Amantes Inocentes

Autor: jaedbellsnessi
Género: Romance
Fecha Creación: 19/09/2016
Fecha Actualización: 21/12/2018
Finalizado: NO
Votos: 2
Comentarios: 3
Visitas: 5032
Capítulos: 11

Edward ha vivido el peligroso amor de Isabella, pero esta vez no sera así, ella lo deja en un intento de salvarle la vida y nuestro chico encuentra a la Princesa Quileutes que felizmente tratara de ocupar un lugar en su corazón ¿Lo lograra?... Continuación de Cambio de Roles ¡Espero que les guste! Adaptación de la novela de Meyers, Luna Nueva.

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Capítulo 5: Capitulo 5

Capitulo 5

Era una tarde sin mucha actividad en el local de los Newton.

Me encontraba mirándome las manos que jugaban con los números de la caja registradora, las fuertes voces junto a las risotadas me hicieron alzar la vista, la cabellera llena de rizos de Jessica se notaba a penas entre el montón de accesorios para excursionistas que cargaba encima. Dos hombres con trajes de leñadores habían venido a surtirse y mientras se tomaban un respiro para hablar de sus anécdotas, la rubia casi corrió hasta donde me encontraba.

— ¡Eh, Edward! — Me llamo — si quieres vete, no me importa quedarme sola — corrí a ayudarla porque estuvo a punto de caerse de tantas cosas que cargaba en las manos — gracias — sonrió soltando un suspiro.

No había conseguido drogarme por lo que todo me parecía tan cercano y ruidoso. Me senté en la caja registradora y comencé a facturar, quería sacarme la conversación sobre osos gigantes de más de dos metros que el excursionista pelirrojo juraba haber visto, sin éxito claro. Jessica corrió de nuevo a recibir las cosas que cargaban en las manos y facturarlas enseguida.

— enserio Edward — murmuro ella buscando para anotar sus ventas, la señora Newton nos obligaba a hacerlo para saber quien vendía más y a  quien debía darle un bono — cuando esos dos terminen, echare el cerrojo — solté un suspiro, agarrando la mochila del suelo.

— ya que insistes… —

— ¡Jess! ¿Terminaste? — pregunto el hombre que tenía como una especie de concha en la piel de la cara.

— Está bien — me tranquilizo Jessica seguramente al ver la cara que puse al verlos — de vez en cuando se pasan por aquí, ya los eh visto —

Asentí.

— Te veré el lunes — murmuré.

— pero es cierto, no era nada en comparación con es bestia, si en cuatro patas era más grande que tu, negro como la tinta, voy a ver si le digo al guarda forestal…— las puertas se cerraron llevándose la voz excitada del pelirrojo.

Corrí a la camioneta tratando de evitar el chaparrón que caiga afuera, la lluvia sonaba escandalosa pero el rugido del motor cuando lo encendí apago todo sonido del exterior.

No quería volver a la casa vacía, la noche anterior había sido espantosa y no era de esos chicos masoquistas por lo que intentaba por todos los medios evitar esa escena, aunque nunca terminaba, ni siquiera cuando disminuía lo suficiente como para que pudiera dejarme dormir. Luego de eso venían las malditas pesadillas. Siempre las había tenido, pero ahora eran cada noche, lo que más odiaba es que no eran pesadillas en general, sino una sola pesadilla que era siempre la misma. Se supone que todos tiene que aburrirse después de meses de lo mismo, pero yo no, siempre sentía lo mismo y me despertaba gritando en medio de la noche. Anthony ya se acostumbro, al principio corría a mi habitación con pistola en mano a balear a cualquier intruso a su paso, después se compro tapones para los oídos.

Lo más patético del asunto es que mi pesadilla no daba miedo. Ninguna puñetero zombi o algún tipo de monstruo, ni siquiera alguien con un machete que dijera ¡Buuu! En realidad no era nada, solo era un interminable vacio lleno de arboles dispuestos en forma de laberinto que servían para crear una prisión ensordecedora, tan llena de silencio que aturdía, yo siempre estaba corriendo frenético tratando de alcanzar algo (era el punto donde más deseaba despertarme pero jamás lo lograba) pero nunca lo conseguía y era entonces cuando llegaba el vacio donde no había nada para mi, donde todo era lúgubre y desértico. Era total y absoluta nada… entonces despertaba gritando.

Cruce en una dirección que no sabía que me había metido, trataba de evitar la casa pero no tenía ningún lugar a donde ir, me fuera gustado volver a estar drogado, pero no conseguía recordar como llegue a ese estado, seguía sin olvidar la pesadilla ni todo aquello que me hacía daño, tampoco quería acordarme del bosque. Detuve la camioneta a un lado y me abrace el torso tratando de mitigar el dolor del hoyo sangrante en mi pecho.

Será como si nunca hubiera existido… solo eran palabras en mi mente sin la claridad perfecta del día anterior, era como si las leyera de un libro pero aún así esas putas seis palabras provocaban que me retorcieran del dolor.

Me incline hasta colocar la cara en el volante e intente respirar.

Me preguntaba cuánto duraría esto, si quizás en algunos años cuando la pena y el dolor disminuirían lo suficiente podría mirar hacia atrás y recordar todo lo malditamente afortunado que fui en esos pocos meses, estaba seguro que me sentiría agradecido por todo lo que me dio sin yo merecerlo y era más de lo que yo había pedido. Quizás algún día ocurra eso.

Como si nunca hubiera existido… ¡Eso es ser demasiado imbécil! ¿Cómo se le ocurría si quiera pensar que con llevarse las fotos y los regalos todo sería como antes? ¿Qué cabeza sensata pensaría de esa forma? ¿O tendría que decir cruel? Todo lo importante era la evidencia física, en realidad era lo único malditamente importante en esta complicada ecuación.

Yo había cambiado, mi interior se había alterado.

Todo es tan distinto hasta llegar al punto de ser irreconocible, incluso mi exterior parecía distinto, tenía el rostro cretino, pálido, huesudo y con las enorme ojeras producto de las pesadillas. Empecé a golpearme la cabeza con el volante, mientras intentaba apartarme de la mente ese dolor tan insoportable.

Como si nunca hubiera existido… ¡Vaya mierda! ¡Eso es una enorme mierda! ¿Cómo se atreve a hacer una promesa que inmediatamente se rompió? ¿Cómo se le ocurrió prometer algo que no va a cumplir? Entonces me detuve en seco… pensar en todo eso me hizo ver que estaba siendo ridículo. ¿Por qué tendría que honrar yo una promesa que la otra parte había violado? ¿A quién le importaba si yo era estúpido y temerario? ¡No! ¡No había ninguna jodida razón para que yo no lo fuera! Entonces empecé a reírme torpemente por la falta de aire, la sola idea de encontrar peligros en Forks era deprimente.

Mi depresión sirvió para que me distrajera, logre que el dolor disminuyera y así poder reclinarme en el asiento, me sumergí en pensamientos deprimentes en vez de dolorosos, estaba lleno de posibles ideas tratando de encontrar algo que hacer en un pueblito como Forks, en mi absurda cabeza paso la idea de que me sentiría menos como mierda si no respetaba algo que estaba roto… ¿Pero cómo? Forks ahora más que nunca es lo que siempre pareció, seguro y aburrido.

Mire fijamente el parabrisas pensando en posibles ideas que eran todas de la misma magnitud de patéticas, logre cruzar los brazos y mantenerme allí hasta que la lluvia aminoro lo suficiente para dejarme ver por el parabrisas, sabía en qué calle estaba y era muy consciente de que bloqueaba el paso para el garaje de la casa, intente concentrarme en irme porque ahora era yo el peligroso vagabundeando por ahí herido y medio psicópata. Estuve a punto de agarrar la palanca cuando vi un cartel en la casa que reconocí como la de los Marks. En realidad solo era un trozo de cartulina con letras mayúsculas y negras. Justo en ese momento dejo de llover por completo y me imagine los ángeles cantando ¡Aleluya!

A veces la voluntad divina se cumple.

Quizás no era voluntad divina, sino que había muchas maneras de ser arriesgado solo tenía que abrir bien los ojos. Aunque también es poco probable que las motocicletas que estaban debajo del cartel donde rezaba: SE VENDEN TAL COMO ESTAN, sirva para otra cosa que no sea chatarra, pero estaban justo donde yo necesitaba, en el momento oportuno y fue suficiente para saltar del camión, comencé a andar hacia lo que Anthony describiría como algo temerario y estúpido.

Mi padre todos los veranos que iba a visitarme le hacía prometer a Lizzi que jamás me dejaría montarme en una moto, su terror estaba bien infundado ya que por ser policía de un pueblito pequeño no tenía mucha actividad con ladrones pero si con accidentes de tránsito y la mayoría eran de jóvenes montados en moto que desgraciadamente no supieron maniobrar en las calles húmedas y mojadas de Forks.

Aunque aprendí a conducirlas gracias a Ethan que tiene una fantástica Harley la única vez que se la mostré a Lizzi estuve una semana castigado sin cenar, además de videojuegos y tabla de surf incluyendo mi transporte de cuatro ruedas, básicamente fue un exilio ¡Ni siquiera me dejo ir a la escuela! Con lo que yo amaba el sol y el cielo despejado, estar encerrado fue una tortura, después que paso todo me hizo prometerle (Anthony también tuve que prometérselo ese mismo día cuando me llamo) que más nunca conduciría una moto, generalmente planeaba romperla cuando estuviera fuera de su control y en una universidad lo bastante lejos como para no atormentar a ninguno  de los dos… pero ahora era diferente… había mantenido tantas promesas… odiaba tanto ser un estúpido chico bueno…

Toque el timbre con una nueva resolución.

Quería ser el chico malo, el que es estúpido y osado, el que nadie le dice que hacer y mucho menos se conforma con una camioneta que va a menos de 100km/h, también quería estar enojado y romper promesas ¿Por qué conformarse solo con una?

— ¿Edward Mesen? — el chico era uno de los novatos del instituto y su cabeza rubia a penas si me llegaba por el pecho, no lograba acordarme de su nombre.

— ¿Cuánto por la moto de afuera? — pregunte agitando el pulgar por encima de mi hombro.

— ¿De verdad? — Asentí seriamente — no funcionan bro — alce una ceja porque eso era obvio y él se rio entre dientes — ya que insistes puedes llevártelas, mi madre hizo que papá las sacara a la calle para que las recojan como basura, el cartel es solo un intento de chiste —

— ¿Seguro? —

— ¿Le preguntamos? —

Lo mejor sería no involucrar a nadie que pudiera decirle a Anthony por ahora me conformaba con ser un chico malo a escondidas.

— te creo —

— te echo una mano, pesan —

— gracias, pero solo necesito una —

— sería mejor si te llevaras las dos, podrás aprovechar las piezas de la que no uses —

Sonreí un poco porque eso era una buena idea.

El niño me ayudo a montar las dos a la camioneta, parecía deseoso de desprenderse de ellas y bastante agradecido conmigo, así que de la guantera saque diez dólares y se los pase.

— ¿Para mí? — Sonrío — ¡Gracias! — Me subí de un salto y antes de cerrar la puerta me la detuvo con la mano — Oye bro, ¿Qué harás con las motos? No han funcionado en años —

— Me lo imaginaba, tal vez Dowling — murmure pensativo hasta estos momento no me había detenido a pensar sobre eso, claro podría hacerlo yo pero me tomaría meses yo sabía algo de mecánica, más no de reconstruir algo casi desde el inicio…

— Dowling te cobrara más de lo que valen…—

— ¿Sabes qué? Tengo un plan — lo interrumpí cuando la repentina iluminación llego como un rayo — conozco a alguien — sonrío aliviado y extendió el puño para que se lo chocara, lo hice.

Era un buen chico.

Hice rugir el motor tratando de que fuera más deprisa, no quería que Anthony llegara primero por alguna loca y remota posibilidad de que su esposa y otro hijo lo corran más temprano que de costumbre. Atravesé el porche delantero y deje abierta la puerta mientras me precipitaba al teléfono.

 

— con el jefe Mesen, por favor — dije cuando su ayudante contesto el teléfono — soy Edward —

— ¿Paso algo Eddie? — su voz atragantada se escucho al otro lado de la línea, sonreí un poco.

— Traga primero papá, no paso nada, estoy bien — suspire buscando un bolígrafo y papel — necesito la dirección de los Black —

— ¿Y eso para qué? —

— quiero visitar a Maggie, hace meses que no la veo y estoy aburrido —

— ¡Eso es una estupenda idea! ¡Anota, anota! — cuando empezó a darme la dirección su voz sonaba excitada y feliz.

Cada vez que esto ocurría demostraba que era un pésimo actor.

La casa de Maggie no era ningún castillo, pero era bonita, de madera roja y pequeña. La cabeza de la princesa se asomo por una de las ventanas antes de que incluso yo bajara de la camioneta, eso se debía por supuesto al estruendoso sonido que alertaba a todo el mundo.

— ¡Ed! ¡Tiempo sin verte! — salió trotando hasta que dio un salto hacia a mí, abrí los brazos y la ataje sintiendo como toda su alta figura me abrazaba — ¿Cómo has estado? — su voz fue amortiguaba por sus brazos encima de mis hombros.

— ¡Hola princesa! — le devolví el abrazo con el mismo nivel de entusiasmo que desconocía de donde venia, sonreí con ganas — bastante bien, gracias — se separo para alborotarme el cabello con ambas manos quitándome la capucha en el proceso, sentí como si algo encajara en su lugar con un clic.

Era como dos piezas que se acoplaban en un rompecabezas.

— La onda oscura no va contigo Ed — me regaño dulcemente abriendo el abrigo oscuro y revelando una camisa gris plomo que cargaba debajo.

— ¡Mierda! se me olvida que no eres de las que respeta el espacio personal — su brillante sonrisa me hizo otra vez sonreír… solo porque que me gustaba sonreírle.

— ¿Todavía no superas lo de ese día? —

— ¡Querías matarme! — la acuse.

— ¡No seas una nenita dramática! —

— ¿Yo nenita? ¿Te parece poco haberme robado la ola? — pregunte tratando de parecer indignado.

— ¡Oh Dios! No puedo creer que caigamos en esto de nuevo — se quito el cabello de la cara con un brusco movimiento — te ordeno que dejes de pensar en eso — me apunto con un dedo mirándome desafiante.

— no eres mi princesa —

Ella sonrío con picardía.

— estas en mis tierras plebeyo, tienes que hacer lo que diga —

Alce las manos en señal de derrota.

— ¡Touch! —

Soltó una risita divertida y eso me hizo recodar cuanto me gustaba Maggie Black.

Ella había cambiado mucho durante estos ocho meses, ahora estaba de la misma altura que yo pero su cuerpo era más voluptuoso, esbelto y definido en los lugares correctos, la suavidad de un rostro aniñado ya no existía sus pómulos se habían afilado lo que hacía resaltar sus exuberantes labios y ojos con pestañas de plumero, aunque no había perdido la dulzura que recordaba, su cabello caía como dos cortinas de satín negro hasta en final de su trasero, me sorprendí porque la última vez que la vi apenas le llegaba por la cintura. 

— ¡Creciste! — dije asombrado.

— ¡Gracias! — dio una vuelta haciendo bailar a su cabello y ensanche mi sonrisa.

— ¿Cuándo vas a parar? — Sacudí mi cabeza a ambos lados — estas hecha una Miss Princesa Nativa — puso los ojos en blanco, quitándole merito a mi cumplido y yo nunca digo cumplidos porque si.

— ¡Bah! — Agito una mano — estoy hecha un esparrago, pero vamos entra para que saludes a mi papá — señalo el camino por encima de su hombro.

Camine detrás de ella mirando cómo se recogía el largo cabello en un complicado moño encima de su cabeza, algunos mechones quedaron dispersos alrededor de su rostro pero no parecían molestarle.

— ¡Papá! — Grito traspasando la puerta — ¡Mira quien está aquí! —

El viejo rey puso el libro que cargaba en su regazo e impulso su silla de ruedas hacia nosotros.

— ¡Hola Edward, que sorpresa! ¿Qué te trae por aquí?— nos dimos la manos — ¿Todo bien con Anthony? —

— Fenomenal, solo quería venir para saludar a Maggie — cuando dije eso los ojos de la princesa relumbraron con intensidad, además sonreía tanto que podría romperse las mejillas en algún momento.

— ¿Puedes quedarte a cenar? — negué con la cabeza sonriendo — ¡Oh vamos! Podría decirle a Anthony que venga — él también parecía entusiasmado por mí presencia.

— No, no puedo hoy, pero estate tranquilo regresare pronto, tanto que terminaras por echarme de tus tierras — después de todo si Maggie accede a mi estúpido y temerario plan tendríamos que hacerlo lejos de los radares de Anthony.

— Bueno, la próxima vez será — asentí y se disculpo para irse a su habitación.

Maggie me miro expectativa.

— ¿Qué quieres que hagamos? — pregunto ella.

— Lo que sea — me encogí de hombros — ¿Qué ibas a hacer antes de que apareciera de la nada? —

— trabajar en mi coche, pero podemos hacer lo que sea que quieras…—

— ¡No! ¡Eso está bien, quiero verlo! — asintió y caminamos hacia el garaje.

Me sorprendió lo cómodo que me sentía allí, era un recuerdo familiar pero de forma distante, no había recuerdos dolorosos del pasado reciente. Camine detrás de Maggie pasando por la maleza y árboles que ocultaba el garaje a la vista de la casa, era pequeño y cómodo, dentro tenía el Volkswagen que parecía completo.

— ¿De qué año es? —

— 1986, un clásico —

Sonrío orgullosa.

— ¿Y cómo van los arreglos? —

— está casi terminado —

— ¡Qué bien! —

— Mi padre mantuvo su promesa de la primavera pasada — murmuro en voz baja, apartando la vista de mi rostro.

— Mmm — dije yo sin emoción.

Todo ese intento la primavera pasada fue innecesario, ahora estaba totalmente a salvo pero yo iba a ver qué podía hacer para cambiar eso. 

— Princesa ¿Sabes algo de motos? —

Se encogió de hombros.

— algo —

— bien… veras…— vacile dudando si mantendría la boca cerrada — hace poco compre un par de motos y están hechas mierdas, necesitan una buena mano de reparación casi desde el inicio y mis conocimientos de mecánica son básicamente de principiantes — tome un respiro ante sus ojos abiertos de par en par — pensé que tu serias la única capaz de ponerlas a andar — 

— Oh… bueno — bajo la vista con su rostro tornándose rojo brillante — genial, podría echarles un vistazo — su rostro resplandecía y parecía halaga por el reto.

— la cosa es… es un secreto — balbuce atropelladamente — Anthony no puede enterarse, odia las motos y le daría un ataque, eso sin contar a mi madre que sería capaz de cruzar el mundo para venir a entrarme a palos —

Sus ojos se volvieron a abrir de par en par, sorprendida.

— ¿Qué? —pregunte a la defensiva porque sabía que venia después de esa reacción.

Eran la misma que me daban Ethan y Kellan porque a ellos tranquilamente los dejaban conducir una moto desde los quince años.

— ¿No te dejan? —

Me cruce de brazos frunciendo el ceño.

— Son peligrosas — masculle de mal humor.

— ¡Vamos Ed! ¡Es imposible! ¿Cuántos años tienes? —

— dieciocho, gracias —

— ¿Dieciocho? — Su cuerpo empezó a temblar levemente — ¿Dieciocho y todavía eres el bebé de la casa? —

— ¡Mira tú…! — mi advertencia murió en mi labios cuando estallo en carcajadas.

Me moría de vergüenza pero aun así me mantuve impasible, después que dejo de retorcerse de la risa cogió una llave y se inclino dentro del motor de su auto.

¿Por qué me toco un padre policía? ¿Era muy difícil que fuera una estrella del Rock o un mago?

— así que eres un chico bueno ¿Eh? — Apreté mis dientes hasta el punto de dolerme me estaba sorprendiendo cuanto odio le tenía a esas dos palabras — tienes suerte soy la princesa que conduce cualquier cosa desde los catorce años y va a rescatarte — dijo ella en tono presumido y juguetón.

Algo dentro de mi dolió un poco… creo que fue mi fantasmal orgullo.

— ¡No por favor! — Me queje indignado — ¡Deja de decir cosas como esas o serás la última vez que veras mi cara! — amenace en plan de chico malo.

— ¿Y quién te ayudara a reconstruir las motos? — miro por sobre su hombro y sonrío ampliamente, me desarmo pero no se lo hice ver ¿Por qué tenía que toparme con mujeres con talentos extraordinarios?

Me sentía como un hombre inútil.

— No serás tú, si sigues diciendo esas cosas — murmure con el ceño fruncido.

— ¡Vamos Ed! Deja de ser tan gruñón — me pico el ojo — tampoco me dejaban, pero eso es uno de los pocos beneficios de tener niñeros del sexo masculino — trato de apaciguar mi irritación y su sonrisa hizo que terminara por sonreírle un poco.

— también ser una princesa rebelde —

— ¡Claro! ¿Acaso parezco de las que usan zapatillas de cristal? — me pregunto enderezándose hasta apoyar el codo contra el auto y colocarse la mano con la llave en la cadera.

Mirándola bien parecía algo… abstracta.

Era lo suficientemente femenina para ser de la categoría de las chicas, pero tan masculina que solo con verla te dabas cuenta que podía patearte el trasero si a ella le daba la gana. Supongo que tenía razón al decir que había más de un beneficio de criarte en un entorno de puros chicos.

— ¿Entonces aceptas el trato? —

— De acuerdo — sonrío — acepto —

— Te pagare — anuncie y eso la ofendió.

— Por supuesto que no aceptare que me pagues — se cruzo de brazos haciendo morritos enojados.

Suspire.

— ¿Qué te parece un trato donde salgamos ganando los dos? — Continué improvisando sobre la marcha — tengo dos motos y necesito una sola ¿Podrías aceptar la otra? —

— ¿Cómo parte de pago? —

— Como obsequio de agradecimiento — sonreí de la forma más angelical que pude parecer.

Ella se lo trago.

— ¡Genial! — Hizo el gracioso baile de la victoria que la hacía ver tan mona y divertida — ¡Ya tengo la edad legal, así que podre conducirla! —

— oye… espera… ¿No tendrás problemas por manejar una maquina mortal siendo la princesa de la Reservación? —

Me dedico una sonrisa traviesa.

— ¡Exacto! —

— Eh creado un monstruo — ella rio — lamento perderme tu cumpleaños —

— Ándate tranquilo, yo también me perdí el tuyo — agito una mano restándole importancia — ¡Oye! ¡Se me acaba de ocurrir una excelente idea! — chillo entusiasmada.

— Adelante — murmure.

— ¡Podríamos hacer una fiesta compartida para celebrarlo! — volvió a chillar y yo resople con desdén.

— ¿Y darnos las motos como auto regalo? — pregunte de forma sarcástica.

No sé si quiso ignorar mi tono o le vale mierda mi aptitud, aunque con ella presentía que era la segunda opción.

— ¡Eso sería perfecto! — su voz contenía entusiasmo y excitación, en definitiva era la segunda opción — suena como una cita ¿No te parece? — sus ojos alumbraban como dos estrella en el cielo nocturno.

Hice una pausa y me patee mentalmente.

Necesitaba controlarme para no infundirle una idea equivocada a la no tan pequeña princesa, pero me resultaba tan difícil porque desde hace tiempo no me sentía vivo, no de la manera para tener miedo pero si de la manera para sentirme ligero y sereno.

— Cuando terminemos las motos — dije al fin cediendo ante su entusiasmo, sonreí un poco — ¿Te parece? —

— Trato hecho — me extendió la mano y no las estrechamos — ¿Cuándo me las traes? —

— ¿Sería muy grosero si te dijera que las tengo en la camioneta? —

— ¿Grosero? — Agito la cabeza mientras caminaba hacia afuera — esa es una las mejores ideas que tendrás en tu vida —

— ¿Nos vera Billy? — murmure como un idiota pensando que desde aquí podía escucharme el viejo rey.

Ella me miro con una sonrisa traviesa por encima de su hombro.

— Seremos astutos — me giño un ojo.

Caminamos actuando de forma casual solo por si acaso, llegamos a la camioneta y cuando empecé a bajar la moto lo más rápido que pude ella hizo lo mismo con la otra, estaba a punto de ordenarle que dejara eso donde estaba cuando descubrí que era tan fácil para ella cargarlos como lo es para mí cargar una caja.

Si no estuviera sosteniendo una estuviera seguro que no pesan nada.

— Está no esta tan mal — dictamino Maggie mientras empujaba la moto hacia los árboles — valdrá algo cuando la terminemos… ¿Por qué me ayudaras, verdad? — pregunto dudando, recordando que no hablamos nada de eso en nuestro trato.

— por supuesto que sí, no se tanto como tu pero sería un excelente ayudante — de inmediato me entusiasmo la idea de tener algo que hacer — además esa será para ti —

— ¿Enserio? —

— ¿Me ves cara de mentiroso? —

Miro fijamente mi rostro y para hacerlo más dramático cerró un ojo.

— Nop… no la tienes, aunque cara ángel te encaja mejor — eso hizo que apartara la vista bruscamente — esa que cargas en las manos, si que valdrá un poco más — no sabía detectar que nivel de vergüenza y diversión se escuchaba en su vos, pero había bastante de las dos.

— De acuerdo — murmure.

— Tendremos que ahorrar dinero — de reojo vi como hacia una mueca al mirar el metal ennegrecido.

— No te preocupes por eso —

¡A la mierda la universidad! Grite en mi cabeza.

— Tengo mi microscópico fondo para la universidad que de todas maneras no serviría para ingresar a ninguna — continúe y me importaba un pito gastarlo, al fin y al cabo no planeaba irme de Forks.

— Edward estas lleno de grandes ideas — dijo con voz solemne.

Para Maggie era como si engañar a nuestros padres, agarrar el dinero destinado a mi educación y construir ataúdes en dos ruedas, fuera lo más racional y lógico que se me pudo haber ocurrido en toda mi vida. Solo a un adolescente le parecería perfectamente coherente… sonreí hasta casi partirme las mejillas.

Maggie Black era un regalo del Dios de los Chicos Buenos Que Quieren Ser Malos.

 

Les deseo lo mejor como ser esa princesa que Edward necesita para que lo rescaten.

 

Capítulo 4: Capitulo 4 Capítulo 6: Capitulo 6

 


 


 
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