Amantes Inocentes

Autor: jaedbellsnessi
Género: Romance
Fecha Creación: 19/09/2016
Fecha Actualización: 21/12/2018
Finalizado: NO
Votos: 2
Comentarios: 3
Visitas: 5029
Capítulos: 11

Edward ha vivido el peligroso amor de Isabella, pero esta vez no sera así, ella lo deja en un intento de salvarle la vida y nuestro chico encuentra a la Princesa Quileutes que felizmente tratara de ocupar un lugar en su corazón ¿Lo lograra?... Continuación de Cambio de Roles ¡Espero que les guste! Adaptación de la novela de Meyers, Luna Nueva.

+ Añadir a Favoritos
Leer Comentarios
 


Capítulo 3: Capitulo 3

Capítulo 3

A la mañana siguiente tenía una jaqueca terriblemente espantosa que me martillaba la cabeza, el hecho de que Isabella se despidiera con una dulzura distante antes de marcharse por la ventana no mejoro en nada a lo que sentía, estaba extrañamente alerta y paranoico no conseguía formular nada remotamente cerca de lo que ella pudo considerar sobre el bien y el mal mientras dormía y no me tenia para distraerla.

Me esperaba en la escuela como siempre, pero su rostro no me daba tranquilidad caminaba a mi ritmo y de vez en cuando me preguntaba sobre mis heridas, siempre le mentía, así como le mentí a todo aquel que pregunto del porque había tratado de afeitar la mitad de mí cara. Esa descripción era poco en comparación de como me veía, cuando me mire al espejo esta mañana me pareció ridículo que una persona necesite tantas banditas al mismo tiempo, pero claro hablamos de mí, siempre era el blanco de la ridiculez.

Necesitaba a Alice, tenía que peguntarle como estaba Jasper, que habían hablado cuando me fui y lo más importante de todo era sobre que nos deparaba el futuro, todas esas preguntas rondaban en mi cabeza y se formaban mas a medida que llegaba a la cafetería, a menudo Alice se nos adelantaba ya que nuestro paso de tortolitos era malditamente lento.

— ¿Dónde está Alison? — pregunte con nerviosismo.

— ¿No comerás? —

— No — murmure dirigiéndome directo a la mesa — ¿Dónde está? — pregunte de nuevo cuando al parecer ella tampoco quiso comprar nada.

— esta con Jasper —

Bien, eso es perfectamente razonable.

— ¿Cómo esta Jazz? —

— se fue —

Inspire bruscamente.

— ¿A dónde? — gruñí con los dientes apretados.

Isabella se encogió de hombros.

— A ningún lado en especial —

— Isabella deja tu maldita aptitud de perra — estaba enojado porque no me decía nada — dime que paso con Alice y Jasper —

Mi ira no la inmuto para nada.

— Creo que se fueron a Denali, o eso era lo que yo la estaba tratando de convencer — su tono de voz no cambio pero al menos me estaba diciendo algo — es lógico que si Jasper la necesita ella se irá también —

— Sí, bastante lógico — dije con una resignación desesperada.

Deje caer los brazos sobre la mesa con la cabeza encima. Me sentía culpable había logrado que tuvieran que irse al igual que hice con Rosalie y Emmett era una maldita peste. Al final del día el silencio me parecía ridículo y extremadamente incomodo no quería romperlo pero como estaban las cosas no había más remedio si quería escuchar su voz de nuevo.

— ¿Vendrás esta noche? — pregunte llegando a la camioneta.

— ¿Por la noche? —

Me agrado que pareciera sorprendida.

— tengo que trabajar, Alice cambio mi turno con Jessica para poder tomarme el día de ayer —

— Oh — murmuro.

— ¿Entonces vendrás luego? —

Odiaba sentirme inseguro.

— si quieres que vaya…—

— ¡Demonios Isabella! — Explote casi arrancándome el cabello — siempre quiero que vayas, pensé que los vampiros tenían memoria fotográfica — espere a que me dijera uno de sus comentarios inteligentes o me hiciera cosquillas hasta que pidiera perdón por ser grosero con ella pero no, nada de nada.

— de acuerdo, como quieras —

Una piedra con hepatitis pudo haber contestado con más emoción.

Me beso la mejilla y se fue hasta su coche con su hermoso bamboleo de caderas, la ausencia de los tacones no le disminuyeron en nada la sensualidad a ese bonito caminar.

Salí del aparcamiento antes de que entrara en verdadero pánico pero fue inútil estaba hiperventilando cuando llegue al local de los Newton. Me dije a mi mismo que ella solo necesitaba tiempo, que lo más seguro es que estaba triste por la dispersión de su familia pero ellos volverían pronto, todos sin excepción y había adoptado la decisión de mantener malditamente alejado de la casa blanca a orillas del rio, seguiría viendo a Alice en la escuela, aceptaría que Bella me comprara un teléfono asquerosamente caro con cámara y tendría video chat con los hermanos Cullen y con Esme, a Carlisle podría visitarlo en el hospital, todo sea para que mejoren las cosas.

Aunque no se que había que mejorar, anoche no sucedió nada, en realidad carecía de importancia, solo me había llevado otro golpe más lo cual era usual en la historia de mi vida. Lo compare todo con lo que me paso la primavera pasada (donde estuve a punto de morir) y aún entonces Bella lo sobrellevo con una aptitud mucho mejor que ahora ¿Sera porque no había que protegerme de nadie? ¿O porque era su hermano?

Quizá  era preferible que nos fuéramos lejos, estaba dispuesto a convencerla de que esperáramos un año más y sin importarme nada me iría con ella a la universidad más cara del mundo si le daba la gana, solo tenía que conseguir que aguantara un año más ¿Qué era un año más para un inmortal? Anthony no podría decir nada, ni siquiera Lizzi, solo era un año más…

Mientras que el trabajo paso lentamente todo lo hizo más agradable mientras pensaba en nosotros y algún lugar exótico, rogaba porque fuera superado todo aquel trago de fuera lo que fuera que pasara por su cabeza, luego de eso le plantearía mi idea.

Casi salto de alegría cuando vi el Audi estacionado frente a mi casa.

 Odie sentirme así.

Cuando entre colgué el impermeable y los busque hasta encontrarlo a los dos frente a la televisión, eso era normal en Anthony pero no en Bella.

— Hola — salude casi en un susurro.

— Hola Eddie — saludo mi padre — queda pizza fría en la mesa — 

— De acuerdo — me quede plantado en mi sitio y estaba seguro como que el infierno era caliente que Isabella podía sentir mi mirada taladrar la parte de atrás de su cabello.

Como si no lo soportara más se giro para dedicarme una sonrisa educada.

— en un momento estoy contigo — y se giro de nuevo a la televisión.

Arrastre mis pies por pura inercia, estaba mudo de asombro y mi cuerpo calló como un costal de papas sobre la silla, me coloque las manos en la cara luego en la cabeza y después me jalaba el cabello, estaba entrando en pánico, todo parecía normal en la otra habitación pero en esta era como si se cerrara a cada segundo, me costaba respirar. Algo andaba muy mal, extremadamente mal y era mucho peor de lo que pensaba.

Estaba intentando controlarme ¿Qué era lo peor que podía pasar? Un golpe sordo en medio de mi pecho casi me hace gemir por lo que fue una pregunta equivocada mejor probé con ¿Qué era lo peor a lo que me podía enfrentar? Esa pregunta dolía pero no tanto ya que mi cabeza de inmediato considero las posibilidades.

Mantenerme alejado de la familia de Isabella… eso estaba bien. Alice no lo permitiría por lo que igual ella encontraría la manera de verme, solo no tenía que alejar mi cuerpo lleno de sangre de haya, quizás lo del teléfono funcione. 

O marcharnos… ella no podría esperar hasta el final del año escolar. Eso estaba bien, porque tendríamos que venir de visita ¿No? Vendríamos todo el tiempo que yo quisiera porque trataría de hacerle mis fabulosos trucos a Isabella para engatusarla. No tenia que pensar en mi madre mucho tiempo ni tampoco en que abandonaría a Anthony, que estaría totalmente solo…

Oculte el rostro en mis brazos.

Encima de la mesa estaban los regalos de mis padres, no estaba muy seguro de cuál sería la respuesta a la segunda opción pero de todas maneras esta camino que elegí no iba a ser fácil, y después de todo estaba pensando en el peor escenario con el que podría imaginarme, es más, es el peor escenario con el que podría vivir…

Me coloque de medio lado y arrastre los regalos hacía mí, todo estaba listo solo para empezar a documentar los momentos de mi vida y ahora sentía una extraña urgencia de hacerlo, tal vez no transcurriera mucho tiempos antes de que tuviera que abandonar Forks y no me pareció una mala idea dejar algún testimonio de mi vida aquí.

Tome la cámara y subí corriendo las escaleras.

Mi habitación no había cambiado nada desde que mi madre se marcho e incluso menos desde que me mude aquí por lo que tome una foto ya que no había mucho que fotografiar, este sentimiento crecía cada vez más a medida que lo pensaba, tendría que reflejar todo lo que pudiera de Forks antes de irme.

Podía sentir el cambio y no me gustaba, mi vida era perfecta tal como estaba.

Baje las escaleras de sopetón intentando no pensar en la extraña distancia que me negaba a ver en los ojos de Isabella, ella lo superaría, lo más seguro es que estaba preocupada porque me molestaría si me pidiera que nos marcháramos así que opte por dejarla tranquila mientras preparaba todo, yo estuviera listo para cuando me lo dijera.

Intente sorprenderla cuando me pare frente a la televisión y les tome una foto, sabía que era imposible pero cuando ni siquiera me dirigió una mirada que me dijera que yo existía una sensación helada se me instalo en el estomago, trague pesado y la ignore escuchando las quejas de Anthony.

— ¿Qué haces? — gruño apartándome del frente de la pantalla.

— Anímense — me senté en medio de los dos y apunte la cámara enfocándonos  a todos.

— ¡Edward! — se volvió a quejar Anthony.

— ¡No seas aguafiestas! Sabes que tengo que usarla porque si no, Lizzi se volverá loca —

— ¿Y porque conmigo? — refunfuño.

— porque estas estupendamente bien conservado — replique para después sobarme porque me dio un zape en la cabeza — ¡Que agresividad! Vamos tu me regalaste esto, estás obligado a ser mi tema para las fotos —

El murmuro algo ininteligible.

— ¿Isabella? — me gire y como no me había corregido por usar su nombre completo tuve que tapar las alarmas de mi cabeza con una manta de indiferencia — ¿Podrías tomarnos unas fotos a mi padre y a mí? — le lance la cámara evitando mirarla a los ojos.

Luego me puse casi encima de Anthony que gruño impaciente.

— Tienes que sonreír Edward — murmuro ella.

Lo hice lo mejor que pude y la cámara disparo la foto.

— Ahora ustedes — sabia que Anthony solo quería alejar la atención de la cámara hacia otro lado, Bella le dio la cámara y me arrime hasta quedar al lado de ella con un brazo pasado por sus hombros — sonríe Edward — me volvió a recordar mi padre.

El flash me cegó.

Cuando todo el ajetreo con las fotos terminó me desparrame en el sofá sintiendo como ella se alejaba hasta casi la otra esquina y sin más que hacer me dispuse a ver un programa al cual nunca le preste atención. Por el rabillo del ojo vi como Isabella se colocaba de pie.

— Será mejor que me vaya — anuncio — nos vemos Anthony —

— de acuerdo, adiós — Anthony ni siquiera aparto la vista del televisor.

Me levante con torpeza y me dirigí hacia la puerta, ella siguió derecho sin despedirse con un beso como es normal, aún así le pregunte:

— ¿Vendrás esta noche? —

— No, esta noche no —

Me lo esperaba por eso la decepción no me golpeo con tanta fuerza, ni siquiera le pregunte el motivo. Cuando se metió en su coche y se fue me quede ahí de pie sin saber lo que estaba esperando, salte en cuanto la puerta se abrió, Anthony llamo a mis espaldas.

— ¿Eddie? ¿Qué haces? —

Parecía un lunático.

— Nada, buenas noches Anthony — camine lentamente hasta el baño, luego hasta la cama.

No pegue un ojo en toda la noche.

A la mañana siguiente me puse lo primero que se me cruzo a la vista y me salte el desayuno, Anthony ya se había ido por lo que tome foto de la sala, la cocina, la fachada de la casa, por supuesto que no podía faltar la foto de mi vieja y adorable camioneta ¡Adoraba ese pedazo de chatarra! Incluso le tome fotos al bosque, era increíble que lo fuera a extrañar pero así era, extrañaría todo, la sensación de que el tiempo no pasaba, la tranquilidad, la estabilidad… todo.

En la escuela mi cabeza solo estaba concentrada en mi nuevo proyecto, más que en el hecho de que Isabella no había querido arreglar las cosas anoche. También desvié mi atención de mi creciente impaciencia ¿Cuánto iba a durar todo aquello? Pero sin saberlo desvié mi atención de todo hasta que el profesor de Lengua tuvo que repetirme dos veces una pregunta, fue el único momento en que Bella me hablo desde que nos habíamos visto en el aparcamiento y solo era para soplarme la respuesta. A la hora del almuerzo estaba a punto de ponerme a gritar por lo que para distraerme llame a los chicos.

— ¿Mike? —

— ¿Qué paso? — me contesto y le lance cámara que agarro con agilidad — ¿Y esto? —

— Tómale fotos a los chicos, mi madre me la dio para que llenara un álbum — él sonrío y por pura malicia vi como llamaba a Jessica que tenia la boca llena de comida para dispararle la foto.

Segundos después se desato la guerra de fotografías. Los ignore porque no estaba de humor para sus infanterías y menos lo estaba para el trato humano.

— Oh, oh, creo que nos gastamos toda la memoria — murmuro Mike entregándome la cámara.

Sonreí.

— Estupendo — la guarde dentro de mi mochila — creo que ya tengo fotos de todo lo que quería —

Después de la escuela me fui al trabajo. Nunca me había alegrado más de que así fuera, pasar tiempo juntos no ayudaba así que pasarlo a solas podría ser una opción más saludable, deje la memoria para que la revelaran y de camino a la casa lo pase buscando, subí corriendo hacia mi habitación después de gritarle un saludo a Anthony y abrí el sobre.

Solté una carcajada cuando vi la primera foto del sobre.

Era Isabella tan hermosa como en la vida real.

¡Oh Dios! Me sentía tan ridículo, casi esperaba que la foto estuviera en blanco.

Una tras otra se fue evidenciando como la hermosa cara de mi novia fue cambiando hasta adoptar una expresión de frialdad más parecida a una escultura… con menos vida. Pase hasta altas hora de la noche con las fotos y guarde otro montón en el sobre para Lizzi y le escribí una emotiva carta de agradecimiento con corazón en las íes como a ella le gusta. Mi cabeza no dejaba de pensar en la última vez que ella no hubiera aparecido sin una llamada o una excusa… nunca lo había hecho.

De nuevo no pude dormir bien.

En la escuela fue la misma rutina de frustración, silencio y pavor de los últimos dos días, no conseguía recordar  bien porque habíamos llegado a todo esto, mi cumpleaños me parecía muy lejano, deseaba y rogaba a quien quiera que fuera para que Alice regresara pronto antes de que todo esto se me fuera de las manos. Pero sabía que no podía contar con eso por lo que de último recurso correría al hospital y hablaría con Carlisle.

Debía de hacer algo.

Primero sacaría el tema a colación.

Estaba frente a mi camioneta por lo que patee la rueda de la camioneta y me gire dispuesta a enfrentarla, había estado reuniendo valor desde que me levante, no iba a tolerar más escusas.

— ¿Te importaría que vaya a verte hoy? — me pregunto antes de que abriera la boca.

Sentí como si fuera un globo y me fueran pinchado para explotarme.

— claro que no — murmure aún fuera de combate.

— ¿Ahora? —

— Claro — subí a la camioneta — aunque necesito enviarle esto a Lizzi —

— Ya lo hago yo — sonrío de oreja a oreja, pero algo andaba mal, esa alegría no le llegaba a los ojos — sabes que aún así llegaría primero que tu —

— Como quieras — murmure, tomo el sobre y se dirigió a su auto.

No pude devolverle la sonrisa.

Cuando  llegue a mi casa estaba ahí y en el sitio de Anthony, por lo que no se quedaría mucho, deje la mochila en el porche y ella se levanto de donde estaba sentada en las escaleras.

— ¿Damos un paseo? — me tomo de la mano y me arrastro al fulano paseo.

No quería pero no encontraba la manera de protestar, en mi cabeza estaban encendidas miles de alarmas, eran tan ruidosas que no me fijaba por donde estábamos yendo. Cuando nos detuvimos el pánico había disminuido solo un poco porque sabía que necesitaba una oportunidad para aclarar las cosas, me fije que estábamos cerca de la casa ya que todavía la podía ver.

Era un simple paseo.

Me recosté a un árbol mientras metía las manos en los bolsillos.

— Está bien — dije con valentía — hablemos — deseaba ser tan valiente como soné.

Inspiro profundamente.

— Edward, nos vamos —

Yo también hice lo mismo, era una opción válida y pensé que estaba preparado pero necesitaba agotar todos los recursos primero.

— ¿Por qué ahora? Bells solo tenemos que esperar otro año…—

— Edward, ha llegado el momento. De todos modos, ¿Cuánto tiempo más podemos quedarnos en Forks? Carlisle apenas puede pasar por un treintañero y actualmente dice que tiene treinta y tres. Por mucho que queramos, pronto tendremos que empezar en otro lugar — fruncí el ceño porque su respuesta me confundió.

Pensé que nos íbamos para dejar a su familia vivir en paz ¿Por qué se van ellos si nosotros nos vamos también? La mire tratando de entenderlo todo pero su mirada frita y pétrea no me dijo nada o quizás si… Me dieron ganas de vomitar.

— Cuando dices nosotros… — susurre porque lo había malinterpretado todo.

— Me refería a mi familia y a mí — cada palabra sonó separada y clara.

Me pase las manos por el cabello en un intento de aclarar mis pensamientos me costó un tiempo pero pude volver a estar en condiciones.

— Está bien — dije con firmeza — voy contigo  —

— no puedes Edward —

— ¿Por qué? —

— el sitio no es apropiado…—

— ¡No me importa! — Apreté mis manos en puños — ¡Donde sea que estés tú por mi está bien! —

— no te convengo Edward —

— No seas estúpida Bella — mire su cara para ver si reaccionaba ante su nombre, ese que tanto me paliaba para que se lo dijera, pero nada — eres lo mejor que me ha pasado en la vida  —

— Mi mundo no es para ti — repuso con tristeza.

— ¡Lo que ha ocurrido con Jasper no ha sido nada Bella! ¡Nada! — Grite — ¡Lo prometiste! ¡Prometiste en L.A que siempre permanecerías…! —

— Siempre que fuera buena para ti — me interrumpió bruscamente — lo que paso con Jasper no fue nada que no se esperara ya  —

— ¡No! — Grite aunque parecía más bien una súplica — ¿Esto tiene que ver con mi estúpida alma? ¡Pues no me importa! ¡No la quiero! ¡No la quiero si no te tengo a ti! — Estaba histérico y furioso — ¡Llévatela porque ya es tuya! — ella respiro hondo una vez más y clavo la mirada ausente en el suelo durante un buen rato.

Cuando levantó la mirada, me parecieron diferentes, mucho más oscuros, como si el oro liquido se fuera desvanecido para dejar un hondo y enorme pozo sin fondo.

— Edward no quiero que me acompañes — pronuncio las palabras frías y distantes, sin dejar de mirarme, sin dejar de tragarme con sus ojos.

Paso un momento en que tuve que repetir esas palabras varias veces en mi mente, intentando darle la forma correcta a la realidad oculta detrás de ellas.

— ¿Tu… no… me… quieres? —

Las palabras sonaban extrañas, como si ese orden no fuera natural.

— No — sus ojos me miraban sin remordimiento.

— Eso cambia las cosas — soné demasiado tranquilo quizás porque todavía no comprendía lo que me estaba diciendo.

— en cierto modo te eh querido…— ella siguió hablando pero el aturdimiento estaba sacudiéndose entre ida y venida en esos lapsos de tiempo estaba tomando conciencia de lo que me decía —… he permitido que esto llegara demasiado lejos y lo lamento — crudo y sin tregua la compresión fluía esta vez de forma continua.

Corroyendo y comiéndose todo a su paso.

— ¡No! — articule tratando de alcanzarla, quería tocarla para eliminar esa horrible mascara helada que me estaba mostrando — no lo hagas — di un paso pero vagamente sentí como mi pie se enredaba y me hacia caer al piso.

Ahí me quede.

Alce el rostro para mirar como se quedaba ahí sin hacer nada durante unos instantes, mis palabras habían llegado demasiado lejos y las de ella también lo habían hecho. Quise levantarme, plantarle cara y gritarle que se quedara, que no me dejara, pero el aturdimiento iba y venía.

Como si fueran las olas cuando se acerca una tormenta.

— No me convienes Edward — invirtió el sentido de sus primeras palabras pero esta vez sonaban más duras, más crueles — no te quiero — de pronto ya no podía verla como era.

No me convienes ¿Cuántas veces lo pensé y me había engañado a mi mismo? Por fin ella había visto la verdad. Mi visión se volvió borrosa y distorsionada. Claro que tenía razón, yo más que nadie estaba consciente de que no estaba a su altura.

— Si… si eso es lo que quieres — no supe si lo pronuncie como era, la garganta me escocía y aún así ella no perdió su impasible paciencia, tampoco su rostro frio y distante.

Asintió una sola vez.

Estaba perdiendo la batalla, se me había entumecido todo el cuerpo, quería pararme y salir corriendo solo para ver si lograba recordar donde estaban mis piernas, creo que empezó a llover porque algo me estaba mojando la cara.

Todo era tan confuso.

— me gustaría pedirte un favor, si no es demasiado — su rostro se descompuso unos segundos pero su expresión cambio rápidamente a la misma serena frialdad.

Me pregunto cuanta lastima y mediocridad vio en mí para que su máscara se cayera lo suficiente para que yo lo notara, incluso a través de la lluvia que caía en mi cara…

— Lo que quieras — murmure ligeramente fuerte, mi boca tenía un sabor salado.

Sus ojos se derritieron lo suficiente mientras la miraba bajar hasta mi altura, me pareció ridículo ¿Cómo una escoria como yo hizo bajar a una diosa como ella? Mi mente lo atribuyo de nuevo a la lástima, hasta el más vil de los asesinos sienten lastima alguna vez en su vida ¿Por qué no la tendría ella que era perfecta?

— No hagas nada desesperado o estúpido — me ordeno y sentí como la dulzura de la miel que se veía en su iris se derramaba en los míos con una intensidad sobrecogedora — ¿Entiendes lo que digo? — Asentí sin fuerzas — me refiero a Anthony, te necesita y debes cuidar de él — sus ojos se volvieron fríos de nuevo con una expresión distante en el rostro.

Quizás solo fue mi imaginación…

— lo haré — murmuré y ella se levanto en toda su majestuosidad.

— Te haré una promesa a cambio — dijo solemne — te garantizo que no volverás a verme, no regresare ni volveré a hacerte pasar por todo esto así que podrás retomar tu vida sin que yo interfiera para nada — su voz se hacía lejana y el golpeteo de mi corazón presionaba detrás de mi orejas a medida que se me aceleraba el pulso — será como si nunca hubiera existido —

Los arboles empezaron a dar vueltas y mi estomago se retorció hasta casi hacerme doblar en dos, es solo que no sentía ninguno de mis músculos, por lo que tratar de moverme fue inútil.

— No te preocupes, eres humano tu memoria es un autentico coladero — sonrío con amabilidad.

— ¿Y tus recuerdos? — le pregunte a pesar de sentir que me asfixiaba, incluso soné como tal.

— Bueno yo no olvidare… pero los de mi clase nos distraemos con suma facilidad — sonrío una vez más pero a pesar de todo esa alegría no le llegue a los ojos.

Dio un paso hacia atrás.

— Supongo que esto es todo, no te molestaremos más — a pesar de mi estado de ánimo eso capto mi atención y ella lo noto — los demás se fueron, yo me quede para decirte adiós —

— Alice…— susurre con la voz temblorosa, todos se fueron y no iban a volver, ni siquiera pude despedirme.

— quería despedirse pero la convencí de que una ruptura limpia sería lo mejor para ti — quise gritar no me importaba sanar más rápido como se pretendía, solo fuera querido despedirme.

No volveré a ver a Alice.

Procure acompasar mi respiración, necesitaba concentrarme para buscar una manera de salir de esta maldita pesadilla.

— Adiós, Edward — dijo con la misma calma.

— ¡Espera! — grite suplicando mientras intentaba levantarme, mis piernas adormecidas no me permitieron avanzar, caí sobre mis manos y un ardiente dolor cruzo mi brazo izquierdo.

Mi respiración quemaba.

Por un momento creí que se acercaba a mí… solo por un momento…

Su mano acaricio mis cabellos, le ataje antes de que la apartara y la apreté con tanta fuerza que la herida con los puntos ya no pude sentirlos.

— No te vayas — implore.

— Edward…—

— Nomedejes — lloré casi gritando las palabras pero salían amontonadas y sin entender — nomedejes — quise acercarme más — nomedejes — quise levantarme — nomedejes — el peso del dolor me mantenía en el suelo.

— Cuídate mucho — se soltó de mi mano con lo que yo sentí que fue fuerza, pero lo más seguro era que no estuviera sosteniéndola como pensaba.

Una ligera brisa artificial se levanto para golpearme el rostro y las hojas se agitaron con la misma brisa.

Se había ido.

Dolor.

— ¡Isabella! —

Se fue.

Fuego.

— ¡Isabella! —

Ya no estaba.

Furia.

— ¡Isabella! —

Me agarre de esa furia insólita que me había invadido, me levante sosteniéndome de los árboles y con la respiración pesada comencé a caminar, por supuesto el rastro había desaparecido ipso facto, pero seguí caminando cada vez más rápido… sin importarme nada… no podía hacer otra cosa… no podía dejar de andar… si dejaba de buscarla todo habría acabado.

El amor, la vida, su sentido… todo se habría terminado.

— ¡Isabella! —

Empecé a correr, correr, correr y correr.

Seguramente pasaron horas pero para mí solo eran segundos, no hace nada ella estaba frente de mí, no hace nada ella me amaba… corrí hasta que me caí, me volví a levantar y seguí corriendo.

— ¡Isabella! —

El bosque parecía el mismo por mucho que yo corriera o quizás estaba corriendo en círculos, tal vez era un círculo muy pequeño. Me caía más de lo que podía mantenerme en pie, hubo un momento en que alce la mirada al cielo para darme cuenta que estaba oscuro. Mi pie se quedo atascado en algo y caí al suelo, trate de levantarme pero me fue imposible el cansancio me venció. Al final solo me quede ahí tirado, cuando deje de moverme tuve la sensación de que el tiempo transcurría más rápido de lo que lo hacía mientras corría.

¿Siempre reinaba semejante oscuridad de noche? Lo más normal es que algún débil rayo de luz se filtrara entre los árboles para luego alcanzar el suelo… pero no esta noche.

Esta noche el cielo estaba oscuro como la boca del lobo.

Reinó la oscuridad durante mucho tiempo hasta que escuche que me llamaban. Era mi nombre, sonaba sordo, sofocado por la espesa maleza pensé en responder… debía responder… para cuando llegue a la conclusión de hacerlo ya todo ruido había cesado y mi nombre no se escuchaba por ninguna parte. La lluvia cayó mucho después haciendo que tomara conciencia de nuevo, mi mente estaba en una especie de neblina tan densa y oscura que no me permitía pensar, estaba aferrado a ella con todas mis fuerzas incapaz de hacer algo más, incapaz de hacerle frente a eso que prefería ignorar.

La lluvia me molestaba un poco, estaba helado. Deje de tener los brazos extendidos para cubrirme la cara con ellos, de nuevo escuche que me llamaban y pensé en contestar pero no encontraba suficiente fuerza. Repentinamente tuve la sensación de que no estaba tan solo como creía en ese oscuro bosque, era el sonido como de un enorme animal olisqueando algo, intente hacer algo, correr, gritar o quizás pelear, porque sonaba como un enorme animal… pero no hice nada.

Nada me importaba.

Cuando por fin tuve fuerza si quiera para ladear la cabeza, alguien me arranco los brazos de la cara, la luz impacto sobre mis ojos y los cerré de forma instintiva.

— Edward — no reconocía la voz, pero él al parecer sí — ¿Te lastimaron, Edward? — lo mire fijamente intentando comprender lo que me decía, sus palabras tenían un significado pero una vez llegado aquí ¿Qué importancia tenían los significados? — Edward — el extraño volvió a pronunciar mi nombre con familiaridad — me llamo Sam Uley, tu padre me envió a buscarte — se coloco de rodillas dándome ligeras palmadas en la cara.

Mi padre.

Eso llego a algún lado de mi cerebro, logro tocar alguna fibra, aunque ya nada importaba.

Nada más tenía valor.

El extraño me miro con paciencia, al ver que no respondía se encogió de hombros y agarro mi brazo para levantarme del suelo con facilidad, de forma rápida y ágil. Me paso el brazo por la cintura y uno de los míos estaba rodeando sus hombros. Debía de estar preocupado pero no quedaba nada en mi interior capaz de hacer que sintiera algo. Paso mucho rato desde que mis pies se arrastraban por el suelo cuando el tal Sam Uley freno de golpe. 

— ¡Anthony! — grito con voz resonante.

Mi padre…

— ¡Lo encontré! — volvió a gritar haciendo el que murmullo que se escuchaba a lo lejos cesara para erguirse con más intensidad, muchísimas luces estaban cegándome segundos después.

Solo distinguía la voz de Sam Uley, luego la de mi padre, quise responderle pero no me salía nada, estaba aturdido por el montón de luces y sonidos. Parecía un funeral. Me di cuenta que estábamos en el porche de nuestra casa solo porque pude ver la enorme mano de Sam abrir la puerta de golpe, sentí que me tiraban en algo, probablemente el sofá, solo hasta entonces supe que Anthony había estado cargando gran parte de mi peso.

Me cubrieron el cuerpo entero, estaba titiritando. Una cabeza gris apareció a mi vista, estaba inclinado sobre mí ayudando a colocar otra manta encima, unos segundos después pude reconocerlo.

— ¿Edward? — lo mire tratando de colocar atención, quise responderle — soy el doctor Gerandy — lo reconocí después de eso — Edward dime una cosa ¿Estas lastimado? — intente pensar en eso por más de un minuto ya que me sentía confundido, Sam Uley había hecho la misma pregunta solo que formulado de otra manera, la diferencia parecía implicar algún otro significado.

El doctor permaneció a la espera.

— No — respondí en un murmullo — no estoy lastimado — mentí porque estaba seguro que el doctor no podía hacer nada frente a lo que yo mismo ignoraba.

— ¿Qué te paso? — Pregunto curioso con una de sus manos en mi muñeca y la otra en la frente — ¿Te perdiste en el bosque? — la neblina se estaba acentuando otra vez por lo que intente pararla por unos segundos.

Esto era importante… para Anthony.

— Si me perdí — conteste tratando de que sonara más alto, había un montón de gente en la habitación aunque el más cercano a mi era Anthony. 

— ¿Te sientes cansado? —

Asentí sin fuerzas para hablar esta vez, la neblina volvió a consumir mi mente, por lo que tome la orilla del edredón y me tape completo. La inconsciencia iba y venía. Mi mente despejaba lo suficiente para escuchar como Anthony despedía a todos dando las gracias y me hundía de nuevo cuando quise ir a mi habitación.

Salía… entraba… salía… entraba… salía… entraba…

Desperté del letargo con el sonido del teléfono. Anthony se había sentado frente a mí y lo oí refunfuñar mientras iba a atender, empezó a discutir tan alto que pudo sacarme de la inconsciencia que quería tragarme de nuevo. Recamaba algo a Billy, sobre unas hogueras y una celebración, luego colgó después de agradecerle al viejo rey por enviar a sus muchachos, el tal Sam y sus amigos. Solo cuando Anthony se sentó de nuevo frente a mí capte algunos de sus gruñidos. La Push estaba celebrando la partida de los Cullen, a él le parecía ridículo pero sorprendente que lograran mantener las fogatas encendidas con este tiempo.

Moví la mano para apartar la manta y la neblina me trago de nuevo… mis ojos se abrieron cuando algunos rayos de luz me molestaron.

— Lo siento — Anthony me había quitado la manta de la cabeza — no quise despertarte hijo —

Nos quedamos en silencio unos momentos.

— Papá — murmure mirándolo directamente a los ojos — estoy bien — si prestaba atención lo suficiente casi podía ver como una arruga se le había formado en la frente.

— ¿Te dejó solo en el bosque? —

Lo mire con inquietud.

— No seas estúpido — la réplica en mi voz sonó plana y vacía — soy un hombre —

— un hombre con bastante mal el sentido de la orientación — tanteó él con suavidad, queriendo no disgustarme — dime Edward si te dejo solo —

— ¿Cómo supieron donde buscar? —

Eludí a pregunta.

— Por tu nota — saco algo del bolsillo trasero de sus pantalones, lucia sorprendido mientras me lo entregaba.

El papel estaba sucio, arrugado y húmedo, mi letra estaba ahí, tan clara y desordenada como puede ser mi letra, rezaba: Me fui a dar un paseo con Isabella, volveré prono, E.

— Cuando no llegaste a la hora de siempre llame a los Cullen pero nadie contestaba, fue cuando llame al hospital y el doctor Gerandy me informo de la noticia —

— ¿A dónde se fueron? —

Anthony me miro fijamente antes de responder.

— ¿No te lo dijo Bella? — Su pregunta sonó suave, extremadamente suave, pero escuchar su nombre fue como un maldito camión de carga — A Carlisle le ofrecieron un puesto en Phoenix, supongo que le prometieron un montón de dinero —

Phoenix, justo al lugar donde nunca irían, recordé la brillante luz del sol en su punto más alto y como se estrellaba contra su piel en miles de exquisitos reflejos coloridos… una autentica agonía me azoto al recordar su rostro.

Me encogí.

Recordar dio rienda suelta a eso que estaba tratando de ignorar, me quede atónito ante su fuerza, capaz dejarme sin respiración.

La espesa neblina volvía de nuevo…

— Edward — esta vez Anthony no fue tan cuidadoso — ¿Te dejo? — aún con la neblina imponiéndose pude captar que no se refería a mi inexistente sentido de orientación.

Otro golpe sordo me hizo echarme hacia atrás, gemí dolorido.

— Quiero irme a mi habitación — me levante a trompicones, hasta tuve que sostenerme de su hombre para no caerme.

— ¡Edward! —

Me tape los oídos con las manos.

— ¡Edward! —

Corrí escaleras arriba y cerré de un portazo, colocándole cerrojo a la puerta, no me importaba si Anthony entraba aquí tumbando las bisagras, no quería hablar ni ahora, ni nunca.

Una terrible sospecha se formo en mi interior después de leer la nota, alguien había pasado por aquí y aunque todo estaba como lo deje, agarre el reproductor de la cama y lo abrí. Vacio. Busque el álbum que estaba en el piso. Vacio.

No había nada, ninguna canción, ninguna foto, ninguna prueba de nada.

Será como si nunca hubiera existido… me había prometido.

Note el piso sobre mis rodillas luego sobre mis manos, después de unos segundos contra mi mejilla, esperaba desmayarme o perder la consciencia, pero mi desgracia fue mayor y me obligo a sentir. 

Dolor… mucho dolor…. oleadas y oleadas de dolor… descubrí que apenas me habían rozado hasta este momento, momento que se acabó, ahora se alzaron barriendo mi mente y cuerpo, hundiéndome con fuerza y rapidez, en una espiral asquerosa, totalmente repugnante…

… y no salí a la superficie.

 

HOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA VOLVIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

Sé que esto es inesperado y que probablemente me mataran porque muchas están esperando el capítulo final de Me prefieres a Mi. Pero no se espeluquen jajaja. Pronto me montare con eso, es injusto pero estoy tan apegada con la historia que me da dolor montar el último cap. Prometo que lo hare, solo necesito tiempo y acostumbrarme a la idea, muchas dirán que es malo, una ratada, la peor tortura que les pueda dar, pero les pido tiempito. Lo subiré pronto.

¡AHORA ESTAMOS AQUÍ POR LA CONTUNUACION DE CAMBIO DE ROLES! Espero que les haya gustado los primeros cap de Amantes Inocentes, no prometo que subiré todas las semanas pero subiré seguido, estoy segura que por lo menos este trimestre de clases tendré más tiempo para escribir, así que aquí estoy, subiendo esta fabulosa secuela.

No me odien por Me Prefieres a Mí y ámenme por Amantes Inocentes. Pido mucho lo sé, pero las adoro y estoy muy agradecida con ustedes.

¿Comentarios? ¿Votos? ¿Porfis? ¿Sera que se lo merece esta mala chica que quiere ser buena por ustedes?

Les deseo lo mejor como que Edward Mesen caiga a tus pies, rogándote que no lo dejes.

 

Capítulo 2: Capitulo 2 Capítulo 4: Capitulo 4

 


 


 
1 visitas C C L - Web no oficial de la saga Crepúsculo. Esta obra está bajo licencia de Creative Commons -
 10186 usuarios