el enemigo, si no era el dolor era la droga pero algo tenía que aparecer para torturarme.

Espere… espere… espere… pero no ocurrió nada.

Me levante de sopetón mareándome en el proceso y corrí hacia el baño con la toalla encima de los hombros me sentía más relajado de lo que en mucho tiempo no lo hacía, entre en la ducha y me lave el cabello confirmando lo que Anthony me dijo, estaba más largo de lo debido, llegaba justo al final del cuello pero no me molesto quizás hasta podría robarle una de esas fulanas ligas a Maggie y hacerme una coleta.

No confiaba que esto durara, me balanceaba en un precario equilibrio y no tardaría mucho en caerme, aún así no me intereso pensar en eso, hoy vería a Maggie de nuevo y me sentía… esperanzado. Pero mantuve a raya eso, no confiaba en que todo fuera como el día anterior, no podría ser todo tan fácil.

Durante el desayuno Anthony seguía mirándome de forma clínica, sobretodo porque solo me serví un vaso de leche.

— Bonita camiseta — comento — ¿No vas a comer? — 

— Maggie me prometió guardarme desayuno — eso lo relajo y sonrío un poco mientras asentía — Lizzi me la mando hace algunas semanas, por su ultimo correo creo que esta en Venezuela — mire hacia abajo y la camiseta era azul con el logo de un parque que poseía una enorme cascada como atracción principal.

— Algo de eso escuche de ella — bajo la mirada a sus huevos revueltos — ¿Que harás hoy? — pregunto fingiendo estar muy distraído en su desayuno.

— iré a pasear con la princesa otra vez —

Asintió sin levantar la vista.

— Mjumm — murmuro con la boca llena.

— ¿Y tú? —

— Harry vendrá hoy a ver el partido, traerá de comer para ambos —

— Oh, bueno, quizás Harry pueda traerse a Billy así el viejo rey no me acusa de secuestrar todo el día su adorada hija —

— Eso suena estupendo — se llevo el plato hacia donde estaba el teléfono y marco el numero con verdadero entusiasmo.

Busque le impermeable y casi corrí hasta la camioneta, cuando me senté sentí la presión contra mi pierna de la chequera que nunca había usado… hasta hoy.

Fuera caiga un chaparrón de agua, cuando estacione frente a la casa de Maggie vi que me esperaba con la puerta abierta, corrí tratando de no mojarme y solo unos segundos después de que terminara de quitarme el impermeable se abalanzo hacia mis brazos que se abrieron automáticamente.

— Anthony llamo diciendo que venias en camino — murmuro con su rostro escondido en mi cuello — ¿Cómo amaneciste? — se separo de mi sonriendo ampliamente.

— bastante bien ¿Y tú? —

— sin duda, mejor que ayer — acomodo unos cuantos mechones de cabello que estaban obstaculizando mi vista y un sentimiento cálido se extendía cada vez que me miraba con esos oscuros ojos.

— ¿Mi desayuno? —

— Por aquí — me tomo de la mano y casi me arrastro hasta su habitación, sin dejarme si quiera saludar a un muy sonriente Billy — fue buena idea de que se llevaran a mi padre — comento cerrando la puerta a sus espaldas.

— Mi cabeza está llena de grandes ideas — dije en tono presumido mientras contemplaba su habitación.

— ¡Bah! — se quejo cruzando las piernas por encima de la pequeña cama y comenzando a comer, su emparedado de pollo estaba delicioso.

Extrañamente su habitación se parecía muchísimo a ella, solo había algo que no encajaba, un afiche enorme de un montón de chicas con ojos rasgados.

— ¿Qué es Girls Generation? — pregunte curioso.

— una banda de chicas —

— ¿Banda de chicas? —

— sí, fue lo que dije —

— ¿No deberías tener afiches de chicos? —

— Sería perder el tiempo adorando a alguien que no sabe que existes — se encogió de hombros restándole importancia al asunto — además Yoona es hermosa —

— sigue siendo una chica —

Ella me contemplo durante unos instantes sin poder creer que yo no entendiera su punto.

— con las chicas es diferente espero no gustarles, pero con los chicos… — sus ojos brillaron tan intensamente como lo fuera hecho la sonrisa que estaba tratando de ocultar —… cualquier chico al que escoja para perder mi cabeza tiene que saber que existo, no me gustan las relaciones unilaterales —

Me quede absorto en sus profundos ojos negros, teniendo la sensación de que ocultaban más de lo que decían.

— ¡Maggie me voy! — grito Harry.

Eso nos hizo salir del estupor, unos segundos después se escucho el portazo.

— Listo, estamos a salvo de posibles supervisores — asentí y la ayude a recoger el desorden de platos vacios encima de la cama.

Vagamente pude ver el brillo del rubor en sus mejillas.

Cuando estábamos en la camioneta saco un papel doblado del bolsillo y de reojo vi que su rostro se contraía en una mueca.

— ¿Qué sucede? —

— Va a costar mucho — como mi rostro no mostro preocupación alguna añadió — quizás estará rondando más de cien dólares — saque mi chequera y me abanique con ella dedicándole una mueca arrogante — Ya que las cosas son así te tocara brindar los helados — sonrió y vi que estaba más tranquila.

— Como desee su alteza — murmure haciendo una inclinación de cabeza.

— ¡Con chispas de colores! — chillo ella divertida.

— Si le apetece a la princesa —

— ¡Y muchas fresas! —

— ¡No te pases! — exclame haciendo andar la camioneta y ni todo el ruido del motor logro apagar su risa.

Cuando caí de culo encima de un enorme barrial suspire escuchando la risita divertida a mis espaldas. No sabía qué diablos pasaba, tampoco si se debía a mi desesperación, o quizás fuera el resultado de la falta de aturdimiento pero este día me la estaba pasando genial. A pesar de tener barro por todos lados (por lo cual tendré que lavar la camioneta) llovía a cantaros y mis manos estaban llenas de grasa hasta los codos, se sentía extraño pero bien… aunque principalmente extraño.

Empezaba a sospechar que era todo por Maggie.

En realidad no tenía nada ver que conmigo. Maggie era Maggie, todo era tan sencillo como eso y no es porque siempre esta alegre, sonría por todo, conversaba sin esperar que hable o que no me mirara como si estuviera a punto de clavarme una bala en cabeza, ella simplemente acarrea a todos hacia su aura de felicidad llevándola a toda la gente que la rodea.

Para mi ella era como el fuego de una fogata a mitad de la noche, cálida. Lo más impresionante es que su calidez venia de forma espontanea, salía de lo más profundo de su ser y no resultaba tan extraño que quisiera pasar tiempo con ella. Ni siquiera cuando se refirió al enorme destrozo que hice a mi camioneta me inundo el frio mortal que tendría que haber sucedido.

— ¿Quién te robo el estéreo? — pregunto.

— nadie —

— pues que bueno, porque si fuera sido un ladrón le doy hasta dinero para que haga un curso de como robar mejor — inspecciono todo con ojo clínico — aquí realmente hicieron un destrozo…—

— ya… ya… soy el ladrón —

Ella soltó una risotada.

— quizás es mejor que no toques las motos —

— Te jodes princesa — sonreí de oreja a oreja — de verdad me gusta la idea de aprender sobre mecánica —

— Entonces mi pequeño saltamontes dirijámonos a Checker Auto Parts — ordeno con voz solemne, yo solo agite la cabeza divertido y doble en la dirección que me dijo.

Encontramos varias piezas ahí y la princesa siguió sorprendiéndome al observar como solo con un vistazo ya sabía que piezas eran aun cuando estaban torcidas, llenas de grasa y casi irreconocibles. Después de eso fuimos a Hoquiam, teniendo en cuanta la velocidad de mi auto suponía unas dos horas de viaje que Maggie lleno de historias sobre sus amigos y la escuela, lo más asombroso del asunto es que me encontraba preguntándole cualquier tipo de cosas y no era por aparentar, realmente estaba curioso.

— Estoy hablando demasiado — se quejo después de haberme relatado una larga historia sobre Kitty y el problema en que se metió por intentar conquistar al novio de una chica de último grado — ¿Qué tal tu? ¿Cómo es la escuela de los caras pálidas? —

— sin nada de emoción, tus amigos son más interesantes que los míos, Kitty es muy divertida —

Maggie frunció el ceño.

— Kitty tiene el mismo concepto de ti —

Me reí.

— ¿Y qué hice para merecer tal titulo? —

— Por tu total falta de respeto hacia mi — esta vez me reí más fuerte sabía que ellos eran de los chicos que se tomaban muy enserio quien era Maggie — a ella le gustas — gruño cruzando los brazos.

— ¿Gustar? — masculle riendo todavía.

— sí, bastante —

— quizás recibió muchos golpes en la cabeza —

— ¿Y porque no podrías gustarle? —

— ya, en todo caso no podría salir con ella —

Su ceño se frunció más profundamente.

— ¿Por qué? —

— ¡Diablos ella es cinta negra! — Exclame aún con varias de sus historias rondando mi cabeza — además es una chiquilla todavía —

— no lo es tanto — la princesa se quejo y me dio un manotazo en el hombro  — solo un año y unos cuantos meses —

— No podría salir con ella — repetí de nuevo tratando de no ponerme de mal humor.

— ¿Por qué? — se estaba empezando a molestar y tenía el leve presentimiento de que ya no hablábamos de su amiga.

— no es mi tipo —

Arqueo una ceja en mi dirección.

— ¿Así que tienes un tipo? —

— ¡Oh para ya! — Bufe — ¿Me harás admitirlo verdad? Bueno las chicas así me intimidan prefiero al puro estilo clásico — sonreí porque eso la distraería lo suficiente.

— ¡Edward eso es ser sexista! — chillo aguantando la risa.

— ¡Pf! ¿Yo sexista? — Sonreía de oreja a oreja — ¿Qué tiene de malo que les gusten hornear pastelitos? —

— eso es injusto, estamos en pleno siglo veintiuno ahora las chicas reparan autos, pelean y son presidentas —

— ¡Eso ya lo hacíamos nosotros y lo hacíamos mejor! —

— ¡Oh no lo dijiste Mesen! — me dio un zape y yo me eche a reír.

— tienes que aceptarlo ahora con tantas leyes que las ampara pueden hacer cualquier cosa aunque lo hagan mal ¡Pero el sexo masculino es mejor! — Maggie puso los ojos en blanco ante mi insólita declaración, era mentira pero irritarla se estaba convirtiendo en uno de mis pasatiempos favoritos.

— ya que quieres que esto sea una competencia, tienes que aceptar que las chicas maduramos primero que los chicos, así que el sexo femenino obtiene unos doce puntos —

— ¿Así que te pondrás exigente? Bien, considerando que los chicos somos más grandes que las chicas tendremos que agregar veinte puntos al marcador —

— ¡Eso no se vale! — Sé quejo ofendida — ¡Yo soy tan alta como tú! —

— No cuenta, eres un fenómeno — Me prepare para el golpazo en el brazo que recibí — ¡Además de agresiva! — gruñí sobándome con la mano libre, ella soltó una carcajada.

Cuando llegamos a la Push estábamos cargados de todo lo de la lista, Maggie no para de decir la suerte que habíamos tenido, mientras yo refunfuñaba de lo tramposa que se volvió para conseguir que el sexo femenino este arriba, según ella muchas chicas se encargan de las cuenta de la casa así que eso le sumos unos puntos más, después la hice perder porque la mayoría no sabía cambiar un neumático hasta que al final ¡Las chicas tenían treinta puntos y los chicos solo veintitrés! Me divertía cada vez que decía algo que se supone que eran habilidades de las chicas pero en realidad eran sus habilidades, este juego solo sirvió para afirmar mi opinión de que Maggie no era una chica común y corriente.

Quizás ella carecía de cromosomas y por eso poseía habilidades de ambos sexos.

Tan pronto llegamos al garaje nos pusimos a trabajar (aunque en realidad solo hacia lo que ella me ordenaba) no había dejado de ser fiel a mi deseo original y estaba ansioso por romper mi parte de un maldito contrato que no existía, aunque sin duda pasar el tiempo con la princesa era un beneficio extra que no había previsto que me gustara tanto.

A veces la miraba de reojo solo para ver como sus manos eran tan eficientes que resultaba fascinante, ella era tan delicada y precisa, mirándola ahí sentada con algunos mechones rozando su cuello y su ceño fruncido en concentración tenía un aspecto tan grácil. Luego de pie era otro caso muy diferente, era patosa y torpe, me divertía constantemente a su costa.

— ¡Maggie! ¡Edward! — nos llamo Billy, mire hacia afuera y descubrí que el cielo estaba tan oscuro como la boca del lobo.

El día paso volando sin quiera darme cuenta.

— ¡Voy! — grito ella y me jalo cuando se dio cuenta que empezaba a acomodar las cosas — deja eso, volveré más tarde — nos dirigimos para lavarnos las manos llenas de grasa.

— No dejes de hacer la tarea o cualquier otra cosa que tengas pendientes — la advertí empujándola suavemente por el hombro.

— Estate tranquilo — me sonrío dulcemente.

Asentí aún preocupado, no quería que se metiera en problemas ya que esto solo debía afectarme a mí.

— ¡Eddie! — grito Anthony, ambos miramos en la dirección de donde escuchamos la voz de mi padre.

— ¡Mierda! — Masculle sacando las manos del agua — ¡Ya voy!  — le grite rogando de que eso fuera suficiente para detenerlo.

— ¡Vámonos! — cuchicheo la princesa con una sonrisa que surcaba toda su cara, sus ojos estaban brillantes, enloquecidos por la excitación del complot.

Apago la luz y me tomo de la mano para dirigirme por el camino que encontró con facilidad, su mano se sentía cálida y suave, tropezábamos cada dos por tres pero no parábamos de reír, aunque yo no reía con una risa profunda como la de ella (era más bien superficial) no dejaba de ser agradable. No estaba acostumbrado y me sentía bien pero mal.

Anthony estaba en el porche trasero y Billy un poco más atrás. 

— ¡Hola papá! — saludamos los dos al mismo tiempo.

Eso nos hizo echarnos a reír de nuevo.

— ¡Me debes un chocolate! — exigió.

— ¡De eso nada! — empezamos a caminar aun riéndonos provocando que nos fuéramos de cara, ya que la rama de un árbol estaba muy por encima del suelo.

Me quede ahí tirando buscando aire para respirar.

— Sabia que terminaríamos así — me queje suspirando.

— eres un idiota, todo es tu culpa —

— ¿Mi culpa? —

— Sí, siempre esquivo esa pendeja rama — mire hacia un lado para encontrarme con su sonrisa — tú haces que se me olvide hasta donde estoy — sus ojos brillaban como las estrellas del cielo y trague pasado.

Mierda… ¿Qué hago ahora?

— Chicos — ambos miramos a Anthony al revés — ¿Qué tal si se levantan del suelo y vienen a cenar? — su tono me dijo lo sorprendido que estaba y se abrieron de par en par cuando observo que ambos seguíamos cogidos de la mano.

Me levante con rapidez y ayude a la princesa tomándole ambas manos, caminamos hasta donde estaba Billy y aunque mi padre quiera ser discreto sentía la enorme presión de sus ojos en mi, se volvió más intenso cuando Maggie dulcemente me quitaba las ramitas que quedaron en mi cabello, quise aguantarme pero no pude y tuve que devolverle el favor sobretodo porque ella tenía un montón.

— ¿Y qué vamos a cenar? — pregunte para distraer a Anthony.

— Mi receta especial — quien me contesto fue Billy ya que estábamos lo suficientemente cerca para que nos oyera — espagueti con carne, trasmitida de generación en generación —

Maggie resoplo quitándose un mechón de cabello de la cara.

— dudo que la boloñesa exista desde hace tanto — la cara del viejo rey se descompuso y ante eso no pudimos hacer otra cosa que no fuera reírnos.

La casa del viejo rey estaba llena, a parte de nosotros estaba la familia de Harry su esposa era Sue que poco recordaba de las vacaciones que pasaba aquí y sus dos hijos, Lio era un año mayor que yo aunque se parecía mucho a Embry (estaba empezando a considerar que en la tribu tenían un molde para todos los chicos y chicas adolescentes) y en ningún momento soltó el teléfono de Billy, su hermanita pequeña llamada Beth solo tenía catorce y era hermosa al más puro estilo exótico de la tribu. No me costó mucho darme cuenta que absorbía cada palabra que decía Maggie, la idolatraba con la mirada.

Muchos tuvimos que comer con los platos apoyados en las rodillas, aquello era un parloteo cotico donde todos hablábamos al mismo tiempo y las risas que resultaban de cada chiste interrumpían las demás conversaciones, Anthony tenia puesto un ojo en mi a pesar de que estuviera apartado hablando con Maggie y Beth, nunca fingí nada, tampoco hablaba mucho pero sonreía bastante y de vez en cuando me reía de las tonterías de los demás.

Quisiera quedarme aquí siempre…

— ¿Volverás pronto a visitarla? — pregunto Anthony cuando estuvimos solos en la camioneta, a él lo había traído Harry.

— Mañana después de la escuela — admití — haremos la tarea juntos, no te preocupes —

— Más te vale, no quiero que el record académico de Maggie baje por tu culpa — intento a que sonara como una reprimenda pero no lo consiguió muy bien.

— ¿Qué tal le va en la escuela? — pregunte curioso.

— ¿No lo sabes? —

— ella dice que va bien, pero solo eso —

De reojo mire que Anthony sonreía.

— Billy no para de decir que es la número uno — soltó una leve risa — sobre todo con los números, se le dan bastante bien — eso me sorprendía aunque no sé porque, me estaba empezando a acostumbrar que la princesa sea excelente en todo — ¿Y qué hicieron hoy? — resulto fácil responder, le conté casi toda la verdad.

Cuando llegamos a la casa hice mil maromas para no subir a mi habitación, cuando ya no había nada que hacer decidí mirar el correo, tenía uno reciente de Lizzi y como miles de los chicos, antes solo necesitaba contestarle a mi madre  pero ahora todo me deja un mal sabor de boca ¡Vaya amigo que era! Con un suspiro decidí posponer eso unos días más, la verdad era que no quería pensar mucho en ellos, estaban asociados con recuerdos que no quiero revivir y no estaba listo todavía.

Pero después que leí el de mi madre desee haber pospuesto ese también. Me hablaba como si estuviera reportando los acontecimientos para un periódico y no para su hijo, se me estrujo el estomago de solo imaginarme a mi bella y disparatada madre escribiendo algo tan frio y soso.

Tenía que arreglar eso.

Le conté todo los acontecimientos recientes, de cómo era Maggie y lo fascinado que me tenia, de la reunión en la casa de Billy ¡Hasta de la historia del enorme oso que escuche en el trabajo! solo porque quería llenar y llenar más paginas a ver si con eso lograba animarla por todos estos meses en que la había preocupado. Termine mandándole saludos a Charlie y le prometí que cuando hubiera un buen clima obligaría a Anthony a que fuera conmigo a la playa para así mandarle fotos.

Me acosté solo con mi ropa interior y casi que con miedo sentí como toda la calidez de a presencia de Maggie se iba diluyendo como si fuera neblina, empecé a entrar en pánico sabiendo que el tiempo que estuve con ella (donde fui feliz de manera superficial) no me apartaría de las garras del horror esta noche.   

Desperté cuando caí al suelo enrollado en las sabanas.

Anoche fue diferente, en mi pesadilla estaba Sam Uley y no dejaba de mirarme con hostilidad como si tuviera un secreto y no quisiera que me enterara, fue un gran cambio y me pareció bien ¡Por fin cambio algo! Pero me preguntaba porque, era extraño, él solo se quedaba ahí sin hacer nada, observando mi desesperación.

Anthony no dejo de vigilarme durante el desayuno, aunque estaba comiendo bien supuse que pasarían semanas antes de que el proclamara que estaba curado, yo también tenía mis recelos. Dos días no eran ni un poquito suficientes, pensaba en eso constantemente para evitar que me molestara.

En la escuela fue justo lo contrario, cuando yo estaba prestando atención nadie me observaba, recuerdo haber deseado esto, incluso los profesores pasaban la vista de mi asiento como si allí no existiera nadie. La clase con Mike fue todo un acontecimiento, no me hablo incluso cuando yo le salude primero solo me dedico una mirada sospechosa y regreso a mirarle las piernas a una chica que estaba en la puerta, supongo que no tenía la paciencia suficiente para tratar con un chiflado. La mesa del almuerzo estaba llena, varias caras que conocía estaban ahí aunque no sabía si es que eran la primera vez o ya era costumbre de todos los días, me estaba empezando a emputar conmigo mismo ¿Dónde coño estuve yo el último año? ¿Por qué no me acuerdo de nada?

Me siento como si acabara de salir de una cajita de bolitas de poliéster.

Migue la dona que tenía en busca de algún tema de conversación en cual incluirme, era preocupante solo el hecho de cuando me senté nadie levanto la vista para mirarme.

— ¿Dónde está Cheney? — le estaba preguntando Tyler a Eric, al parecer todavía seguían juntos, me alegraba por él. Pero por Tyler no sabía que pensar ¡El muy imbécil se rapo la cabeza! Tan rapada que su cráneo brillaba con la luz ¡Eso le quedaba de lo más horrible! Tuve que ocultar una sonrisa quizás el señor todopoderoso lo castigo y una mañana se levanto con la cabeza afeitada.

Aunque lo más seguro todas las personas que fueron víctimas de su idiotez se pusieron de acuerdo en hacerle ese desastre en la parte trasera del gimnasio.

— Contrajo gastroenteritis, con suerte se le pasara en unas veinticuatro horas — sonrío aunque estaba un poco tenso — su madre me echo a patadas de la casa esta mañana, se veía peor de lo que es por eso estoy aquí hoy — él sonrío y vislumbre que en cada uno de sus dientes tenía una diminuta pieza de ortodoncia en color rojo, no lo hacía ver mal aunque si él no me lo dice jamás sabré porque tuvo que colocárselos.

— ¿Qué hicieron ustedes este fin de semana? — pregunto Mike cambiando de conversación.

No me abre vuelto tan invisible que va a hablar de mi sin importarle que este pregunte ¿O sí?

— Íbamos de excursión el sábado pero Cheney se puso como loca así que abortamos — murmuro suspirando.

Eso no capto el interés de Mike y me pregunte qué clase de chica seria Cheney para que volverse loca fuera algo normal.

— ¿Cómo es que te puede controlar tanto? — no pude evitar resoplar ante la pregunta de Mike, la pobre chica no estaba loca simplemente era más consiente que las chicas con las que salía este idiota en cuestión.

Eric defendió su honor y el de su chica lanzándole una patada por debajo de la mesa.

— ¡Auch! — chillo sobándose la pierna afectada.

— Eres un idiota, te lo mereces — Eric puso los ojos en blanco pero con cierto aire tranquilo.

 No soy el único que se acostumbro a las estupideces de Mike.

— ¿Qué ocurrió Eric? — pregunto Tyler ignorando todo lo pasado, parecía realmente curioso.

— bueno…— él dudo — estábamos cerca de las fuentes termales hay un sitio ideal justo a un kilometro del sendero…—

— ¡Aja! ¡Fuiste a pegarte el lote! — se burlo Mike.

Eric le lanzo el tenedor con todo y albóndiga causando que chillara cuando mancho su camiseta gris.

—… entonces vimos algo cuando estábamos más o menos a mitad de camino — todos parecía prestar atención esta vez, incluso Mike — no sé qué era eso, parecía un oso, era negro aunque demasiado… grande —

— ¡Oh, no! ¡Cheney también! — Tyler gruño y sus ojos se volvieron burlones — Lauren intento hacerme lo mismo la semana pasada, no sé porque no se invento la menstruación o algo así, lo del oso es ridículo —

— Acéptalo, tú chica no quería estar contigo, es imposible ver a un oso tan cerca de un centro turístico — Mike se estaba riendo entre dientes mientras decía aquello.

— Lo vimos de verdad — protesto Eric — ¡Y no todo es sexo en esta vida! ¡Imbéciles! —

— ¡Bah! — Tyler agito su mano quitándole importancia al asunto.

Me irrite porque Eric era una de las pocas personas decentes que quedaban en el mundo y estaba solo con este par de descerebrados.

— En realidad tiene razón en ambas cosas — intervine de mal humor — uno, no todo es sexo esa es la primera causa de que la mayoría de los chicos sean abofeteados por las chicas y lo segundo es que lo del oso no solo lo vio Eric, un mochilero la semana pasada aseguro haberlo visto, que era enorme y negro, lo encontró justo afuera de la ciudad ¿Verdad Jessica? — mire hacia donde estaba ella.

Hubo un momento de silencio, todos los ojos de los presentes estaban mirándome impresionados, incluso la chica nueva y pelirroja se quedo con la boca abierta.

Sus miradas me decían que había sucedido alguna clase de explosión.

— ¿Jessica? — Pregunte al ver que nadie se movió — ¿Te acuerdas del tipo ese? —

— claroclaro — soltó tan atropelladamente que junto las palabras — digo, claro que si — continuo cuando se recobro — el tipo que lo vio dijo que era más grande que un oso pardo justo al comienzo del sendero — echo su cabello hacia atrás aun mirándome sorprendida.

Suspire yo hablaba con ella en el trabajo ¿O no?

— ¿Ya le contestaron de la USC? — Tyler rígido cambio de tema volviéndose hacia Mike y todos quitaron su atención de mí.

Jessica y Eric me miraron con pequeñas sonrisas, yo se las devolví.

— ¡Bro! — saludo alzando el puño por encima de la mesa, se lo golpee pero aun así me tomo de la mano, como queriendo saber que tan bien estaba.

— ¡Bro! — respondí y él sonrío ampliamente, era fácil tratar con las personas mientras que estas fueran como Eric.

— Edward — me llamo Jessica con cautela — ¿Qué hiciste el fin de semana? — le dedique una sonrisa pequeña tratando de relajarla, eso pareció funcionar un poco aunque su mirada seguía extrañamente precavida.

No me paso desapercibido que todo el mundo me estaba mirando, estaban esperando mi respuesta.

— Mike y yo fuimos el viernes por la noche a un club nuevo en Port Ángeles, el resto del fin de semana fui a la Push — las miradas iban y venían entre Mike y yo, él estaba irritado así que lo más seguro era que no quería contar la historia.

— ¿Qué hicieron? — ahora Jessica empezaba a agarrar valor.

— Beber, escuchamos una banda y jugamos billar —

— Le patee el trasero en el billar — se jacto Mike sonriendo.

Jessica se rio.

— ¿Cierto? — pregunto deseosa de seguir con la conversación.

— bastante, me gano por mucho aunque esa es una porquería de club, olía tan mal que se me fue la cabeza —

Eric hizo una mueca mientras asentía.

— Escuche que ahora gozan de mala reputación — añadió Jessica arrugando la nariz.

La rubia no paro de hacerme preguntas en el almuerzo y poco a poco cada integrante de la mesa volvió a su conversación, Eric y Jessica pasaron todo el rato hablando conmigo, cuando la chica se fue corriendo porque llegaba clase y me dedicaba una última mirada ansiosa Eric me siguió cuando me levante a tirar la basura de la bandeja.

— Acabas de poner ansiosa a Jessica — Eric se rio — le toca gimnasia, por fin ya no escucharemos al entrenador quejarse de ella —

— Oh, cállate — lo empuje por el hombro provocando que volviera a reír.

— Gracias — murmuro cuando ya estábamos lejos de la mesa.

— ¿Por qué? —

Se encogió de hombros.

— por intervenir —

Sonreí un poco.

— no hay de que —

— Gracias de nuevo —

— ¿Y ahora por qué? —

Miro el piso, con el rostro ruborizado.

— porque sé que no soy el único chico que piensa que no todo es sexo —

Esta vez no pude evitar reírme un más fuerte, se sentía bien reír, no tanto como cuando estaba con Maggie pero aun así era refrescante.

— Oye… — lo mire y note que me estaba evaluando, pero no en plan de que so volvió malditamente loco — ¿Éstas bien? —

Ese era el motivo por el que escogí a Mike, este chico era demasiado perceptivo y buena persona como para que un lunático como yo se sienta bien en su presencia.

Mire hacia adelante, tenía una pequeña sonrisa en los labios pero no dije nada, él sabría comprenderlo.

— es algo ¿No? — cuchicheo colocando una mano en mi hombro.

— Si — suspire — es algo —

— Oye…— lo volví a mirar y me dedico una sonrisa brillante y no solo por los aparatos que cargaba en su boca — hacías falta bro — asentí empujándolo de nuevo con mi hombro provocando que riera.

Alguien choco mi hombro y no de buena manera.

— ¡El fenómeno regreso! — escuche como se burlaba Tyler, Mike lo seguía como perrito faldero.

Puse los ojos en blanco.

— Imbéciles — me queje.

— Idiotas — escuche que decía Eric.

Era como si hubiera retrocedido en el tiempo.

— ¿Qué día es hoy? — pregunte súbitamente.

— diecinueve de enero —

— ya —

— ¿Qué pasa? — inquirió curioso.

— ayer cumplí un año aquí —

— Nada ha cambiado — murmuro él viendo al par de tontos que estaban por delante de nosotros.

— Eso estaba pensando — musite despidiéndome.

Pero no era cierto… hace un año ella estaba aquí… hace un año yo no era yo… Hace un año todo cambio para mí.

Capítulo 5: Capitulo 5 Capítulo 7: Capitulo 7

 


 


 
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