Amantes Inocentes

Autor: jaedbellsnessi
Género: Romance
Fecha Creación: 19/09/2016
Fecha Actualización: 21/12/2018
Finalizado: NO
Votos: 2
Comentarios: 3
Visitas: 4435
Capítulos: 11

Edward ha vivido el peligroso amor de Isabella, pero esta vez no sera así, ella lo deja en un intento de salvarle la vida y nuestro chico encuentra a la Princesa Quileutes que felizmente tratara de ocupar un lugar en su corazón ¿Lo lograra?... Continuación de Cambio de Roles ¡Espero que les guste! Adaptación de la novela de Meyers, Luna Nueva.

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Capítulo 11: Capitulo 11

Capitulo 11

Me sorprendía cada vez que abría los ojos y me daba cuenta que había logrado sobrevivir un día más, me quedaba quieto en la cama esperando a que se me normalizara el corazón, para que también me dejaran de sudar las palmas de las manos. Una vez visto a Anthony feliz y contento comiendo o simplemente respirando, podía decirse que era el momento donde le daba a gracias a cualquier entidad superior a mí.

Pasaba el día mirando por sobre mi hombro o saltando cada que alguien me daba cualquier sorpresa, a juzgar por las preguntas de los pocos que me rodeaban parecía que fuera cometido un crimen y estaba esperando que la policía apareciera en cualquier momento. No estaba siendo precisamente bueno en disimular, pero el terror que dominaba mis pensamientos me hacía solo prestar atención al reloj y preguntarme si esta sería mi hora. Cuando lograba concentrarme en mi vida normal (bueno, si eso podría llamarse normal) me daba cuenta de que la princesa no me había llamado, ni venido a visitar en otra semana entera, me preocupaba eso, ya que la extrañaba muchísimo.

Muchísimo era poco.

Necesitaba que riera sin preocupaciones, que fuera coqueta, extrovertida y que me robara todos los besos que me había prometido, necesitaba su mano contra la mía. Simplemente la necesitaba. Tuve esperanzas de que me llamara el lunes, sé que las cosas con Embry eran algo delicadas, pero era jodidamente imposible que le ocuparan todo su tiempo, como para que no quede ni una pizquita para mí.

Llame unas cuentas veces el miércoles y no contestaron. A lo mejor el viejo rey había adquirido un identificador de llamadas (con mis insistencias hasta yo lo fuera echo) al día siguiente me senté en la camioneta durante una hora, devanándome los sesos en conseguir una excusa para ir a La Push, no encontré ninguna, así que me rendí y me encerré en mi habitación.

Aunque también estaba la ventaja de que la princesa me evitara, por lo que sé, Laurent ya debería de haber vuelto con James, si lo guiara a alguno de los dos hasta la reserva corría el riesgo de que me atraparan con ella y por mucho que me doliera, era mejor así, por ahora estar lejos era lo mas seguro. No había manera de hacer que Anthony estuviera a salvo, ni siquiera contándole la verdad, eso solo haría que me mandaran directo a una habitación acolchada, incluso lo soportaría si eso lo fuera a salvar de alguna forma, pero el primer lugar al que me buscaría ese psicópata seria aquí, lo mejor que lograría era esperar a que se conformara solo conmigo. Irme no era opción, ni siquiera hasta donde Lizzy, no iba a llevar mi mundo de monstruos y oscuridad a la brillosa vida de mi madre. Jamás la pondría en peligro de ese modo.

Cuando logre que Anthony llamara a Harry para que preguntara por Billy por si habían salido de la cuidad (me costó un elaborado plato de carne al horno, patatas hechas puré y zumo de mango para la cena) menciono que todo estaba en orden y no planeaban ausentarse ya que asistiría a la reunión del consejo esa noche, mi padre me advirtió que dejara lo pesado, que si Maggie tenia algo que decir o si quería verme que ella misma vendría, que la dejara ser a la chica en paz. Me enfurruñe por eso logrando que me diera un zape.

De pronto el viernes por la tarde, cuando conducía a casa, mi mente sintió una revelación, tan nítida y vivida que fue capaz de pasar a través de todas mis preocupaciones y el ruido del motor. Me sentí realmente imbécil por no haberme dado cuenta antes, las pistas estaban ahí, mas claras que el agua.

Maggie Black se había pasado al lado oscuro.

Ahora le pertenecía a Sam. Dejaba que él la controlara.

Todo estaba diciéndomelo desde hace tiempo y fuera lo que fuera que había sucedido a los chicos de la reserva, también había llegado hasta mi mejor amiga, quitándomela en el proceso. Con evidente alivio comprendí que la princesa no había renunciado a mí, que solo era la asquerosa secta de mierda que la estaba hipnotizando con vaya a saber que clases de cosas vudú. Cuando me detuve frente a mi casa ya había enumerado las posibilidades de los diferentes peligros a tomar en cuenta.    

1… Si iba a buscar a la princesa, me arriesgaba a que James o Laurent fueran tras ella.

2… Si no iba por ella, Sam terminaría haciéndole una lobotomía y si no actuaba pronto podría ser demasiado tarde.

Decidí qué si había pasado una semana de que los vampiros no habían venido por mí, entonces yo no era prioridad, lo mas seguro es que si me quisieran atacar lo harían de noche, por lo que ir de día a importunar la reserva con mi presencia para tratar de salvar a Maggie no haría mucha diferencia. Los riesgos de la posibilidad número uno era mucho menor al de la siguiente posibilidad. Así que decidí embarcarme en una misión de rescate.

Porque yo iba a rescatar a mi princesa. 

— Jefe Mesen — contesto mi papá el teléfono de la comisaria, aunque fuera el tipo más audaz (cosa que no lo era) necesitaba ayuda.

— jefe, estoy preocupado —

— ¿Eddy? —

 — si, escúchame, a Maggie le están lavando el cerebro o algo parecido —

— ¿Por qué piensas eso? — pregunto sorprendido por el tema y preocupado al mismo tiempo.  

— se que se esta cocinando algo raro en la reserva y todo tiene que ver con ese tipo, el tal Sam Uley —

— ¿Sam Uley? —

— si, antes de que Maggie se la pasara con él, le tenia miedo, ahora se comporta del mismo modo extraño que los otros chicos que están a su alrededor, créeme, ese tipo tiene cosas raras —

— no campeón, te equivocas, ese chico, bueno ahora ya es un hombre, es estupendo. Siempre ayuda en la reserva, es bastante solidario y a sacado a un montón de chicos de varios problemas, además fue el quien te encontró…— Anthony se calló a mitad de frase seguramente acordándose de la noche que me perdí en el bosque. 

— enserio, tienes que escucharme…—

— ¿Has hablado con Billy sobre esto? — me interrumpió sonando como si intentara apaciguarme, una vez que mencione a Sam Uley había dejado de interesarse en mis preocupaciones.

— el viejo rey no es de mucho ayuda — rezongué.

— bueno, Eddy, entonces estoy seguro de que todo esta en orden y nadie intenta lavarle el cerebro a nadie, Maggie es una niña debe de andar deslumbrada con travesuras nuevas, déjala respirar y deja de estar celándola por todo, no puede estar pegada a ti todo el tiempo — 

— esto no tiene nada que ver con eso, el problema no soy yo — insistí de mal genio, no podía comprender como mi preocupación había llevado a mi padre a pensar que estaba celoso.

— deja que Billy se encargue de eso ¿Sí? — me ordeno ya perdiendo la paciencia — campeón tengo mucho trabajo, dos turistas se volvieron a perder en los alrededores dejando un rastro, el problema del lobo se me esta saliendo de control — me explicaba con ansiedad en la voz.

Las noticias me distrajeron de mi inminente queja hacia las sosas conclusiones de mi padre, no había manera de que los lobos hubieran sobrevivido a una pelea con un rival como Laurent… ¿O sí?

— ¿Estás seguro que les paso algo? —

— estoy seguro, había huellas…— vaciló — huellas y sangre —

— ¡Oh! — en ese caso no habían peleado, el vampiro solo se limíto a largarse dejando a los lobos atrás, todo me resultaba más que extraño, lo que había visto no tenia ni pies ni cabeza.

— bueno, me tengo que ir, no te preocupes por Maggie, estoy seguro que esta mas que bien —

— seguro, seguro — refunfuñe — adiós —

En cuanto colgué, marqué otro número que ya me sabia de memoria.

— ¿Diga? —

— Hola Billy, pásame a Maggie — ordene importándome menos la cortesía.

— no está en casa — contesto con irritación.

— ¿Sabes si esta con Embry? —

— ¡Sí! ¡Esta con él! — esta vez escuche alegría y una nota de alivio en su voz, era todo lo que necesitaba, Embry es uno de ellos — me acorde que saldría temprano con él, así que yo le digo que llamaste ¿Vale? —

— muy bien… — escuche el tono evidente de que me habían colgado —… gracias — apreté con fuerza el teléfono tratando de convencerme a mi mismo que lanzarlo hasta el otro lado de la habitación no arreglaría las cosas y que lo mas seguro es que Anthony se cabrearía muchísimo conmigo.

Respire…

Una vez…  

Dos veces…

Tres veces…

¡Qué demonios! ¡A la porra los modales! Esa pequeña princesa me va a escuchar le guste o no le guste. Me iba a plantar en su casa como un maldito Pino si era necesario, estaría ahí toda la noche, faltaría a clases de ser necesario, pero esa chica de que me escucha, me escucha.

Estaba tan ensimismado en todas las miles de cosas que le iba a decir cuando la viera que el camino me resulto corto, el bosque empezó a ralear y supe que pronto vería las primera casitas rojas de la reserva. Una chica me llamo la atención, tenía una gorra tejida sobre su cabeza, mis esperanzas no llegaron tan lejos al darme cuenta que era mas bajita y con el cabello corto, no era Maggie. Estaba seguro que era Kitty, aunque si estaba un poco más crecida que antes, resople consternado, no entendía que le daban a estos chicos y chicas ¿Hormonas del crecimiento? ¿Es algún ritual? ¿Pacto con los Dioses? Sea lo que sea deberían venderlo en L.A, las mujeres pagarían millones por algo así.

En cuanto cruce al lado opuesto, frene junto a ella. Levanto la vista al escuchar el rugido del motor, su expresión me lleno de ansiedad, es como si reflejara toda la preocupación y pánico que yo sentía.

— ¿Quieres un aventón? — le pregunte, asintió y de un salto se subió a la camioneta — ¿Cómo estás? ¿Cómo va todo? — mi voz sonaba forzadamente tranquila.

— bien, bien — contesto sin ganas.

— ¿Dónde te llevo? —

— mi casa, esta al lado norte detrás del almacén — estaba mirando a través del parabrisas, con aire taciturno.

— ¿Has visto a la princesa? —

— ¿Maggie? — asentí y eso le saco una leve sonrisa — cierto que tu le llamas así, eres el único de lo deja hacerlo de hecho…— soltó un suspiro intranquilo — la vi de lejos, estaba con Embry —

— ¿De lejos? —

— intente hablar con ella, bueno, con los dos — hablaba con un hilo de voz, me costo escucharla por el ruido del motor — sé que me vieron, pero dieron media vuelta y desaparecieron en los arboles…— me acerque un poco para escuchar mejor, aunque ella se alejó pasándose levemente la mano por el rostro.

Estaba llorando e intentaba disimularlo.

— Oh, Kitty — murmure sin saber que hacer.

— Dudo que estuvieran solos, es posible que Sam y su banda rondaran por ahí cerca de ellos, eh estado dando vueltas en el bosque cerca de una hora llamándolos a gritos, acababa de encontrar el camino cuando apareciste — entonces rompió a llorar sin aguantarse en disimularlo.

Espere a que se calmara, de mi mochila saque una camisa, se la pase y ella la tomo con alivio y agradecimiento. Realmente estaba muy triste, si era de la mierda perder a una mejor amiga, no me imagino como será sentir perder a dos mejores amigos. 

— así que Sam consiguió atraparla — masculle con los dientes apretados.

Giro su rostro aún lleno de lágrimas, pero esta vez con expresión sorprendida.

— ¿Estas enterado? —

— Maggie me lo dijo antes —

— Sí, antes — suspiro, quitándose una lagrima.

— ¿Es tan malo? — pregunte.

— bastante si, empezó a actuar raro, luego evitaba a todo el mundo, estaba enojada, no paso mucho tiempo, quizás un día o así, luego Sam se la llevo — lloro otro poco y espere a que se calmara para lanzar otra pregunta.

— ¿Crees que son drogas o algo así? —

— no, bueno si, o quizás no, — agito su cabeza confundida — es que no veo a Embry metiéndose eso ¡Quería estar en el equipo de futbol, por el amor a Dios! ¿Y Maggie? Si tan solo se pone echa una fiera cuando le dan cualquier cosa para el dolor, dice que planea inmunizarse por si tenemos que sobrevivir a un apocalipsis zombi — ella se rio con tristeza y aunque me imagine a la princesa diciendo sus muy razonables motivos por los que si pasaría que tuviéramos que vivir con zombis no me dieron ganas de reírme, estaba mas que ansioso — pero… ¿Qué se yo? ¿Qué otra cosa puede ser? ¿Y porque los ancianos no se preocupan? — de reojo vi que sus manos temblaban levemente y un estremecimiento la recorría — Maggie no quería participar en esa… secta, no comprendo que ha podido hacerla cambiar — el pánico llenaba su voz, me gire a verla y sus ojos completamente aterrorizados me dijeron algo que ya sabia — no quiero ser la próxima

Me estremecí.

Era la segunda vez que escuchaba que era como una especie de secta lava cerebros, me dada pena con la chica, se notaba a leguas que no quería ser la siguiente, cuando pregunte qué si su familia podía ayudarnos resoplo enojada, así que no había esperanzas, unos minutos después me señalo un cruce y me ordeno que me detuviera.

— gracias por el aventón — sus mejillas de volvieron de un rojo profundo — y por la camisa, lamento estropearla —

— ¡Que va! — le quite importancia con una mano y se alejo sonriendo a medias, aunque unos segundos después caminaba arrastrando los pies y con los hombros caídos. Estaba sumamente triste. 

Me detuve frente al palacio real y apagué el motor. Salí de la camioneta con mi mochila en mano, bajé la parte de atrás y me acosté usándola como almohada. En el camino había visto a Billy confuso y luego irritado, no le puse cuidado, planeaba dormir aquí si era necesario, así que solo bajé el pasamontaña hasta los ojos para ver si descansaba un rato.

Estaba a punto de entrar al atontamiento por el sueño cuando unos golpecitos bruscos me hicieron espabilar.

— Billy, no me iré de aquí hasta que no vea a Maggie — dije con firmeza para que me dejara en paz de una buena vez.

— ¿Qué haces aquí Edward? — me incorporé de un salto en cuanto reconocí esa voz.

Quite el pasamontaña de mis ojos y en cuanto ellos se enfocaron me quede atónito, tanto, que mi boca se abrió de pura impresión.

— ¿Qué mierdas…? — grazné perplejo.

Maggie había cambiado radicalmente las últimas semanas, lo primero que me di cuenta, que justo me hizo dar un pequeño retorcijón en el corazón fue que se corto su espectacular cabellera, ahora era solo un halo lustroso de satín negro que rodeaba todo su bonito rostro, con algunos picos pequeños saliendo de su flequillo haciéndole tapar sus cejas. Sus facciones habían cambiado, haciéndolas más duras y tensas, como de alguien de más edad, sus brazos y piernas eran diferentes, lucian más tonificadas, como si en todo este tiempo se hubiera dedicado a practicar algún deporte atlético, pero eso era insignificante… era su expresión lo que la volvía en alguien diferente…

… su sonrisa ya no estaba, esa preciosa sonrisa que me llenaba de calidez el corazón y sus ojos… esos preciosos ojazos negros brillantes, felices, llenos de vida se habían apagado, ahora solo veía un rencor profundo y perturbador.

Ahora existía oscuridad en Maggie. Se había apagado como mi fuego, se habían encargado de echarle tierra y extinguido su calor.  

— ¿Princesa? — murmure tembloroso, me baje de un salto acercándome a ella — ¡Te cortaste el cabello! — gimoteé tomándola del rostro para mirarla bien — ¡Y te hiciste un tatuaje! — reclame en voz baja mirando la parte superior de su hombro derecho, sin aguantarme pege mi frente a la suya.

Aunque seguía en la misma posición, con las manos en las caderas y mirada colérica, no me importo. Solo deseaba tocarla, tenerla, aspirar su dulce aroma, enrollarme en la calidez que emanaba su cuerpo. La extrañaba tanto, tanto.

— ¿Qué haces aquí Edward? — se alejó bruscamente todo lo que más pudo y se limito a mirarme.

— quiero hablar contigo — conteste con un hilo de voz, aún sintiendo el dolor de su rechazo.

Sus ojos reflejaban tensión y enojo.

Miré por encima de su hombro y comprendí que no estábamos solos, todos eran altos, de piel cobriza y con la cabeza casi al rape, podrían ser hermanos ya que sus expresiones eran idénticas (todas eran hostiles) casi ni pude reconocer a Embry. Todos me miraban como si tocar a Maggie fuera una cosa impensable, frunci el ceño importándome menos que pudieran apalearme entre todos, uh, bueno, no todos, Sam conservaba la calma y permanecía atrás con el rostro sereno, seguro.

Cuando quise caminar hacia ellos y darle unos cuantos golpazos Maggie se colocó delante de mí, no dejándome dar ni una zancada.

— ¡Quítate! — gruñí apartando sus manos de mi pecho.

— ¡Vete a casa Edward! — me ordeno con voz dura.

— ¡No! ¡No me iré a casa, joder! ¿Siquiera sabes como me siento? ¡Andas con ellos! ¿Por qué? ¿Por qué estas con ellos? — yo intentaba caminar mientras ella me trataba de detener, por un momento fue una batalla de manos.

— ¡Esto no tiene nada que ver contigo! — me grito.

— ¡Claro que tiene todo que ver conmigo! — le grite en respuesta — ¡Tú eres todo lo que me importa! ¡Tú eres todo lo que necesito! ¡Así que jodidamente todo tiene que ver conmigo! — me gire a mirarlos, estaba tan cabreado, deseaba que se viniera conmigo, deseaba sacarla de ahí… que fuera otra vez mi princesa, no la de ellos.

Tenia tantas ganas de ir hasta haya y soló entrarles a golpes a todos, no, quería hacer mas que eso, es más, quería ser temible, indestructible, quería ser letal, más que cualquier otra cosa a quien nadie se atreviera a molestar. Quería ser alguien capaz de ahuyentar a Sam Uley y su pandilla de imbéciles.

Por un momento quise ser vampiro.

Me tomo desprevenido ese deseo virulento, me helo los huesos y me hizo sentir con saña la herida en mi pecho.

Era el más prohibido de todos los deseos, por ser el mas doloroso.

Había perdido ese futuro para siempre, en realidad nunca había sido mi futuro, así que me gire hacia donde estaba el rostro de Maggie, quería recuperar el control de mí mismo y lo más importante aún, quería hablar con ella.

— ¿Podemos hablar, solo… por favor? — intente calmarme ya que sus facciones habían vuelto a ser tensas, resentidas y oscuras, supongo yo, que por el despliegue de emociones que estaba dando a voz populi.

— bien, habla — se cruzó de brazos, mirándome de forma despiadada, jamás la había visto actuar así, jamás a nadie y mucho menos a mí, dolía con mucha, mucha intensidad.

Aunque no se comparaba con la perdida de mi sueño tabú.

— ¡A solas! — dije con voz fuerte y clara, aunque estaba a distancia esperaba que me escucharan, ojalá me hayan escuchado.

Maggie se giro a mirar a Sam, este asintió con rostro imperturbable. Levanto la voz diciendo algo en un idioma con muchas consonantes liquidas, Maggie asintió, en realidad todos lo hicieron, él dio media vuelta y se fue en dirección al bosque, luego todos los siguieron. En cuanto se fueron Maggie parecía menos furiosa, pero eso solo aumento la desesperación en su rostro.

Respire hondo para calmarme.

— sabes lo que quiero saber — murmure metiendo las manos en los bolsillos de mi abrigo.

No respondió, se limito a mirarme con frialdad aún de brazos cruzados. Le devolví la mirada y el silencio se prolongó. Sus facciones, su furia, su dolor, su desesperación solo me hicieron sentirme peor a cuando ellos estaban, no sabía cómo ayudarla y tenía el presentimiento de que ella tampoco quería que la ayudara, suspire tratando de bajar el nudo de mi garganta. 

— ¿Quieres dar un paseo conmigo? — pregunte con amabilidad, quizás así podría despejar la mente y ella se tranquilizaría lo suficiente para decirme todo lo que estaba pasando.

No reacciono. Su rostro no cambio. Pero se encamino hacia el lado opuesto de donde habían desaparecido Sam y los otros.

Nos movimos detrás de la arboleda que quedaba detrás del garaje, cuando pase por ahí sentí un pinchazo de nostalgia, extrañaba tanto aquel lugar, mis pasos hacían sonidos de succión en la tierra húmeda y en el herbazal, pensé que Maggie se había detenido y que me había dejado solo, o quizás había entrado al garaje, mire alrededor para encontrarla detrás de mí, sus pies por lo que veo consiguieron un camino mejor, mas silencioso. Conforme avanzábamos mi ansiedad subía, no estaba seguro como comenzar o que decirle además seguía furioso porque se dejo convencer del loco de Sam.

De un momento a otro, paso de largo adelantándome y deteniéndose a unos cuantos pasos, me miró fijamente con expresión resentida. Suspire al darme cuenta que se había vuelto ágil, tan grácil y delicada que me hizo preguntarme que le había pasado a mi patosa mejor amiga ¿Qué le había pasado a mi princesa? ¿Cuándo había pasado semejante cambio? 

— terminemos con esto — anuncio con voz ronca y metálica, esperé, ella sabía lo que yo quería — no es lo que crees… no es lo que yo pensaba — de pronto su voz sonaba cansada — estaba muy equivocada —

— ¿Qué es entonces? — me cruce de brazos escéptico — porque me parece algo bastante igual a un lavado de cerebro — estudio mi rostro durante un buen rato, haciendo conjeturas, el enojo no abandono sus ojos en ningún momento.

— no puedo decírtelo — contestó al fin.

Mis manos se volvieron puños mientras decía:

— Creí que éramos amigos —

Asintió.

— tienes razón, lo éramos — hizo un énfasis en el tiempo pasado.

— claro, como ahora no necesitas a nadie más que a Sam ¿No? — implante todo el resentimiento que pude al pronunciar su nombre.

— ¡Tu no lo entiendes! — lo defendió con vehemencia.

— ¿Entonces tu sí? — alce mis brazos al cielo — haz visto la luz… ¡Gracias padre celestial! — solté con sarcasmo.

— mira, esto no tiene nada que ver con lo que yo creía, o con lo que tú crees que yo creía, tampoco es culpa de Sam — Maggie estaba llena de ira y ni siquiera me miraba a mí, sino por encima de mi cabeza — él hace todo lo posible por ayudarme ¿Comprendes? —

Resople.

— antes le tenías miedo, oh, no, eso es poco, pavor quedaría mejor, así que disculpe su alteza real si no logro comprenderlo ahora… ¡Y menos si tu no me quieres contar ni una mierda! — su respiración era pesada como la mía, aunque en definitiva su furia era mas grande.

Le temblaban las manos y estaba fuera de sí. Nunca la había visto de esa forma, Maggie no era así… se me apretó el corazón, debajo de todo eso estaba sufriendo y no sabia como demonios ayudarla.

— princesa — dije acercándome un poco a ella — ¿No vas a decirme que ocurre? Podría ayudarte… solo tengo que saber como —

— nadie puede ayudarme — sus palabras salieron quejumbrosas, su voz se quebró. No soportaba verla así, por lo que extendí mis manos dispuesta a consolarla, sin importarme que estaba pasando, pero espabilo en un segundo y dio un paso hacia atrás mientras decía: — no me toques — me cruce de brazos, dolido hasta la madre.

— ¿Es por Sam? —

— ¡Deja de echarle la culpa a Sam! — acto reflejo sóplo el cabello de sus ojos, aunque no había mucho que soplar, iba a extrañar esa manía de ella.

— ¿Entonces a quien carajos culpo? — replique.

Medio sonrío con burla y crueldad mientras sopesaba mi pregunta.

— no te gustaría escucharlo — murmuro con diversión oscura.

— quiero saberlo — presione.

— en realidad no — decía con voz lenta, oscura.

Eso solo me hizo estallar. 

— ¡Putas! ¡Que si quiero! — chille subiendo unas octavas mi voz — ¡Quizás así puede que deje de echarle la culpa a tu amado Sam! —

— tu lo pediste — me gruño con ojos centellantes — si quieres culpar a alguien ¿Por qué no señalas a esas asquerosas sanguijuelas a las que tanto quieres? —

Me quedé pasmado y justo allí me sentí traspasado por el doble de sus palabras, el dolor me recorrío todo el cuerpo y un frio siniestro hizo que todos mis huesos se quejaran. Solo mi pecho ardía en llamas, pero había algo más, una tonada de fondo para el caos que era mi cabeza en estos momentos. No podía creer lo que escuche, aun viendo su rostro, que estaba seguro, decidido, sin ninguna pista de broma o duda. 

— te lo dije — se encogió de hombros despreocupadamente.

— no se a que te refieres — murmuré.

Su rostro mostro incredulidad y furia.

— intento no hacerte daño, pero tu te empeñas y empeñas — se quejó.

— no sé a qué te refieres — repetí mecánicamente.

— Los Cullen — soltó arrastrando las palabras lentamente — sé que sientes… puedo ver lo que pasa por tus ojos cuando lo digo — agite mi cabeza de un lado a otro, negándolo todo y tratando de aclarar mis ideas al mismo tiempo.

¿Qué significaba todo esto? ¿Qué relación tenia todo aquello con Sam y su secta satánica? ¿Era una especie de culto de odio a los vampiros? En todo caso ¿Por qué ahora? Se habían ido para siempre ¿Por qué tenían la culpa ellos aquí sí ni siquiera estaban aquí? Necesite bastante tiempo para ordenar mis ideas.

— ¿Ahora crees todas esas babosadas? — intente burlarme, pero no resulto nada convincente.

— sabes de lo que te hablo, lo sabes todo —

— patrañas — masculle entre dientes — aún así, dejando esas estúpidas historias a un lado, no veo porque los Cullen… — se me contrajo la cara del dolor —… tienen algo que ver con todo esto, se fueron hace bastante, no veo porque lo culpas de todas las imbecilidades que esta cometiendo Sam —

— ¿Imbecilidades? — reclamo.

— sí, imbecilidades, alejarte de mí es una de ellas —

— ¡Sam no está haciendo nada! Mira, a veces las cosas solo se ponen en marcha ¿Vale? Y al final resulta que ya todo es demasiado tarde —

— ¿Cosas? ¿Qué cosas? — pregunte frenético.

— Edward ya… — murmuro exasperada.

— ¿Qué es demasiado tarde? — seguí.

— Edward para…— repitió.

— ¿Por qué no me dices de qué les estas echando la culpa? — seguí presionando con rabia. Porque estaba enloqueciendo con tantas preguntas y ninguna respuesta.

De pronto la tuve delante de mí, llena de ira y con el cuerpo temblando.

— ¡De existir! — grito en mi cara.

Me congele.  

¡Cierra el pico Edward! No presiones a la niña… me advirtió Bella al oído. Me quede sorprendido y trastornado (aunque de eso ya tenia bastante) al escuchar esas palabras de advertencia de parte de Bella, dado que ni siquiera me sentía asustado.

Desde que su nombre había traspaso el muro que tan aparatosamente había construido, no eh logrado volver a encerrarlo de nuevo, no dolía mucho, al menos no durante los preciosos segundos en que yo escuchaba esa voz de campanas. No entendía porque estaba en mi cabeza, Maggie quizás estaba tan trastornada y llena de ira como yo, pero seguía siendo Maggie, aquí no había peligro ni adrenalina.

Déjala que respire… insistió Bella.

— esto es absurdo — le conteste a ambas.

— como quieras — contesto la princesa respirando hondo — no voy a seguir perdiendo el tiempo aquí, de todos modos, no importa, el daño ya está hecho — volví a sentirme confundido.

— ¿Cuál jodido daño? — pregunte lentamente, a ver si esta vez conseguía algo.

Me equivoque.

— vámonos, no hay nada mas que decir —

La atajé del brazo pegándola a mi cuerpo.

— queda todo por decir — susurre en su oído haciendo que se estremeciera y no de forma mala — aún no me has contado nada — sonreí un poco, todavía tenía algún efecto sobre ella, pero no tanto como quisiera, ya que se apartó girándose para plantarme cara.

Estaba furiosa.

— ¡Déjame tranquila! ¡Vete a casa Edward! — grito hecha una fiera.   

Me valió una mierda lo que dijo. La agarre del cuello y rodee con mi brazo su cintura pegando todo su atlético cuerpo al mío. 

— Ni se te ocurra — amenazo sin apartarme. 

— detenme entonces — la rete y como no hizo nada mas que soltar un gemido, me lance a su boca.

Había olvidado lo bien que se sentía besar a la princesa, todo lo anterior se había olvidado, su calidez me lleno de nuevo y cuando se rindió a mí, metiendo sus manos en mi cabello y devolviéndome el beso con doble de intensidad, sentí que ardíamos al unísono. Aunque quizás con Maggie si era bastante literal eso de arder, su cuerpo era tan caliente que me empezó a dar calor, por lo que tuve una imperiosa necesidad de quitarme la chaqueta.

Suspire atontado, se sentía tan bien ¿Cómo ella podría resistirse a esto? ¿Por qué carajos estaba dejándome a un lado cuando nos podíamos entender tan bien? Yo no imaginaba como, su lengua hacia cosas deliciosas con la mía, sus labios se deslizaban en los míos con suavidad y sensualidad, todo era simplemente placentero. Se aparto un momento para respirar y pude ver el brillo frenético que tanto adoraba, sonrío como quien no quiere la cosa y lamio su labio haciéndome gemir. Salte de nuevo a besarla. Porque sí. Porque podía. Porque quería hacerlo. Ella me recibió con gusto, esta vez baje mis manos de su cintura hasta las caderas apretándola con fuerza y escuche un leve quejido de satisfacción, eso me gusto, nunca había echo que nadie se quejara así, solo por eso, porque se sentía bien escucharlo, seguí bajando y bajando hasta que presione mis manos contra su trasero, esta vez jadeo sorprendida… y se alejó de mí. 

En cuanto su cuerpo se despegó del mío me sentí frio de nuevo, me sentí solo.

— ¿Pero qué…? — murmure sorprendido por su reacción.

— no, no, no, no, no… — repetía una y otra vez dando vueltas de un lado a otro y metiendo las manos en su cortísimo cabello —… esto no es correcto, esto no puede ser… me tengo que ir… me tengo que ir — empezó a dar grandes zancadas murmurando como loca cosas que ya no podía entender.

La seguí casi corriendo, aun estaba grogui por el beso, aunque no ayudaba que ella estuviera tratando de irse lo más rápido posible, dando enormes pasos con esas largas piernas que tiene, pude notar que temblaba, de pies a cabeza como si le fueran echado un cubo de agua helada. Me asusté y antes de que saliera al garaje corrí para colocarme frente a ella y detener su andar.  

— Maggie… — la llame tratando de acercarme, pero se alejó abrazándose a sí misma — Maggie… por favor Maggie escúchame — suplique uniendo mis manos — puedo ayudarte, solo tienes que confiar en mí, por favor —

— déjame sola — susurro alzando la vista, me quede sorprendido, sus ojos estaban llenos de lágrimas, grandes y gruesas lágrimas, que no tardaron en correr por su cara — déjame sola — me partió el alma verla así.

Lucia tan cansada, desesperada, llena de furia y horror. Quise quitarle todo eso, realmente deseé solo poder hacerlo, es que si estuviera en mis manos cambiaria de lugar. No me importaba sentir su dolor, tenerlo, absorberlo, estaba acostumbrado al dolor, pero ella no, ella era fuego, era hermosa, era brillante. No esa llamita opaca y sin esperanza que lloraba desconsoladamente.

— princesa…— susurre tomándola de los hombros.

— ¡Lárgate Edward! — grito colocando sus manos en mi pecho, apartándome bruscamente.

Estúpidamente un pie quedo atorado en una rama que sobresalía del piso y caí de bruces sobre mi espalda dándome un buen golpazo contra el piso, me llené de barro y sentía toda la parte inferior de mi cuerpo húmedo y pegajoso, abrí los ojos resentido, pero no con ella, sino con mi estúpida suerte que no puede ser mas mierda, justo se presenta en los momentos más innecesarios de mi vida. En cuanto me fijé en la princesa, me sorprendí lo que vi, sus facciones estaban llena de pánico, estaba horrorizada, todo su cuerpo se había quedado inmóvil y creo que ni siquiera respiraba, hasta sus lágrimas habían dejado de caer. 

— ¿Qué sucede? — pregunte preocupado por ella mientras me levantaba.

— ¡Oh Dios! — exclamo llena de horror — debo regresar — sin decir más, salió corriendo como posesa hacia la casita roja.

Pensé que iba a entrar y encerrarse hay, pero siguió de largo, supe en la dirección por la que se iría así que sali disparado detrás de ella, corriendo hasta donde me alcanzaban mis piernas y preguntándome como diablos era que podía ser tan rápida.  

— ¡Maggie! — grite furioso mientras me acercaba más y más.

Eso hizo que se detuviera y girara bruscamente. Era un alivio, porque sé que nunca hubiera conseguido alcanzarla, era rápida, mucho más que rápida. Eso me sorprendió ¿Desde cuándo gozaba con esas ventajas? Estudie su rostro y en sus facciones no había nada más que fría determinación, estaba sin emociones, sin vida, completamente neutra y distante.

— Edward, vete — ordeno con la voz clara y serena — ya no voy a poder salir contigo, así que por favor vete y déjame sola… ¿Cómo más quieres que te lo haga ver? — jadee llevándome la mano al pecho.

La potencia de la ilógica y ridícula herida fue increíble. Empezó a recorrerme acido por las venas y mi cabeza daba vueltas.

— ¿Princesa? — susurre tembloroso — ¿Estas rompiendo conmigo? — eran las palabras más estúpidas que había dicho, pero no se me ocurrió otra forma de verlo, pero a estas alturas lo que teníamos ella y yo era más que un amorío de patio escolar.  

Era mucho mas fuerte que eso.

— ¿Y que se supone que estamos rompiendo? — soltó riendo amargamente — tu y yo no tenemos nada más que las ganas de un revolcón —

— ¡¿Estas jodidamente loca?! — grite desesperado — ¿Un revolcón? ¿Y desde cuando esto se convirtió solo en un revolcón? ¡Yo ni siquiera quería nada de eso! — no podía controlar mi furia, tampoco mi dolor, así que no pude más y gotas calientes empezaron a derramarse sobre mis mejillas — yo era feliz simplemente siendo tu amigo, yo solo quiero eso, me conformo con eso — 

— Ya no podemos ser amigos Edward, lo siento mucho — decía cada palabra con voz gélida, no se parecía en nada a la suya.

— ¿Por qué? ¿Por qué ya ni siquiera ser mi amiga? Maggie por favor… por favor… ¡Te necesito! — implore quitándome las lágrimas de los ojos, no me permitían verla con claridad.

— Perdóname — dijo con la mirada airada que me hizo dudar de que fuera eso lo que Maggie quería decir, parecía que querían decir algo más, pero yo no entendía el mensaje.

— lo prometiste — le acuse sintiéndome traicionado.

Tal vez no tuviera nada que ver con Sam o que supiera lo de los Cullen. Quizás solo intentaba alejarse de una situación sin esperanzas ¿Eso no era lo que yo le había dicho? Quizás debería simplemente dejar que se fuera, era lo mejor para ella, lo que se supone que es correcto.

Pero lo que salió de mi boca fue completamente lo opuesto: 

— princesa lamento no poder darte más… me gustaría cambiar lo que siento — estaba entrando en un estado rotatorio de dolor, agonía y desesperanza así que forcé tanto la verdad que acabo por tomar forma de mentira — es posible que pudiera hacerlo… si tan solo me dieras tiempo — suplique uniendo mis manos — pero no me dejes ahora, no podré resistirlo, no podré hacerlo sin ti —

Su mascara cuidadosamente hecha se resquebrajo en un segundo, ya no había distancia ni frialdad, ahora solo estaba lleno de sufrimiento. Se acerco a mi colocando las manos en mi rostro, me estremecí de lo caliente que estaban o quizás solo era mis lágrimas que ayudaban a aumentar la temperatura.  

— Ed, no, no hagas eso, por favor no pienses así — decía suavemente, dulcemente — no te acuses de nada, no tienes la culpa, es todo culpa mía, lo juro no tiene nada que ver contigo —

— no eres tú, soy yo — me reí tristemente — hay mejores que esa —

— lo que intento decirte es que yo…— se debatía en su interior y sus ojos reflejaban un enorme tormento — soy yo la que no es lo suficientemente buena para ti, para poder seguir siendo tu amiga ni ninguna otra cosa, ya no soy quien solía ser —

— ¿Qué? — puse algo de distancia para poder pensar con claridad — ¿De que demonios estas hablando? ¿Estás loca? Eres mucho mejor que yo Maggie ¡Eres buena! ¡Eres increíblemente buena! ¿Quién te ha dicho lo contrario? ¿El imbécil de Sam? Si es así, es totalmente falso ¿Comprendes? ¡No permitas que te lo diga! — realmente no me di cuenta si ella logro comprender lo que dije, todo salía atropelladamente ya que mi mente pensaba a mil por segundo.

Ella suspiro, sin ánimos y sin vida.

— nadie tiene que decirme nada, se lo que soy —

— eres mi mejor amiga, eso es lo que eres… Maggie no te alejes… — me calle en cuanto dio medio vuelta, dándome la espalda dispuesta a irse.

— perdóname Edward — dijo esta vez con un murmullo roto.

Entonces echo a correr y antes de que me diera cuenta ya estaba pisando el límite del bosque. Unos segundos después desapareció dejándome ahí parado, solo y con todo mi interior revuelto.

Suspire.

¿Qué se le dice a alguien que se va dejándote tan desordenado el corazón?

Me fui caminando lentamente a mi camioneta, me sente de nuevo en la parte de atrás y ahí me quedé, atónito, no quería irme de aquí, ya que Maggie saldría de los árboles, ella lo haría porque tenía que hacerlo. La lluvia empezó a caer y el viento azotaba mis cabellos, las gotitas comenzaron a caer sesgada hacia el oeste trayendo el olor de agua salada del mar.

Aun así espere.

Unos golpecitos sonaron al lado de mi camioneta, suspiré aliviado, pero todo eso se fue a la porra en cuanto me di cuenta que era Billy con una sombrilla y nadie más estaba con él.

— Anthony acaba de llamar, le dije que estabas en camino — sus ojos me miraron de una forma en que no pude negarme a irme, no hice comentario alguno, solo me baje de la parte de atrás y avance hacia el lado del conductor.

Como había dejado la camioneta abierta los asientos estaban empapados y pegajosos. No me importo. Yo estaba incluso peor que los asientos. Por lo menos los asientos tienen arreglo ¿Pero yo…? ¡No! ¡No es para tanto! ¡No es para tanto! Intente reconfortar mi mente, realmente estaba tratando de creer en lo que me decía a mi mismo.

Era cierto, el mundo no se había acabado otra vez. Era solo el final de un pequeño remanso de paz, un remanso que ahora tenía que dejar atrás. Eso era todo.

No es para tanto admití, pero sí bastante malo.

Había creído que Maggie había sanado el agujero asqueroso que tenia en mi pecho, o al menos había echado espuma apaga incendios para que no me quemara vivo el dolor. Me equivoque ¡Y de que manera! Ella solo se había encargado de escarbar su propio jodido agujero, sentía que estaba carcomido por dentro, como las migajas que dejan las ratas cuando roen cualquier clase de basura. Yo era basura para ratas. Me pregunto porque simplemente no me derrumbaba como un castillo de naipes después de un soplido del viento. Estaba seguro que era así de fácil lograrlo.

En cuanto entre a la casa, Anthony se levanto de las escaleras, me esperaba ahí sentado con rostro ansioso.

— Billy me dijo que tuviste una tremenda pelea con Maggie — explico pasándose las manos por el cabello.

Me miro fijamente, encontrando reconocimiento de algo en mi expresión, sus ojos se llenaron de horror. Intente visualizarme desde afuera para saber que estaba pensando. Sentí mi rostro vacío y frío, comprendí a que le recordaba.

— no fue exactamente así — farfullé.

— ¿Qué paso entonces? — me tomo del brazo y me llevo hasta la cocina, entendí que quería que me sentara en la mesa por lo que solo le seguí la corriente, de la nada me puso un plato con dos pedazos de pizzas — come mientras me cuenta — sonreí un poco, no tenia hambre, pero si rechazaba esto se volvería como loco.

Empecé a titiritar. 

— Sam Uley le dijo a Maggie que no puede seguirme viendo — conteste con voz apagada, mientras comía y hablaba, Anthony había buscado una manta en la sala y me había tapado con ella.

Me miro extrañado.

— ¿Quién te dijo eso? —

— Maggie — aunque no era exactamente cierto, así lo entendí, por lo que no dejaba de ser cierto — sé que es así, aunque ella no quiera decírmelo — suspire escuchando como mi ropa goteaba hasta empapar el piso de la cocina — terminare de comer y me iré a cambiar —  

— vale — asintió frunciendo el ceño.

Cuando subí a darme una ducha caliente, eso no ayudo a regular mi temperatura, o al menos no lo sentía. Me frotaba el cabello mientras pasaba a grandes zancadas hacia mi habitación, Anthony no podía enterarse de mis tatuajes, al menos no todavía (o quizás nunca) por lo que siempre tenia cuidado cuando me duchaba. Antes de cerrar la puerta escuche que él hablaba con alguien, supongo yo que por teléfono:

— ¡No me lo trago Billy! ¡Esto no tiene ni pies ni cabeza! — bramo enojado.

Yo solté un silbido por lo bajo. Eso logro calentarme un poco el corazón. Mi padre me estaba defendiendo, le decía a Billy que me conocía, que si yo sospechaba algo del imbécil de Sam es porque tenia bases y que no iba a permitir que Maggie hiciera lo que se le diera la gana conmigo. Sonreí un poco. Realmente se tomo lo que le dije enserio y amenazo a Billy con investigar todo el asunto. Hablaba como el Jefe de Policía que era. Al parecer el viejo rey dio su brazo a torcer y decidió colaborar con Anthony. Colgó de mal humor y empezó a refunfuñar solo en la cocina. Era la primera vez que lo había visto si quiera alzarle la voz a Billy.

Mientras me tiraba en la cama solo con calzoncillos y me enrollaba en la sabana deduje cual era el propósito de Billy y que afortunadamente Anthony no se lo trago. El viejo rey pretendía echarme la culpa de haber hartado tanto a su hija que ella ya no quería verme. Resople con enojo. Resultaba extraño porque eso era lo mismo que yo había temido, pero cuando oí las ultimas palabras de la princesa ya no lo creía así. Allí había mucho mas que un simple enamoramiento no correspondido. Mucho más. Si no, no me fuera besado, solo ese beso me afirmaba que todavía estaba ahí lo que nos unía a ambos, que era tan fuerte como siempre lo había sido. No podía creer que Billy se había rebajado a eso, aunque también me dio a comprender que sea lo que sea que se fraguaban en esa reserva, era mucho mas grande de lo que yo pensaba. Al menos ahora Anthony esta de mi parte.

Quería seguir devanándome los sesos pensando en que podría ser, es más quería seguir pensando en cualquier cosa, pero el cansancio del día me estaba pegando y ya sin fuerzas para contrarrestar el dolor del agujero en mi pecho, uh, bueno, los agujeros en mi pecho, empezaron a hacer su corrosivo recorrido del dolor. Así que dije: ¡A la porra!

Me puse a extraer los recuerdos de ella, de Bella, no recuerdos que dolieran demasiado, sino los falsos recuerdos, el fruto que conseguía producto de mi estupidez y sobre todo los de esta tarde, esa voz tan exquisita, tan perfecta. Me puse una almohada en la cabeza mientras los rememoraba repetidas veces para oírlos hasta que me quedé dormido, con mis lágrimas calientes rodando por mi cara.

Esa noche tuve un nuevo sueño, una muy raro.

La princesa caminaba conmigo, volvía a tener un vestido blanco, corto y muy bonito, alrededor de su cuello había un extraño collar en forma de colmillo, demasiado grande para que fuera de cualquier animal que conociera. Caminaba sin hacer ruido. Así que esta no era mi princesa, era la princesa de ellos, la que era grácil y resentida. Como no podía escuchar sus pasos me recordaron a otra persona. Poco a poco su silueta, sus facciones y su cabello se transformaron en alguien a quien yo conocía muy bien. Ella estaba ahí, tan hermosa que hizo estallar mi corazón. Extendí mis manos hacia ella, pero alzo los brazos para protegerse, luego Isabella desapareció.

Desperté al sentir el porrazo contra el piso, me quise quedar ahí. Nada valía moverme porque no conseguiría todavía dormirme, suspire dándome cuenta que era bien entrada la noche. Cuando me aburrí de mirar el techo me monté de nuevo en la cama, contaba los números, eso me ayudaba antes a conciliar el sueño.

1552… 1553… 1554… 1555… ya estaba adormilado y mientras contaba deseaba tener un sueño sin pesadillas. Fue entonces cuando oí el ruido. Algo puntiagudo raspaba mi ventana, similar al de unas uñas arañando el cristal. El susto me despertó por completo.

¿Y ahora quien vendrá a salvarme?

Capítulo 10: Capitulo 10

 


 


 
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