Amantes Inocentes

Autor: jaedbellsnessi
Género: Romance
Fecha Creación: 19/09/2016
Fecha Actualización: 21/12/2018
Finalizado: NO
Votos: 2
Comentarios: 3
Visitas: 4438
Capítulos: 11

Edward ha vivido el peligroso amor de Isabella, pero esta vez no sera así, ella lo deja en un intento de salvarle la vida y nuestro chico encuentra a la Princesa Quileutes que felizmente tratara de ocupar un lugar en su corazón ¿Lo lograra?... Continuación de Cambio de Roles ¡Espero que les guste! Adaptación de la novela de Meyers, Luna Nueva.

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Capítulo 4: Capitulo 4

Capitulo 4

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Octubre

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Noviembre

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Diciembre

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Enero

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El tiempo pasa, aunque duela como el infierno arde, pero pasa… incluso para mí.

Anthony cerró la puerta del frente de golpe.

— ¡Ya basta Edward! ¡Te vas a casa! — grito quitándome la mochila del hombro.

Lo mire confundido, no había atendido a lo que estaba hablándome mientras salíamos, es más ni siquiera era consciente de que él me estuviera diciendo algo, por lo que no estaba seguro del porque de su arrebato.

— ¿Cómo dices? — pregunte.

— Voy a enviarte con Elizabeth, a Los Ángeles — aclaro él exasperado.

Me tomo unos segundos comprenderlo.

— ¿Qué eh hecho? — con esa simple pregunta toda la sangre que tenía Anthony en el cuerpo se le subió al cerebro y la vena de la sien empezó a palpitar.

No entendía, mi comportamiento había ido sin problemas durante los últimos cuatro meses, después de esa primera semana que ninguno de los dos mencionaba, no había faltado a la escuela, iba al trabajo y nunca rompía el toque de queda, aunque no hubiera un toque de queda que romper porque no salía para ningún lado.

— Es que no haces nada, ese es el problema — me apoye en la pared detrás de mí, me sentía cansado físicamente por todo el esfuerzo que estaba haciendo para mantener la atención.

— No entiendo — murmure alzando las cejas perplejo — ¿Quieres que consuma droga y ande con una pandilla? —

— ¡Consumir y una pandilla sería mejor que… que arrastrarse de una lado a otro todo el tiempo! — Grito a todo pulmón — ¡Preferiría tener que meterte a la cárcel en vez de recordarte que tienes que comer! —

Mire hacia otro lado.

— no sé de qué estás hablando —

— Sorprendente es que supieras de que hablo — cerré los ojos con pesar, me había esforzado para evitar cualquier manifestación de taciturnidad, eso incluía no arrastrase y comer sin que me lo recuerden.

— Yo no me arrastro y como bien — masculle tratando de quitarle la mochila para irme al colegio, no me lo permitió, en vez de eso me tomo del brazo y me arrastro a la cocina — ¡Suéltame! — solté tropezándome con mis pies.

— ¡Come! — grito la orden mientras me sentaba de golpe en la silla que estaba frente a la mesa.

Había demasiada comida, por lo que sospechaba que él no la había hecho, me cruce de brazos importándome menos haber quedado desaliñado, lo mire impasible y creo que vi emoción en los ojos de Anthony, sabía que mi mal genio estaba empezándose a sentir.

Era deprimente saber que tu padre se alegraba porque estuvieras cabreado.

— ¿Si como estarás bien? —

— ¿Con regularidad? — Su cara era de pocos amigos — Sería estupendo, mírate las muñecas — lo hice y no note nada extraño, quizás las mangas me quedaban un poco grandes pero eran las mismas de siempre — comer cuando el cuerpo lo exige no es bueno, por eso se crearon tres comidas al día y todos los días Edward — 

— Lo siento papá — mi disculpa sonó plana e inexpresiva, empecé a comer para tranquilizarlo.

— Hijo — murmuro ya más calmado sentándose a mi lado — no debí decir que te arrastrabas, eso sería hacer algo, estas como… sin vida — dio en el blanco y suspiré pensaba que estaba consiguiendo engañar a Anthony, quería evitar que sufriera, pero todo el esfuerzo fue en vano.

— papá…—

— No, no, escúchame — me quito la capucha y comenzó a pasarme la mano por el cabello — está muy largo, necesitas un corte —

— de acuerdo papá — respondí automáticamente.

— ¡No joder! — Grito golpeando la mesa, me hizo saltar — ¡No quiero que estés de acuerdo con todo lo que diga! — volví a suspirar, escuchando en mi mente vagos recuerdos de los días pasados.

Eddie come… está bien papá.

Eddie revisa los mensajes de tus amigos… de acuerdo papá.

Eddie recuerda llamar a tu madre… si papá.

Eddie están pasando un programa que te gustara, ven a verlo… iré papá.

— ¿Qué quieres que haga? —

— Edward, hijo…— lo mire comprendiendo que me hablaba como se le habla a un animalito asustado, estaba tratando de suavizar mi reacción ante sus próximas palabras — no eres el único que ha pasado por esto, ya sabes —

— lo sé — intente hacer una mueca pero no logre hacer que mis músculos se movieran.

— escucha, campeón, quizás… creo quizás necesitas un poco de ayuda —

— ¿Ayuda? —

— Cuando tu madre se fue y te llevo con ella… fue realmente duro para mí — logre torcer el gesto viendo como sus ojos estaban pendientes a cada una de mis reacciones.

— se eso papá —

— Sin embargo, me sobrepuse — señalo — hijo, tu no lo estás haciendo, eh esperado mejorías con el tiempo, pero todos sabemos que no estás mejorando —

— estoy bien —

— quizás si hablaras con alguien… con un profesional…—

— ¿Quieres que me vea un loquero? — chille.

— podría ayudar —

— también podría no hacerlo —

No sabía nada sobre el psicoanálisis. Estaba seguro que no funcionaba a menos que el paciente fuera relativamente sincero y no estaba dispuesto a pasar el resto de mi vida en la una cárcel llena de paredes acolchonadas si decidía abrir la boca y desahogarme acostado en un sillón.

— también podrías ir con tu madre…—

— ¿Quieres que me vaya? —

— es no es lo que yo quiero — protesto frustrado.

— Bien, porque no me voy a ir — miro mi expresión obstinada — saldré esta noche, llamaré a los chicos —

— ¡Tampoco es lo que quiero! — Golpeo otra vez la mesa — ¡Deja de hacer lo que yo quiero y haz lo que tú quieres! — una diminuta sonrisa más parecida a una mueca que a una sonrisa se formo en mi boca, era tan pequeña que ni siquiera Anthony logro verla.

¿Cómo le explicaba a mi padre que no quiero nada?

— Edward no creo soportar continuar viendo como intentas esforzarte aún más, no eh visto a nadie intentarlo tanto, duele verlo hijo — me levante ignorando olímpicamente todo lo que me había dicho.

— Ya comí, me voy a la escuela, no me esperes porque saldré con los chicos —  agarre la mochila que estaba tirada en el piso y casi corrí hasta la puerta.

Podía escuchar sus pasos detrás de mí.

— Hijo solo quiero que seas feliz — agarro mi brazo antes de que pudiera saltar a la lluvia que caía a cantares, me gire a verlo con rostro impasible — Esta bien, no pido eso, pero solo pido que no estuvieras tan desdichado y por eso me gustaría que fuera con tu madre, quizás sea más sencillo lejos de Forks —

— No voy a irme — dije más alto de lo normal, con mis ojos llameando en cólera.

Él suspiro aliviado por contemplar algún rastro de emoción.

— ¿Cuál es el problema? —

— Es mi último año, se iría todo a la mierda si me cambio de un momento a otro —

— eres un buen estudiante, lo resolverás —

— no quiero agobiar a mi madre y a Charlie —

— sabes que los dos están locos por tenerte de vuelta —

— en California hace demasiado calor —

— ¡Para de una vez Edward! — Grito de nuevo — ¡Los dos sabemos lo que está pasando aquí y no es bueno para ti! — Me gire caminando hacia la camioneta — han pasado meses, no ha habido cartas, ni llamadas, ni mensajes, ningún tipo de contacto de parte de ellos y mucho menos de ella ¡No puedes seguir esperándola! — abrí la puerta de la camioneta y su mano la cerro de golpe.

Lo enfrente lleno de furia.

— Cállate — masculle empuñando las manos, estuve a punto de tirarme del cabello por mera frustración, pero no lo hice y había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo había tocado — no estoy esperando a nada ni a nadie —

— hijo…—

— Me voy a la escuela — me monte en la camioneta con rapidez y cerré de un portazo — no me esperes para la cena, saldré con los chicos — avise con voz monocorde.

Arranque antes de que tuviera tiempo a reaccionar.

Con las prisas de huir de Anthony fui el primero en llegar al instituto, eso era bueno porque podría estacionarme donde se me diera la gana y malo porque me dejaba mucho tiempo libre y estaba tratando de evitar tenerlo. Antes de que mi mente pudiera pensar en todas las acusaciones de Anthony saque el libro de Cálculo y empecé a hojearlo. Intentaba encontrarle sentido a lo que decía, aunque leer matemática era peor que escucharlas en clases, pero había mejorado en eso. En los últimos meses había invertido mí tiempo en esta materia de lo que era habitual en mí, por consiguiente me había vuelto bastante bueno.

Cuando el estacionamiento se lleno tuve que apresurarme para hacer la terea de Lengua y Literatura, estábamos leyendo Rebelión en la Granja, un tema bastante fácil y diferente a las estúpidas novelas románticas del siglo pasado. El timbre sonó, salí de la camioneta colocándome la capucha aunque no sirvió de nada, todo el abrigo se había empapado a causa de mi cabello mojado.

— Edward — me gire porque sabía que esa era Jessica — ¿Trabajas mañana? — la mire intentando descubrir porque se mostraba tan preocupada, nunca había faltado al trabajo, era un empleado modelo.

— ¿Mañana es sábado? — pregunte dándome cuenta que Anthony tenía razón, mi voz sonaba apagada, sin vida.

— Sí, así es — asentí y aparto su mirada caminando más deprisa — te veré en Español — se despidió con un gesto de mano y corrió hasta desaparecer por la esquina.

Nunca más volvió a molestarse en acompañarme a clases.

Me senté de mala gana en el aula de matemáticas, seguía compartiendo asiento con Mike pero desde hace meses había dejado de saludarme o hablarme, sabía que estaba cabreado con mi comportamiento antisocial. No iba a ser fácil pedirle que me hiciera un favor, quise dejarlo para otro día pero mentir no era un lujo que podía permitirme en estos momentos. El profesor me miro mal cuando no quise quitarme la capucha, pero sorprendentemente no me dijo nada.

Cuando la clase termino cinco minutos antes, maldije internamente, el tiempo siempre pasa rápido si me esperaba algo desagradable.

— ¿Mike? — suspiré antes de que él volteara.

Desearía que se hubiera quedado sordo en los últimos meses.

— ¿Me hablas a mí, Edward? — pregunto con incredulidad.

— Claro — murmure golpeándole torpemente el hombro con una mano.

— ¿Qué pasa? — Se alejo de mi toque con amargura y pretendí ignorar eso — ¿Necesitas ayuda con mate? —

— no, solo quería preguntarte si quieres hacer algo esta noche — sonreí con un poco de esfuerzo para que pareciera sincero — una salida de chicos ¿Qué te parece? — soné como un horrible actor de teatro y él me miro con suspicacia.

— ¿Por qué me lo pides a mi? — sus ojos mostraban todavía desagrado.

— Siempre eres el primero en quien pienso cuando quiero salir — me encogí de hombros, era más o menos verdad, al menos era el primero en quien pensaba cuando quería huir de Anthony.

Eso lo aplaco.

— ¿Dónde quieres ir? —

Me estruje los sesos en busca de un lugar.

— ¿Qué tal ese restaurante nuevo que abrieron en Port Ángeles? — creo haber escuchado algo de alguien ¿O fue un cartel que vi? Mike me dirigió una mirada rara, como si estuviera loco.

— lo cerraron hace meses por una plaga de ratas, salió en todos los periódicos y noticieros Edward — asentí levantándome del asiento, quizás de ahí fue que se me ocurrió.

— bueno, tú debes de estar más en la onda ¿Qué opinas? — su cara se ilumino a pesar de sí mismo.

— hay un bar que lo abrieron hace unos meses, ya fui y es bastante bueno ¿Te recojo como a las siete? — sonreí asintiendo y él se levanto dándome con el puño por el hombro.

No me paso desapercibido que estaba vacilante y desconfiado.

El resto del día transcurrió con rapidez, a veces me sorprendía la espesa neblina que volvía borrosos mis días, estaba parado frente a mi clóset sin recordar como llegue aquí, aunque eso no me importaba. Todo lo que le pedía a la vida era, precisamente eso, perder la noción del tiempo.

No luche contra el aturdimiento mientras buscaba cualquier cosa para colocarme, a veces era más necesario en algunos momentos que en otros, apenas me di cuenta del montón de basura que veía siempre que abría la puerta, esa que estaba debajo de una pila de ropa que nunca me colocaba.

Oí el claxon y tome el pasamontaña metiéndome todo el cabello dentro, salí al tercer bocinado, revise que tuviera dinero e identificación para esta noche, recitaba mentalmente las emociones que tendría que fingir con Mike, era fácil con Anthony porque era constante, en cambio Mike era más difícil, había pasado mucho tiempo sin pensar en que podría hablar con otra persona que no fuera mi padre.

— Gracias por salir esta noche — trate de sonar sincero.

— no hay problema pero… ¿De qué se trata todo esto? — pregunto mientras conducía calle abajo.

— ¿A qué te refieres? —

— ¿Por qué tan repentinamente decidiste salir? —

— Necesitaba un cambio — me encogí de hombros.

Pasamos un largo trecho en que ninguno de los dos decía nada, suspiré y decidí que esto tenía que cambiar, además no era agradable que te miraran como si en cualquier momento te fuera a salir un tercer ojo.

— ¿Qué tal te va con Jessica? —

— tú la vez más que yo — no había reaccionado como esperaba, así que me esforcé por obtener algo mejor.

— es difícil hablar mientras trabajas… ¿Te importa? — señale el radio y negó con la cabeza buscaba una emisora que fuera inofensiva, la que estaba sonando se me hacía bastante familiar.

— ¿Desde cuándo escuchas rap? — frunció el ceño.

— Desde siempre — respondí automáticamente — ¿Has salido con alguien últimamente? —

Él refunfuño un par de cosas y le pregunte con verdadero entusiasmo, lo que él confundió con interés, se embarco en una historia tremenda y solo necesite acomodarme en mi asiento y relajarme el resto del viaje. Mientras Mike estuviera hablando quería decir que esta salida estaba yendo bien.

El club estaba lleno y tuvimos que pagar para entrar porque había un evento con unos cantantes novatos que al parecer estaban teniendo éxito, nos sentamos en una mesa a disfrutar el espectáculo y Mike observo a las dos chicas que integraban la banda todo el rato, eso me salvo de estar fingiendo prestar atención. La banda era ruidosa y mis tímpanos de quejaban. Había un olor desagradable en el aire y muchísimos ruido. Quería escapar pero sabía que sería hasta más tarde cuando nos diera hambre y fuéramos a comer.

— ¿Quieres algo de beber? — le pregunte a Mike.

— sí, gracias —

— Ya vuelvo — fui hasta la barra a esperar que me atendieran.

Fue una suerte, justo en ese momento la banda había dicho que tocarían su mejor canción y era esa era una horrorosa canción empalagosa y romántica. Mire a mi alrededor evitando cuidadosamente las parejas besándose mientras se restregaban unos a otros, me concentre en las mesas de billar que estaban al fondo, era difícil ver los rostros de los chicos porque había una espesa neblina que los tapaba, me imagino que debe ser por el montón de cigarrillos que cargaban todos en las manos.

— Aquí tienes — mis dos cervezas llegaron y pague a la chica dándome la vuelta con la mirada fija en las mesas de billar.

Me senté frente a Mike y le pase la cerveza.

— Te perdiste una buena canción — me riño.

— lástima, después compro el CD — asintió tomando un gran trago, una idea morbosa se me cruzo por la mente, quizás si lo emborrachaba lo suficiente no tendría que estar fingiendo nada.

Sonreí un poco.

— ¿Quieres jugar billar? — Me pregunto señalando por encima de su hombro — nos anote cuando entramos, me avisaron que ya nos tocaba ¿Sabes jugar? — una sonrisita autosuficiente se formo en sus labios.

— te hare trizas Mike — murmure tratando de que sonara entusiasta.

— ¡Ja! ¡Eso nunca Mesen! — caminamos hacia las mesas y de inmediato me di cuenta de donde provenía el olor asqueroso que se respiraba en el ambiente.

No era la transpiración de los bailarines, era la esencia asquerosa de la marihuana.

— Mike… —

— Lo sé, no lo sabía, cuando vine todo era más sano — murmuro dándome un taco — solo relájate, una partida y nos vamos, no pienso malgastar mi dinero — asentí terminándome mi cerveza.

La pista se lleno cuando música electro comenzó a sonar, era bastante bueno jugando pero Mike era mejor que yo, además estaba nervioso e incomodo, al principio culpe a la tres cervezas más que me había tomado durante el juego, no me di cuenta cual era el problema hasta que ya casi terminando la partida (Mike estaba sonriendo como el gato de Alicia en el País de las Maravillas por mi evidente derrota) note a un chico que lucía aparentemente consiente, jugaba con hombres mayores en la mesa de al lado.

Unos minutos atrás parecía lucido, después cambio de semblante por culpa de una larga bocanada del porro que tenía en las manos. Mantuvo el aire en los pulmones durante unos segundos, luego lo soltó lentamente, vi como su expresión sé transformo, no lucia angustiado, ni mortificado, tampoco preocupado, no había alegría o satisfacción alguna, solo era una expresión demacrada, muerta e inexpresiva. Como si su cerebro estuviera fuera de su cabeza. El chico solo hacia lo que le ordenaban, el resto del tiempo solo miraba la nada, con el rostro ausente.

Mire a Mike comparándolo sin querer con el chico de rostro ausente. Aunque los dos eran rubios de tez pálida, Mike exudaba vida mientras que el chico era vacio, como una cascara sin nada dentro.

Me di cuenta a cuál de los dos me parecía más.

Me detuve a media jugada.  

— ¿Edward? — Pregunto Mike.

— me siento mareado, saldré un rato —

Me miro extrañado.

— Claro — asentí dándome la vuelta para salir del club.

La calle estaba vacía por lo que me senté en la cera con las manos en la cara, intente con todas mis fuerzas no pensar en lo irónico que resultaba todo, nunca hubiera pensado que me podría convertir en muerto viviente con tanta facilidad y sin necesidad de ninguna droga, lo más gracioso del asunto es que odio esas cosas pero mi cuerpo lo puede producir fácilmente.

Me eh vuelto un maldito drogadicto… era deprimente comprobar a lo que eh llegado para sobrevivir.

Una figura se coloco delante de mí.

— ¿Te sientes bien? — pregunto la voz irritada de Mike.

— Sí, ya estoy bastante mejor — alce la vista sonriendo un poco — además no quise dejar que me terminaras de patear el trasero —

Su rostro se ilumino de nuevo.

— Te dije que era bueno — me tendió la mano sonriendo y me levante con torpeza — yo también estaba mareado, nunca más vendré a este lugar se volvió asqueroso, estoy seguro que el algún momento de esta noche mi cerebro sufrirá algún tipo de colapso —

— No serás el único — repuse al tiempo que comenzábamos a caminar.

— ¿Dónde quieres comer? —

— Me da igual — me encogí de hombros.

— De acuerdo — él empezó a hablar sobre las chicas que estaban al lado de nosotros y lo buenísimas que se veían cuando se inclinaban para golpear la bola de billar, aunque era incapaz de recordar otra cosa que no fuera la cara asunte y sin vida del chico rubio.

No me di cuenta hacia donde me llevaba Mike, solo fui consciente que todo era más oscuro y tranquilo, me gire dispuesto a pedirle disculpas por haberlo ignorado ya que su parloteo había cesado. Me fije que sus hombros estaban tensos y caminaba con las manos en los bolsillos, miraba para todos lados con nerviosismo. Pasábamos por una calle oscura y todas las tiendas estaban cerradas, excepto una, tenía enormes letreros de neón de color verde brillante, era el nombre de la tienda: Pete el Tuerto. Me pregunte si en ese tienda harían buenos tatuajes, desde donde estaba los diseños que se encontraban pegados al cristal se veían distorsionados.

De pronto se abrió la puerta de la calle, aparecieron cuatro enormes hombres morenos y con los brazos llenos de tatuajes. Me volví a mirar a Mike, tenía los ojos fijos en los brillantes arcos dorados de McDonald’s, no lucia asustado pero si cauteloso, trataba de no llamar la atención de los tipos.

Me detuve repentinamente con una fuerte sensación de déjá vu. Mire a los cuatro tipos con más atención, todo esto era diferente en una calle distinta pero sin duda la escena era muy parecida. También uno de ellos era enorme, con las manos llenas de anillos, que incluso con la poca luz parecían brillar como diamantes.

Justo fue este tipo quien se quedo observándonos.

— ¿Edward? — Me susurro Mike — ¿Qué carajos haces? ¡Vámonos! —

— creo que conozco a esos chicos…—

Me estaba volviendo loco ¿Qué diablos intentaba hacer? Debería dar media vuelta y no andar buscando problemas, debería refugiarme en el aturdimiento (sin el cual era incapaz de funcionar) y evitar recuerdos. Pero me encontraba dando un paso hacia ellos, aunque buscaba en mi cabeza la imagen del hombre de la vez pasada para compararlo con este que tengo en frente, no lo conseguía. Mi cuerpo era mejor que eso, sentía adrenalina por una futura pelea y miedo porque estaba seguro que saldría perdiendo.

— ¡Edward, regresa! — me grito Mike, lo ignore.

No entendía el extraño impulso que me embargaba, era sin sentido, pero yo no había sentido ningún tipo de impulso o sentimiento durante tanto tiempo… así que lo seguí. Mi cuerpo se lleno de adrenalina, no supe porque. Quizás era todo por el recuerdo pasado que por este. No veía razón para sentir miedo, es más no creo que exista algo que pudiera darme miedo, al menos no físicamente.

Era una de las ventajas de haberlo perdido todo.

Ya estaba a mitad de calle cuando alguien tironeo de mi capucha.

— ¡No puedes entrar en una tienda de tatuajes! — me reclamo Mike.

— ¿Por qué no? — Pregunte soltándome de su agarre — ya tengo dieciocho — la tan anhelada mayoría de edad, sonreí con amargura solo de pensar en eso.

— ¡Tienes que tener veintiuno! — Me recrimino señalando el letrero donde rezaba la advertencia — ¿Estás loco? —

— solo quiero ver algo…—

— ¡Esos tipos te molerán a golpes! — Estaba a punto de chillar, lo presentía — ¿Quieres suicidarte? —

Esa pregunta me llamo la atención, así que lo mire directamente a los ojos, con expresión seria y serena.

— no, no quiero suicidarme — no lo eh considerado nunca, le debía mucho a Elizabeth y sentía una tremenda responsabilidad con Anthony — solo me voy a hacer un tatuaje — él se había quedado con la boca abierta, no sabía si era por lo que le dije o porque su pregunta había sido retorica y la conteste con bastante seriedad.

— Edward…—

Lo empuje por el pecho con suavidad.

— Solo vete, te alcanzo cuando termines de comer — le di la espalda porque detestaba como me miraba y seguí caminando hacia la tienda de tatuajes.

Los hombres nos miraban con curiosidad.

— ¡Edward da media vuelta ahora mismo! —

Me paralice de inmediato, no era Mike el que chillaba, yo conocía esa voz  furiosa, una hermosa voz, suave como las campanillas al tintinear, incluso aunque sonara airada. Era su voz. Me sorprende que no haya caído de rodillas acurrucándome ante del dolor. No sentí ninguna pena. Nada en lo absoluto.

Todo se me aclaro por completo como si de la nada fueran puesto mi cerebro dentro del cráneo, era consciente del olor, el frio y los sonidos que se encontraban a mi alrededor.

Estaba en shock.

— ¡Vete con Mike! — Ordeno la misma voz enojada — me prometiste que no harías nada estúpido

Saudí la cabeza en un intento de comprender la situación, estaba solo, parado a mitad de la calle, sabía que ella no estaba aquí, pero a pesar de eso la sentía cerca, imposiblemente cerca por primera vez desde… desde el final. La voz mostraba interés, un furioso y airado interés, ese que me parecía tan familiar y tenía una vida entera sin oír. 

Mantén tu promesa — la voz se iba desvaneciendo, como si se la fuera llevado en viento con mucha suavidad.

Analice rápidamente todas las opciones en mi cabeza.

Opción uno: me había vuelto irremediablemente loco. Quizás mi cabeza ya no era capaz de proporcionar la droga del aturdimiento por lo que necesitaba otro modo de desahogarse del dolor. Eso explicaba oír voces en mi cabeza, precisamente su voz y que no me hiciera daño.

Opción dos: quería engañarme a mí mismo pensando que todavía ella podría importarle lo que me pasara. Era algún tipo de satisfacción a un deseo, es decir, un alivio de la pena que sentía. Eso también explicaba lo de oír su voz en mi cabeza, seria exactamente lo que diría si estuviera aquí y le afectara lo que me podría pasar.

No había un tercera por lo que la segunda era la mejor opción, tenía la esperanza de que fuera un analgésico natural proporcionado por mi subconsciente, en vez de algo que exigiera mi hospitalización, por lo menos si no resultara así y fuera la primera, esperaba no llegar a la alturas de quitarme la ropa y correr por todo el pueblo desnudo.

Contaba con Anthony para que eso no sucediera.

Tal vez no estaba siendo demasiado cuerdo, pero lo cierto es que me sentí… agradecido. Lo que más temía era perder el sonido de su voz y le aplaudí a mi subconsciente por haberla rememorado incluso mejor que mi mente consciente. No me permitía pensar en ella y mostraba bastante control al respecto, pero era humano y a veces fallaba, había mejorado tanto que a veces era capaz de eludir el dolor por varios días. Las consecuencias eran el aturdimiento infinito.

Entre la pena y la nada… había escogido la nada.

Lo más inteligente era salir de aquí ahora mismo, era estúpido estimular las alucinaciones pero me encontraba decepcionado porque su voz se había ido. Di otro paso para probar.

— ¡Edward da media vuelta! — grito con furia.

Sonreí un poco.

Era su ira la que yo quería oír a pesar de que fuera falsa y un dudoso regalo de mi subconsciente, este era camino potencialmente destructivo me llevaría hacia una insegura estabilidad mental, pero solo así podía creer que yo aún le importaba a ella.

Solo habían pasado unos segundos desde que me había planteado mis dos proféticas opciones ¿Será que ellos sabían que yo estaba disfrutando de un inesperado momento de locura?

— ¡Aspirante! — me saludo el hombre con las manos llenas de anillos que creí haber conocido.

La voz en mi mente rugió de furia.

— ¿Aspirante? — pregunte deteniéndome en la alcantarilla, por debajo de mis pies transcurría agua de color negro.

— Sí, aspirante a hacerse un tatuaje — el hombre sonrió mostrando sus brazos llenos de tatuajes multicolores — ¿Qué piensas hacerte? —

— No lo sé, no lo había pensado — mire el cristal lleno de dibujos y ninguno me llamo la atención.

Ahora que estaba más cerca descubrí que el hombre que me hablaba no se parecía en nada al que intento hace un año matarme a golpes, estaba desilusionado y la voz de mi cabeza se había quedado callada.

— ¿Entonces porque vienes sin nada en la mente? — ladeo la cabeza confundido.

— pensaba que me iluminaria en el camino — me encogí de hombros y los cuatro hombres parecían realmente desconcertados, sentí la necesidad de explicarme — quizás tampoco pensé en nada en cuanto leí que podían entrar solo chicos de veintiuno — señale el letrero y todos se giraron a verlo.

— ¿Eso? — El moreno de los anillos me miro con una sonrisa — lo quitaran pronto, estate tranquilo chico, te aviso que soy bastante bueno dibujando, podría hacerte un boceto si quieres — todos se rieron disfrutando de una especie de chiste privado y dude si de verdad estaba siendo sincero o solo se burlaba.

La amenaza que me había impulsado a cruzar la calle se había evaporado, estos no eran aquello hombres peligrosos que yo recordaba, incluso parecían buenos chicos, por lo que suspiré perdiendo el interés.

— entonces... ¿Te atreves? — pregunto uno que estaba recostado en la puerta.

Trague saliva pesada.

— No sé — murmure.

— No dolerá tanto, será pequeñito para comenzar — ahora todos parecían entusiasmados con poner en mi cuerpo una tinta que no se borraba nunca.

Sonreí con cortesía.

— será otra noche chicos, adiós — me despedí con la mano y me di media vuelta caminando hacia donde estaba Mike con los ojos dilatados por la ira.

— ¡Más te vale chico! — grito la voz del moreno de los anillos.

Levante la mano agitándola en el aire, definitivamente eran buenos chicos.

— ¿Qué demonios te sucede? — Me reprocho Mike — pudieron ser unos delincuentes o psicópatas ¡No los conocías! —

— Quería hacerme un tatuaje, después cambie de opinión — me encogí de hombros — cuando lo piense mejor podría hacerme uno, pero no está noche — le explique sin mirarlo.

— Estas muy raro Edward — mascullo malhumorado — me la da impresión de no conocerte —

— Es solo un tatuaje Mike — lo golpee por el hombro con una mano — ¿No es lo que hacen los chicos de nuestra edad? —

— ¿Tatuajes? Claro, yo tengo uno en la pierna — me sorprendí al escuchar eso — ¿Tratar de buscar problemas? No, eso no lo hacen — 

Mientras caminaba mi mente estaba preocupada, mi droga natural que me hacia sentirme seguro no terminaba de aparecer y me encontraba lleno de ansiedad cada minuto que se retrasaba su llegada. 

Mike estaba cabreadísimo conmigo, no hablo durante toda la cena a pesar de mis vagos intentos de entablar conversación, cuando llegamos al auto le subió todo el volumen a su emisora favorita dándome una clara indirecta de que no quería charlas.

No me importo las canciones ni las letras, mi mente se encontraba bastante llenas de miles de cosas en que pensar. Estaba esperando el aturdimiento o el dolor (aunque esto último volvería tarde o temprano) había roto mis propias reglas y estaba seguro que lo iba a pagar caro. No conseguía lograr que la neblina regresara para protegerme.

Me sentía más vivo que nunca y eso me aterraba.

A pesar de todo, la emoción más fuerte que sentía en estos momentos era el alivio, nacía desde lo más profundo de mí ser. Lo mucho que me esforzaba para no pensar en ella, me esforzaba igual para no olvidarla. Todas las noches a últimos momentos antes de que pudiera dormirme recordaba vagamente cosas de ella, cosas como el color exacto de sus ojos, la sensación de su piel fría y perfecta sobre la mía o incluso el hermoso sonido de su voz. Tenía miedo de que mi memoria al final fuera un colador, incapaz de recordar nada. Bastaba que creyera que ella existía para que yo pudiera vivir.

Podría soportar todo lo demás mientras supiera que Isabella existía.

Esa era a razón por la que me hallaba atrapado en Forks, si me fuera a Los Ángeles o algún otro lugar soleado ¿Cómo tendría la certeza de que ella existía? Aunque en realidad no importaba, sabía que ella no iba a volver. Era una forma muy dura de vivir: prohibiéndome recordar y aterrorizado por el olvido.

Me sorprendí cuando la fachada de mi casa salto a mi vista.

— Gracias por la salida Mike — dije mientras abría la puerta — fue... divertido — esperaba que divertido fuera la palabra apropiada.

— Seguro  —mascullo.

— Ciento haberte asustado —

— Da igual Edward — murmuro con enfado viendo el parabrisas.

— ¿Nos vemos el lunes? —

— Sí, claro, adiós — arranco el auto sin mirarme si quiera.

En cuanto entre y cerré la puerta detrás de mí, se me había olvidado todo. Me conseguí a Anthony con la cara enfurruñada y los brazos cruzados sobre el pecho, plantado frente a las escaleras.

— ¿Hola? — dije pasando hacia la cocina por un vaso de agua.

Necesitaba llegar al piso de arriba con rapidez antes de que mi cuerpo decidiera derrumbarse por causa de la crisis.

— ¿Dónde has estado? — me pregunto enojado.

— Con pandillas papá, tomando heroína — coloque el vaso en el fregadero —como querías —

— La heroína no se toma — lo ignore — ¡Edward! — gruño.

— Te dije que saldría con los chicos — empecé a caminar hacia las escaleras — ¿No lo recuerdas? —

— Hum — volvió a gruñir.

— ¿Ahora qué? — me gire antes de subir por las escaleras necesitaba quitármelo de encima rápido, no quería que se le llegara a ocurrir la idea de seguirme al segundo piso.

— Está bien — dijo después de estudiar mis ojos, se sorprendió de haber encontrado algo inesperado — ¿La pasaste bien? —

— Bebí un par de cervezas y jugué billar — me encogí de hombros — estuvo bastante bien — sus ojos se entrecerraron y corrí escaleras arriba — buenas noches papá — me quite todo hasta quedarme en ropa interior y me tumbe en la cama.

El dolor… el dolor fue atroz.

Sentía que me había abierto el pecho, extirpado los principales órganos vitales y dejado ahí, tirado, sangrando y con la herida abierta, palpitando a pesar del tiempo transcurrido. Sabía racionalmente que mis pulmones estaban intactos, ya que jadeaba en busca que de aire con la cabeza dándome vueltas. El corazón también lo tenía en su sitio, latiendo y latiendo, mandando ondas de dolor al todo el cuerpo, pero no podía escucharlo e imaginaba como de azules y frías deben de estar mis manos.

Me acurre sujetándome con fuerza el pecho. Apretaba los puños y los dientes estaban a punto de perforarse entre sí, la necesidad de gritar me atormentaba pero no permitiría ni un solo sonido, al menos no consciente. Luchaba por recuperar la negación, el aturdimiento, que la droga adormeciera todos los músculos y huesos de mi cuerpo, pero no paso nada.

A pesar de toda esa avalancha de emociones oscuras, sabía que iba a sobrevivir. Que podía soportarlo y empezaría a vivir con él, no es como si el dolor se hubiera debilitado, es como si yo me fuera fortalecido lo suficiente para resistirlo. Fuera lo que fuera que hubiera pasado esta noche, me logro despertar.

Por primera vez en mucho tiempo, no sabía lo que me esperaba mañana.

 

Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Muchas gracias a todas esas lindas chicas que me escribieron, les adoro un montón y son mi motor para seguir con este apasionante pasatiempo.

Espero con ansias sus graciosísimos y hermosos comentarios y votos.

Les deseo lo mejor como que Edward Mesen corra por tu cuadra desnudo.

Capítulo 3: Capitulo 3 Capítulo 5: Capitulo 5

 


 


 
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