Amantes Inocentes

Autor: jaedbellsnessi
Género: Romance
Fecha Creación: 19/09/2016
Fecha Actualización: 21/12/2018
Finalizado: NO
Votos: 2
Comentarios: 3
Visitas: 5690
Capítulos: 11

Edward ha vivido el peligroso amor de Isabella, pero esta vez no sera así, ella lo deja en un intento de salvarle la vida y nuestro chico encuentra a la Princesa Quileutes que felizmente tratara de ocupar un lugar en su corazón ¿Lo lograra?... Continuación de Cambio de Roles ¡Espero que les guste! Adaptación de la novela de Meyers, Luna Nueva.

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Capítulo 2: Capitulo 2

Capitulo 2

Carlisle fue el único que conservo la calma, en su mirada se acumulaba siglos de experiencia adquirida en la salas de urgencia.

— Emmett y Rosalie — demando con aplomo — saquen a Jasper de aquí —

Emmett que por primera vez desde que lo conozco estaba serio, asintió.

— Vamos Jasper — demando a su hermano que tenía una expresión demente en sus ojos, se resistía al abrazo implacable mientras que intentaba alcanzarlo con sus afilados colmillos.

El rostro de Isabella estaba blanco como la cal cuando se coloco delante de mí con las rodillas flexionadas y el torso ligeramente echado hacia adelante, reconocía esa posición, era claramente defensiva, de su pecho salió un gruñido que resonó en todas las paredes. Estaba seguro que no respiraba. Jasper gruño en respuesta más parecido a un animal que a otra cosa, Rosalie con expresión petulante se puso delante del rubio a una prudente distancia de sus dientes y ayudo a Emmett a sacarlo fuera de la habitación, Esme tenía la puerta de cristal abierta pero con su otra mano se tapaba la nariz y la boca, aparte la mirada porque en la suya solo existía vergüenza.

— Lo siento tanto cariño — se disculpo antes de seguir a los demás al patio.

— tengo que atenderlo Bella — murmuro Carlisle mirándola a los ojos, paso un largo segundo antes de que ella asintiera lentamente y relajara la postura.

Me llevaron hasta la mesa de la cocina y Bella me ayudo a sentar con dulzura, mientras Alice colocaba el maletín negro de Carlisle sobre la mesa, él se acerco a mi rostro y se puso a trabajar sin pausa alguna, sentía a Bella detrás de mí todavía alerta aunque sabía que continuaba sin respirar.

— Vete Isabella —

Suspire.

— No — gruñó, aparte a Carlisle para girarme y mirarla, sus ojos estaban encendidos por la sed que sentía, una sed incluso peor que la de los demás — puedo soportarlo — me aseguró.

— No tienes que dártela de heroína — trate de fruncir el ceño, pero me dolió como la mierda y ella lo noto.

— te dije que no — insistió tercamente.

Gruñí.

— ¡Que te vayas Isabella! — Troné levantándome y quitándome bruscamente la mano que había posado en el lado de mi rostro bueno — ¿Por qué eres tan masoquista? — estaba empezando a extender mi furia hacia mí mismo para ella.

— ¡Porque si! ¡Porque quiero! — Apretó sus manos en puños — ¡Me quedare! — decidió.

Resople furioso.

— Sal. Y. Toma. Aire — escupí cada palabra con los dientes apretados.

— Bella — Carlisle llamo su atención cuando supo que los dos éramos lo suficientemente tercos como para quedarnos toda la noche discutiendo — quizá deberías buscar a Jasper antes de que la cosa empeore, se debe de sentir fatal y no querrá escuchar a nadie más que no seas tú —

— Sí — añadí sentándome de nuevo — ve a buscar a Jasper — no había nada que pudiera decir para rebatir eso.

— De esa forma harías algo útil — agrego Alice.

Isabella nos miro a los tres con el ceño fruncido, expuso sus dientes haciendo un sonido parecido a un siseo (seguramente estaba pensando que nos habíamos confabulado contra ella) asintió de mala gana y salió por la puerta trasera de la cocina sin hacer ningún ruido. Estaba seguro como el infierno que ella no había respirado ni una sola vez desde que me corte el dedo. Una sensación de entumecimiento se extendía por la mitad de mi cuerpo, me eche hacia adelante extendiendo las piernas por debajo de la mesa y recostando mi cabeza en la silla.

Los oídos me zumbaban.

Después de un rato ya no sentía dolor, solo una sueva sensación de tirantez, si Alison no hubiera estado frente a mi rostro, no habría notado como se escabullía fuera de la habitación, me había tocado el cabello en una caricia de disculpa.

— Ya no queda nadie — suspire — soy peor que las siete plagas de Egipto, ellas no lograron hacer desalojar a la ciudad entera con tanta efectividad como yo —

— No es tu culpa tuya — me consoló Carlisle riéndose entre dientes — podría pasarle a cualquiera —

Podría — repetí — pero casualmente me pasa a mí, siempre — sin poder evitarlo él volvió a reírse.

— ¿Cómo lo logras? — Pregunte mirando su calma que era extraña a la reacción que tuvieron todos los demás — incluso Esme y Alice…— susurre pasándome la mano por el cabello maravillado, ya que no lograba descubrir ni una pizca de ansiedad en su rostro.

— Son años y años de práctica — me explico — ya casi no noto el olor — 

Esa simple respuesta logro que mi curiosidad explotara y le hice pregunta tras pregunta, me ayudo a no pensar en nada de lo que estaba sufriendo mi cara y que posteriormente sufriría mi mano, era sorprendente como a cada segundo sonaba tic, tic de los cristales rotos.

A pesar que conocía la historia no comprendía la razón del porque inclinarse a lo opuesto de tu naturaleza, cuando al fin y al cabo no era culpa suya que le haya pasado ¿Compensación? Pero el insistió en que no era eso, solo había tenido que vivir con lo que le ha tocado. Sin embargo Carlisle creía en Dios, y estaba aferrado a la idea de que pudieran alcanzar algún merito por intentar encontrarle sentido a la vida, no creía que fuera una estupidez como todo los demás pensaban, estaba de acuerdo con lo que decía y era el único, ni siquiera Bella lo pensaba así, bueno, quizás hasta cierto punto ella creía en Dios y el cielo así como en el infierno, aunque no creía que hubiera una vida después de la muerta al menos para los de su especie… fue entonces cuando comprendí el problema, o quizás, uno de los tantos que Isabella tenía en contra de mi transformación.

Creía que al hacerlo perdería mi alma, estaba seguro que no era así pero Carlisle me hizo poner en sus zapatos y no podría arriesgar la suya por mí, nunca lo haría, a pesar de que fuera mi elección, él me contradijo cuando afirmo que también era de ella, quizás quise insinuar que no era la única que podía hacerlo, pero riendo me hizo sacarlo del paquete, por lo menos hasta que Isabella estuviera de acuerdo conmigo.

Me conto que fue Renan, el padre de Isabella, que lo empujo a tomar la decisión de convertirla ya que su madre, Charlotte, había muerto en la primera oleada de gripe, él se preocupada de forma obsesiva por su hija y perdió sus propias posibilidades de vivir por estar cuidándola, según Carlisle los dos tenían el mismo extraño cabello castaño con mechones rojos y sus ojos eran del más intenso azul, tan parecidos al color del profundo mar. Le había rogado con desesperación que la salvara, incluso que hiciera lo que los demás no podían, en la cara de Carlisle podía observar lo nítido que era el recuerdo, yo lo veía con idéntica claridad; la atmosfera del hospital, la omnipresencia de la muerte, la fiebre que consumía a Isabella mientras se le escapaba la vida con cada tic, tac, del reloj… me estremecí y deseche la imagen de mi mente.

— mire a Isabella que aún conservaba la hermosura, había algo tan puro y bondadoso en sus facciones, era la clase de rostro que me fuera gustado que tuviera mi hija… a pesar de todo nunca me sentí culpable, nunca me arrepentiré de haber salvado a Isabella — sus ojos color ocre volvieron al presente — supongo que ahora debo llevarte a casa — sonrió con amabilidad.

— yo lo hare — intervino Bella entrando al salón.

La observe con cuidado a ver si era cierto lo que decía, su rostro estaba en calma, impasible; fruncí ligeramente el ceño, había algo raro en sus ojos, algo que intentaba ocultar con todas sus fuerzas. Sentí un incomodo espasmo en el estomago. Se detuvo a mitad de camino, señalo mi ropa y murmuro unas cosas que no entendí luego fue hacia la puerta de nuevo en busca de Alice o Esme, no sabía.

— está muy molesta —

— Sí — coincidió Carlisle — esta noche ha ocurrido precisamente lo que más teme, que te veas en peligro debido a lo que somos —

Mire por donde se había ido.

— no es culpa suya —

— ni tampoco tuya — lo mire, sus ojos sabios y rostro deslumbrante no me persuadían para que estuviera de acuerdo con él.

Cuando salimos a la sala principal Esme se encontraba recogiendo el desastre que hizo mi cuerpo al estrellarse con algo que reconocí como lejía, seguramente para eliminar el olor.

— Esme deja que te ayude — murmure apenado sin levantar la vista del suelo.

— Ya casi termino cariño — se alzo hasta acariciarme el lado bueno del rostro — ¿Estás bien? —

— Estoy bien — le aseguré — Carlisle cose mejor que muchos otros doctores — sonreí mostrándole la mano llena de gasa y vendas, ahí estaba donde me agarro los poco puntos, gracias a dios no me di cuenta, estaba muy absorto en lo que me estaba contando.

Ella también me sonrió con ternura maternal.

Alice y Bella llegaron a donde estábamos aunque la segunda no se apresuro a acudir a mi lado, mi hermosa novia estaba rezagada con expresión indescifrable. Me encontraron una camisa y un saco muy parecido al que tenía aunque la bufanda estaba dañada sin remedio, no parecía importante, Anthony asumirá que la eh dejado aquí, después de cambiarme de ropa mi vendaje no parecía tan intimidante y que mi cara parezca que fuera pasado por la película de La Masacre de Texas tampoco era muy resaltante.

— Alice ¿Podrías ayudarme a colocar los botones? — estaba en el comedor teniendo un poco de privacidad para cambiarme, que Bella no me haya seguido es raro y la única que me puede ayudar es la enana.

Ella llego en un parpadeo y los abotono en un santiamén.

— Alice — susurre.

— ¿Si? —

— ¿Hasta qué punto ha sido malo? — no estaba seguro que mis susurros fueran útiles, pero tenía la esperanza de que este lo suficientemente distraída como para no espiar.

— aún no estoy seguro —

— ¿Cómo esta Jazz? —

— No está muy orgulloso de sí mismo, menos cuando estaba tan cerca de lograrlo — las comisuras de sus labios bajaron unos centímetros — si fueras visto lo feliz que estaba cuando me decía que podía estar cerca de ti — suspiro — no le importaba el tema de las ventana, solo que iba mejorando, ahora esto es como volver a cero y odia sentirse como un fracasado —

— Dile que no es culpa suya — le acomode unos mechones fuera de lugar — también dile que no estoy enfadado con él, que lo espero pronto en mi casa cuando Anthony se vaya de pesca y ustedes de caza para que echemos una partida de naipes, dile que sigue siendo Jazz — la mire implorante — ¿Se lo dirás? —

— Claro — sonrío con ternura — ándate, no te olvides de los regalos — la vi moverse como un rayo y recoger todas mis cosas para colocarlas en el brazo bueno.

— Nos vemos enana — le di un apretón de hombro.

— Nos vemos Edward — la mire por última vez, luego camine hacia la puerta principal y mire el rostro impasible de Bella, volví a mirarla y no sé si ella podrá sentir que algo no estaba bien pero yo lo sentía, Alice sonrío con ternura diciéndome nada con la mirada.

Quizás era solo yo.

Los padres de Isabella se despidieron con un suave ‘’ buenas noches ‘’ les sonreí a ambos antes de salir, caminamos hacia la camioneta y arroje el moño que estaba en el estéreo por la ventana, con rapidez entramos en la carretera y el silencio fuera sido ensordecedor si el motor no hiciera tanto ruido.

— ¡Di algo! — dije porque me estaba volviendo loco.

— ¿Qué digo? — pregunto con indiferencia, su tono fue como una abofeteada.

— Dime que me perdonas — su rostro mostro una chispa de vida, aunque solo fuera de ira — lo siento mucho enserio, de verdad, quizás si fuera tenido más cuidado…—

— Te cortaste con un papel, eso no merece la pena de muerte — me interrumpió cortante.

Veía las señales de que quería que me callara, pero no lo hice.

— En todo caso fue culpa mía — trate de agarrarle las manos pero me acobarde — Bella lo siento…—

Algo en su rostro me aviso que se había roto la barrera de sus emociones.

— ¡Basta! — Grito histérica — ¿Tu culpa? ¿Me dices que esto es tú culpa? — Ella gritaba realmente alto — ¿Qué habría sido lo peor que te hubiera pasado de haberte cortado en la casa de Jessica y tus amigos humanos? ¿Si hubieras tropezado sobre una pila de cristal sin que nadie te fuera empujado? ¿Manchar el asiento mientras te llevaba a urgencias? Jessica te hubiera  estado ahí todo el tiempo sin tener que combatir las ansias de matarte…—

— Isabella... —

— ¡Matarte! ¡Si Edward, dije matarte! ¡Porque quería matarte! — ¡Ella gritaba malditamente alto! — ¡Porque tengo que pelear con mi maldita sed porque desea tu sangre! Así que no intentes culparte de todo esto, porque lo volverás peor de lo que es —

— ¡Diablos! — Troné golpeando la camioneta con el pie — ¿Cómo es que Jessica llego a esta conversación? —

— Jessica aprecio en esta conversación porque, maldita sea, ella te fuera convenido mucho más — esta vez no grito, pero gruño como si fuera un animal enjaulado.

Si no la conociera me fuera orinado en los pantalones del miedo que producía escucharlo.

— ¡Preferiría morir antes de estar con Jessica! — Grite — ¡Es más, preferiría morir antes de estar con cualquier otra! — seguía gritando y se sentía tan bien gritar.

— ¡No te pongas melodramático! — gruño con rabia.

— ¡Entonces no te vuelvas idiota! — Gruñí yo — ¡Mierda! ¡Eres tan frustrante mujer! — volví a golpear la camioneta con el pie, estaba molesto y la expresión rabiosa estaba en la cara de ambos.

Cuando apago el motor, empecé a buscar una solución para que todo esto no se vaya a la mismísima mierda, necesitaba salvar la noche y necesitaba que ella estuviera bien, sin enojos o rabia, ella solo tenía que estar bien.

— Quédate — ordene mirando como sus manos seguían crispadas en el volante.

— debería irme a casa —

— Pero no quiero — replique con más suavidad — es mi cumpleaños no puedes abandonarme — necesitaba que se quedara, no la podría dejar ir así, sabía que se llenaría más de remordimiento.

— Edward, no puedes tener las dos cosas: o quieres que recuerde tu cumpleaños o quieres que no lo haga — su voz sonaba severa, pero no tan histérica como antes, suspire con alivio, hice una nota mental de hacerla gritar cada vez que este enojada.

¿Quién diría que gritar ayudaría a una vampira testaruda?

— ¿Sabes? Acabo de decidir que quiero que tú recuerdes mi cumpleaños — recogí el montón de paquetes — te veré arriba —

— ya déjalo —

— ¿Dejar que? —

— No tienen que gustarte los regalos, no estás obligado y no le diré a mis padres —

Salí dando un portazo.

— los quiero —

— En tal caso — murmuro sonriendo pícaramente — deja que los lleve yo, te veré arriba — sonrió colocándose de puntas para rozar sus labios con los míos, en cuanto intente presionarlos más desapareció con solo la risita coqueta repicando en la oscuridad de la noche.

— ¡Tramposa! — cuchichee porque sabía que podía oírme.

— Feliz cumpleaños — susurro, luego supe que me había quedado solo.

Tan pronto como traspase la puerta empecé con la puesta en escena, Anthony me pegunto como la había pasado, conté las exageraciones de Alice y que me regalaron un estéreo para el auto, antes de que comenzara el segundo tiempo le dio chance para que hiciera una pregunta más.

— ¿Qué le paso a tu cara? —

— ¿Cara? —

— Tienes como un millón de banditas — se echo a reír.

— Jazz y yo jugamos a las luchas y sin querer entre los dos partimos un jarrón de Esme — era lo más cerca que estaba de la verdad — me cayó casi todo a mi —

— ¿Esme se enojo? —

— No, no lo hizo — sonreí con solo imaginarme a Esme enojada.

— De cuerdo — se rio entre dientes — buenas noches Eddie —

Después que los diez minutos para ser humano que fueron bastante dolorosos, me coloque el mono chándal sin camisa, me sentía un poco cansado y la cara me dolía si quiera rozármela (nada más cepillarme los dientes fue una proeza muy extrema) cuando entre a mi habitación, Bella estaba sentada en medio de mi cama jugueteando con una de las cajas plateadas.

— Hola — dijo con voz apenada; parecía regodearse en la tristeza.

Me senté detrás de ella, acunándola con mis brazos y metiendo mi cara en su perfecto cabello, olía delicioso así que inspire muy hondo.

— ¿Abrimos mis regalos? —

— ¿Por qué tanto entusiasmo repentino? —

Me encogí de hombros.

— despertaste mi curiosidad —

Antes de que agarra la caja me la quito de las manos y rasgo el papel ella, rodé los ojos pero la deje estar, mis manos se soltaron de su cintura para abrir la tapa y descubrir lo que decía el largo papel grueso. 

— ¿Tus padres nos han dado boletos para ir a California? — Asintió, estaba demasiado emocionado, podríamos ir los dos juntos — ¡Genial! ¡Lizzi se pondrá como loca cuando le cuente! ¿Seguro que no te importa? Estará soleado y no podrás protegerme de las enormes olas — se rio dulcemente.

— Creo que podre arreglármelas, te habría obligado a abrirlos delante de ellos si fuera sabido que ibas a reaccionar de este modo —

— es excesivo pero… ¡Podrás venir conmigo! ¡Haremos un montón de cosas juntos ya verás! — esta vez se rio más fuerte y bese la coronilla de su cabeza por puro placer.

— Ahora desearía haber gastado dinero en tu regalo — se doblo hasta que pudo verme la cara y brindarme una deslumbrante sonrisa — quizás te convencería sobre ese Volvo si te digo que me cargaras a todos lados ¡Hasta dejaría que conduzcas siempre y sin quejas! — esta vez fui yo el que se rio echando la cabeza hacia atrás.

— fuera funcionado pequeña tramposa, pero ya es muy tarde — agarre el otro regalo porque mi curiosidad estaba encendida de nuevo, como el primero ella lo desenvolvió y me lo entrego.

Había un estuche de CD con un disco virgen dentro, se levanto en silencio y busco el reproductor en la mesita de noche, lo coloco, unos segundos después empezó a sonar la música, era hermosa y la conocía porque fue la que compuso para mí, la que le escuchaba cantar casi todas las noches antes de dormir.

Me pase las manos por el cabello.

— Gracias — susurre lleno de emoción, nadie me había regalado algo tan bonito — es hermoso y te lo agradezco mucho — hice una mueca por lo tremendamente perfecto que era su cerebro.

Mi chica es tan bella como inteligente.

— ¿Te duele la mano? —

— No, no es eso — sonreí un poco — eres muy brillante, me regalaste algo perfecto sin romper tu promesa —

Ella sonrió orgullosa.

— Supuse que no me dejarías traer un piano aquí — me explico, lo cual me hizo reír.

— tienes razón —

— ¿Cómo está la mano? —

— bien —

— ¿Y tu hermosa cara? —

— No tan hermosa como la tuya — rodo los ojos y sonreí, aunque eso me doliera, no quería dejar de sonreírle a ella esta noche.

Quizás así se convenza de que todo lo de hoy no fue nada.

— No necesito nada, enserio — pero ya se había salido de mi regazo para dirigirse a la puerta — Isabella — susurre pero ya se había ido.

Anthony seguía sin estar informado que mi novia se escabullía todas las noches en mi habitación, no le fuera gustado nada a pesar que ya había olvidado mi tema de ser gay y la alegría que eso le producía, ahora solo me recordaba que hay que darle respeto a las chicas y cosas como esas, no me sentía muy culpable no es como si estuviéramos haciendo algo que él no quisiera que yo hiciera, mi muy espectacular novia tenía una cuantas reglas y limites para tocar y besar… volvió con una caja de píldoras en las manos.

Tome las píldoras sin protestar para darle tranquilidad a ella y para quitarme la molestia del brazo, mi canción seguía sondando de fondo, dulce y encantadora. Nos acomodo a los dos para dormir y suspire cuando su cabeza se recostó encima de mi pecho, sobre mi corazón.

— Gracias otra vez — susurré.

— No hay de qué — nos quedamos sin hablar un rato, hasta que comenzó otra canción, la reconocí como la favorita de Esme — ¿En qué piensas? —

La sentí dudar antes de responderme.

— en el bien y en el mal —

Me estremecí de pies a cabeza.

— ¿Te acuerdas cuando te dije que no quiero que ignores mi cumpleaños? — necesitaba distráela, sin que pareciera demasiado evidente.

— Sí — murmuro con cautela.

— Bien, porque yo estaba pensando que como es mi cumpleaños esta noche, quiero que me beses de nuevo — metí mi mano buena dentro de su cabello — duro, profundo y extremadamente delicioso, así quiero que me beses —

— Ya veo que te pones exigente con los regalos — se burlo — quizás hasta me arrepienta de hacerte admitir tu cumpleaños —

— Pues te jodes preciosa porque lo hiciste — me separe bruscamente de ella — aunque no te obligare a hacer nada que no quieras — añadí porque sabía que sería difícil para ella.

Aunque puede que haya dejado traslucir un poquitín mi molestia.

Ella rio.

— Que el cielo me impida hacer aquello que no quiera — susurro con una extraña desesperación en la voz.

Su cuerpo se estiro con fluidez sobre el mío hasta colocar sus piernas a ambos lados de mi cadera, sus labios me tocaron primero el cuello subiendo hasta llegar a mi boca fue dulce al principio y paciente como era habitual.

Estaba a punto de separarme para recordarle mi demanda cuando todo cambio, sus manos se hundieron en mi cabello mientras su lengua pedía permiso para entrar a mi boca, suspire sintiendo el corazón martillar como loco en mi pecho, no estaba respetando los limites y no me importaba ¡Era mi cumpleaños! Me levante de golpe sin que ella se opusiera y pegue nuestros cuerpos con el brazo bueno pasado por su cintura y la mano mala dentro de su larguísimo cabello.

Me separe para respirar y seguir el contorno de su cuello.

Por increíble que pareciera me dejo volver a besarla, morderla y chuparla a mi antojo, casi gemí si no fuera porque mi cabeza se distrajo en el momento que mi mano entro por dentro de su blusa hasta tocar la exquisita piel fría y lisa de su espalda… con dulzura me empujo hacia la cama de nuevo. No opuse resistencia, mi cabeza me daba vueltas y estaba jadeando, algo intentaba asomar en los límites de mi memoria, pero se me escapaba…

— Lo siento — murmuro mirando hacia abajo.

Me reí tontamente.

— No me importa — inspire hondo para controlarme y bajar la casi erección que me produjo su hermoso cuerpo encima del mío, aunque no podía parar de soltar risitas — ya sabes, tienes que aceptar el hecho de que tu novio es humano — 

Casi pude ver como fruncía el ceño.

— Esto es pasarse de los límites —

Solté una risita.

— ¡Oh cállate! —

No quería que empezar por ahí ya que según ella los límites eran necesarios para ayudarla a controlarse y a controlarme, así casos como el de esta noche no se repetirían, sabía que quería seguir discutiendo mis según ella ‘’ horribles puntos de vista ‘’ pero no pude aguantarlo y me reí de su cara.

— ¡Eres muy graciosa! — no podía parar de reírme y tuve que taparme la boca para que Anthony no pudiera escucharme. 

Al parecer tenía un profundo rechazo a dejarme como ahora… sospecho que Emmett le habrá dicho que duele tantito ¡Ese maldito!

Me reí de mi pensamiento.

— Edward ¿Has tomado Percocet antes? —

— No lo creo — dije entre risas — ¿Por qué? —

— ¿Cómo está tu mano? —

— No la siento — reí — ¿Todavía mi mano sigue ahí? — suspiro cuando otra risita tonta abandono mis labios.

— Intenta dormir Edward — se acomodo de nuevo en mi pecho.

— pero quiero que me beses otra vez —

— siempre quieres eso —

Me reí por lo bajo.

— ¿Vez? ¿No es mejor que lo hicieras? Así no siempre lo querría —

— ¿Dejarías de quererlo? —

— Claro — me reí — si te beso todo el tiempo no habría interés, solo te rechazaría una o dos veces por mes, con eso será suficiente —

Esta vez fue ella que no pudo evitar reírse.

— subestimas mi autocontrol —

— ¿Qué te tienta más, mi sangre o el hecho de tener sexo conmigo? — la desafié y a pesar que sigo ruborizándome hasta el cuello no me importaba decirlo de vez en cuando.

Y creo que el Percocet ayudaba mucho a estar más lengua suelta.

— Hay un empate — sentí su sonrisa en mi piel y suspire de alegría, amaba cada vez que me decía que quería tener ese tipo de intimidad conmigo — ahora deja de tentar a la suerte y duérmete —

— De acuerdo, dormiré solo para poder soñar — bese sus cabellos — y soñare que tengo sexo contigo — mi comentario me hizo reír.

— ¡Cielos, Edward! — exclamo escandalizada.

— ¿Qué? No es como si fuera un secreto que sueño contigo — suspire riéndome — además tienes ese cuerpazo…—

— ¡Oh Dios! — Soltó una risita apenada — solo duérmete, nunca te había visto colocado —

— No estoy colocado — intente aguantar las risitas tontas pero fue inútil — es solo que tú eres una aburrida —

— Y tú eres muy divertido — ella se rio — buenas noches Edward — le hice caso y me quede callado, era mejor a seguir poniéndome en ridículo.

Me sentía exhausto (aunque de vez en cuando se me escapa alguna risita histérica) hoy fue un día realmente largo y a pasar de las bromas no es como si me sintiera realmente aliviado, me parecía como si algo estuviera a punto de suceder, ese algo era aun peor ¿Qué podría ser peor? Nada se comparaba con el susto de esta tarde… estaba medio dormido, casi totalmente cuando me di cuenta que era lo que me había recordado su beso, o quizás no el beso como tal pero si exactamente lo que sentí: la primavera pasada, cuando tuvo que dejarme para intentar apartar a Victoria de mi pista, Isabella me había besado como despedida, sin saber cuándo o si nos veríamos de nuevo. Este beso había tenido el mismo sabor delicioso y dolorosamente amargo.

¿Sera que ella…?

Me sumí en una inconsciencia inquieta, como si ya estuviera en una pesadilla.

FALTA POCO ;D

Capítulo 1: Capitulo 1 Capítulo 3: Capitulo 3

 


 


 
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